Nuestro
intento de ofrecer unas “Fuentes para la Historia de Moya”,
prometidas entonces, se ha visto parcialmente correspondido por D. Juan
Pitarque Ferrer con la publicación del enorme trabajo Moya (Cuenca),
Tierras de frontera. 1269-1375. Historia y documentos, 2007. Creíamos y
creemos, sí, que nuestro proyectado Centro de Documentación acabaría siendo una
realidad compartida por todos los que en este negocio de Moya están; el trabajo de Pitarque es la manifestación más expresiva de esta necesidad. Nada se hizo,
aunque no nos cansaremos de repetir a diestro y siniestro la urgencia de la
tarea Juan Pitarque Ferré grandísimo investigador de la
historia de Moya y su marquesado que dedicó más de 30 años de su vida a
descubrir documentos de Moya y comarcas cercanas, Rincón de Ademuz
y Plana Utiel Requena, en el archivo de la Corona de Aragón (ACA) en Barcelona, Era
bonichero de adopción pues su esposa era de Boniches.
HOMENAJE PÓSTUMO A JUAN PITARQUE FERRÉ
Un grandísimo investigador de la
historia medieval de Moya y su antiguo señorío y de las tierras
limítrofes del Rincón de Ademuz y Plana de Utiel -Requena.
El pasado 16 de noviembre de
2022 falleció en Barcelona Juan Pitarque Ferré, un gran amigo investigador de
la historia de Moya y su Señorío en la Edad Media del que aprendimos mucho y con el que compartimos amistad y preocupaciones
comunes por la investigación de la historia de la villa de Moya y su
antiguo Marquesado HOMENAJE PÓSTUMO A JUAN PITARQUE FERRÉ .MARIANO LÓPEZ MARIN
HOMENAJE A NICETO HINAREJOS RUIZ  | | Niceto Hinarejos Ruiz un gran investigador de la historia de Alcalá de la Vega y de la villa de Moya y su Marquesado.Formó parte del Consejo de redacción de la Revista Moya de la Asociación de Amigos de Moya durante varios años . Y publicó varios libros.Ademas trascribió todos los documentos encontrados en el Archivo de la Corna de Aragon (ACA) en Barcelona por Juan Pitarque Ferré sobre la villa de Moya e incluidos en el este libro:MOYA (Cuenca)).TIERRAS DE FRONTERA 1269-1375.HISTORIA Y DOCUMENTOS (A la luz del ACA) Nos dejó el 26-7-2021. |
Podeis leer el articulo completo del homenaje a NICETO HINAREJOS RUIZ escrito por Mariano López Marín en el siguiente enlace:
HOMENAJE A D. TEODORO SÁEZ FERNANDEZ POR PARTE DEL IDEC (Instituto de Estudios conquenses) la Asociación de Amigos de Moya y el Excmo.Ayuntamiento de Moya. Tuvo lugar el 15 de julio de 2022.
Teodoro Sáez Fernández ,alma mater de la Asociación de Amigos de Moya,Presidente de dicha asociaciación durante varios años y Presidente Honorario,Cronista Oficial de Moya entre 1979 y 2022 y Coordinador de la Revista Moya de la Asociación de Amigos de Moya.
La crónica de todo este acto la podeis leer en el blog de Mariano López Marin,SALVACAÑETE : SU HISTORIA Y SUS GENTES, en el siguiente enlace:
Diversos momentos del Homenaje a D. Teodoro Saéz Fernández en la villa de Moya en julio de 2023,
Inútil sería ocultar que, aunque las hipótesis manejadas en esta bibliografía comentada al momento de su primera publicación (1996) soportan bastante bien la prueba del tiempo, en el ínterin hemos ido modificando nuestra opinión sobre diversos aspectos de la realidad histórica, a la vez que crecía nuestra comprensión de cuestiones que consideramos importantes. Es notable, por ejemplo, el contraste entre nuestra visión de los cultos populares de entonces, y la de ahora, lo que queda de manifiesto en los comentarios al texto de Huerta Cabrejas (I, 37). En el análisis de la cuestión religiosa, es hora de que los católicos partamos de la sana premisa de considerar nuestras creencias tan mitológicas, paganas, verdaderas o falsas como cualquiera otra, aunque sólo fuera por respeto a las de los demás, y a dejar de contemplar la historia de occidente como una consecuencia exclusiva de la Historia de la Iglesia, por medular que sea su impronta. Aunque poseemos material acumulado suficiente para continuar la serie Estudios y Documentos, ni siquiera disponemos por ahora del tiempo necesario para acabar ciertos trabajos en curso, y pergeñar un segundo volumen.
CAPÍTULO PRIMERO FUENTES PARA LA HISTORIA DE MOYA 1. ABELLA, Manuel.- "Colección diplomática". Manuscrito de 39 vols. Madrid, 1786. Real Academia de la Historia. Extensísima relación de los más importantes documentos contenidos en todos los archivos del país, muchos de los cuales transcribe. Moya está en el tomo XXIX, ff 67 a 75v, y se relacionan los diplomas conservados en 7 legajos, faltando, por motivos desconocidos, el legajo nº 6. A resaltar el documento 16 del leg. 5, "Dos libros escritos en pergamino de las leyes del fuero de Moya uno en latín, y el otro en romance", véase Ureña y Smenjaud. Un análisis pormenorizado de sus contenidos pone de manifiesto numerosos errores de transcripción de diversa índole, la mayor parte anacronismos, que plantean la necesidad de una edición crítica. No es, con certeza, una lista completa de la diplomática moyana. Sabemos, por ejemplo, que gozaba la villa del privilegio de los galeotes, exención de contribuir con remeros a las galeras reales o su correspondiente compensación numeraria: véase un privilegio de Enrique III, confirmando otro de Juan I a Utiel, Archivo Municipal de Utiel, en "Martínez Ferrando. Miscelánea de estudios dedicados a su memoria", Barcelona, 1968, págs. 535/540, transcrito por J. Martínez Ortiz, cronista de Utiel y discreto conocedor de las cosas de Moya, en el que se especifica gozaban también de esta merced Cañete, Moya y Requena, a causa de su posición fronteriza, aunque no hay trazas de tal privilegio en la Colección Abella. Puede verse una relación de los interesantes trabajos de Martínez Ortiz en "Repertorio de medievalismo hispánico (1955-1975)", Barcelona, 1978, tomo II, págs. 587/589, entre los que se cuenta una Historia de Tejeda que ya conocemos. Otras páginas interesantes hay en la colección, véase por ejemplo un Razonamiento hecho por Andrés de Cabrera al maestre de Santiago cuando éste intentó apoderarse del alcázar de Madrid que tenía el mayordomo, copia, s/l, s/F, Tomo X, ff 390/392, fielmente reproducido por Val Valdivieso en págs. 73 y 74 de Espacio, Tiempo y Forma, III-4, 1991, publicación de la UNED. Es también interesante la lectura del libro "Noticia y plan de un viage para reconocer archivos y formar la colección diplomática de España, encargada por el Rey a D.Manuel Abella". Madrid, 1795. Incluimos reseña de esta colección por lo espectacular de sus contenidos aunque no es, ni mucho menos, la estrella de las colecciomes documentales que hay que revisar. Por no salirnos de la Real Academia de la Historia, recordemos la Colección Salazar (1.645 vols.), Floranes (19), Velazquez (67), Sempere y Guarinos (16), Vargas Ponce (59), Tomillo, Pirala, Abad y Lasierra, Garibay, Martínez Marina, Villanueva, etc., etc.
2. AGRIPA,Enrique Cornelio.- "Historia de la doble coronación del Emperador en Bolonia", ed. y traducción de A. Bernárdez. Madrid, 1934. 272 págs., 8º.
Cronista de Carlos V, nos trae a Diego López Pacheco, III marqués de Villena y Moya al casar con Luisa Bernarda, hija de Juan Cabrera, II marqués de Moya, y su presencia en el acto solemne de 1530. Contiene interesante bibliografía en páginas finales. Ver Pinel y Monroy, Retrato, pág. 403; Prudencio de Sandoval, "Historia del Emperador Carlos V", libro XVIII-VI; Gonzalo de Illescas, "Historia pontifical y Cathólica", Segunda parte, Burgos, 1578, libro VI, y F. Fernández de Bethencourt, Historia genealógica y heráldica, tomo II, págs. 225/240. Se encuentra también Diego en los festejos por el nacimiento del infante D. Fernando, 2º hijo del emperador, a fines de 1529 en Bolonia. Hay pendiente un estudio de estos interesantísimos personajes, que debería sin duda analizar el ambiente espiritual y reformista en el que se ven inmersos los III marqueses de Moya en la pequeña corte de Escalona, uno de los focos de espirutualidad observante, erasmista y alumbrada de Castilla. Véase por ejemplo el clásico de J. H. Elliot, "La España Imperial. 1469-1716", cap. 6, Raza y Religión, o bien M. Bataillon, "Erasmo y España", cap. IV, Iluminismo y Erasmismo, y cap. V, El Año del Saco de Roma, donde se habla del círculo heterodoxo de los marqueses de Villena, pág. 226, ambiente en el que se forma Juan de Valdés, que dedica a Diego López Pacheco I su "Diálogo de doctrina cristiana", págs. 212 y 345, y de sus relaciones con recogidos y alumbrados, muchos de ellos franciscanos, págs. 179/184: Francisco de Osuna, que le dedica su Tercer Abecedario Espiritual, Francisco Ortiz, Juan de Cazalla, Francisco de Ocaña, Fr. Juan de Olmillos, etc., etc., y los seglares alumbrados Isabel de la Cruz y Pedro Ruiz de Alcaraz, consejero espiritual de la corte marquesal. Alcaraz será luego penitenciado en Escalona como única asechanza contra el omnipotente marqués de Villena. Véase M. Serrano y Sanz, "Pedro Ruiz de Alcaraz, iluminado alcarreño del siglo XVI", en R.A.B.M., VIII, 1903, págs. 1/16 y 126/139, y Angela Selke de Sánchez, "Algunos datos nuevos sobre los primeros alumbrados. El edicto de 1525 y su relación con el proceso de Alcaraz", en Bulletin Hispanique, LIV (1952), nº 2, págs. 125/152, donde, además de descubrir la génesis del edicto de 1525 en el proceso de Ruiz de Alcaraz, traslada la opinión que éste manifiesta sobre Diego López I, dado a conversaciones y meditaciones religiosas, y que "mostrava algunas vezes tener consigo unos sentimientos e alegrias espirituales; estava algunas vezes como enlevado", pág. 139. Hay transcripción del edicto de 1525 en V. Beltrán de Heredia, "El edicto contra los alumbrados de Toledo (23 de septiembre de 1525)", en R.E.T., X-1º, 1950, págs. 105/130. Véase también P. Michel Ange, "La vie franciscaine en Espagne entre les deux couronnements de Charles Quint", artículo fragmentado en R.A.B.M., tomos XXVI, XXVIII, XXIX, XXXI y XXXII, por quien sabemos que dedica Osuna su Norte de los Estados "...al illustrissimo señor don Diego López Pacheco: duque de Escalona, marqués de Villena...marqués de Moya", en el tomo XXIX (1913), pág. 23. Hállanse Diego y Luisa Bernarda en el ojo del huracán espiritualista que, llámese como se quiera, sacude el corazón de Castilla en los inciertos días pretridentinos. Es, más que una brisa, un viento reformista en buena medida insuflado por la observancia franciscana, aunque luego drásticamente controlado por los capítulos generales de 1524 y 1528, y por la Inquisición, vía edicto de 1525, cuyas 48 proposiciones son según Selke, en su inmensa mayoría, transcripción de las acusaciones formuladas contra Alcaraz un año antes. Sobre los alumbrados, véase M. Bataillon, o bien la obra de Melquíades Andrés, de la que sugerimos, sólo para entrar en materia, "Los alumbrados de 1525 como reforma intermedia", en SALMANTICENSIS, XXIV (1977), págs. 307/334. Esta apasionante experiencia justifica en parte la querencia franciscana de Diego y Luisa Bernarda, contemplada con algo más de detalle en nuestros comentarios a Llaguno y Amírola, y Cean Bermúdez, véase.
3. AGUADO DE CORDOVA, Francisco.- "Bullarium equestris ordinis S. Iacobi de Spatha". Madrid, 1719; 714 págs., fol. Hay edición facsímil, Barcelona, El Albir, 1981.
Relación de documentos de la Orden, cronológicamente. Ver año 1211, escrito I, fundación del Hospital de Moya (Alfonso VIII). Año 1215, escrito I, confirmación de heredades en Moya y Landete a la Orden de Santiago y a la Casa de la Merced de Moya; escrito III, cambio a la Orden de Santiago de unas casas y el Alcázar de Moya por otras casas que allí les dio Pedro Fernández (Enrique I). Año 1223, escrito II, donación de unas heredades en Moya, de don Pedro Vidas a la Orden. Año 1225, escrito I, párrafo 3, acto de pleitesía de Zeyt Abuzeyt a Fernando III en Moya. Año 1250, escrito XX, carta de Fernando III al concejo de Moya para que pague ciertos impuestos a la Orden de Santiago. Año 1285, escrito I, confirmación de la donación de Avengamar, hecha por Alfonso VIII (Sancho IV). Conviene completar la consulta de este libro con López Agurleta, "Vida del fundador de la Orden de Santiago", y por supuesto Consuelo G. del Arroyo de Vázquez de Parga, "Privilegios reales de la Orden de Santiago en la Edad Media. Catálogo de la serie que existe en el Archivo Histórico Nacional", Madrid, s/f, donde, además del índice de documentos, tenemos buena síntesis del nacimiento y evolución del archivo de la Orden, que se encuentra en el A.H.N. desde 1872, y otros datos de interés, como el índice de cajas, relación de los maestres, encomiendas, etc., etc.
4. ALCOCER, Pedro de.- "Historia o descripción de la Imperial Cibdad de Toledo. Con todas las cosas acontecidas en ella,.... Agora, nuevamente impressa". Toledo, 1554. 130 ff, índice. Hay ed. facsímil, Toledo, 1973.
Sobre ascendencia de D. Andrés Cabrera, véase Libro I, Cap. CXV, fol. XCIIII (sic). Alcocer es, con toda probabilidad, el seudónimo de Pedro Ferrer, editor de Toledo.
5. ANGLERÍA, Pedro Mártir de.- "Epistolario". Estudio y traducción de J.López de Toro. Madrid, 1953-57. Real Academia de la Historia. 4 vols. Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España, tomos IX al XII.
Testimonio de primera mano sobre la corte y personajes de los Reyes Católicos. Véase Tomo I: ep. 63, a Juan Arcimboldi, Arzobispo de Milán. Tomo II: ep. 312, al Arzobispo de Granada y al Conde de Tendilla; ep. 343, al Conde de Tendilla. Tomo IV: eps. 670 y 671, al Marqués de los Vélez; ep. 755, al Canciller de Milán.
6. ARGOTE de MOLINA, Gonzalo.- "Nobleza de Andalucía". Sevilla, 1588. 360 ff., grabados.
Obra llena de datos del mayor interés, aunque el grueso de su información sobre Moya aparece en el Libro III de la Primera Parte, que nunca fue impreso, según C. López Martínez, en "Gonzalo Argote de Molina", Sevilla, 1953.
7. BAÑOS DE VELASCO, Juan.- "Memorial de la calidad y servicios de Don Cecilio F. Buenaventura Centurión Córdova Mendoza Carrillo y Albornoz, Marqués de Estepa ...". Madrid, 1679; 81 ff.
Trata de los Mariños en ff 58v a 60v, y esgrime el conocido argumento Mariños-Moyas-Albornoces, diciendo haberlo tomado de Pedro de los Ríos, que podría ser el enigmático Licenciado Rioja, Lorenzo de Padilla y Diego Hernández de Mendoza. Sólo hemos visto el Nobiliario de Padilla, B/N Mss. Afirma Baños, ff 58 y 58v, que el infante D. Manuel casa a Teresa de Albornoz con Alvaro de Moya. Figura en los ff 70 y 70v el testamento de Alvar García de Albornoz: "..Ítem mando que Micer Gomez mio fijo aya el mayorazgo, que yo oue fecho en tiempos del Rey Don Alfonso, que Dios perdone, con su licencia, que es Albornoz, e Torralva, el lugar con el Castillo, è el Señorio, è todas las heredades, que yo he en el dicho lugar, e tierras de pan leuar, e viñas, e todo lo otro, que yo he en el dicho Logar, e el solar de las mis casas de la Cibdad de Cuenca. Item mando al dicho Micer Gomez la Villa de Moya, con sus aldeas e con sus castillos, e degela que sea Mayorazgo, e pido Merced al Rey mio Señor, que se lo quiera confirmar, assi que sea mayorazgo para adelante, e dogela segun que me la el Rey dio con sus privilegios a la enmienda que el Rey fiziere por ella. Item mando al dicho Micer Gómez todas las heredades que yo he en tierra de la dicha Villa de Moya ...". Véase la vida de este interesante personaje en A. González Palencia, "Miscelánea conquense", ed. facsímil, Cuenca, 1990, págs. 153/155, y su importante papel en la guerra civil al lado de Enrique II, que le agradecerá largamente los servicios prestados. Fue su hijo Micer Gómez Comendador de Montalbán, y partió a Italia con su tío el Cardenal D. Gil, ilustres exiliados de la Castilla del rey D. Pedro. Actuó en Italia de capitán de fortuna al mando de seiscientas cabalgaduras, llegando a ser duque de Ascoli, y general de las tropas de Nápoles. Ver Moxó, Los Albornoz. La elevación de un linaje, y Mateo López, Vol. II, págs. 127 y ss., 167 y 145/147, y sobre los Albornoz, pág. 224 y ss. Véase también M. Ballesteros, Historia de Utiel, Segunda Parte, caps. II y III, págs. 103/139. Le sucede su hijo, Juan de Albornoz, que muere sin descendencia masculina. Su viuda, Constanza de Castilla, obtendrá permiso del rey para vender Moya y otras plazas, lo que hace en 1390 exigiendo, no moneda castellana, escasa e inestable a la sazón, ver Ladero Quesada, La política monetaria, sino florines del cuño de Aragón, más estables y al precio aproximado de 45 maravedís, lo que eleva a 450.000 Mrs. el precio de Moya, si eran 10.000 florines, Pinel, pág. 214, aunque sólo consta el pago de 7.300. Caballón, en su manuscrito de 1625, fº 29, se expresa en reales de plata, 52.800, que a la sazón tenían un valor aproximado de 8 Mrs. Esta curiosa operación comercial dará un respiro momentáneo a los caballeros de la villa, que con toda razón se oponen cincuenta años más tarde a su enajenación. Ver Stuart Falco, Duque de Berwick, doc. XCII, pág. 187 de Noticias históricas y genealógicas: Juan II cede Moya en 1440 a su hijo Enrique, quien la da en 1448 al Marqués de Villena. En 1463 hay nueva cesión de algunas mercedes a Andrés de Cabrera, y en 1475 es entregada al matrimonio por los Reyes Católicos. Se constituye en Mayorazgo en 1511.
8. BARRANTES MALDONADO, Pedro.- "Ilustraciones de la casa de Niebla". Madrid, 1857; 545 págs., 8º. Hemos utilizado los vols. IX y X del M.H.E.
Véase tomo I, Libro VIII, caps. VI y XV. En este último se asegura que Andrés Cabrera es hijo de Gonzalo Chacón, y adelantado de Murcia; y el tomo II, el Libro II, caps. XXXVI y XXXVII, que tratan de los alborotos nobiliarios en la época de Sancho IV, en que llega a ser señor de Moya Don Pedro de Guzmán, hijo de Guzmán el Bueno y María Coronel.
9. BELTRÁN DE HEREDIA, Vicente.- "Cartulario de la Universidad de Salamanca. La Universidad en el Siglo de Oro". Salamanca, 1970/1973. 6 vols.
Véase Tomo II: págs. 566/578, varios documentos referentes a don Francisco de Cabrera y Bobadilla, hijo de los primeros marqueses de Moya, maestrescuela de Salamanca y arcediano de Toledo. Tomo III: los pleitos de jurisdicción suscitados entre el arzobispo de Santiago, Alfonso de Fonseca, y la sede de Salamanca defendida por el obispo Bobadilla, cap. XXX; y semblanza muy ajustada pero bien documentada del cardenal don Francisco de Mendoza y Bobadilla, sobrino del anterior e hijo de los marqueses de Cañete, cap. XXXIV. Véase nuestras notas a Mendoza y Bobadilla. Tomo IV: semblanza del obispo Cabrera y Bobadilla, págs. 533/535, y transcripción de diversos documentos, entre ellos la carta al Rey Católico sobre el estado de salud de su padre Andrés Cabrera, Col. Salazar, 9/13, fº 159, y la respuesta del rey, A.G.S., Libros de Cámara, lib. 22, ff 390v-391, así como otras cartas cruzadas con el emperador, referentes a sus asuntos en Roma que ponen de manifiesto las tensiones del prelado con Carlos V. Véase también González Dávila.
10. BERMEJO, Antonio Gaspar.- "Historia del Santuario y célebre imagen de Nuestra Señora de Texeda, redención de cautivos de Garavalla, Moya, provincia de Cuenca". Madrid, 1779: 582 págs., 4º.
Discreto compendio de cuanto se sabía del Santuario a fines del siglo XVIII. Aporta el P. Bermejo el más completo repertorio de fuentes, a saber: Juan de Villafañe, "Compendio Histórico de las imágenes de María Santissima, que se veneran en los más Célebres Santuarios de Hespaña", Salamanca, 1726 y 1740; Francisco de Arcos, "Vida y muerte del Ven. P.M. Fray Simón de Roxas", Madrid, I Parte, 1670, y II Parte, 1678, y "Procesos y papeles en orden a la beatificación del Ven. P. Simón de Roxas"; Francisco de la Vega, "Crónica de la Provincia de Castilla, León y Navarra", Madrid, 1720/23/29, y su "Vida del venerable siervo de Dios Simón de Roxas", Madrid, 1760, que el mismo Bermejo revisa y edita en 1772; Fray Cristobal Granados de los Rios, "Historia de Nuestra Señora de los Remedios de la Fuensanta", Toledo, 1636, y Madrid, 1646; Pedro López de Altuna, "Primera parte de la Chronica del Orden de la Santissima Trinidad redención de cautivos", Segovia, 1637, autor también de un "Libro de las Iglesias y de los conventos de la Orden de la Santissima Trinidad", al que Bermejo no hace alusión, que nosotros no conocemos todavía y debe ser muy interesante; Fray Miguel Borrell, "Chronica Ordinis Sanctissimae ac Individuae Trinitaris, Redemptionis Captivorum..", Barcelona, 1563; y hace referencia explícita y detallada a otras dos hoy desaparecidas: Fray Antonio Navarro, véase las Crónicas Franciscanas, y Juan Ponce de León, tío de Pedro, a quien también alude Mateo López, vol. II, pág. 193, y Muñoz y Soliva, Obispos, pág. 226, e Historia de Cuenca, pág. 700. No parece conocer un "Tratado de santuarios del Obispado de Cuenca", de B. Porreño, que ya se considera perdido en el Siglo XIX, según Muñoz y Soliva, Cuenca, tomo II, pág. 661. Parece obligado un buen trabajo de fuentes generales de Texeda, para el que sugerimos empezar por el magnífico "Diccionario de escritores trinitarios de España y Portugal", Roma, 1898-99, 2 vols., de Fr. Antonino de la Asunción.
Da el P. Bermejo una serie de datos del mayor interés obtenidos de la consulta directa del archivo del Santuario, que conocía muy bien, aunque evidentemente no pudo contar con los documentos anteriores a la inundación de 1516. Aborda cuestiones teológicas y morales de cierto espesor, como el culto a las imágenes, las non manufactas, el carácter y etiología de los milagros, etc., etc., con abundante apoyo textual propio de la literatura religiosa de la época, de la que es un ejemplo discreto, a pesar de ser "Maestro y Padre de la provincia, Doctor teólogo por la universidad de Alcalá, Catedrático de Prima de Sagrada Escritura y Moderante de la Academia de Teología en la misma...", según el P. Asunción, tomo I, pág. 93.
En la cuestión de la antigüedad del santuario, opta por la opinión del P. Vega, año 1207, y primera aparición en 1205, desechando las de Ponce, año 1395; Granados, hacia 1448; y Arcos, hacia 1482. Véase pág. 6 y ss. Hay que decir que en esto, como en casi todo lo tocante a Texeda, Francisco de la Vega sigue estrictamente a Antonio Navarro, cuyo preciado manuscrito conoció. Dice Navarro, y apoya la tradición, que fue Guillermo Escoto el fundador, aunque desdeña especificar sus fuentes, lo que advierte Bermejo en pág. 21. Es muy posible que ambos se basaran solamente en una inscripción mural existente a la sazón, que narra estos eventos y Bermejo reproduce en pág. 20; también, Doc. 1, pág. 111 de la "Historia de Tejeda", de Martínez Ortiz. Nada dice Pedro Ponce un siglo antes, a pesar de conocer la historia de su tio Juan, ni López de Altuna, que escribe 150 años antes que Bermejo, véase Libro II de su Chrónica, semblanza de San Guillermo Escoto, págs. 152/154. Tampoco Pinel y Monroy atribuye tal antigüedad a la imagen de la Virgen, lo que parece lógico si se tiene en cuenta que la única fuente que aparenta conocer es Ponce de León, limitándose a trasladar la fecha de 1395 para la primera aparición, pág. 326.
Como afirma Vega/Navarro que el primitivo santuario estaba a dos leguas y media de la villa de Moya, trata Bermejo en el mismo marco y en apoyo de su tesis, la vieja cuestión de los albores de Moya, e intenta probar su existencia en fecha anterior a 1200 basándose en dos textos: a) La Historia de España, del P. Mariana, tomo I, libro XI, cap. XX, donde se dice que el rey Alfonso repara Moya y otras plazas por necesidades defensivas el año 1200. Se trata seguramente de una errónea lectura de la Crónica del Obispo de Tuy, que comparte con Garibay, tomo II, libro XII, cap. XXIX; y b) La vida de San Julián, del P. Alcázar, que cita en libro II, cap. II, págs. 154/155 el breve de Lucio III de 9/8/1183, de unión de los obispados de Valeria y Arcas, donde no se nombra a Moya, ni se infiere en absoluto que ya existiera. Ver texto de la bula en M. López, Memorias, vol. II, pág. 318, y vol. I, págs. 141 y 151. Sobre este asunto, sugerimos la lectura de "Una tésera celtíbera. Datos sobre las ciudades celtibéricas de Ergávica, Munda, Cértima y Contrebia", de Aureliano Fernández Guerra y Orbe, en B.R.A.H., tomo I, 1877, pág. 129, y por supuesto "La división de Wamba. Contribución al estudio de la historia y geografía eclesiásticas de la Edad media española", de Luis Vázquez de Parga, Madrid, 1943; y datos esenciales sobre la primitiva iglesia y obispado de Cuenca en Mateo López, vol. I, págs. 115 y ss., y 141 y ss, sin olvidar la relación de documentos de don Clementino Sanz. Refiérese luego el P. Alcázar en pág. 157 al célebre escrito del obispo Yáñez, dado en la villa de Pareja y aducido igualmente por Bermejo, ver la transcripción en Mateo López, vol. I, págs. 143 y 154, y nuestros comentarios a la "Crónica de Alfonso VIII", del Marqués de Mondejar, a Salvador de Moya, y a Palacios Albiñana. Aquí se nombra a Moya sólo para decir que es Arcedianato a partir de 1231, era de 1269, lo que advierte Mateo López, vol.I, pág. 189. Parte la confusión, creemos nosotros, de la consulta de dos documentos existentes en el Archivo de la Catedral de Cuenca, véase Clementino Sanz, Reseña Cronológica, pág. 7, año 1195, nº 22, donación del rey Alfonso VIII al obispo don Juan, a la iglesia de Cuenca y Cabildo, de los diezmos de todos los réditos reales de Cuenca, Huete, Valera y Monte Agudo, y también las décimas del portazgo, salinas y quintas de Cañete, privilegio rodado, Sigüenza, 10/9; y nº 24, privilegio rodado de Fernando III, dado en Villanueva de la Cañada (Madrid), año de 1225, que copia y enmienda el otro de Alfonso VIII: "Pero como la Villa llamada de Moya se pobló más tarde, y el portazgo que acostumbraba cobrarse en Cañete, que ahora es Aldea de Moya, se cobra en Moya [y el portazgo que se solía cobrar en Valera se cobra ahora en Alarcón], yo, Fernando, por gracia de Dios Rey de Castilla y Toledo, mando que el portazgo que por donación de mi celebradísimo Abuelo el Rey Alfonso cobrábais en Cañete lo cobréis en Moya [y del mismo modo el portazgo que solía cobrarse en Valera lo cobréis en Alarcón]". Este documento no podía consultarse en Cuenca en 1996, pero hay transcripción del s. XVIII del original del archivo de la catedral, en B/N Ms 13071, microfilm 5879, ff 114r/116v. En 1218 Cañete era todavía señorío del conde de Lara, que en ese año fue obligado a renunciar a esa y otras posesiones: Salazar y Castro, Casa de Lara. En 1222 una venta de casas en Cañete menciona ya al señor de Moya, y en 1221 hay arcediano en Moya, Paulino Iradiel, Bases económicas del hospital de Santiago de Cuenca, A.E.M., 11, 1981, págs. 181/246. Tenemos constancia de un sello del Arcediano de Moya, año 1221, véase Catálogo de Sellos de la Sección de Sigilografía del A.H.N., tomo II, Sellos Eclesiásticos, Orden Militar de Santiago, Hospital de Cuenca, caja 99, nº 19, y otro en armario 5, caja 75, nº 39, que aun no hemos visto.
Cita Bermejo también como prueba el libro II, cap. XX, pág. 283, de la Vida de San Julián: cede San Julian en 1207 la mitad de las rentas de Cañete para provisión de vestuario de Dignidades y Canónigos Capitulares, que entonces viven en comunidad. Al respecto, se limita a decir el P. Alcázar que hoy (1669), ese diezmo se reparte en Moya. No se induce en absoluto la existencia de la villa en los primeros tiempos del Obispado de Cuenca, y no pretende Alcázar decir tal cosa. Trama el P. Bermejo con todos estos supuestos una confusa argumentación tendente a abrumar al lector, pág. 90 y ss, y cita asimismo los datos de un manuscrito, copia literal de unas páginas de “Retrato del buen vasallo”, libro II, cap. VII. Nada hay seguro en las conclusiones, y amenaza con invalidar el posible dato de la fundación del convento por San Guillermo Escoto, sin la necesidad de que ya entonces existiera la Moya que conocemos, de la que no hay evidencia documental hasta 1209. Redundando en apoyo de sus tesis, supone el famoso milagro acaecido a María Gracia, vecina de Moya, y segunda aparición de la Virgen de Texeda, en 25/12/1205, según dicta el rótulo de un lienzo en la escalera del convento, pág. 80, cuyo poder de convicción es tan escaso como suponer una fecha idónea para la primera aparición seis meses antes del eclipse de 1206, anormalmente largo, y por tanto premonitorio, pág 53. Es curioso que Ponce de León asigne también para la segunda aparición el mismo año que la primera. Cae Fray Antonio Gaspar en la natural tendencia de algunos historiadores, más aún los eclesiásticos, de otorgar a los hechos que narra la mayor antigüedad posible, a costa del rigor. Trátase, nunca mejor dicho, de una mentira piadosa que le induce su santa pasión por Texeda, por la que, seguro, nadie va a negar el cielo al buen trinitario, máxime cuando le adornan otras magníficas cualidades que traslada a su libro.
Dedica amplia referencia a los varones ilustres que han florecido en el Convento de Texeda, de entre los que sobresale, por sus virtudes y especial predilección hacia el santuario, San Simón de Roxas, entonces aún Beato, ya que ha sido canonizado en 1988. Demuestra el P. Bermejo que el nuevo santuario empieza a construirse en 1574, y es concluido en 1581, pág. 214, aduciendo, entre otros elementos, escritura de obra de las bóvedas, fechada en 1577, pág. 18. Véase Adalid Argudo, y Calvo Peláez, “Estudio Previo del Monasterio de Texeda”, Cap. I, donde se asegura que dirige las obras el turolense Domingo Lazcano. Benedicto Sacristán hace un esquema evolutivo de la situación del santuario en "Tejeda Siglo XX", pág. 80. Queda claro también por los instrumentos que se citan que Texeda la Vieja es barrida por las aguas en 1516, y parece fundada la sospecha del autor, de otra inundación en 1332, dato que aporta el P. Vega. Es por otra parte segura la inundación de 9/8/1772, que arrasa parte de la presa del molino, sólo un mes antes de la consagración de la iglesia, que tiene lugar el 6 de septiembre, a cargo de Alonso Cano, Obispo de Segorbe, ceremonia que se narra con lujo de detalles, pág. 344, por la cual sabemos que había entonces reliquias de San Juan Bautista, San Blás, Santa Bárbara y otras. Describe en detalle el altar mayor, pinturas del retablo y resto de la iglesia en pág. 349 y ss. Véase también Martínez Ortiz, cap. IV, que narra su estado en 1964, y por supuesto Adalid y Calvo, con expresión detallada de su estado actual. Hay que decir que en años recientes ha experimentado el convento un cambio radical, con restauración y adecentamiento de todas sus dependencias gracias a la presencia de un grupo de religiosos que han afrontado su revitalización con espíritu auténticamente fundacional. Vaya nuestro agradecimiento, y llamada de atención general. Remitimos a los artículos de Benedicto Sacristán en EL DIA DE CUENCA, de 5/6, 21/7 y 21/9 de 1991, y al del Padre F. Javier Liante, a la sazón Superior del Convento de Texeda, en el Boletín MOYA nº 3, Septiembre de 1990.
Aunque hija del espíritu encubridor y liquidador de las tradiciones paganas que esconde todo culto popular -y más en el caso de las vírgenes- que caracteriza la política eclesiástica de la Contrarreforma, exacerbada en el siglo XVIII, es la Historia del P. Bermejo, en lineas generales, fuente de información con datos de interés para todos los gustos, como que Garaballa tiene 40 casas en 1777, año que dice escribir el libro, págs. 421 y 244 respectivamente; o los modos y hábito de vestir y preparar la imagen sagrada de la Virgen para las ceremonias: ha de ser un monge del convento, y no de cualquier modo, pág. 526; o la noticia de construirse el molino de papel sobre las ruinas del convento viejo, y que empieza a picar trapo en 10/12/1756, pág. 227, etc., etc. Reproduce la narración completa de los milagros habidos por intercesión de la Virgen de Texeda, que divide en tres partes, según la procedencia de las fuentes: hasta 1602, los que narra Juan Ponce de León; hasta 1660, los de Pedro Ponce de León, y hasta 1759, los que copia y reseña el P. Juan Manuel López Pintor, prior, de quien escribe Fr. Gaspar una Vida y Virtudes que no hemos encontrado. Aclara el P. Bermejo que ninguno de los milagros que se describen tiene sanción jurídica de la Iglesia, que según creemos nosotros sólo admite dos, y aún el segundo con reservas: la primera aparición, claro es, y la entrega del cíngulo de pureza al Beato Simón de Roxas, que tiene lugar inmediatamente después de la curación de la endemoniada lasciva, pág. 280 y ss., si bien hay alguna duda sobre la procedencia del cíngulo, que podría deberse a la Virgen del Remedio. Se extiende de modo prolijo en la descripción de ceremonias, tan brillantes y numerosas en el siglo. Es generalmente honesto, aunque de estilo recargado, y muy dogmático, lo que unido a su sincera y personal devoción le lleva en ocasiones a enzarzarse en circunloquios plagados de contradicciones muy divertidas, como cuando llama la atención a las señoras para que no exageren su devoción a la Virgen, en detrimento de la obediencia debida a sus maridos, págs. 85-86.
Hemos encontrado cuatro ejemplares de este libro en la Bibl. de la Universidad de Valencia, y uno en la Bibl. Municipal de Valencia, Bibl. Pública de Valencia, Biblioteca General de la Universidad de Barcelona, Biblioteca Nacional de Madrid, Biblioteca del Seminario Conciliar de Cuenca, Bibl. del Seminario de Vitoria y Bibl. del Cabildo de Toledo, aunque no descartamos otros. Posee el P. Bermejo respetable obra escrita, de la que hay referencia en el citado Antonino de la Asunción, tomo I, págs. 93/96, y en J. Catalina García, "Ensayo de una tipografía complutense", Madrid, 1889, por quien sabemos era censor, véase.
11. BERNÁLDEZ, Andrés.- "Memorias del reinado de los Reyes Católicos que escribía el Bachiller Andrés Bernáldez, Cura de los Palacios". Edición y estudio de M. Moreno Gómez y J. de Mata Carriazo. Madrid, 1962; 776 págs.
Ver cap. X, la coronación de Isabel; cap. XXIX, noticias de la corte en Sevilla; y LXXXIV, el episodio del moro de los gomeres en el campamento de Málaga, narrado con lujo de detalles que denota su proximidad a los hechos. Describe Bernáldez los ambientes con cierta soltura no exenta de desparpajo, dando la sensación de ser testigo de primera fila.
12. CENSO DE POBLACIÓN DE LAS PROVINCIAS Y PARTIDOS DE LA CORONA DE CASTILLA EN EL SIGLO XVI.- Se trata del censo de Tomás González. Madrid, 1829. 399 págs.
Contiene varios errores de transcripción, y arroja un total de 3.172 vecinos para Moya y su tierra en 1594. Hay que decir que este censo deriva, o es consecuencia, del recuento de 1591, realizado para el llamado servicio de millones (reparto del impuesto que votaron las cortes de 1588-90 para sufragar los gastos sobrevenidos a raíz del desastre de La Invencible), al tratarse de un censo de comprobaciones, o correcciones, y que en cuanto al clero regular, se considera un vecino a cada 10 frailes/monjas o fracción superior a 6, exceptuados los franciscanos, que no cotizan. Ya existían entonces el convento de San Francisco de la Vega fundado en 1586, y por supuesto el convento de Texeda. Véase el "Censo de Castilla de 1591. Vecindarios", Madrid, 1984, págs. 234/5. Consideramos de la mayor importancia el capítulo de la demografía, que puede aportar importantes y desconocidos aspectos.
Otros censos a tener en cuenta: Recuento de 1528-36; las averiguaciones para el encabezamiento de alcabalas de 1552, 1561, 1585 y 1596-97; el Recuento de 1571 para la distribución de los moriscos, y Censo de los Obispos (1587/89); informaciones y recuentos del siglo XVII; el Padrón calle-hita de 1708; el Vecindario de Campoflorido (1712-1717); el Catastro de Ensenada (1749-1753); el Censo de Aranda (1768- 69); el Censo de Floridablanca (1786-87); el Diccionario Geográfico, de Tomás López, 1786; y el Censo Godoy-Larruga (1797), sin olvidar el manuscrito-inventario de D. Gerardo González García, véase. Para un estudio detallado de estos y otros censos, remitimos a "Fuentes y métodos para el estudio de la demografía histórica castellana durante la edad moderna", por Manuel Martín Galán, en HISPANIA, 148, año 1981, págs. 231/325, y "Fuentes para la demografía de España. Las Estadísticas de la Restauración", por Juan A. Lacomba, en ESTUDIOS GEOGRAFICOS, XXIV, 90, febrero de 1963, págs. 39/55. En cuanto a los más recientes, ver interesante resumen en "Cada vez somos menos", OLCADES, vol. II, fasc. 11, págs. 213/222, detallada estadística por municipios de toda la provincia, con cuadro comparativo de los censos de 1900, 1940, 1950, 1960, 1970 y 1980, sin firma, y por supuesto Cuenca hidrográfica, de J.S. García Merchante. Dedica D. Gerardo González García en su primer manuscrito cuidada atención a la demografía. Refleja los censos de 1587 (pág. 115), que da 3.195 vecinos, y el de 1594 (pág. 116), y enumera en pág. 115 los censos de la provincia de Cuenca de 1541, 1594, 1768, 1787, 1797, 1814, 1822, 1826, 1831, 1832, 1833, 1836, 1850, 1857, 1860, 1877 y 1887, que debe conocer, ya que aclara no encontrar datos de 1530, 1541, 1646 y 1694. No nombra el censo de 1805, que tenemos en Mateo López, vol. II, págs. 77 y ss., a pesar de tomar del mismo la lista de villas, lugares y aldeas, pág. 77. Da amplia reseña del censo de 1863 (pág. 96), con datos tan precisos como consignar que hay en la villa 5 casas de un piso, 16 de dos pisos, 65 de tres pisos, 32 deshabitadas, y 1.211 habitantes; el censo de 1883 (pág. 97), con 1.313 habitantes; y el de 1887, con 1.328 habitantes. Facilita una batería de datos muy interesantes del llamado Libro Maestro de Seglares de Moya, año 1752, en pág. 99 y ss., que es ni más ni menos la encuesta base, o respuestas particulares al Catastro de Ensenada, manuscrito de 555 folios que "Contiene una lista por orden alfabético de todos los vecinos y hacendados forasteros, con expresión del folio en que se hallan inscritos; se enumeran las piezas de tierras de secano para sembradura; de regadío; casas, molinos harineros, batanes, edificios y emolumentos del común; número de ganados con separación de especies, colmenas, etc., lo que producían las profesiones e industrias, cargos y empleos". Sabemos por este documento que había en la villa de Moya 216 contribuyentes, por ejemplo. Inútil es manifestar nuestro enorme interés en dar con él, a pesar de disponer de los datos generales de dicho censo. Recientemente se ha encontrado el libro equivalente de Fuentelespino de Moya.
13. COLECCIÓN DE CORTES DE LOS REINOS DE LEON Y CASTILLA.
38 cuadernos. Madrid, Real Academia de la Historia. 1836, o bien,
CORTES DE LOS ANTIGUOS REINOS DE LEÓN Y CASTILLA. 4 vols., Madrid, 1861-82.
Sabemos por Pinel y Monroy, en base a los documentos del archivo de Moya (Retrato, págs. 217 y 218), que Moya asistió a las Cortes de Castilla en representación propia desde las de Cuéllar (1319), recién estrenado su carácter de realengo, hasta las de Soria (1375), caso de haberse producido, en las que Enrique II fuerza la sumisión de la villa a Micer Gómez de Albornoz, véase lo que decimos al respecto en nuestras notas a “Retrato del buen Vasallo”. Sea como fuere, encontramos dos veces a Moya en los Ordenamientos de Cortes. La primera en las de 1348, Alcalá de Henares, época de Alfonso XI, "... En Cuenca, e en Vesste (Huete) e en Moya e en sus términos, el que oviere quantia de doze mill maravedis, sin las cassas de su morada, que mantenga vn cauallo" (disposición 77 del Ordenamiento de Peticiones de Cortes). La segunda, en las de Valladolid, año de 1351, época de Pedro I, "...E los lugares de los puertos dela mar e dela tierra do han de dezmar et otrosí do han de estar las guardas son estos. En la tierra ... Et el otro puerto en Moya, e la guarda del ssea en Cannete e en Cuenca. Et el otro puerto en Cuenca, et la guarda ssea en Huepte", en el Cuaderno Primero, disposición 14. Para un completo conocimiento del tema, remitimos a "Las Cortes de Castilla en el período de tránsito de la Edad Media a la Moderna, 1188-1520", de Wladimiro Piskorski, trad. de C. Sánchez Albornoz, con un estudio de J.Valdeón Baruque. Barcelona, El Albir, 1977; y un análisis histórico de todos los cuadernos de cortes, en "Historia de las Cortes de León y Castilla". Madrid, R.A.H., 1883-84, Tomo I. Introducción de D. Manuel Colmeiro.
14. COLMENARES, Diego de.- "Historia de la Insigne cibdad de Segovia ...". Segovia, 1637. 662 págs., 4º. Hay edición moderna, de la Academia de Historia y Arte de San Quirce, 1970, 2 vols.
Muy interesante para el conocimiento de los sucesos de Segovia, incluida la coronación de Isabel. Es, como buen segoviano, algo crítico con los marqueses de Moya y los condes de Chinchón, que le reprocha Pinel, Retrato, págs. 261 y 262.
Consultar cap. XXXIII, I, 1468, da el rey a su mayordomo Cabrera los cargos de Segovia que habían correspondido a Pedrarias, menos el Alcázar, que queda en poder del Villena. III, 1470, recibe el Cabrera la tenencia del alcázar de Segovia. X y XI, 1472-1473, presiones del Villena sobre el rey para arrebatar a Cabrera el alcázar y tesoros de Segovia, y alborotos contra los conversos, defendidos por el Cabrera, narrados en detalle, con la transcripción de una cédula del rey ordenando al tesorero del alcázar, Rodrigo de Tordesillas, la entrega de una cantidad al alcaide Cabrera para abastecimiento de la fortaleza segoviana, con respuesta y acuse de recibo del mayordomo. XII, 1473, nuevas presiones sobre Andrés Cabrera para la entrega de ciertas cantidades del tesoro del alcázar de Segovia, para proveer a la boda de la infanta Juana con el infante Enrique de Portugal, a lo que se resiste el alcaide. Insiste el Villena, exigiendo las puertas de San Juan y San Martín para el marqués de Santillana, infructuosamente. XIII, 1473, enemistad de los Pacheco con Cabrera, y maniobras de éste para que Enrique designe a Isabel por heredera. Viaje de Beatriz de Bobadilla a Aranda disfrazada de aldeana, para avisar a la princesa; XIV, 1473, reconciliación de Segovia, favorecida por los Cabrera; y XVI, 1474, banquete en la casa del obispo, e indisposición de Enrique.
Cap. XXXIV, I y II, 1474, coronación de Isabel en Segovia. VI, 1475, entrega Cabrera a los reyes los tesoros del alcázar. VIII, 1475, presiones del rey de Portugal y resistencia del alcaide. X, XI y XII, 1476, alteraciones en Segovia, a cargo de Alonso Maldonado, e intervención de la reina a favor de Cabrera. XV, cortes de 1480, Toledo, merced de 1200 vasallos para los Marqueses de Moya en los sexmos de Valdemoro y Casarrubios, y encargo de contarlos a Francisco González de Sevilla; y XVI, protesta del pueblo de Segovia, y actos públicos de pesar por la usurpación en favor de los Cabrera.
Cap. XXXVI, V, 1506, ceden los Cabrera la tenencia del alcázar de Segovia, presionados por Felipe y Juana, que entregan la alcaidía a don Juan Manuel, favorito de Felipe el Hermoso que luego sería importante personaje de la corte de Carlos V, canciller e ilustre erasmista, véase Marcel Bataillon, E y E, pág. 269. VI y VII, 1506-1507, muere Felipe el Hermoso, y regresa Cabrera. Ayudado por el duque de Alburquerque, toma la puerta de Santiago y cerca el alcázar; VIII, 1507, magnífica descripción de los bandos en discordia, a favor y en contra del regreso de los Cabrera, con intervención de Juan, segundo hijo y heredero del título de marqués. IX, X y XI, 1507, asedio y toma del alcázar, descrito en detalle. Cap. XXXVII, 1520, XIV, rebelión de las Comunidades. Se refugia en el alcázar el Conde de Chinchón, Fernando de Cabrera y Bobadilla, donde es cercado, desamparando su casa y puertas de la ciudad, que son tomadas por los insurrectos. VIII a XI, cerco del alcázar, donde también está el hermano del Conde, Diego. Estragos en las fortalezas de Chinchón y Odón.
15. CÓRDOBA, Buenaventura de.- "Vida militar y política de Cabrera". Madrid, 1844-45. 4 tomos refundidos en 3 vols.
Tenemos el bombardeo de Moya en el Tomo IV, así como la toma de Carboneras, que se narra con cierto detalle, no exenta de patetismo. En los tomos II y III, varias acciones en la tierra de Moya.
16. CORTAZAR, Daniel de.- "Memorias de la comisión del mapa geológico de España: Provincia de Cuenca". Madrid, 1875. 425 págs., 4º. 4 láms. plegables. Ver catálogo de rocas, y descripción geológica. En la página 124 hay un croquis del cerro de la Villa. Para un estudio más detallado de toda la tierra de Moya, remitimos al Mapa Geológico de España, del Instituto Geológico y Minero.
17. "CRÓNICA INCOMPLETA DE LOS REYES CATÓLICOS". Anónimo. Prólogo y notas de Julio Puyol. Madrid, 1934. 366 págs.
Historia novelada con algunos diálogos entre diferentes personajes de la corte, a los que parece conocer muy bien. Véase el prólogo; Título VIII, semblanza de Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla, y diálogo de esta con el rey Enrique en procura de la sucesión de Isabel; Título IX, reconciliación de Segovia, maniobras del Villena, y su muerte; y Título LIV, la revuelta de Maldonado, de 1476, muy bien interpretadas las dudas de Isabel: el pueblo de Segovia y los grandes del reino, en contra del protagonismo de los Cabrera; el cardenal Mendoza y el conde de Benavente, a favor. Ya sabemos cual fue su opción. Hay que decir que no se tiene certeza, aunque sí sospechas, de la autoría de la crónica, recayendo en Alonso Flores por algunos indicios especificados en el prólogo, y que seguramente una de las pocas personas que vio el códice original, escrito a fines del siglo XV, fue Pinel y Monroy, que dice haberlo consultado, Retrato, pág. 165. El texto actual corresponde a una copia de la Real Academia de la Historia, signª. 12-3-4, y procede de la Colección Salazar.
18. "CRÓNICA LATINA DE LOS REYES DE CASTILLA". Edición crítica e índices por Mª Desamparados Cabanes Pecourt. 3ª ed. Zaragoza, 1985. Col. Textos Medievales, 11. 112 págs., 8º.
Fernando III y el Miramamolín Abú Zeyt, en pág. 64. Ver el Bulario de la Orden de Santiago, y Hernández Jiménez.
19. "CRÓNICA DE LA PROVINCIA FRANCISCANA DE CARTAGENA". Pablo Manuel Ortega, O.F.M. Murcia, 1790. 3 vols, fol. Hay edición facsímil. Madrid, 1980.
Parte Primera: Tenemos la fundación del Convento de San Francisco de la Vega, a petición del Bachiller Francisco Caballón y su mujer Ana Badaloche, Libro VIII, cap. IV. Debía sin duda tratarse de personas muy piadosas, de los que hay que decir fueron testigos del milagro de 1552, en Santerón, donde el niño Miguel de Torralba torna a la vida (véase la "Historia de Nuestra Señora de Texeda", del P. Bermejo, pág. 487). Eran también de recia estirpe, ver Col. Salazar, 9/1558, leg. 21, carpeta 7, nº 3, Información de Hidalguía y Limpieza de Sangre del Doctor Baltasar Caballón de la Carrera, Alcaide del castillo de Moya, Moya, 1630, hijo de los precedentes, que sabemos escribe una historia de Moya con datos fundamentales. En la Parte Tercera hay una semblanza de Athanasio Rama, confesor, Prior del convento de Orihuela, hijo ilustre de Landete, Libro IV, caps. I a IV; y en el Libro II, cap. XXV, la "Vida del venerable Padre Don Juan de Molina, Presbytero, y Párroco del Lugar de Landete". Utiliza el P. Ortega, entre otras fuentes, el manuscrito de Fray Antonio Navarro, que supuestamente describe la fundación y primeros pasos del convento franciscano de Moya, y la segunda fundación del convento de Texeda e historia del Santuario. Se trata de cinco o seis cuadernillos escritos hacia 1600 que conocieron también el P. Vega y Baltasar Porreño, quizá perdidos. En ello estamos.
20. "CRÓNICA DE LOS REYES DE CASTILLA, I y II". Colección ordenada por D. Cayetano Rosell. Biblioteca de Autores Españoles.
Vol. 66: Crónica de Alfonso X, Sancho IV el Bravo, Fernando IV, Alfonso XI y Pedro I. Madrid, 1875.
Vol. 68: Crónica de Enrique II, Juan I, Enrique III y Juan II. Madrid, 1953.
Se trata, sin duda, del período más turbulento de la historia de Moya, que aparece repetidamente como elemento de discordia, canje y presa de conquista en la llamada "Crónica de los tres reyes", etapa caracterizada por el auge de los Lara, familia preeminente en Castilla sobre todo a partir de las Cortes de 1177, año en que muere don Nuño Pérez de Lara en el sitio y toma de Cuenca, y cuya influencia llega hasta el reinado de Enrique II, véase Moxó, "De la nobleza vieja a la nobleza nueva", pág. 32 y ss., y por supuesto Salazar y Castro, Casa de lara, tomo III, lib. XIX, cap. XVIII. Nos interesan Juan Núñez I el Gordo o el Mayor, señor de Albarracín, Juan Núñez II el Mozo, y su hermana doña Juana Núñez la Palomilla, principalmente. Blanca, hija de ésta última, casa con el Infante D. Juan Manuel, que poseía Moya. Es, por tanto, madre de la reina Juana, mujer de Enrique II, el Trastamara. Tienen también relación con Moya de una u otra forma D. Diego López de Haro y los Infantes de la Cerda. Consúltese el magnífico "Indice de las personas, lugares y cosas notables que se mencionan en las tres crónicas de los reyes de Castilla: Alfonso X, Sancho IV y Fernando IV", de Casto Mª del Rivero, en HISPANIA, 1942: nº VII. págs. 163-235; nº VIII, págs. 323-406; y nº IX, págs. 557-618. También Muñoz y Soliva, tomo II, cap. V, "Historia de Cuenca". No encontramos referencias a Moya en la crónica de Alfonso X, aunque sabemos que pasa por la villa en 1269, en compañía de Jaime I el Conquistador, véase "Itinerari de Jaume I El Conqueridor", por Joaquim Miret i Sans, Barcelona, Institut d'Estudis Catalans, 1918, págs. 418/419: vienen de Toledo, y visitan Moya a primeros de enero en su paso hacia Chelva, para continuar sólo hacia Valencia el rey de Aragón. Se basa Miret en el "Llibre dels feyts esdevenguts en la vida del molt alt senyor Rey, en Jaume lo Conqueridor...", según manuscrito del siglo XIII. Véase párrafo 481, pág. 472 en una rara edición de esta crónica, s/l, s/f, 536 págs, 8º. Tiene cierto interés el rastreo de personajes ilustres que pasan por Moya y las circunstancias históricas o meramente personales que les llevan. Sabemos, por ejemplo, que cerca Moya Sancho IV en 1290 y 1291, véase Zurita, y está en Moya el infante D. Juan Manuel en febrero de 1306 y febrero de 1308, véase A. Giménez Soler; pasa también por Moya Alfonso XI en 1333 (era de 1371), y ordena destruir la fortaleza de Cardenete, véase Col. Abella, leg. 2º, doc. 14; y Pedro I, en junio de 1364, véase L. V. Díaz Martín. Pasa por Moya Fernando el Católico en octubre de 1479, según demuestra Romeu de Armas en su "Itinerario de los Reyes Católicos", Madrid, 1974, pág. 82, y tenemos otros datos de interés que permitirían enfocar este asunto con más detenimiento, sin excluir alguna que otra incursión por el siempre atrayente reino de la leyenda, en cuya frontera nos movemos agradablemente, por ejemplo, indagando la muy posible presencia de Averroes, que pudo haber acampado en Garaballa el año 1172, en la penosa retirada del ejército almohade, ver Almonacid Clavería. Nos adentramos temerariamente en el reino de la fantasía si tratamos de imaginar la toma de Moya por Tarik, y a sus huestes alejarse con la espada ensangrentada y precioso botín de mujeres hermosas, véase Florián de Ocampo.
Crónica de Sancho IV, cap. VI: otorga el rey a Juan Núñez I las plazas de Moya y Cañete de por vida (1289). Cap. VII: Moya, base de operaciones de Juan Núñez I, y acuerdo de boda de Juan Núñez hijo con Isabel de Molina, hija de Blanca de Molina, a cuyo efecto alberga Moya varios rehenes enviados por el rey Sancho (1290). Cap. VIII: Sancho arrebata Moya y Cañete a Juan Núñez, que se alía con el rey de Francia (1291).
Crónica de Fernando IV, cap. X: otorga el rey Moya y Cañete de por vida a Juan Núñez II, su mayordomo (1303). Cap. XIV: acuerdo conseguido por María de Molina, según el cual Juan Núñez entrega Cañete, Moya e Iscar a cambio de otras plazas (1307). Cap. XV: se niega Juan Núñez a entregar Moya y Cañete, y a salir del reino, ante la orden de expulsión, siendo cercado en Tordehumos (1308).
Crónica de Alfonso XI, cap. XII: en las Cortes de Medina del Campo, 1318, retornan al rey las villas de Moya y Cañete, por no haber descendencia legítima de don Juan Núñez de Lara II. Cap. CLXXIV: carta del rey a los concejos de Cuenca, Huete, Requena, Moya y otros, para que ayuden a don Diego López de Haro y a don Pedro de Xérica en la guerra de Aragón. Cap. CCLXXIII: manda el rey traer madera de los pinares de Moya para hacer casas en el cerco de Algeciras, destruídas a causa de las intensas lluvias, y la crecida del río Miel. Cap. CCLXXXV: Ferran Rodríguez, señor de Villalobos y ricohombre del rey, al mando de gente de Cuenca, Requena, Moya y otras, ocupan uno de los márgenes del río Miel, en el largo cerco de Algeciras. Hay luego otras acciones y celadas de este capitán, en las que presumiblemente interviene gente de Moya.
Juan II, año 1448, cap.I: gente de Cuenca y Moya ayudan a Diego Hurtado de Mendoza, señor de Cañete, a recuperar el castillo de Huélamo, en manos del alcaide de Albarracín por cuenta del rey de Navarra.
21. ENRÍQUEZ DEL CASTILLO, Diego.- "Crónica del Rey D. Enrique el quarto de este nombre, por su capellán y cronista ...". Madrid, 1787. 350 págs., 4º. Acompañada de las "Coplas de Mingo Revulgo", de Rodrigo Cota, o bien la edición crítica de Aureliano Sánchez Martín, Universidad de Valladolid, 1994, 432 págs.
Testimonio de primera mano del turbulento reinado del Impotente. Véase cap. XXXIX, ocupa Andrés de Cabrera el puesto de mayordomo, al vacar por cese de Beltrán de la Cueva; cap. CXIX, entrega el rey a Cabrera la gobernación de Segovia, aunque queda el alcázar todavía para el Villena; cap. CXXV, entrega del alcázar y tesoros de Madrid a Andrés Cabrera; cap. CXLIII, entrega el rey a Cabrera la tenencia del alcázar; cap. CXLIX, el incidente de Alcalá, curioso episodio en el que Cabrera es arrollado por un grupo de caballistas enzarzados entre sí en una pelea de honor de la que el alcaide quiere disuadirles por encargo de su rey. La interpretación de este pasaje de la crónica nos llevará a otras importantes cuestiones cuando hablemos de Pinel y Monroy; cap. CLIII, queda en Segovia la princesa Juana en custodia del conde de Ureña y de Andrés Cabrera mientras Enrique IV se propone expulsar del reino a Isabel y Fernando; cap. CLXI, presiones del Villena y entrega del alcázar de Madrid; negativa de Cabrera a entregar Segovia, y alborotos de 1472, descritos con detalle; cap. CLXII, se resiste Cabrera a entregar 20 quentos de maravedís (20 millones), del tesoro de Segovia, destinados a dote para el casamiento de la Infanta Juana. Oficia el alcaide el solemne recibimiento del recientemente nombrado cardenal, don Pedro González de Mendoza, en Segovia; cap. CLXIII, presiones del Villena para conseguir la guarda de las puertas de S. Juan y S. Martín, en Segovia, a lo que se resisten los Cabrera; cap. CLXIV, reconciliación de Segovia, y comida fatal para Enrique IV. Nuevos planes del Villena para tomar Segovia y prender a los Cabrera. Viaje en burro de Beatriz a Aranda en busca de la princesa Isabel.
Es Enríquez la cara opuesta de Palencia: reverencial y excesivamente justificativo, aunque testigo presencial y ciertamente honesto.
22. ESTRADA, Juan Antonio de.- "Población General de España, sus Reynos, Provincias, Ciudades, Villas y Pueblos, islas Adjacentes, y presidios de Africa, escrita por el pagador ...". Madrid, 1768. 2 vols., 8º.
Moya está en el vol. I, págs. 265 y 266. Viene a ser una copia textual del libro de Méndez Silva, pero asigna 500 vecinos para Moya, lo que nos parece muy exagerado. Sin ánimo de entrar en detalles propios de un estudio más completo, creemos que la estimación de Estrada no se ajusta a la realidad, ya que si bien no es posible comparar con el censo de Aranda, justamente efectuado el mismo año de edición de Población General, pero falto de los datos de Cuenca, sí podemos hacer un cálculo aproximado exceso/defecto, al contar con otros censos anteriores y posteriores, que son el Catastro de Ensenada, pregunta 21, de 1752, y el Censo de Floridablanca, de 1786; y aunque el dato que tenemos de aquel es el número de vecinos, y éste viene dado en habitantes, no resulta difícil encontrar un coeficiente habitante/vecino aceptable, ya que precisamente en 1786 se efectúa también el recuento correspondiente al Diccionario Geográfico de Tomás López, que se da en vecinos, y son 360. Como el Censo de Floridablanca arroja un total de 1.291 habitantes al que le sumamos un 5% estimado de ocultaciones, obtenemos un coeficiente de 3,8, aceptable ("La sociedad española en el Siglo XVII", de A. Domínguez Ortiz). Aplicando este coeficiente al número de vecinos de Ensenada, que son 285, tenemos el límite inferior posible, y podemos llegar a la conclusión, prima facie, de que la población de Moya en 1768 debía estar entre 1.083 y 1.291 habitantes, lo que nos da una cantidad aproximada de 305 vecinos, que parece más razonable. Concuerda bastante con los datos de Miñano y Bedoya, véase. Méndez Silva, como se verá, da 300 vecinos para 1675. También J.M. Girón, y llama la atención Torres Mena. No se nos oculta el dato significativo que aporta el mismo "Censo español executado por orden del Rey comunicada por el excelentísimo Señor Conde de Floridablanca, primer Secretario de Estado y del Despacho, en el año de 1787", que en la advertencia preliminar, tercera página sin numerar, recuerda la "...epidemia casi general de tercianas y fiebres pútridas, especialmente en las dos Castillas...", lo que puede explicar bastante bien el escaso incremento de población habido con relación al vecindario de Ensenada, y el relativamente bajo coeficiente.
23. FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo.- "Batallas y Quinquagenas". Madrid, 1983; 534 págs. Tomo I. Españoles. Biografías. Transcripción de José Amador de los Ríos. Otra edición, Salamanca, 1989.
Véase Batalla I, Quinquagena I, diálogo XXIII: Don Andrés de Cabrera. No hemos podido investigar todavía su extensa obra manuscrita.
24. FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo.- "La Cámara real del Príncipe Don Juan e officios de su casa e servicio ordinario". Madrid, 1870. 326 págs.
Necesaria como panorámica ambiental de la corte, aunque de escasas referencias a nuestros personajes.
25. GARIBAY y ZAMALLOA, Esteban de.- "Los cuarenta libros del compendio historial de las crónicas y universal historia de España", Anvers, 1571. 4 tomos en 3 vols. Plantino. Nosotros hemos manejado la edición de Barcelona, 1628, 4 vols., 4º.
Nos interesa el Tomo II: Libro XII, cap. XXIX, Alfonso VIII reconstruye Moya y otras plazas en 1200, evidentemente tomado y mal interpretado de Lucas de Tuy, y cap. XLVIII, con la algarada de 1223, gentes de Cuenca, Huete, Alarcón y Moya entran en Valencia. Libro XVII, cap. XV, el famoso episodio del puñal a consecuencia de las pretensiones de Pedro Girón, maestre de Calatrava; cap. XXI, A. Cabrera, "catalán de Barcelona", convence a Enrique de la sucesión de Isabel; cap. XXII, da el rey a Cabrera la alcaidía de Madrid; cap. XXVI, recibe Cabrera el Alcázar de Segovia; cap. XXVIII, son trasladados los tesoros del alcázar de Madrid al de Segovia, y tiene lugar el episodio de Alcalá y lesiones de Andrés Cabrera; cap. XXX, alborotos de Segovia (1472), y cap. XXXI, Cabrera se resiste a entregar los tesoros de Segovia al rey de Portugal, y prepara personalmente el acto de entrega del capelo cardenalicio a Mendoza. La Bobadilla se desplaza a Aranda vestida de campesina, y acto seguido tiene lugar el encuentro de Segovia y el banquete, fatídico para el rey Enrique. Libro XVIII, cap. IIII (sic), Cabrera cede los tesoros del alcázar de Segovia a los Reyes Católicos para la guerra con Portugal; cap. X, tumultos de Segovia provocados por Maldonado y el obispo Juan Arias; cap. XVII, cortes de Toledo, título de marqueses de Moya y donación de los sexmos de Valdemoro y Casarrubios, y cap. XXXIII, el episodio del campamento de Málaga, en que el moro Abraham Alguerri intenta asesinar a la Bobadilla, confundiéndola con la reina. Está en compañía de Alvaro de Portugal, "desnaturalizado hijo del Duque de Braganza", y Ruy López de Toledo. Conoce Garibay la crónica de Enríquez del Castillo, evidentemente.
26. GIMÉNEZ SOLER, A.- "Don Juan Manuel, biografía y estudio crítico". Contiene colección diplomática. Madrid, 1932. 740 págs., 4º.
Habla del papel de Moya en las luchas intestinas del reinado de Fernando IV, y de los sitios a que fue sometida. Interesantes documentos, algunos firmados en Moya, en su mayor parte correspondencia de D. Juan Manuel con Pedro IV y Jaime II de Aragón. Véanse docs. CXXIX, CXLV, CXLIX, CLIV, CLXX, CLXXVI y DLXXXI. Directamente relacionado con las tensiones entre Fernando IV y D. Juan Manuel, con transcripción de algunos documentos interesantes, debe consultarse "Datos para la historia de los reinos peninsulares en el primer tercio del siglo XIV. Diez y ocho documentos de la alacena de Zurita", de Angel Canellas López, en B.R.A.H., 145 (1959), págs. 231/286. Véase también González Mínguez.
27. GIRÓN, J. Manuel.- "Methodo geográfico fácil ...". Madrid, 1754. 2 vols., 8º. Aporta datos ya conocidos, y da 300 vecinos para la villa, que está rodeada de pinares. Una vez más, maneja los datos de Méndez Silva, 1675.
28. GIRÓN, J. Manuel.- "Atlas abreviado de Geografía Universal", con 28 mapas color.
No lo hemos encontrado aún, pero tenemos constancia de su existencia por el P. Bermejo y otros. Ver Muñoz Soliva, Obispos, pág. 221. Debe ser obra del mayor interés. Parece necesario un estudio de la imagen de Moya en atlas, geografías, nomenclator y diccionarios, que debería completarse con una tarea de búsqueda en libros de relatos de viajes. Sugerimos la consulta de "Viajes por España y Portugal desde la Edad Media hasta el siglo XX. Nuevas y antiguas divagaciones bibliográficas", de Arturo Farinelli. Roma, 1942-1979, 4 vols, exhaustiva relación de viajes y viajeros, de apasionante lectura; y "Castilla la Mancha vista por extranjeros", de J. López Girón, en Actas I C/M, Tomo IX, págs. 321-327.
29. GOEBEN, August von.- "Cuatro años en España (1836-40)...Esbozos y recuerdos de la Guerra Civil". Diputación Foral de Navarra, 1966. 465 págs., 4º. Excelente narración de las acciones en el frente de Levante durante la primera guerra carlista, en la que participó formando parte del estado mayor de Cabrera. Ver el cap. 27.
30. GONZÁLEZ DÁVILA, Gil.- "Historia de las antigüedades de la Ciudad de Salamanca, vidas de sus obispos, y cosas sucedidas en su tiempo ...". Salamanca, 1606. 570 págs. 8º.
Véase págs. 437 a 474, semblanza de D. Francisco de Cabrera y Bobadilla, obispo, arcediano y maestrescola; hijo de los primeros marqueses de Moya. Hay relación detallada del alboroto de las Comunidades en Salamanca, y los hechos más llamativos de la vida de este prelado, cuya relevancia no está del todo estudiada. De sus importantes servicios a la corona y a la Iglesia tenemos constancia por Pinel y Monroy, “Retrato del buen Vasallo”, págs. 335/336, que utiliza esta fuente y otras sugeridas por la misma, como Lucio Marineo Sículo. A resaltar su importante papel en los momentos cruciales del saco de Roma por las tropas imperiales, acontecimiento que aconsejamos conocer por el "Fragmento de carta sobre el asalto y Saco de Roma de 1527, mandando el ejército imperial el Condestable Carlos de Borbón", en Codoin para la Historia de España, de Salvá/Sáiz de Baranda, tomo VII, págs. 448/464, y tomo XIII, págs. 515/520, no obstante la extensa bibliografía existente sobre el tema. De la intervención del obispo en éste y otros asuntos hay bastante información en la Colección Salazar, Mss. 9/28, 9/32, 9/39 y 9/45. El Ms. 9/13, fº 159, contiene carta del obispo dirigida a Fernando el Católico en la que le comunica el delicado estado de salud de su padre, Andrés de Cabrera (Chinchón, 29 de Julio de 1511), véase la transcripción en Beltrán de Heredia, Cartulario, tomo IV, pág. 569, y la respuesta del rey en pág. 570. Le había nombrado Fernando obispo de Salamanca en 1509 para dar gusto a su madre, "de grandes méritos viviendo la reina", véase M. Castro, "Misioneros de la Provincia de Castilla en América", en AIA, 47, 1987, pág. 226. Importante personaje de la Universidad, ocupa el cargo de maestrescola o cancelario. Véase las características de este cargo, de origen eclesiástico y a la sazón ya más honorífico que funcional, en A. Barcala Muñoz, "Las universidades españolas durante la Edad Media", A.E.M., 15, 1985, págs. 83/126, dato en pág. 100. Cedió el cargo en 1527 a su sobrino Francisco de Mendoza y Bobadilla, bien conocido por nosotros, en contra de la opinión del emperador, según Beltrán Heredia, Cartulario, tomo III, pág. 566. Detectamos la importante presencia del Obispo Bobadilla en "El Escholastico", de Cristóbal de Villalón, donde los profesores de Salamanca, "Venido el estio en el cual en alguna manera afloxan las lectiones y estudio por causa del gran calor, exerçitanse en virtuosos pasatiempos todos aquellos señores en compañia unos de otros. Acostumbran por recrear el espiritu y sacarle a espaçiar: de salirse por las aldeas çercanas o huertas deleitosas que la çiudad tiene en el rededor de si", pág. 12. Así de risueña y amable era la vida en aquella república literaria, como textualmente nos cuenta A. Farinelli en “Dos excéntricos”, pág. 14. Hay una edición de la primera parte de esta obra, Madrid, 1911, a cargo de Menéndez y Pelayo, aunque nosotros hemos manejado la integral, Richard J. A. Kerr, CSIC, Madrid, 1967, 2 vols., con estudio e índices en el segundo tomo, que no hemos encontrado. Un ramalazo de pasión por la cultura nos asalta con la lectura de estas páginas. Se matriculan en Salamanca 7000 estudiantes en 1488, Clemencín, Elogio, pág. 402. Figura Bobadilla en el Catálogo de los Eruditos de Europa, de Lucio Marineo Sículo, que tenemos en Clemencín, pág. 607, y conoce Pinel y Monroy, y escueta semblanza, pero sustancial, en el Cartulario, de Beltrán Heredia, tomo IV, págs. 533/535, además de varios documentos esclarecedores de su paso por Roma y pretensiones de capelo.
31. GONZÁLEZ GARCÍA, Gerardo.- "Noticias de Moya", Moya, Campillos Paravientos, 1887-1894. Manuscrito de 300 págs., fol. Archivo Diocesano de Cuenca.
Obra del mayor interés, pues junto a una modesta recopilación de fuentes bibliográficas, con transcripción de amplios y significativos fragmentos, incorpora otras obtenidas directamente del viejo archivo de Moya, que debió conocer, si bien ya menguado por las guerras del s. XIX. Fue D.Gerardo cura párroco de Santa María y como tal produce una historia de Moya por encargo de su obispo, lo que otorga al documento un carácter marcadamente eclesiástico. Además de una somera descripción de la villa, con el importante dato de estar arruinada en sus cuatro quintas partes, contiene lista de alcaldes y corregidores, escribanos, abogados, médicos, boticarios, alcaides del castillo, administradores del puerto real, cirujanos, maestros y preceptores de gramática, religiosos y religiosas, etc.; estatutos y constituciones de varias cofradías, con sus bulas (hay una bula del Papa Luna); cuaderno de advertencias del cabildo de curas y beneficiados, con relación de festejos y actos religiosos y públicos, y fiestas de la Virgen de Texeda; ordenanzas municipales de la villa, y censos, véase nuestras notas al censo de Tomás González; inscripciones y heráldica, y relación de los más notables documentos de su archivo. Largo sería enumerar los contenidos de este excelente trabajo, que esperamos ver editado en un plazo razonable por D. Guillermo de León Virtudes, a iniciativa de D. Alfonso Martínez González, vecino de Moya. Aparentemente, forma parte de una obra más extensa, de la que sólo hemos podido encontrar dos manuscritos. El segundo, que debe ser el último de la serie, se presenta con el significativo título de
"Memoria de los documentos que existen en el archivo de la Parroquia de Santa María de Moya". Moya, Campillos Paravientos, 1887-1894. 331 ff, 661 págs. Propiedad particular. Más interesante que el anterior, en nuestra opinión. Con amplia reseña de libros parroquiales de todo tipo: fábrica, inventarios, testamentos, pleitos del cabildo, constituciones, censos, memorias, autos, diezmos, cofradías, etc., y especificación de sus contenidos, con datos esenciales para la reconstrucción de la vida en la villa y su territorio desde mediados del s. XVI hasta fines del s. XIX. Se incluyen libros de bautismos, matrimonios y defunciones durante el mismo período, con copia rigurosa de todos los feligreses durante más de 300 años, y multitud de noticias. Como ejemplos significativos, diremos que en el libro 91, defunciones 1619-1695, de la parroquia de Santa María, hay un plano de la iglesia con el reparto de sepulturas en enero de 1639, por el que sabemos que hay 108 repartidas en seis hileras, sólo en la nave central; que la Capilla del Rosario era de los Castelblanque, la del Ecce-Homo de los Pertusa, etc., etc. Se dan también datos diversos de fábrica, como fecha y coste de retablos y otras ornamentaciones, y sus autores; por ejemplo, en el libro 96, fº 64, se dice que el retablo de Santa María, actualmente en restauración, es terminado en diciembre de 1702 por Marcos Angos, vecino de Valencia, y se remata en 4.745 reales de vellón sin contar el coste de la madera. El mismo año se hacen el sagrario y la sacristía; o las diligencias para que todas las parroquias de Moya contribuyan a la restauración de la torre de la iglesia (libro 53); o la amenaza de ruina de la parroquia de San Juan en 1785 (libro 58); o la noticia de la reconstrucción de la ermita de la Cruz del Arrabal en 1845, "con motivo de haberla hundido el Jefe de la guarnición liberal en 1836", etc., etc. En cuanto al asunto de las sepulturas, conviene citar a Muñoz y Soliva, que en Obispos, pág. 509, nos dice que se enterró en las iglesias hasta 1820, excepto en Salvacañete y otros pueblos, y que entre 1820 y 1830 se hacen camposantos en Landete y otros lugares. Era la respuesta a la orden real de no enterrar más cadáveres en las iglesias y ermitas, disponiendo la construcción de cementerios a raíz de la epidemia de fiebres tercianas de 1785, especialmenmte virulenta en la Serranía y Marquesado de Moya, véase Ballesteros, Utiel, pág. 443, circunstancia constatable por la consulta de los libros de defunciones de varias parroquias, o su transcripción de los años 1785 y 1786. Según el libro 93 del presente manuscrito, el primer cementerio público de Moya se sitúa en las ruinas de la parroquia de San Juan, y se inaugura con el cadaver de María Martínez, soltera, el 10/10/1834. Por otra parte, en 1837 se entierran en el castillo del marqués los que fallecen a causa de otra epidemia de cólera, así como en las ermitas de San Roque y de la Cruz del Arabal. Tómese como ejemplo de la abundantísima información contenida en este manuscrito. No hay lugar aquí para poner de manifiesto en debida forma la calidad y diversidad de noticias que surgen de la lectura de estos folios, y sí para constatar que aquí y allá deja caer D. Gerardo espléndidos retazos de su personalidad en la que impera, naturalmente, el componente clerical, como en el libro 59, donde, haciendo doloroso inventario de la ya perdida riqueza de las parroquias de Moya, abre su corazón a la nostalgia: "¡Oh tiempos benditos, quién pudiera haceros surgir de nuevo a la vida!", fº 31, y califica sobradamente la desamortización cuando unas líneas mas abajo dice que "... ha arrebatado de nuestras manos el pan del pobre, el óbolo de la viuda, y la paternidad cristiana para el amparo del huérfano".
Este excepcional documento ha despertado del sueño de los justos hace escasamente dos años. Independientemente de otros aspectos no menos relevantes, es el instrumento base para un trabajo demográfico completo. Muy probablemente va a permitirnos la aplicación de los dos sistemas fundamentales de explotación de archivos parroquiales: el sistema inglés, estadístico, y el francés, o de reconstrucción de familias, además de otras posibilidades no menos atrayentes, como trabajos monográficos sobre diferentes familias y apellidos de frecuente aparición en los papeles de Moya: Caballón, Araque, Zapata, Peinado, Malavia, Castilblanque, Maenza, Zornoza, Arzamendi, Núñez de Haro, Valle, Salazar, Cano, Acebrón, Montero, Adalid, Perpiñán, Navarro, Valero, Cuenca, Almonacid, Sáez, Sausor, Ruescas, Argudo, Huerta, Pertusa, Muñoz, Tarín, Valdeolivas, Antón, Zamorano, Turégano, Tortajada, Solano, Marín, Villar, Oviedo, Mínguez, Palacín, Molina, Villamayor, Barea, Alva, Lloria, Sánchez, Polo, Monleón, Casas, Mañas, Linuesa, Garrote, Montesinos, Morata, de Fez, etc., etc., muchos de los cuales ya nos aparecen a mediados del siglo XVI. Fue D. Gerardo González García, cura párroco de Sta. María, maravilloso ejemplo de abnegación y amor por la historia: el auténtico y gran historiador de Moya. GRACIAS.
32. GONZÁLEZ MARZO, Félix.- "La desamortización de la tierra eclesiástica en la provincia de Cuenca". Cuenca, Diputación Provincial, 1985; 162 págs., 4º. Tesis de Licenciatura. Universidad Autónoma de Barcelona.
Relación onomástica de compradores, y resumen de tierras enajenadas. Magnífico trabajo, cuyas posibilidades están por desarrollar. Es curioso constatar que el núcleo más afectado por la desamortización de Mendizábal, 1835/1837/1845, es Pajaroncillo, con 317,92 Has., incluso por delante de Garaballa, con 296,10 Has., de Carboneras, 292,48 Has., y por supuesto de Moya, donde se enajena relativamente poco: 112,47 Has. Aun así, es seguro que gran parte de lo desamortizado en todo el marquesado era tierra dezmera de Moya, de una u otra parroquia, o convento. Para saber con bastante aproximación qué quedaba de este patrimonio a finales de siglo, véase el primer manuscrito de D. Gerardo, págs. 119-124. Puede completarse con "Los beneficiarios del proceso desamortizador en la provincia de Cuenca", en Actas I C/M, Tomo IX, págs. 85-92; también, "Redención y venta de Censos y Arrendamientos en la provincia de Cuenca durante la desamortización de Mendizábal (1836-1845)", en CUENCA, 1989/II, págs. 101-113. Una visión más general, en "La desamortización del siglo XIX en Castilla la Mancha", de Albino Feijoo Gómez, apéndice 2, Volumen desamortizado en Cuenca en 1856-1900 (en reales).
33. GONZÁLEZ PALENCIA, Ángel.- "Fuentes para la historia de Cuenca y su provincia". Madrid, Cuenca, 1944. 465 págs. Vol. I de la Biblioteca Conquense, publicación del CSIC y el Ayuntamiento de Cuenca, bajo la dirección del autor. Paciente trabajo de recopilación de documentos en el Archivo Histórico Nacional, del que hemos entresacado 178 del diverso interés. 34. GUTIÉRREZ CORONEL, J.- "Historia genealógica de la Casa de Mendoza". Cuenca, 1946. 2 vols., 4º. Volúmenes III y IV de la Biblioteca Conquense. Transcripción del manuscrito "Historia general de la esclarecida Casa de Mendoza", 1785, 3 tomos, en la Biblioteca Nacional, procedente del Archivo de la Casa de Osuna.
Magnífico ejemplo de literatura genealógica. Sobrio y bien documentado. Ver caps. Origen, armas y sucesión de la Casa de Albornoz; La Casa de los Marqueses de Moya; Casa de los Condes de Chinchón, y Línea de los Marqueses de Cañete.
35. GUTIÉRREZ DE MEDINA, Cristóbal.- "Viage de tierra, y mar, feliz por mar, y tierra que hizo el Excellentissimo señor Marqués de Villena mi Señor, yendo por Virrey y Capitan General de la Nueva España en la flota que embio su Majestad este año de mil y seiscientos y quarenta, siendo General della Roque Centeno, y Ordoñez: su Almirante Juan de Campos. Dirigido a Don Ioseph Lopez Pacheco ...", Mexico, 1640. Hemos manejado la edición crítica de Manuel Romero de Terreros, Universidad Nacional Autónoma de México, 1947. XI+89 págs.
Disparatado panegírico de un criado agradecido, confesor y limosnero del duque, pero rico en datos de gran interés para el conocimiento y comprensión de un siglo descabellado, esplendoroso y decadente. Parte el Marqués de Villena y Moya hacia Fuensalida, primera etapa, con 100 acémilas de su repostería, 100 mulas de silla, 8 coches de cámara y dos literas, pág. 8. Pasa el séquito por Moya. Antes lo ha hecho por Toledo y continúa hacia Consuegra, Villahorta, La Membrilla, Torre de Juan Abad, etc., etc., hasta Puerto de Santa María, haciendo alarde generoso en cada punto del trayecto de su condición de Virrey, Grande de España y primo del Rey, derrochando 10.000 ducados en la que sólo es primera parte del viaje que, comenzado en Escalona el 10 de Marzo, concluye en Ciudad de México en olor de multitud el día de San Agustín, 28/8/1640. Resulta particularmente cómico y premonitorio el frustrado intento de zarpada del 8 de abril, "primero día de Pascua de Resurrección, acompañado del Duque de Maqueda, ..., y con otros señores y caballeros de hábito, que iban sirviendo al Marqués mi Señor, se embarcaron en una falúa majestuosamente aderezada, siguiéndole otras muchas con el resto de la familia, hasta la Capitana, que aguardaba dado fondo... fue recebido Su Excelencia en la Capitana con alegría universal, chirimías y salva de artillería...". Sólo que, demorada la salida hasta el día siguiente, "...se fue el viento al Sur, con muy gran huracán, que obligó a calar los mastileros y arriar abajo la verga mayor a la capa...", y tras consultar al "General, pilotos mayores y otros Capitanes expertos", resolvió su excelencia entrar en la bahía y demorar nada menos que 10 días el inicio de la esperada travesía, págs. 15/16, permaneciendo a bordo hasta la definitiva zarpada en evidente desprecio de los elementos, heróico gesto que inspira de inmediato en el cronista disparatado soneto con versos de este tenor: "Pisar no quiso tierra, grande hazaña/y en el mar cristalino aposentado/rindió la tierra y mar con fuerza y maña". En México, los festejos en honor del Virrey se prolongarán cuatro meses. En todo este tiempo constatamos, entre otros excesos difícilmente relatables, más de 7 corridas de toros y otras tantas comedias expresamente compuestas y representadas para el virrey, amén de torneos, luminarias, entremeses y poesías, juegos y fiestas diversas de asistencia multitudinaria. Sobre su temprana afición a los fastos, véase Stuart Falco, Octavario Festivo, y sobre la afición general a las fiestas, al teatro en particular, y la costumbre de nobles y reyes a participar en las representaciones, J.A. Maravall, "La cultura del Barroco", págs. 471/498. Demuestra asimismo don Diego acrisolado fervor religioso, "de suerte que su cámara de popa más parecía Monesterio que Palacio ...". Además de rezar todos los días por la mañana su itinerario, oía dos misas, rezando el oficio de Nuestra Señora y otras devociones. El día de la Cruz de Mayo, en plena travesía, celebra fiesta con "Santo regocijo y grandeza", en torno a "rico altar acompañado de colgaduras, alfombrado el suelo y, adornadas unas andas con mucho aseo de joyas y riqueza ..." que, situado junto al palo mayor, agrupa en su torno a 400 personas, comulgantes acompañando al marqués, en misa "con mucha música de chirimías, dulzainas, bajoncillos y corneta, con muchas chanzonetas ...", pág. 25. Gástase el resto del día en saraos, "juegos muy ridículos, toros de monta, y caballeros con rejones a lo burlesco". Se repite varias veces esta apoteósis sobre las aguas, especialmente el día del Corpus. Véase por cierto la descripción de unas fiestas navales con galera y navío, ¡en el Retiro!, Barrionuevo, Avisos, B.A.E., CCXXII, febrero de 1658: eran las llamadas naumaquias, que nos trae Maravall, obra citada, pág. 495. Incontables ceremonias acompañan al virrey por donde pasa, precedido siempre de clarines. Mas no le va a la zaga en sus excesos el cronista, pues además de aburrirnos con numerosos e insoportables alardes de erudición marinera (especifica los rumbos, todos, desde el Puerto de Santa María hasta Veracruz. Quizá entremos un día en el análisis pormenorizado de este asunto), insufla a su relato un aire cultista en el que no faltan latinajos mil, y citas de fácil acarreo cuyo comentario merecería un tratado aparte, tan desmedido y superfluo como el texto en cuestión. No hacía el cronista más que ponerse a tono con los tiempos tratando de incorporarse a la ola de erudición científica y latinista que alcanza su apogeo en el siglo XVII, y que en el mejor de los casos consigue enriquecer el castellano, aunque mal digerida por escritores mediocres produce el efecto que fácilmente puede apreciarse con la lectura del viaje del Virrey. Pocos años después, Baltasar Gracián sentenciará "el ingenio intenta excesos y consigue prodigios". No es el caso de Gutiérrez Medina, que se atreve, en desenfrenada pleitesía, a comparar a su señor con la divinidad en varias ocasiones: "E imitando en excelencia a Dios ...", pág. 50, o entona el Veni Sancte Spiritus.
Se trata sin duda de un malísimo libro lleno de interés, si se nos permite el exceso, cuya lectura recomendamos vivamente, en voz alta y acompañamiento musical que muy bien podría ser la música religiosa y cortesana de los Haëndel, Lully, Rameau, Bach, Telemann, Purcell, etc., etc. No paséis por alto, en especial, partes del relato que nos traen realidades contemporáneas muy interesantes, como la descripción del palacio de Chapultepec, auténtico Sitio Virreinal, págs. 73/76, y otros asuntos y lugares, como el paraíso de Puerto Rico, págs. 37/38, etc.
Sólo hemos encontrado un ejemplar de esta edición en el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid, y en cuanto al original, sabemos por Palau y Dulcet, tomo VI, que hay uno en el Museo Biblioteca de Ultramar, y otro en la Hispanic Society de Nueva York. Incluye Romero de Terreros bibliografía de los hechos, que parecen haber dejado significativo recuerdo en la nación hermana a juzgar por la abundancia de testimonios impresos. Es lugar común de todo tipo de ediciones coetáneas, aunque no representa un episodio insólito, ya que era tradición establecida la entrada triunfal de los virreyes desde el inicio de la etapa colonial, véase la imprescindible de J. Ignacio Rubio Mañé, "Introdución al estudio de los virreyes de Nueva España, 1535-1746", tomo I, México, 1955, cap. IX, págs.115/197, Viaje de los Virreyes de Nueva España a su destino, llegada y recepción, con datos del virrey Escalona en págs. 146/149, y otras partes de la obra.
Obligado parece completar esta información con el capítulo correspondiente de "Virreyes españoles en América", de José Montoro, donde se ponen de manifiesto aspectos de la vida del virrey que jamás nos hubiera traido Gutiérrez de Medina, aunque Montoro le presenta caricaturizado en personaje de ópera bufa, que nosotros creemos se acerca más a la realidad. Era el duque hombre culto y de gustos refinados, estudiante en Salamanca, datos que apuntan en la dirección de adscribirle al partido de la Santa de Avila, véase nuestros comentarios al Octavario Festivo; llega viudo a México y, aparte de estar muy emparentado con la Casa Real española, era primo del duque de Braganza, que arrebata Portugal a la Corona, circunstancia que, unida a cierta probada predilección del IX marqués de Villena y Moya por los portugueses de la colonia, despierta justas sospechas en la metrópoli. Debido quizá a sus excesos y ostentaciones, produce y se le descubre algún desajuste de importancia en las cuentas del virreinato en un momento de especiales dificultades para la Corona, que arrostra las guerras centrífugas de Portugal y Cataluña. Parece que era, de todos modos, inocente de los cargos que se le imputaron, a causa de los cuales fue depuesto y encerrado en el convento de Churubusco por orden de D. Juan Palafox, obispo de Puebla de los Angeles y virrey en funciones que había llegado a México en la misma expedición que el Villena, cuya primera medida de gobierno es expulsar a los portugueses del puerto de Veracruz, y alejarlos por decreto a veinte leguas de la costa, según González Dávila, aunque para nosotros el mejor relato de los hechos lo realiza el mismo Palafox en su Memorial al Rey Felipe IV, B.A.E., vol. 218, brillante alegato donde hace gala de finos argumentos, deja claro el, cuando menos, sospechoso y estúpido proceder del virrey, y justifica plenamente la medicina empleada. Luego, embargaría los bienes del marqués y haría pública almoneda con sus alhajas, véase el Teatro Mexicano, de Vetancurt. Había recibido previamente instrucciones secretas del condeduque de Olivares por las que "...si fuera menester, y no hubiera otro camino seguro que quitarle la vida, lo hagan, cómo y en la forma que fuere menester". Por otra parte, es difícil imaginar un traidor a la corona en quien acostumbraba rezar todas las noches:
Señor: líbranos del mal,
de Cataluña y Portugal.
No hay que descartar posibles rencillas de clerigalla en el asunto, ya que el marqués era claro favorecedor de los jesuitas, quienes no estimaban mucho al franciscano Juan Palafox, hijo natural del marqués de Ariza, que luego fue un buen gobernador del Virreinato de Nueva España, como era de esperar si nos guiamos por lo que suele ocurrir en tantos casos de asunción de poderes civiles por parte de eclesiásticos. Recuérdese el papel del Cardenal Cisneros, que también era, por cierto, franciscano. Según González Dávila, “Teatro eclesiástico de la Nueva España”, tomo I, pág. 151, "...governó sin salario, y lo hizo con gran consuelo, y alivio de sus vassallos. Y llenó las Cajas Reales en cantidad de setecientos mil pesos, sin aver impuesto tributo, ni gavela". Hay que decir que a Juan Palafox se le sigue proceso de beatificación, a la sazón obstaculizado por los jesuitas, que habían protagonizado con el obispo de Puebla y visitador de la Real Audiencia de México un sonado contencioso iniciado en 1642 a raíz de unos dineros. Como quiera que el Consejo de Indias dictamina en contra del obispo, éste redacta un virulento memorial lleno de acusaciones contra la Compañía en el que faltan muy pocos pecados, y les prohibe predicar y confesar. La respuesta de los jesuitas no se hace esperar: acogiéndose a un privilegio de Gregorio XIII, nombran dos jueces conservadores que, naturalmente, exigen sean restituidos a la Compañía todos sus derechos, a lo que responde Palafox con excomunión fulminante, igualmente contestada por los conservadores. Resulta de todo ello un lujoso espectáculo de ceremonias y contraceremonias, prédicas y contraprédicas animadas con abundante toque fúnebre de campanas y olor de multitudes. Hay que decir que, llegado el momento y a punto de saltar el edificio por los aires, dando sabio ejemplo propio de sabia institución, optan todos por acatar la sentencia de un tercero que no es otro que el papa Inocencio X, por breve de abril/1648 en el que, naturalmente, restituye la autoridad del obispo aunque, humanos al fin, quedan heridas no restañadas como lo prueba la abundante bibliografía sobre los hechos, que todavía se recordaban muy bien en el siglo XVIII, en que llega a tomarse como bandera contra la Compañía de Jesús al obispo Palafox, a cuya beatificación se oponen lógicamente los jesuitas, postura que contrasta con el trato cariñoso que dan al marqués de Villena, véase "Cartas de algunos padres de la Compañía de Jesús sobre los sucesos de la monarquía española entre los años de 1634 y 1648", ed. de Gayangos, 7 vols., Madrid, 1861/1865, en M.H.E., tomos XIII al XIX, en especial los vols. III, IV, V y VII. Queda evidenciada, por otra parte, la fuerte personalidad del prelado. Todo un carácter. Véase sus alegatos en dos cartas al Papa, B/N Mss 7179, ff 503 y ss., y detallada descripción de este asunto en el tomo II de "La Iglesia y los eclesiásticos españoles en la empresa de Indias", 1963, por Antonio Ybot León, págs. 863 y 934/941, vol. XVII de la "Historia de América y de los pueblos americanos", dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta, y en el "Teatro Mexicano. Descripción breve de los sucesos...", de Fray Agustín de Vetancurt, tomo III, Editorial Porrúa, Madrid, 1961, págs. 40/45. En el tomo II de la misma, Madrid, 1960, interesante aunque breve reseña del XVII virrey marqués de Villena, pág. 219, y ajustada pero muy completa semblanza del obispo en "Teatro eclesiástico de la primitiva Iglesia de la Nueva España en las Indias Occidentales", por Gil González Dávila, 2 vols., Madrid, 1649, o bien la edición de Porrúa, Madrid, 1959, tomo I, págs. 147/152. Hay que decir que el marqués de Villena fue a la postre exculpado de todos los cargos, y rehabilitado, véase Cartas de Jesuitas, M.H.E., tomo VII, pág. 388: viene el rey a Madrid en dic/1643, es recibido por la nobleza en pleno, el Villena llora de agradecimiento, y se desmaya, apenas una semana después de la muerte de José Isidoro, su hijo y heredero. Eran demasiadas emociones.
Declina Pacheco el Virreinato de Nueva España y acepta el de Navarra, que ocupó los cuatro últimos años de su vida, 1649/53, no sin antes haber contraido matrimonio con doña Juana de Zúñiga y Mendoza, de alta cuna, en 1644, con quien tuvo a Juan Manuel Fernández Pacheco, importante personaje del que luego nos ocuparemos. Había enviudado en 1638 de su prima hermana Luisa Bernarda de Cabrera y Bobadilla, VII marquesa de Moya, con quien tuvo a José Isidoro, muerto en agraz, y a Teresa Antonia Josefa, La Marquesina, véase Stuart Falco, Duque de Alba, y L. Hanke.
36. HANKE, Lewis.- "Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria. MEXICO IV". Madrid, 1977. Vol. 276 de la B.A.E., con la colaboración de Celso Rodríguez.
Véase el capítulo dedicado a Diego López Pacheco Cabrera y Bobadilla, marqués de Villena y duque de Escalona, virrey en el período 1640-1642, págs. 25 a 35, donde se narran los problemas de gobierno, y subsiguiente proceso del virrey a instancia del obispo Juan Palafox, que secretamente le acusaba de connivencia con los portugueses, recientemente emancipados de la corona española. Se trata del VII, y luego IX marqués de Moya, a la temprana muerte de su hijo José Isidoro Pacheco, véase Cartas de Jesuitas, M.H.E. tomo XVII, pág. 381, donde se dice que fallece de 11 años en 1643, a causa de las viruelas. Véase también Pinel, págs. 419/420. Padre de "La Marquesina" Teresa Antonia Josefa, y de Don Juan Manuel Fernández Pacheco, de ilustrísima memoria, véase Stuart Falco, Noticias históricas, y Gutiérrez de Medina, Viaje del Virrey. Aporta Hanke fuentes y datos esenciales para la comprensión del oscuro proceso, y otros detalles del paso de Don Diego por México. Extensa bibliografía en páginas finales del tomo V, de la que destacamos "Viaje del Virrey Marqués de Villena", de C. Gutiérrez de Medina, véase; el artículo de J. Juan Arrom en la Revista Iberoamericana, XIX, nº 37, pág. 79; y el Ms. 7179, B.N., que es el nº 770 del "Catálogo de Manuscritos de América existentes en la Biblioteca Nacional", de Julián Paz. No figura en esta bibliografía "Viaje por tierra y mar, feliz por mar, y tierra, que hizo el Excellentissimo señor Marques de Villena mi señor, yendo por Virrey, y Capitan General de la Nueva España...", en verso castellano, México, 1640, de Matías Bocanegra, con nueva edición al año siguiente, en la que se incluye la "Comedia de San Francisco de Borja", representada para el Virrey, sabedores sus nuevos súbditos, quizá, del gusto por las obras teatrales que exhibe el duque, véase Stuart Falco, Octavario Festivo, y la citada obra de Maravall, "La cultura del Barroco". Es difícil, en cualquier caso, la consulta de los libros de Bocanegra, pues sólo tenemos constancia de la existencia de un ejemplar de la edición de 1541 en la Biblioteca Pública de Nueva York, y copia fotostática en la Universidad de Yale, véase Rojas Garcidueñas, y J. Arrom, "Tres piezas teatrales del virreinato", México, 1976, pág. 227, libro en el que se reproduce integramente la citada comedia. Resulta sospechosa, no obstante, la coincidencia del título de Bocanegra con el de Gutiérrez de Medina, asunto que no hemos podido investigar todavía. Recomendamos vivamente la lectura del libro de Medina, en absoluto por su calidad literaria, sino por lo enjundioso de sus contenidos, evidencia sangrante, desde nuestro punto de vista, de las claves de la decadencia colonial española, y aún de la decadencia española, a secas. Es muy ilustrativa la lectura de B/N Mss 7179, nº 770 de Julián Paz, que contiene información detallada de los asuntos del Villena y el obispo Palafox en 566 páginas de apretada lectura, en especial hasta el fº 502, incluído un memorial al rey de Don Juan Manuel Fernández Pacheco, en contra de Palafox y en defensa de su padre, fº 146, y la respuesta del obispo, fº 253, cuya transcripción tenemos en "Juan de Palafox y Mendoza. Tratados Mexicanos", edición y estudio de F. Sánchez Castañer, en B.A.E., vols. 217 y 218, tomo II, págs. 13/34, de apasionante lectura: no os perdáis, por ejemplo, los renglones dedicados a la Grandeza de la insigne casa de los Pachecos, texto de un papel que, según Palafox, pone en circulación el duque de Escalona para su mayor gloria, págs. 24/25, en el que vemos la mano agradecida de Gutiérrez de Medina, o el chismorreo de los excesos verbales del marqués.
37. HUERTA CABREJAS, Marcos.- "Historia panegyrica de Nuestra Señora del Pilar de Altarejos, dádiva del glorioso patrón de España Santiago el Mayor, aparecida al venerable Joseph Gil Raez, pastor, en el término del lugar de Campillos, Sierra del Obispado de Cuenca". Sin lugar, 1746; 8º.
Curioso alegato en favor de la historicidad del mito de la Virgen de Altarejos, que conocemos gracias a la amabilidad de D. Braulio Marcos Huerta, responsable de una curiosa edición del texto, y estudioso del tema. Literatura hagiográfica en la línea de Gaspar Bermejo y Ponce de León, panegiristas de la Virgen de Tejeda, aunque mucho más escasa de datos históricos, en especial de datos históricos creíbles.
La tipología del fenómeno es sumamente fiel al modelo establecido por Christian y otros para este tipo de veneraciones: hallazgo de imagen, árbol o planta, cueva, fuente, intermediario humano especificado en un vaquero o pastor varón y adulto, presencia activa de ganado, etc. Además, se supone que la aparición de la Virgen de Altarejos tuvo lugar en 1208, lo que la sitúa en el grupo medieval de imágenes cuya previa desaparición y secreta custodia se atribuye a la amenaza de la ocupación musulmana, como hace el autor en varios puntos del relato. Ciertamente, hoy sabemos que esta creencia no tiene fundamento, pues la amenaza agarena no podría explicar la ocultación de imágenes de los siglos XI, XII y XIII, generosamente aparecidas en países como Italia, Francia, Alemania, Polonia, etc. No: lo más probable es, que los lugareños las escondieran atemorizados por la persecución de que eran objeto los irreductibles cultos paganos por parte del clero secular, el ordo clericorum; y es que, la mayoría de aquellas imágenes eran la representación de diosas madre de diversa naturaleza y procedencia: Diana, Cibeles y otras de carácter local. Todavía hoy, muchas vírgenes conservan símbolos inequívocos de aquellas deidades, como la media luna. Más tarde, las órdenes religiosas como el Cister (San Bernardo, etc), inmersas en la radical transformación de costumbres del siglo XII y bien sabedoras de la contumacia popular, inician un proceso de asimilación y reinterpretación mariológica de las creencias, provocando el hallazgo o recuperación de los bultos, vía milagro: con cierta frecuencia, la aparición tiene lugar poco después del establecimiento conventual y no al revés, e invariablemente, en árboles, fuentes, cuevas, promontorios y lugares en los que los antiguos acostumbraban a realizar sus arcaicas liturgias, algunas de las cuales todavía perviven, provocando la natural consternación de personas que no acaban de entender el sentido real de estos cultos, y mucho menos la permisividad de una Iglesia tradicionalmente dogmática, impositiva y autoritaria. Conocidas son las condenas de los concilios toledanos; remitimos al lector a la “Colección de Cánones de la Iglesia Española”, y a textos clave como el “Sermón contra las supersticiones rurales”, de Martín de Braga (s. VI), o al “De singulis libris canonum scarapsus”, de San Pírmino (s.VIII), donde exhorta “No adoréis a los ídolos; no hagáis votos junto a las piedras, al pie de los árboles, junto a los manantiales o en las encrucijadas de los caminos...Que ningún cristiano de permita bailar, cantar, danzar o hacer alguno de esos otros juegos diabólicos, ni junto a la iglesia, ni en casa, ni en cualquier otro lugar...”; o al esclarecedor, definitivo, Indiculus superstitionum et paganiarum, recogido por Burcardo de Worms (s. XI) en sus Decretales, cuyo exhorto 23 dice: “¿Has ido a rezar a un lugar distinto de la iglesia o del que te indicó el obispo o el sacerdote, es decir, junto a las fuentes, las piedras, los árboles, las encrucijadas, y has encendido allí por devoción una antorcha o una vela; has llevado allí pan u otra ofrenda y la has comido para buscar la salud del alma y del cuerpo?” . La lista sería muy extensa. En este último documento, cuya autoría se desconoce, el exhorto 33 viene a ser una descripción casi fotográfica de ciertas ceremonias de ablución que todavía hoy se realizan, no menos que de otro legado ancestral muy conocido por nosotros, como es la tradición de los danzantes, que Moya comparte con muchos otros lugares en los que incluso se repiten los mismos rituales: sonsonete, vestimentas, pasos de baile, terminología folclórica, etc.; por ejemplo, Ochagavía (Navarra); pero esto ya forma parte de otro trabajo.
Huerta Cabrejas, tocado por candorosa inocencia intelectual, no reprime su vena de teólogo/escritor y abunda en citas comparativas extraídas de la tradición clásica pagana, como cuando trata de explicar la predilección de su Señora por el pino: “A la Diosa Cibeles consagraban los Sacerdotes sus verdes ramos, y lo mismo ofrecían, dice Propercio, en las aras de Apolo, y sus hojas servían de guirnalda, que ceñía las sienes de la Madre desta Deidad en los días de sus mayores obsequios. Con que parece, que el querer María que su Imagen se formase de este Árbol, es assegurarnos la deseada Corona de nuestros vencimientos...” , en cap. VII, abundando a continuación en comparaciones con Venus, Ceres y Diana (¡!). En cap. XI es Artemisa el modelo, y poco después, llama a su Virgen “Cielo hermoso, Huerto cerrado, ameno Pensil, donde se halla medicina en todo mal, en cuya presencia caerían arruinadas todas las deidades...”. ¡Pero, si la faceta más hermosa del culto a María es precisamente su materialidad pagana!. Y lo más interesante: en nada disminuye su calidad de madre de Cristo y del género humano; todo lo contrario.
Es decir, que inevitablemente la Iglesia toma la religiosidad primigenia y la amasa en el obrador cristianocatólico sin solución de continuidad, aunque no deja ni por un momento de reprimir la querencia popular: en el Concilio Provincial de Valencia de 1565, el Canon V versa expresamente sobre “En qué lugares y tiempo se prohíben las danzas con música”, y comienza diciendo que “Hay algunos que juzgan falsamente que se da culto a los santos bailando y danzando en frente de los altares...”, pues en multitud de lugares, como en Moya y desde luego en Altarejos -véase el último capítulo de Huerta Cabrejas- seguían bailándole a la Virgen, igual que habían hecho a la Madre desde tiempo inmemorial en uso y abuso de la liturgia más hermosa y significativa. Es más: la sagrada misión de la Iglesia era y es, ni más ni menos, oponerse de diferentes formas a las infinitas especies de paganidad, a la natural tendencia de los pueblos a dar sentido transcendente a las cosas, a determinados utensilios y fenómenos reales y palpables, cotidianos, dando verdadero e incuestionable sentido religioso a su vida. No es preciso decir que la evangelización excluyente, que intenta imponer elementos y adoraciones de carácter foráneo por desplazamiento de los ya existentes, es una lucha perdida de antemano, pues no queda otra estrategia que sustituir unos modelos por otros de igual o parecida naturaleza, y luego, claro, rebautizarlos. No nos cabe duda que la claudicante sumisión eclesiástica a los modelos de adoración paganos -no otra cosa es el culto a las imágenes, bestia repugnante para los primeros padres de la Iglesia- es la única forma, el postrer recurso de una madre adoptiva, compungida y desesperada por el despego contumaz y descarado de una prole adoptada, hijos naturales de otra madre anterior y más hermosa.
En todas estas manifestaciones reales de liturgia heredada, llama poderosamente la atención la aparente indiferencia del pueblo respecto del cayado sacerdotal. El oficiante, en semejantes hierofanias pasionales, suele pasar a segundo plano, errando inerme entre la multitud o desempeñando inusual papel de comparsa, atónito y sobrecogido ante la presencia real -esta vez o nunca- de la divinidad. En efecto, estos raros momentos son, de hecho, los únicos en los que el pueblo creyente entra en comunicación directa con sus dioses libre de molesta intermediación, deja de ser Iglesia y retrocede a la condición de tribu, su verdadera, inmarcesible, esencial composición interna. Lo demás, en nuestra opinión, es pura política de masas revestida de legitimidad divina y bañada en irrespirable atmósfera de incienso, en uso y abuso de la sumisa ignorancia de los pueblos.
Estos paganos manifiestos plantean y resuelven sin contradicciones internas el viejo dilema verdad personal/colectiva, decantándose fácilmente por una sóla verdad que es consuno de ambas, pero que para ser puesta en práctica y entendida plenamente toma forma en la materia exclusiva del yo, pues “El yo es la única guía disponible en la selva confusa del mundo” (Francisco Rico, en alguna parte). Y si al fin, una de las pruebas más firmes de elección de la verdad consiste en conocer el número de sus adeptos, la conclusión no puede ser más gozosa y reconfortante: el hierofante cree por momentos, o por unos días y noches, estar en posesión de la verdad, esta vez sí. Vive inmerso en un cosmos variado y cambiante del que forma parte aliquota, tan grande o insignificante como se quiera, pero parte al fin, como lo son los árboles, las aguas, el sol, las bestias, la lluvia y las estrellas. Es más, ni siquiera se plantea la pretenciosa necesidad de ser el centro del universo ni el pueblo elegido, malsano argumento, padre de los peores dogmatismos. Y la mediación clerical resulta molesta, innecesaria y contraproducente. ¡Ganas nos dan de paganizar sin tasa!.
Y en fin, que para entender estas tradiciones, ciertamente cargadas de sensual hermosura folclórica, conviene ponerse en manos del antropólogo antes que del clérigo, aunque existen algunos ilustres ejemplos mixtos, como Honorario M. Velasco y Luis Maldonado. Recomendamos también, y de forma imprescindible, la obra de W.A. Christian, en especial “Apariciones en Castilla y Cataluña (Siglos XIV-XVI)”, 1990, no menos que la de Marina Warner, “Tú sóla entre las mujeres. El mito y el culto de la Virgen María”, ed. española de 1991, así como los trabajos de Ana María Vázquez Hoys, Lisón Tolosana, Caro Baroja, etc. ¿Y qué decir de R. Manselli, F. Cardini u Oronzo Giordano?, sin olvidar, claro, a los maestros J.G. Frazer y Mircea Helíade, incomparables argumentadores de cuanto aquí pretendemos.
En uno de sus interesantísimos trabajos, Vázquez Hoys cita a Le Goff para identificar los procesos por los cuales la cultura cristiana ha vencido a la anterior cultura pagana: “1, la destrucción de los lugares de culto de las imágenes. 2, la sustitución (u obliteración) de los cultos paganos por otros parecidos cristianos que se superponían a los primeros. 3, la desnaturalización o sustitución de las formas paganas, acompañada de un cambio de significado.”
Maldonado, en su iluminador, impagable, “Religiosidad popular. Nostalgia de lo mágico” (1975), ilustrando la transposición liturgia pagana-liturgia cristiana, cree que “Al asumir Cristo y la Iglesia las imágenes del sol, la luna, el agua, el árbol, la madre... opera una evangelización de los poderes efectivos proyectados en ellas”, pág. 325. Este es el proceso real de evangelización, el único posible, por cierto. Innecesario es ya desenmascarar la falacia de los fenómenos de conversión masiva y repentina, propios de la historia sagrada. En 799, y luego de treinta años de una de las guerras más sangrientas de la historia, Carlomagno certificaba la conversión de los sajones no menos que su anexión al estado franco; pero es que mucho antes, aconsejado por Alcuino y otros, había puesto en práctica diferentes formas de colonización eclesiástica, enviando misioneros que nada pudieron hacer por desterrar a los dioses locales, que de hecho siguieron conviviendo con el cristianismo durante siglos. No está de más ilustrar estas alusiones con referencias de una conocida Historia de la Iglesia que puede consultarse en http://juaank.tripod.cl/iglesia/index.html , y que, en su cap. IX.1, comenta:
”En el 772 comienza Carlos la guerra contra los sajones. En esta primera campaña destruye el santuario central de una de las tribus sajonas, considerado como la columna del mundo: era el santuario de Irminsul, cuya destrucción tenía la intencionalidad de demostrar la superioridad del Dios cristiano. Sin embargo, esto provocó la venganza sajona sobre iglesias de Assia, aprovechando la estancia de Carlos en Italia en el 773. La respuesta del rey franco fue la de no tener paz con los sajones mientras no abrazaran la fe o fueran exterminados. Eginardo, en el capítulo VII de la Vita Karoli, escribe que tales acontecimientos -la reacción de los sajones- fueron los que provocaron el conflicto abierto de guerra, la cual se extendería sin interrupción por espacio de 33 años.”
El autor de estas líneas, que no necesita firmar aunque evidentemente escribe desde la lóbrega soledad de la sacristía haciéndonos cómplices a todos de semejantes desatinos, prosigue impávido:
”En el 776 los sajones prometieron su sumisión y adhesión al cristianismo. Al año siguiente Carlos convoca una dieta del reino franco en Paderborn, con el fin de dar una primera organización a la acción evangelizadora. Los sajones se hicieron bautizar en masa. Este hecho es importante si queremos entender la violencia de los francos en las rebeliones que los sajones protagonizarían posteriormente: los francos, en su concepción, no luchaban ya contra paganos, sino contra apóstatas. En el 778 se incendiaron iglesias y se asesinó a monjes. Por esta razón, unos años después, en el 785, Carlos les impuso la Capitulación de los Sajones, por la cual serían condenados a muerte los sacrílegos, los que violasen el ayuno y la abstinencia, los asesinos de clérigos, los que creyeran en las brujas y un largo etcétera de situaciones penadas con la pena capital. Si alguno había caído en cualquier cosa de éstas y, arrepentido, se presentaba ante el sacerdote y cumplía una dura penitencia, sería absuelto tras el pago de una fuerte cantidad de dinero y el testimonio del sacerdote.”
¡Menos mal que los sajones estaban bautizados!. Es frecuente encontrar altísimas dosis de cinismo en escritos pretendidamente aleccionadores –en realidad encubridores- de una historia vergonzosa y vergonzante. Por otra parte, este tipo de justificaciones, a todas luces innecesarias, carecen de legitimidad moral y proceden de un estado permanente de mala conciencia histórica. Descendamos al detalle: si el hecho de estar bautizados es el desencadenante de la represión, lo mejor en cualquier sentido sería no bautizarse jamás; es peor el remedio que la enfermedad, pues además, la misma excusa legalista justifica plenamente las persecuciones imperiales romanas: igual carácter de traición a la religión oficial y al estado poseía la primitiva secta cristiana para el sistema. En consecuencia, el manirroto y desafortunado autor de semejante alegato histórico baja de los altares de un plumazo a todos los mártires de la Iglesia, pues al fin y al cabo, ellos se lo buscaron al no cumplir con sus obligaciones ciudadanas. Afrontemos con gallardía la dolorosa responsabilidad moral de esas acciones, o guardemos prudente silencio; pero la Iglesia, si verdaderamente quiere ganarse el Cielo, debería desmarcarse de este tipo de chulerías dogmáticas que la alejan de Cristo. No basta con pedir el perdón de Galileo. Hay pocas creencias que, como las nuestras, hayan necesitado tan elevados grados de crueldad para imponerse. El triunfo del amor de Dios puede llegar a ser más dulce o devastador que el triunfo del amor cortés.
A propósito del amor cortés, no es menos interesante el estudio del proceso de transformación de una Madre inexplicablemente virgen –por ejemplo, Tertuliano y Orígenes no aceptaron semejante elipsis de carnalidad en la concepción del Hijo-, definida y proclamada por decreto en los concilios de Nicea (325) y II de Constantimopla (381), en otra justamente Virgen en tanto que madre de Dios hecho hombre. Faltaba, a pesar de todo, el nexo de unión con una realidad biológica y humana que deja pocos resquicios a la abstracción. Y el momento se presentó, que ni pintado, en el inestable ambiente de cambio social provocado por las cruzadas, en especial por la cruzada contra los albigenses, época en la que la mujer cobra un ganado protagonismo, convirtiéndose en señora de hombres, objeto de deseo universal y no sólo eslabón imprescindible de la maternidad. La mariolatría monta limpiamente de un salto sobre el caballo de la adoración mundana a las mujeres, refrenando la tensión conflictiva de lo humano con la brida de la pureza virginal de María, uniendo al fin el viejo ideal femenino de sumisión, dulzura, modestia y abnegación con la preeminencia real de la amada que le otorga el deseo del amante; se impone sin resistencia el poder ennoblecedor del amor sea cual sea su rico y catártico significado. Era el momento oportuno: entonces, o nunca. Hay que admitir que, más allá de toda adscripción religiosa, el modelo resultante, María Virgen y Madre en paridad de importancia con su condición de mujer, poseía y posee un poder seductor innegable. Y curiosamente, de todas sus virtudes, la castidad es, sin duda, la que le otorga ese halo de superioridad tan reconfortante, pues nuestro consciente da por sentada, infantilmente, la neutralidad sexual de la madre; no en vano lo fue también para Artemisa y otras formas de Magna Mater, sólo que en aquellas la castidad iba unida a sobresaliente furor y desprecio por el sexo masculino; una especie de feminismo desquiciado, sí. De hecho, en el mundo antiguo, son las mujeres las que protagonizan las ceremonias de culto a la diosa de la tierra, los aires y las aguas, y cuando los hombres quieren intervenir, celosos como siempre de su superioridad sexual incluso en estos sagrados menesteres, han de hacerlo aceptando las duras reglas del juego: se introducen de puntillas, y nunca mejor dicho, pues en multitud de ceremonias han de vestir hábitos de mujer, enaguas y otros aderezos femeninos ofreciendo una imagen desconcertante. Una versión deformada pero consecuente con el privilegio femenino en esta sagrada parafernalia es el apasionante y fantasmagórico mundo de la brujería, que es o llegó a ser culto establecido con liturgia y jerarquías propias, pero adentrarnos ahora en ello sería excesivo. Vayan a Caro Baroja, o a Margaret A. Murray, a su “El culto de la brujería en Europa Occidental”, que resultan ser esclarecedores de las profundas relaciones entre el culto a Diana y el corpus de creencias brujeriles.
En la por otra parte excelente “Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla-La Mancha” (1995), en la reseña de la Virgen de Altarejos, Don Dimas Pérez Ramírez -que previamente ha recogido la tradición que asegura ser la imagen “una de las copias que mandó hacer Santiago Apóstol de la mismísima Virgen del Pilar”-, para explicar la existencia de tan curiosa aparición se limita a especular que “El paraje es imponente y, desde luego, cercano al camino que conducía a las tierras de Aragón, circunstancia que hace más verosímil que algún devoto de Nuestra Señora del Pilar trajese la antigua imagen, réplica de la cesaraugustana”, obviando toda posible referencia al más que evidente oportunismo totémico, propio de una clara operación sustitutiva de culto ancestral por otro más conocido y dominable. No obstante, se desprende de las palabras de Pérez otro de los alicientes comunes a este tipo de veneraciones: el locus amoenus, la imponente y natural hermosura del paraje, que parece concentrar sobre sí toda la belleza de un contorno áspero, desigual y necesitado de un refugio en reclamo de la presencia divina. No es Altarejos un caso único, ni mucho menos; sin duda, la diócesis de Cuenca rebosa de templos naturales dotados de salvaje y deliciosa hermosura especialmente tocados por la presencia divina; es más, en determinadas épocas del año, nuestra tierra parece una olla de paganidad en ebullición tumultuosa, y no sólo en lo que se refiere a los cultos rurales, pues rico material de análisis ofrece la Semana Santa capitalina, por ejemplo.
Merece la pena entrar a considerar, si quiera someramente, el baile de fechas que maneja Marcos Huerta Cabrejas, poniendo en evidencia la dudosa credibilidad histórica de este tipo de narraciones. En el cap. VII, en discurso pleno de encendidos elogios hacia la longevidad sobrenatural del pino, soporte material de la imagen, data claramente la aparición en 1208 al asegurar que “Fue venerada antes muchos siglos, y há que se apareció hasta este año de 1743, 535 años, en lo que se supera la natural inclinación que este Árbol tiene a la corrupción de la polilla; y a pesar de la jurisdicción de tantos siglos manifiesta sus verdores no sin supernaturalidad milagrosa”. Confirma el dato en la oración del día primero de la “Novena devota para implorar el amparo de María Santísima”, Libro II; mucho antes, en cap. III, ha concretado algo más, asegurando que “Era al presente Pontífice Máximo Inocencio III. Emperador Otón V, Rey de Saxonia. Rey de España Don Alonso el Nono, ocho meses después de colocar la funesta parca en fúnebre Panteón el incorrupto milagroso Cuerpo del Señor San Julián, Obispo de Cuenca...”. El caso es, que cree saber que la imagen “... se conserva incorrupta por tantos siglos, haviendo estado oculto Thesoro en la tierra solamente 494 años”, cantidad que restada a 1208 arroja el sorprendente saldo de 714, a no ser que considere que la estatua fue ocultada, no en 711, año seguro de la fulminante invasión musulmana y derrota de Guadalete, sino tres años después, en 714, año del definitivo afianzamiento del Islam en suelo patrio, simultaneamente a la sucesión en el trono del califa Muza Ben Nusayr por su hijo Abd-al-Aziz, a la toma de Toledo por Tarik, y a la de Zaragoza, sede matriz de la Virgen del Pilar. No lo parece, puesto que en las primeras líneas del cap. II afirma y reafirma sin ambajes que España se pierde en 714. En consecuencia -¿es consciente de ello?- no es nada extraño que acabando el capítulo establezca la liberación del yugo sarraceno de la Tierra de Moya en 1200, “... cuyo castigo duró en esta Sierra quatrocientos y ochenta y seis años”, lo que ya es más probable si, como creemos nosotros, la Tierra de Moya fue interrumpidamente musulmana, o si se quiere mozárabe, hasta después de 1200. Mira por dónde. Véase nuestros comentarios a Bermejo, Ibáñez de Segovia, Rivera de la Granda y Palacios Albiñana.
Hay que decir para concluir que, en general, es la milagrera una clase de literatura que no deja huella y se olvida tan rápido como leída; apologética mercancía en tránsito que entra por un ojo y sale por el otro sin dejar en el lector ni un gramo de sustancia. Tanto la “Historia panegírica” como la “Novena devota” son dos capítulos de una misma plegaria en loor de la Virgen. En el Libro I, el autor se deshace en rosario de metáforas y alabanzas hasta producir cansancio, en pugna con la atención del lector, que debe ir espigando aquí y allá frases o noticias sustanciales que le ayuden a trabar el escaso correlato histórico. En el Libro II, dedicado a la Novena, las pocas partes que en el primero eran o pretendían ser materia histórica, se rellenan en éste de milagros con pretensión de haber sucedido. Tanto unas como otros no son más que tradiciones cuya hipotética verosimilitud queda relegada a retórica de obligado cumplimiento. La jerarquía eclesiástica pone buen cuidado en no aceptar como reales estos repertorios de prodigios, cuya dudosa autenticidad, por otra parte, no es en absoluto susceptible de comprobación y rastreo; pero es que, como tampoco los desmiente por elemental miramiento con la fe sencilla sin olvidar su irremediable necesidad de clientela, se ve obligada a vivir y adoptar una doble moral pastoral, similar al dualismo característico de ciertas sociedades secretas. Y es que no es posible mantener al pueblo de Dios huérfano de señales del más allá, y además, resulta tan cómodo administrar la fe irreflexiva... 38. HUICI MIRANDA, Ambrosio.- "Colección de crónicas árabes de la Reconquista". Tetuán, Editora Marroquí. 4 tomos.
Nos interesan el II y III: "Al-Bayan al-Mugrib fi Ijtisar Ajbar Muluk al-Andalus wa al-Magrib": "Los Almohades", I y II, de Ibn Idari al-Marrakusi. Respectivamente, 1953, 340 págs., y 1954, 383 págs.
39. IBÁÑEZ DE SEGOVIA, Gaspar (Marqués de Mondéjar).- "Crónica del Rey don Alfonso VIII, llamado el Noble y el Bueno". Madrid, 1783. 478+CXC págs., 1 lám., 1 hoja pleg.
Crónica escrita en su mayor parte con citas textuales de otras, como las del Arz. Don Rodrigo, Lucas de Tuy, Zurita, Pellicer, Mariana, Suárez de Alarcón, etc. Escasas referencias a Moya, en contra de lo esperado. Véase caps. XXX y XCVI. El acontecimiento puntual de la conquista de Moya parece habrá de ser, por ahora, una pregunta sin respuesta. Se afirma con frecuencia en otras fuentes que tuvo lugar en 1183. Pero esto es sólo una deducción obligada si se acepta que aconteció en la primera ofensiva de Alfonso VIII contra el frente musulmán después de la toma de Cuenca: si se toma Alarcón en ll84, parece lógico suponer la toma de Moya alrededor de 1183. Muñoz y Soliva dice que la batalla de Camporrobles se da para evitar el sitio de Moya, Cuenca, tomo II, pág. 117. No nos parece relevante la cuestión, para algunos crucial, de cuándo fue conquistada Moya. Volveremos sobre este punto al tratar de Rivera de la Granda. Sí quisiéramos saber cómo fue conquistada, y empezamos a preguntarnos si lo fue realmente a raíz de un hecho de armas puntual, o absorbida gradualmente en un proceso más o menos dilatado entre ll77 y 1210, año de su poblamiento. Estos son los hechos:
a) El Arzobispo Don Rodrigo, contemporáneo, evita dar una fecha concreta, lo que resulta muy extraño tratándose del adalid y mejor propagandista de la Cruzada contra los musulmanes, que no duda en inflar los datos a costa del rigor de su crónica, véase al respecto lo que dice Julio González, “El reino de Castilla”, Introducción, págs. 10 a 12. Tenía motivos más que fundados el buen arzobispo para mostrar su agradecimiento al rey, como así hace, y omite el relato, siquiera superficial, de la toma de Moya, aún teniendo en cuenta que "... se explaya con entusiasmo en la exposición de las campañas militares de la conquista de Cuenca y próximas siguientes, diciendo poco en muchas palabras..". También el Tudense se abstiene de dar una fecha determinada, aun siendo contemporáneo, véase.
b) No hay evidencia documental de Moya hasta 1210, González Tejada, "Santo Domingo de la Calzada", pág. 199, Pedro García y su hermano Fortún, riojanos, manifiestan su intención de ir a poblar Moya, que es poblada siendo juez de Cuenca Pascual Garci Pérez, Catálogo de los Jueces de Cuenca, de 1/X/1209 a 30/IX/1210, véase Ureña. Hay en el índice de la Colección Salazar, tomo XLIX, doc. nº 77633/262, privilegio rodado del rey Alfonso VIII donando a Pedro Fernández Vida la aldea de Vegamar, Cuenca, era de 1244 (año 1206). No hay tal, ya que en su lugar se encuentra una copia del mismo y famoso documento de 1211, compruébese 9/1639, leg. B, carpeta 8, nº 82. Ha de tomarse por error, ya que no invención, el famoso documento que afirma el Arcedianato de Moya a partir de 1196, véase Salvador de Moya, “Historia genealógica”, tomo III, pág. 228, nuestro comentario al mismo asunto en Palacios Albiñana, “La villa conquense de Moya”, y sobre todo lo que decimos en Bermejo, “Historia de Texeda”, de donde, a la vista de los datos existentes, puede afirmarse con más fundamento que Moya nace en 1210, y es arcedianato hacia 1220. Llama la atención el hecho notable de su rápida hegemonía en la zona, importante asunto que empezamos a descubrir. Y
c) Como veremos al hablar de la crónica del Idrisi, no hay noticias de la villa en las crónicas árabes anteriores a su anexión, aunque sí de otros lugares de la tierra de Moya. Mateo López, Memorias, vol. I, pág. 90, no se atreve honestamente a dar una fecha de la toma. Véase también Almonacid Clavería, Ibn Hayyan, e Ibn Sahib al-Sala.
40. IBN HAYYAN, de Córdoba.- "Crónica del Califa `ABDARRAHMAN III AN-NASIR entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V)". Trad., notas e índices por Mª Jesús Viguera y Federico Corriente. Preliminar por José Mª Lacarra. Zaragoza, 1981; 470 págs., 4º. Col. Textos Medievales, 64.
Ver cap. XXXI, año 323 (11 diciembre 934-29 Noviembre 935), Campaña de Zaragoza, fol. 242 (pág. 269), la cora de Santaver, y Landit (Landete).
41. IBN SAHIB AL-SALA.- "AL-MANN BIL-IMAMA". Estudio preliminar, trad. e índices por Ambrosio Huici Miranda. Valencia, 1969; 252 págs., 4º. Col. Textos Medievales, 24.
La campaña del ejército almohade, 1172, el ataque a Huete, y la retirada a través de la tierra de Moya. Burdj Qaballa, Garaballa, en pág. 221.
42. IDRISI, o XERIF AL EDRIS, o Al-IDRISI (Abu 'Abd Allah Muhammad ben Muhammad ben 'Abd Allah ben Idris al-Sarif). Nacido en Ceuta, 1099-1100, muerto en Palermo, 1164-1165.
"Nuzhat al-Mustaq". Concebida en la corte de Roger II de Sicilia y concluida en 1153, esta Geografía Universal del sabio ceutí dió pie, a partir de una edición impresa abreviada y deficiente (la romana de 1592), para que en los siglos XVII y XVIII la existencia de una ciudad o villa árabe de nombre Moya fuese de general constancia. Más tarde, la completa edición crítica de Dozy y de Goeje (Leyden, 1866) corrige drásticamente la lectura de este topónimo. Al respecto de este asunto cabe citar las siguientes ediciones:
a) "Geographia Nubiensis". París, 1619; trad. latina de la edición árabe de 1592, por los maronitas Gabriel Sionita y Johannes Hermita: "Annectitur huic provincia Alüalge, sub qua comprehenduntur Saria, Mya, et Calaat-rabah" (pág. 153: "Le sigue la provincia de Alüalge, en la que se encuentran Seria, Mya y Calaat-rabah").
b) "Descripción de España de Xerif Aledris, conocido por el Nubiense, con traducción y notas de don Josef Antonio Conde". Madrid, 1799. Edición bilingüe de las partes de la Nuzha dedicadas a España que aparecen en la edición impresa de 1592. Pág. 33: "y sigue el clima Alwlgha, y en él los Veledes Seria, y Meya, y Calat-Rabâh". Nota en pág. 193: "Meya ha de ser Moya".
c) "Description de l'Afrique et de l'Espagne par Edrîsî. Texte arabe publié pour la prémiere fois d'après man. de Paris et d'Oxford avec une traduction, des notes et un glossaire par R. Dozy et M.J. de Goeje". Leyden, 1866. Pág. 210 de la trad.: "Puis la province de Naladja, ou sont Sorita, Fita, Calatrava". Dozy, que usó cuatro manuscritos de la Nuzha en su edición crítica (uno de ellos desdeñado por corrupto y otro falto de esta parte del texto) identifica con Hita (Guadalajara) la FTH que lee en los manuscritos A y C de su edición. La confusión entre las letras árabes m y f por un lado, e y y t por otro, es poco chocante, y menos aún en una versión tan descuidada como la romana de 1592.
d) "Idrisi. Geografía de España". Prólogo de A. Ubieto Arteta. Valencia, 1974. Esta edición incluye, en reproducción fotostática, las siguientes obras: "Descripción de España por Abu-abd-Alla-Mohamed-al-Edris. Versión española". Madrid, 1901. Es una traducción de Antonio Blázquez muy dependiente de la francesa de Dozy; también Saavedra, Eduardo: "La Geografía de España del Idrisi". Madrid, 1881, con notas a la edición de Dozy y una traducción de la parte 1ª del 5º clima de la obra de Idrisi que falta en Dozy. Saavedra aborda con amplitud (págs. 47-48) el problema de nuestro topónimo no sólamente en el contexto de la región en la que se presenta incluido, sino además cuando Idrisi lo menciona junto con Zorita a cierta distancia de Toledo (a dos jornadas). Observa Saavedra que entonces la lectura más favorecida por los manuscritos es QNH (pero también QTH y hasta QtH). La voluntariosa crítica de Saavedra no hace sino destacar, más allá de las soluciones ofrecidas por el autor, la extrema oscuridad de los datos ofrecidos por Idrisi en lo tocante a la caracterización de este clima y sus poblaciones. Colocado entre el clima de Albarracín (y Alpuente) y otro que contiene lugares cordobeses, destaca por su incongruencia en el conjunto de los climas españoles de la obra del geógrafo ceutí. La desafortunada traza de este clima puede deberse a la confusión entre dos Calatravas, una cercana a Zorita de los Canes (la Calatrava Albaida que menciona Saavedra) y la otra, Calatrava Vieja meridional, próxima a la Zorita extremeña. Es decir, una que fácilmente puede lindar con el clima de Albarracín y otra que linda con el cordobés de Los Pedroches. Abordamos las conclusiones en la siguiente obra:
43. IDRISI, o XERIF AL EDRIS.- "Los caminos de Al-Andalus en el siglo XII". Ed. de Jassim Abid Mizal. Madrid, 1989.
Edición y traducción de las partes concernientes a España de otra obra de Idrisi, el "Uns al-Muhay wa Rawd al-Furay", posterior a la Nuzha y más abundante que ésta en datos geográficos acerca de España. Tampoco aparece ninguna Meya. Esta obra sitúa a Funna o Futta (véase págs. 98 y 343) a 25 millas al sur de Toledo y a 15 millas de Zorita.
En conclusión, las ediciones autorizadas de la obra de Al-Idrisi ignoran una Moya árabe. Sí, en cambio, mencionan (pág. 229 de la trad. de Dozy) una Alcalá que Dozy reduce a "celle qui se trouve sur les bords du Cabriel". Es decir, Alcalá de la Vega.
44. JIMÉNEZ DE RADA, Don Rodrigo (Arzobispo).- "Historia de los hechos de España". Edición de Juan Fernández Valverde. Alianza/U, 587. Madrid, 1989, 396 págs.
Escaso de datos para nosotros, aunque de gran valor histórico, ya que fue contemporáneo de la conquista de Moya. De todos modos hay que ser crítico en lo tocante a ciertos acontecimientos, que el buen Arzobispo utiliza de forma, si no fraudulenta, al menos sesgada. No da fecha exacta de la conquista de Moya. Véase Libro IIII (sic), cap. XI-35, nombra la conquista de Cuenca, Moya, Alarcón y otras plazas, sin fecha; y Libro VII, cap. XXXIIII (sic)-25, rompe Alfonso la tregua en 1210, y poco antes puebla Moya.
45. KOOK, S.E.- "Sketches in Spain, during the years 1829-1832". París, 1834; 2 vols.
Ver tomo II, cap. XXII, Sierra de Cuenca, donde refiere su paso por el Marquesado de Moya, el transporte fluvial de maderas y el pino albar, al que llama pinus hispanica, y atribuye calidad suficiente para componer las cubiertas de barco, manifestando el deseo de transplantar en Inglaterra. Hay pruebas evidentes de la importancia maderera de Moya. Véase, por ejemplo, Crónica de Alfonso XI, cap. CCLXXIII, manda el rey traer madera de los montes de Moya para el cerco de Algeciras, aunque tenemos carta de Pedro IV, 7/2/1347, negando licencia al dispensero de D. Juan Manuel para usar el Turia en el transporte de las maderas de Moya, a causa de la sequía, Giménez Soler, Don Juan Manuel, pág. 648; o Col. Salazar, vol. 9/18, ff 144/145, dos cartas de Carlos V, año 1520, al II Marqués de Moya, y a la ciudad de Valencia, sobre arriendo de la madera de los montes de Moya, o el muy especial reclamo de los derechos de los marqueses de Moya, "de ser suyas las maderas y el poderlas cortar y vender y llevar como cosa suya", que proclama el doctor Caballón en su manuscrito de 1625, pergamino 36 de la Real Chancillería de Granada, fº 24v; y en fin, echar una ojeada a la Colección Abella, donde se citan varios documentos de especial importancia para el estudio de la riqueza maderera de Moya. Significativo es el testimonio del P. Francisco Arcos, que en su Historia de Simón de Roxas dice del Marquesado de Moya "Son soberbios sus riscos, y sobre todos ellos ponen el pie pinos monstruosos en su altura; no se empinan por subir al cielo, sino porque sus sombras esterilicen la tierra...", pág. 102, tomo I, aunque se limita a trasladar la opinión de Ponce de León, véase, referente a la pobreza secular de la tierra nuestra.
46. LARRUGA BONETA, Eugenio.- "Memorias políticas y económicas de los frutos, comercio, fábricas y minas de España...". Madrid, 1792. 45 vols.
Obra de volumen enciclopédico, llena de preciosas informaciones. Ver Tomo XVIII, Memorias LXXXVIII, LXXXIX y XC; y Tomo XIX, Memorias XCII, XCIII y XCV. A destacar el intento de establecer una acería en Salvacañete por parte de Jayme Castilblanque, vecino del lugar, frustrado por el marqués y la oposición de los vecinos próximos, en 1750, con ayuda de los poderes públicos, a pesar de los informes técnicos y económicos favorables.
47. LASSO DE LA VEGA, Miguel (Marqués del Saltillo).- "El señorío de valverde". Cuenca, 1945. 230 págs., 4º. Vol. II de la Biblioteca Conquense. Interesantísima recopilación de documentos referentes a los Ruyz de Alarcón, con muchas referencias a Moya.
48. LÓPEZ AGURLETA, J.- "Vida del V Maestre, Patriarca, y fundador de la Esclarecida Militar Orden de Santiago, Don Pedro Fernández". Madrid, 1731; 21 h+330 págs., fol. Contiene además, "Continuación de la Apología por el Hábito Canónico de Santo Domingo", 2 hs+156 págs; un Apéndice, 2 hs+116 págs, e Indice, 17 págs.
Obra esencial para el conocimiento de los inicios de la Orden en sus diferentes aspectos, tanto organizativos como económicos, sociales, etc. Fue la Casa de la Merced de Moya la quinta que se fundó, año 1211, con las posesiones que dan a la Orden don Pedro Fernández, Señor de Castril Vela, don Pedro Vidas, Alcalde de la Casa Real, y don Pedro Ponce, Notario de Enrique I, véase Mateo López, vol. II, pág. 8. Es posterior a las de Toledo (1180), Cuenca (1182), Alarcón (1201), y Zaragoza (1203). Siguieron a Moya las de Talavera, Teruel y Castelfabib, véase cap. LXII, pág. 314. Descripción y primeros pasos, en págs. 321 y 322, incluido el asunto de la fuga de ciertos Moros Cautivos, que vuelve a explicarse con más detalle en pág. 324, a propósito de la fundación de la Casa de Merced de Castelfabib, año 1234. Estuvo a punto de provocarse un serio incidente con los Caballeros Moros de Requena, en un momento de treguas. Requena era conquistada por Fernando III en 1238, aunque ya había sido sitiada en 1219 infructuosamente por el Arzobispo Don Rodrigo, que toma el mismo año Mira y Utiel, Muñoz y Soliva, Cuenca, tomo II, pág. 120. Hay que decir que Requena, Utiel, Camporrobles, Caudete y otros núcleos de la zona son agregados a Valencia en fecha tan cercana como 1851, Muñoz y Soliva, Cuenca, tomo I, pág. 496. Vuelve López Agurleta a referirse a la fundación del Hospital de Moya en el cap. IV de la Continuación de la Apología, pág. 54. Hace D. Gerardo González García seguimiento estrecho del hospital de Moya, véase su primer manuscrito en el Archivo Diocesano de Cuenca, Noticias de Moya, págs. 6-82-87-90-101-102-113-131-133-138 a 150-172-174 y 238, además de su artículo en EL CORREO CATOLICO.
49. LÓPEZ DE HARO, Alonso.- "Nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España". Madrid, 1622. 2 vols., fol., láms.
Auténtico compendio genealógico. Una de las mejores fuentes junto con José Pellicer, y Salazar y Castro. Tenemos a los primeros marqueses en el Libro X, cap X; los condes de Chinchón en el Libro VIII, cap III; los condes de Ossorno (sucesión de María de Cabrera, hija de los primeros marqueses de Moya), en el Libro IV, cap XIX; los marqueses de Cañete (por Isabel, hija también de los primeros marqueses de Moya), en el Libro X, cap. XVI; la línea sucesoria de Juan Pacheco, el marqués de Villena, en el Libro IX, cap XXVI .... Para cuestiones genealógicas en general remitimos al lector a los manuscritos genealógicos de la Colección Salazar, Real Academia de la Historia. Tenemos la casa Cabrera en los Mss 9/120, ff 42 y 64; 9/150, ff 151 a 185v; 9/154, f 43v; 9/155, ff 113, 117 y 119; 9/159, ff 277v y 280v; 9/225, f 744; 9/234, ff 382 y 383; 9/243, ff 243v, 247v y 248v; 9/247, ff 33, 45 y 139v; 9/264, ff 310 a 320 y 320v a 340; 9/296, fº 69; Varios I, fº 75v y 207; Varios IX, fº 136; 9/345, fº 80. Otras casas y títulos: los condes de Chinchón, en los Mss 9/155; 9/159; 9/225; 9/234; 9/243; 9/345 y 9/346. Ampliamente representados en esta colección los marqueses de Villena, duques de Escalona, aunque su relación haría desproporcionado este trabajo. Para esta casa, que es Pacheco, y los Girón, ramas principales del linaje Téllez-Girón y Pacheco, remitimos a "Compendio de algunas historias de España, donde se tratan muchas antigüedades ...de la antigua familia de los Girones, y de otros muchos linajes", Alcalá, 1577, de Gerónimo Gudiel, hermoso libro ilustrado con gran cantidad de árboles genealógicos. Para los Cabrera, marqueses de Moya, naturalmente recomendamos “Retrato del buen vasallo”, de Francisco Pinel y Monroy, del que hablaremos más tarde. Conviene consultar los escritos del cardenal D. Francisco de Mendoza y Bobadilla, como el "Papel del escrito que dio... a Felipe II, rey de España, sobre la calidad y nobleza del marqués de Moya, en Madrid, a 20 de marzo de 1565", Real Academia de la Historia, Ms 9/809, ff 1 a 20, Col. Salazar.
50. LÓPEZ MARCOS, Matheo.- "Memorias históricas de Cuenca y su obispado. Recogidas y ordenadas por...". Cuenca, 1786. Vols. V y VI de la Biblioteca Conquense.
Enorme recopilación de datos y sucesos del más honesto historiador conquense del XVIII, con cumplida referencia a multitud de aspectos, e índices utilísimos. Amplia información de Moya.
51. LLAGUNO Y AMIROLA, E.; y CEAN BERMUDEZ, A.- "Noticias de los arquitectos y arquitectura de España". Madrid, 1829. 4 vols., 8º.
Hay referencia muy precisa del encargo a Pedro de Tolosa, conocido aparejador de El Escorial perteneciente al llamado Grupo de Avila, del proyecto para el convento de monjas de Moya en 1580, y el detalle de estar rubricadas las trazas por Juan de Herrera, así como las condiciones del contrato, que ganó en subasta y ejecutó Pedro de Matienzo, maestro de cantería y cuñado de Tolosa, o quizá nuero (Tomo III, caps. XXXIII y XXXVIII). El Convento de Monjas Concepcionistas de Moya es fundación de doña Luisa Bernarda de Cabrera y Bobadilla, III Marquesa de Moya, por su testamento de 28/2/1556, y fue pensado para acoger a las monjas del convento que había en el arrabal de Santo Domingo, Pinel, pág. 404. Es interesante constatar el significativo cambio en la vocación monástica de la familia. Proviene, sin duda, de la rama Pacheco, eminentemente franciscanista, mientras que los primeros marqueses de Moya demuestran marcada predilección por los dominicos. En efecto: profesa Pedro Fernández de Bobadilla, el hijo corsario, en el convento de Santo Domingo de Madrid, aunque demuestra escasa vocación mendicante, véase Muñoz de Rocatallada. También es dominico Diego, en el convento de San Ginés de Talavera. Véase Pinel y Monroy, págs. 336/337, y la "Segunda parte de la Historia de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores", por Fray Juan López, Valladolid, 1622, Libro II, cap. XXIX, fº 130v. Además, Andrés y Beatriz fundarán el convento de La Santa Cruz de Carboneras, del Orden de Santo Domingo, años 1500/1503, que es tumba y reposo para ellos y los II marqueses de Moya, Ana y Juan, véase la “Quarta parte de la Historia de Santo Domingo”, del citado Juan López, cap. XI, pág. 36, Valladolid, 1615, y Pinel y Monroy, pág. 327. En 1504 es vicario del convento un Fr. Alonso de Aguilar, y en 1515 Fr. Jerónimo de Madrid. También es tumba de un Fr. Diego de Zúñiga, abad de Párraces (Segovia), enigmático personaje que deja gruesas rentas y no hemos podido identificar todavía, aunque sabemos que en marzo de 1552 pretende el capelo de cardenal a petición de Carlos V, véase Col. Salazar, 9/48, fº 150. Principia el convento de Carboneras en 1513 con 50 frailes y cátedras de Artes y Teología, y en 1615 ha disminuido la comunidad a 30, Quarta parte, pág. 987. Hay en cambio abundantes muestras de fervor seráfico en la dinastía de los Villena. Funda en Belmonte Juan Pacheco (I marqués de Villena si prescindimos del infante don Alonso de Aragón) el monasterio de San Francisco de la observancia, y otro de monjas franciscas, aunque también funda otro convento dominico, y el monasterio del Parral en Segovia, gerónimo y reposo secular de los Pacheco. Su hija Inés Enríquez será monja en el monasterio de Santa Clara de Valladolid, y abadesa en los de Santa Clara de Moguer y Portacoeli de Sevilla. Leonor, que como sabemos había estado prometida a Pedro, primer hijo de los Cabrera, será también francisca: abadesa en Santa Clara de Carmona, donde elegirá ser enterrada su hermana Beatriz Pacheco en hábito franciscano. Es también muy conocido el franciscanismo de Diego López I, II marqués de Villena, véanse nuestras notas a Cornelio Agripa, que funda y dota los conventos de la Concepción Francisca de Ayllón y Escalona, además de gravar a sus sucesores con los gastos del capítulo de la provincia franciscana de Castilla, ostentando el patronato general de la Orden para toda España, véase Pedro Salazar, “Crónica de la Provincia de Castilla”, Madrid, 1612, pág. 83. Fueron religiosas concepcionistas en Escalona sus hijas Francisca Pacheco y Juana Enriquez. María Pacheco lo sería en el convento de Santa Clara de Carmona, igual que su tía Leonor, abadesa, mientras otra de las hijas, Ana Pacheco, profesaría en el convento de la Madre de Dios de Toledo. Todas estas informaciones podéis encontrar fácilmente en el tomo II de la Genealogía de Fernández de Bethencourt, y en Pinel y Monroy, Retrato, libro III, entre otras fuentes. En cuanto a Diego López II y Luisa Bernarda I, III marqueses de Villena y Moya, personajes en cuestión, digamos que, además de fundar y dotar generosamente el convento de la Concepción de Moya por los motivos que intentamos analizar, tienen a su hija Antonia Pacheco en el convento concepcionista de Escalona, donde es abadesa, y a María Pacheco en el convento de Santo Domingo de Madrid, único rescoldo, quizá, del viejo fervor dominico de los Cabrera. Por otra parte, se erige María en máxima defensora del honor de su hermana Luisa de Cabrera, que fue condesa de Ribagorza, asesinada por su marido por agravios no probados a la fidelidad conyugal, según Bethencourt, tomo II, pág. 239, en realidad acusada de mantener relaciones ilícitas con el caballero toledano Pedro de Silva. Hay que decir que Juan de Aragón, Conde de Ribagorza, fue a poco ahorcado públicamente, mas no por parricidio sino por delito de homosexualidad que, según las normas morales de la época, constituía ofensa más gruesa, según D. Gregorio Marañón en su magnífico "Antonio Pérez (El hombre, el drama, la época)", Madrid, 1963, pág. 144, de modo que "...había huido a Italia, donde le cazaron como a una alimaña los agentes del Rey, trayéndole a Castilla para ejecutarlo en la forma ignominiosa que se ha dicho". No fue éste un suceso vanal e históricamente intranscendente, sino espoleta de efectos retardados con importantes consecuencias para Aragón, véase también "Comentarios de los sucesos de Aragón en los años 1591 y 1592. Escritos por D. Francisco Gurrea y Aragón, Conde de Luna", Madrid, 1888, y E. Cooper, Castillos Señoriales, vol. I.2, pág. 906, con detalle de fuentes narrativas de tan tragicómico suceso.
Pero volviendo a lo nuestro, la misma Luisa Bernarda, madre y marquesa, pasa parte de su vida en el convento de la Concepción de Cuenca antes de contraer matrimonio con Diego. Es el III marqués de Moya, por otra parte, personaje recurrente en la inefable "Crónica burlesca del Emperador Carlos V", que hacia 1525/29 escribe Francesillo de Zúñiga, bufón del emperador. Recomendamos la edición crítica de Diane Pamp de Avalle-Arce, Barcelona, Editorial Crítica, 1981. Con malicia espléndida y genial, hace burla de la profesión de "tercero" de Juan, II marqués de Moya, cap. X, para luego hacer a Diego renegar de los "tercerones", y de su propia familia, cap. XXV, y le llama "trasijado" y "pequeño", en el cap. XXVI.
Habría que considerar dos motivos para dar cuenta del cambio en las preferencias monásticas de los marqueses de Moya. El primero, la irrupción avasalladora de los Pacheco en el árbol familiar. El segundo, la evidente dominancia franciscanista en el ambiente cortesano, claramente asumida por la reina Isabel y la casa de Austria. Hay muchas pruebas de cuanto decimos, véase por ejemplo J. Meseguer Fernández, "Franciscanismo de Isabel la Católica", en AIA, 19 (1951), o "Isabel la Católica y los franciscanos (1451-1476)", del mismo autor, en AIA 30 (1970). Véase también el conocido "El Carro de las Donas", de Francisco Eximenis, ed. de Valladolid, 1542, que en su Libro II, cap. LXIII, dice refiriéndose a Isabel "Tenía siempre, o por la mayor parte, confessores de la Orden de Sant Francisco de la observancia..."; o M. Castro y Castro, "Confesores franciscanos en la corte de los Reyes Católicos", en AIA, 34 (1974): nada menos que catorce, uno de los cuales es Fr. Juan de Tolosa, a quien mucho debe la Orden Concepcionista, págs. 78/83, o bien "Confesores franciscanos en la corte de Carlos I", del mismo autor, en AIA, 35 (1975). La existencia misma de la Orden tiene mucho que ver con la firme voluntad de la reina, aunque se inscribe de modo determinante en el ambiente de la reforma religiosa y monástica del siglo XV: nacen nuevas formas de vida franciscana, como las coletinas o descalzas en Francia, y las concepcionistas en España, que quedan constituidas definitivamente en 1511 por bula de Julio II con regla de 12 capítulos, hábito blanco con manto azul, clausura perpetua, dependencia de los frailes menores y especialmente consagradas a la Purísima Concepción, gracias al empuje de Santa Beatriz de Silva, hermosa cortesana de la época de Juan II e Isabel de Portugal cuya vida apasionante aconsejamos conocer, y al de su amiga y confidente la reina Isabel, de probada militancia concepcionista, así que inicia el vuelo con fuerza arrolladora: sólo en Castilla la Nueva, se fundan diez y ocho conventos antes de 1600, incluyendo la casa madre, regalo de la reina en los palacios de Galiana de Toledo. Una muestra: fundan conventos de la Inmaculada Concepción de María dos de las mujeres más próximas a Isabel. Beatriz Galindo, uno en Madrid, y Teresa Enríquez, "La Loca del Sacramento", mujer de Gutierre de Cárdenas, uno en Torrijos, y dos más en Maqueda y Almería, además de testar, igual que Isabel, ser enterrada en hábito de franciscana, después de haber pasado cerca de treinta años en hábito de viuda, véanse datos muy interesantes y directos de Teresa en “El Carro de las Donas”, libro tercero, caps. XXIIII (sic) y XXV. Francesillo de Zúñiga se ensañará con ella, afirmando "...que saca cada año 6000 ánimas del Purgatorio...", Crónica Burlesca, cap. III, y otras citas jocosas en caps. XXI y XXIX. Es cierto que Teresa Enríquez "...procuró otra bulla para quien rezasse cada noche cierta oración por las ánimas del purgatorio, que ganasse perdones por ello", Carro de las Donas, Libro III, fº XXXI. No conocemos el rezo en cuestión, y tampoco hemos podido averiguar qué Papa otorga tan potente documento, aunque por un manuscrito de mediados del siglo XVI atribuido a Alonso Téllez de Meneses, y que lleva por título "Libro de los linages de Hespaña, sus principios y continuación", Col. Salazar, 9/234, fº 398, sabemos que fue "...la primera que inventó tocar por las calles a prima noche la campanilla para que rezassen por las ánimas del Purgatorio, y que dejó renta en muchas partes para ello, porque algunos le afirmaron que el Comendador Mayor su marido andaua en ánima pessando y que le auian visto".
Todas estas noticias acentúan el carácter de paréntesis del período dominico en la familia Cabrera, ya que no tenemos trazas de la iniciativa fundadora de Beatriz de Bobadilla, fuera del convento de Carboneras, que es, como sabemos, de dominicos, donde es enterrada por decisión testamentaria en hábito de Santo Domingo y con cordón de San Francisco. Don Andrés sería amortajado en hábito de Santiago. Varios datos inducen a suponer la decisiva influencia de Beatriz en este asunto, que nos proponemos esclarecer, aunque a decir verdad acariciamos una interesante hipótesis que en su momento esperamos confirmar debidamente. La clave está, una vez más, en Segovia. Podríamos disparar otra batería de noticias franciscanas en la rama de los condes de Chinchón, pero ya es suficiente, y traer el dato: el mausoleo familiar de los Cabrera anteriores a Don Andrés, es la capilla de Santa María del convento de San Francisco de Cuenca por testamento de Lope López de Madrid, abuelo del marqués, en 1414, véase Pinel, Retrato, pág. 15. Hay bastante información de la Orden Concepcionista en la obra de los Enrique Gutiérrez, Ignacio Omaechea, Juan Meseguer y Manuel de Castro, y recomendamos vivamente las publicaciones del Archivo Iberoamericano.
No fue terminado el convento concepcionista de Moya hasta 1630, por interés del nieto de Luisa Bernarda, don Francisco Pérez de Cabrera y Bobadilla, V Marqués de Moya, que muere en 1627, véase Pinel, pág. 415, y protocolo nº 918 (nuevo), año 1622, ff 345/350, A.H.P. de Cuenca, ante el notario Francisco de Salazar, "Contrato de ejecución de los retablos para el Monasterio de la Concepción de la Villa de Moya", y el manuscrito de Baltasar Caballón de la Carrera, año 1625, pergamino 36 de la Real Chancillería de Granada, fº 27v, donde se afirma hallarse el monasterio en fase de construcción. En el ínterin, las monjas del convento de Santo Domingo, a quienes iba destinada la fábrica, se trasladan a San Bernardo de Cuenca (Muñoz y Soliva, Obispos, pág. 145, dice que lo hacen en 1558, y eran seis. Véase también Mateo López, Memorias, vol. I, pág. 331), lo que permitió a Don Francisco, previa autorización del Papa Urbano VIII, la fundación con veinte religiosas que sabemos venían de los conventos de Escalona y Toledo. Estaba dotado de una capellanía mayor, y cuatro menores, con la facultad de leer gramática y teología moral, a petición del marqués, que como sabemos era persona de amplios conocimientos y afición al estudio, además de vivir habitualmente en Moya, como asegura Pinel y Monroy e induce a suponer el Manuscrito/inventario de D. Gerardo González García, parroquia de la Santísima Trinidad, libro 104, defunciones, año de 1604: muere "Diego Gabriel Pacheco Cabrera y Bobadilla (Marqués de Moya)", que había nacido el año de 1603, libro 99. Consta también, en el mismo libro y año de 1604, la muerte de una "Mencía Pacheco (Marquesa de Moya)", que podría ser Dª Mencía de Cabrera y Bobadilla, marquesa y primera mujer de D. Francisco, además de prima hermana, con la que había casado en 1596 y de quien tuvo a Luisa Bernarda, madre de "La Marquesina", o bien otra hija del mismo nombre que no hemos encontrado en las fuentes clásicas, donde únicamente se da cuenta de Luisa Bernarda, desconociéndose también hasta este mismo instante la existencia de Diego Gabriel. Para más datos de D. Francisco Pérez de Cabrera y Bobadilla, ver Vicente Castañeda. Sobre las trazas del convento, véase también Rokiski Lázaro, Arquitectura. Dice Ballesteros, Utiel, pág. 527, que en 1830 solicita la abadesa el traslado de la comunidad a Utiel por amenaza de ruina de la casa de Moya, pero muy poca información encontramos del convento de Moya. No figura en la estadística de conventos y religiosos franciscanos para 1768, del P. León Amorós, en AIA, 16 (1956), lo que advierte el P. Omaechea en su artículo de Collectanea Franciscana, 50 (1980), págs. 277/284, "Monasterios concepcionistas en 1680. Un ejemplo de estadísticas oficiales insuficientes", que nos trae la noticia de su traslado definitivo a Villanueva de la Jara en 1845. Sí figura, como sabemos, el convento de monjes de San Francisco de la Vega, en la crónica del P. Ortega, que vuelve a acordarse de Moya en su obra manuscrita "Descripción Chorográphica del sitio que ocupa la Provincia regular de Cartagena de mi P. San Francisco...", siglo XVIII, que tenemos en AIA, 1 y 2 (1914), y 4 (1915), con mapa general de la provincia e interesantes descripciones. Empezamos a comprender, aunque de modo parcial todavía, los motivos del traslado de la comunidad concepcionista. Sin perder de vista el hecho indiscutible de la ruina del convento, hay que tomar en consideración las circunstancias que rodearon la desamortización de Mendizabal en Cuenca, diócesis en la que no llegó a formarse la junta diocesana encargada del cierre y reunión de conventos de monjas, a causa de la renuencia del obispo. A pesar de ello y de los intentos de piadosa revisión que representaba el decreto de 18/4/1836, promulgado a iniciativa de la reina gobernadora Dª Maria Cristina de Borbón, hubieron de apreciarse con fuerza en Moya los efectos del decreto de 8/3/1836, especialmente el artículo 5, prohibición de existir en un mismo pueblo más de un convento de la misma orden, el 6, prohibición de admitir novicias, y la supresión automática de los conventos con menos de 20 religiosas, normas que, de consuno con la 20, decisiva para todos los conventos y órdenes, de aplicar los bienes y rentas de conventos a la Caja de Amortización, debieron decidir la solución final del convento de la Concepción de Moya, sin perder de vista el elemento coyuntural de las guerras civiles. Véase información general sobre el asunto en la obra de Manuel Revuelta González, "La exclaustración (1833-1840)", B.A.C. 383, Madrid, 1976, que analiza con cierto rigor el agitado contexto histórico de la reforma, y un dato en págs. 144 y 174: el gobernador de Cuenca solicita en 1834 el cierre de varios conventos por su implicación directa en la guerra a favor del bando rebelde, entre ellos el de San Francisco de la vega, por su apoyo al guerrillero y arcipreste de Moya José Millán, circunstancia digna de ser tenida en cuenta. Estamos vivamente interesados en el tema, aunque aquí más que en otros aspectos se pone de manifiesto la necesidad de coordinar un trabajo en equipo a causa de la escasez de noticias.
52. LUCAS, Obispo de Tuy.- "Crónica de España", primera edición del texto romanceado, conforme a un códice de la Academia de la Historia. Preparada y prologada por Julio Puyol. Madrid, 1926, 510 págs., 4º.
Hay versiones manuscritas en diferentes bibliotecas, como B/N Mss E-231-777; B/N Mss Q-120-5980; Real Academia de la Hª, Signª. 12-25-7-C, 158, etc. En la presente versión hay una laguna que se suple con la parte correspondiente del "Chronicon Mundi", casualmente la época del rey Alfonso VIII. No se da fecha de la conquista de Moya, y sólo se habla de la repoblación (pág.407), en agosto de 1211, de Moya y Béjar.
53. MADOZ, Pascual.- "Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar". 1845-50; 16 vols.
Moya y Mira, en el tomo XI; Landete, tomo X, con una curiosa noticia del paso carlista por el pueblo, etc., etc., aunque aconsejamos consultar directamente la edición facsímil para Castilla la Mancha, 2 vols., 1987.
54. MARIANA, Juan de.- "Historia general de España...". Toledo, 1601. 2 vols. Hemos manejado la edición de B.A.E., vols. XXX y XXXI.
Tomo I: Libro XI, cap. XX, año 1200, repara el rey Alfonso Moya, Requena, Plasencia y otras plazas, dato que, o bien toma de Garibay, o directamente del Tudense, aunque no es esto lo que se desprende del texto de la crónica. Libro XII, cap. XI, los de Moya, Cuenca y Alarcón entran en Valencia. Libro XV, cap. I, 1296, Alonso de la Cerda y Jaime II de Aragón acuerdan entregar Cuenca, Alarcón, Moya y Cañete al infante don Pedro de Aragón. Tomo II: Libro XXIII, cap. IX, intento de boda de Pedro Girón, maestre de Calatrava, con la infanta Isabel, y arranque racial de Beatriz de Bobadilla. Cap. XIII, entrega del alcázar de Segovia a Cabrera. Libro XXIV, cap. I, presiones del Pacheco para obtener el alcázar de Madrid, y resistencia de Cabrera, que opta por reunir a los hermanos Isabel y Enrique en Segovia, 1474. Reconciliación y comida fatal para Enrique. Cap II, la infanta Isabel, rehén de los Cabrera en Segovia. Libro XXV, cap. X, se gana Málaga, presente en el cerco Andrés de Cabrera, y tiene lugar el episodio del moro fanático en el campamento, véase Pulgar. Libro XXVIII, cap. XXII, se resisten los Cabrera a entregar el alcázar de Segovia, y lo hacen por presiones de la reina Juana y Felipe el Hermoso, que se desplazan con fuerzas hasta allí. Libro XXIX, cap. II, a la muerte del rey Felipe, retornan a Segovia los marqueses de Moya, con la pretensión de cobrar el alcázar, y toman las puertas de la ciudad y la iglesia Mayor. Cap. V, cercado el alcázar, obliga Cabrera a salir de Segovia a todos los vecinos que no son de su facción. Alonso Enríquez, almirante de Castilla, el marqués de Villena, el conde de Benavente y Andrea del Burgo juntan gente para ir contra el de Moya, que "tiene apretada Segovia" (1506). Cap. VI, tras seis meses de cerco, toma Segovia el marqués de Moya, con ayuda del duque de Alburquerque, el duque de Alba, Antonio de Fonseca y el condestable de Castilla (15/Mayo/1507).
55. MÁRTIR RIZO, Juan Pablo.- "Historia de la muy noble y leal ciudad de Cuenca". Madrid, 1629. 330 págs., fol. Hay ed. moderna: Cuenca, 1974.
Obra de inevitable consulta, la más clásica de las fuentes de Cuenca. Extensa información sobre los marqueses de Moya en los caps. IIII (sic) y V; los Albornoz, cap. VI. En el cap. V hay también referencia a los condes de Chinchón, mayorazgo de los Cabrera por concesión de los Reyes Católicos. De esta rama, que comienza con Fernando de Cabrera y Bobadilla, hijo de los primeros Marqueses de Moya, tenemos buena información en la Colección Salazar, Mss 9/52, 9/70, 9/111, 9/112, 9/113, donde queda clara su importancia en la corte de los Austrias, véase por ejemplo las abundantes referencias que da G. Marañón en su Antonio Pérez, 1963, en especial págs. 162/163. Véase también Pinel y Monroy, págs. 339, 354 y 373. Hay epitafios de los tres primeros Condes de Chinchón en la Col. Salazar, 9/319, ff 45 a 46v.
56. MEMORIAS DE D. ENRIQUE IV DE CASTILLA, tomo II. Contiene colección diplomática, compuesta y ordenada por la Real Academia de la Historia. Madrid, 1835-1913.
Véase documento CXCIII, cambio otorgado entre Enrique IV y Juana de Luna, marquesa de Villena, de las villas de Requena y Mira por otra, cuyo nombre se deja en blanco (147...); documento CXCIV, 1472, seguridad dada por el Maestre de Santiago al mayordomo Andrés Cabrera de volverle a entregar la fortaleza de Madrid si no tuviese efecto el casamiento de la Princesa doña Juana con el Infante don Enrique de Portugal (1472); documento CXCV, 1472, Seguridad otorgada por Andrés de Cabrera al Maestre de Santiago y dos más, de entregar quince cuentos de maravedís al Infante don Enrique quince días después de que se efectuase el casamiento tratado en el protocolo anterior; documento CXCIX, 1473, Capitulación otorgada por Andrés de Cabrera con la Princesa doña Isabel, para que el Rey don Enrique su hermano se juntase con ella y su marido el Rey de Sicilia don Fernando; documento CC, 1473, Capitulación otorgada entre Andrés de Cabrera, y doña Beatriz de Bobadilla su mujer con el Conde de Benavente, obligándose a ayudarse mutuamente para que se declarase la sucesión de estos reinos en favor de la Princesa doña Isabel; documento CCI, 1473, Asiento celebrado entre el Rey don Enrique y Andrés de Cabrera su mayordomo para la entrega del alcázar de Madrid; y CCII, 1474, Capitulación entre el Conde de Benavente, Andrés de Cabrera y el doctor García López de Madrid sobre los asuntos del reino. Hay otros muchos documentos, no menos importantes, de diversa incidencia en los acontecimientos inmediatamente anteriores a la toma del poder por los Reyes Católicos.
57. MÉNDEZ SILVA, Rodrigo.- "Población general de España. Sus trofeos, blasones y conquistas heroycas ...". Madrid, 1675. 302 ff.
Asigna 300 vecinos a Moya. Especifica sus fuentes, y da el año de 1200 para la "fundación de Moya", que evidentemente toma de Garibay. Otras fuentes: Rades y Andrada, López de Haro y Caro de Torres.
58. MENDOZA Y BOBADILLA, Francisco de, Cardenal.- "El tizón de la nobleza española", (atribuido). S. XVI.
Magnífico personaje, que merecería un estudio en profundidad. Segundo hijo de los primeros marqueses de Cañete, D. Diego Hurtado de Mendoza y Dª Isabel de Cabrera y Bobadilla, hija de los primeros marqueses de Moya, ver Pinel, págs. 380 a 382. Cardenal de dilatado historial y servicios a la corona y a la Iglesia. Importante personaje del Concilio de Trento, cuyas directrices aplicó severamente desde su silla arzobispal de Burgos. Hay varios manuscritos de El Tizón en diferentes bibliotecas, como la Nacional de Lisboa, la Nacional de Madrid, el British Museum, etc., con diferentes títulos, pero de contenido e intenciones similares: probar el origen espúreo de todos los linajes, en airada respuesta a un escrito de negación del hábito de Santiago para dos sobrinos suyos, hijos de su hermano el marqués de Cañete. Contrasta este hecho con la circunstancia de haber pertenecido a la Orden otros miembros muy significados de la familia en sus diferentes ramas, incluido el mismo Andrés de Cabrera, que fue Comendador de Monreal, véase "Los comendadores de la Orden de Santiago", por Don Luis de Salazar y Castro, Madrid, 1949, tomo I, Castilla. En el fondo de la cuestión, el origen converso de la familia Gibaja, Gilbaja o Xibaja, luego Madrid, después Cabrera, y llegamos a D. Andrés, primer marqués de Moya y abuelo del Cardenal. Una rápida ojeada sobre este linaje tenemos en Mateo López: López de Madrid-Xibajas, en pág. 237; Cabreras, en pág. 236, en “Memorias históricas”, tomo II. Véase también la tesis de Rábade Obradó, ascendientes familiares de Andrés Cabrera, cap. V, págs. 521/527. Traída y llevada cuestión, y muy fundamentada, a juzgar por los hechos. Estrategia conocida de cambio gradual del apellido: vienen a ser Cabrera al casar Pero López de Madrid, bisabuelo del cardenal y padre del I Marqués de Moya, con María Alonso de Cabrera, de recio abolengo catalán, que da nombre, esta vez para siempre, a toda la descendencia; simpatías no disimuladas por los conversos (recuérdese el papel decisivo del alcaide Cabrera en los tumultos de Segovia), tanto segovianos como conquenses, véanse los trabajos de M. Martínez Millán y D. Donald sobre los Valdés de Cuenca, y su conocida estrecha amistad con Abraham el Viejo, por cuyos acertados consejos se adhiere al bando de la princesa Isabel, Crónica de Enrique IV, de Palencia, y otros datos en el Cronicón de Valladolid; los pleitos con la Inquisición de su hermano Alonso, regidor de Cuenca, véase legajo 1, exp. 21, proceso por judaísmo a Alonso de Cabrera y su mujer María Ovalle (1489-1512), Archivo Diocesano de Cuenca, del que nos habla Tomás Carrete Parrondo en su "Mesianismo e Inquisición en las juderías de Castilla la Nueva", HELMANTICA, XXXI (1980), pág. 253, con testimonios que prueban, cuando menos, su independencia de criterio si no su abierta disidencia religiosa. Véase también Rábade Obradó, págs. 126/127 y nota 44, y J. Blazquez Miguel, "Inquisición y criptojudaismo", Madrid, 1988, pág. 133. Otros Cabrera tuvieron cuentas con el tribunal de Cuenca, véase leg. 280, exps. 3891 y 3892-5, y en fin, el edicto de Felipe II prohibiendo remontar cualquier expediente de limpieza más allá de D. Andrés, véase "Los judíos en la España moderna y contemporánea", tomo II, de Julio Caro Baroja, pág. 365; también “La impugnación crítica al Tizón”, de Manuel Ruiz Crespo, réplica de las mismas características, con opuestas pretensiones, y Col. Salazar, 9/323, ff 346 y 348/349, dos cartas de Felipe II a Olivares, embajador, para que Sixto V, años 1585 y 1589, autorice el asunto de la limpieza de sangre. Hay que decir que no se tiene certeza absoluta de la autoría del Tizón. Es al menos imposible que todos los tizones fueran escritos por la misma persona, y muy poco probable que semejante libro, de bajísima catadura literaria, saliera de la pluma de un teólogo de su talla intelectual, que era "Doctor en Leyes y Cánones, leyó la lengua griega teniendo no menos conocimiento de la hebrea..", según el ilustre Diego José Dormer, cronista del reino de Aragón, en su "Progresos de la historia en el Reino de Aragón", 1680, pág. 324, quien nos informa que estudió en Alcalá y Salamanca, siendo condiscípulo en aquella de Gerónimo de Zurita, pág. 17, con el que mantuvo relaciones de amistad toda su vida, véase diferentes cartas cruzadas en págs. 85/86 y 365, y Col. Salazar, Mss. 9/111 y 9/112, y sobre todo Joaquín Blazquez, “Teólogos españoles del siglo XVI”, en Cap. IV de esta relación. Otra cosa es que El Tizón fuera inspirado por él. Mateo López lo atribuye a su secretario, aunque no especifica. El más asiduo secretario de Mendoza fue Martín Laso de Oropesa, erudito que edita a Lucano y figura en el clásico de Gallardo, tomo III, y en el tomo II de la BHN de Nicolás Antonio, y que tuvo serios problemas con la Inquisición, véase M. Bataillón, E y E, pág. 484.
Para conocer la obra del Cardenal Mendoza, incluidos los escritos supuestos, consultar Joaquín Blázquez, y José Simón Díaz, "Bibliografía de la Literatura Hispánica", tomo XIV, págs. 623 a 627, donde hay también referencia a estudios sobre el Cardenal, el mejor de los cuales es el de Nicolás López Martínez, en esta relación, Cap. IV. Se cita en la tal bibliografía un "Papel del escrito que dió don Francisco de Mendoza y Bobadilla a Felipe, rey de España, sobre la calidad y nobleza del Marqués de Moya, en Madrid, a 20 de Marzo de 1565", perteneciente a la Colección Salazar, vol. 9/809, ff 1-20, cuya lectura es de lo más esclarecedor sobre las pretensiones de limpieza del prelado. En dicho escrito justifica el equívoco de la imputación aduciendo diversos matrimonios de familiares muy allegados con personas de dudosa procedencia (Alonso y Fernando, hermanos de Andrés, casan con mujeres de ascendencia conversa), véase también Rábade Obradó, págs. 566/567, y se defiende de la acusación de judaizar hasta la llegada y predicación de San Vicente Ferrer, fº 2v, así como de la existencia de dos ramas de apellido Madrid en la ciudad de Cuenca, una limpia, otra manchada, fº 5, aunque sabemos que ambas vienen del mismo tronco: Gonzalo Díaz de Xibaja y Elvira Fernández, cuya descendencia se divide entre Lope González de Xibaja y Sancho de Xibaja. Se refieren al cardenal: Zarco Cuevas, en sus "Relaciones de pueblos del obispado de Cuenca", pág. 663, y Nicolás Antonio en su BHN, tomo I, pág. 447. Hay buena muestra de su intervención personal en los asuntos de estado en el tomo III de la "Colección de documentos Inéditos", Madrid, 1843, de Fernández Navarrete, Sáinz de Baranda, y Salvá, págs. 418/448, diversas cartas que ponen de manifiesto su intervención en el matrimonio de Felipe II con Isabel de Valois, a quien "...traxo desde Francia a Guadalaxara con grande autoridad, y costa suya, llevando de parientes, amigos, y criados en la jornada, mil y quinientas personas...", según Dormer, Progresos, pág. 324. A propósito, es el Cardenal Mendoza uno de los mayores contribuyentes a la Biblioteca de El Escorial, que fuera expreso deseo y voluntad del rey, véase Clemencín, pág. 433, y Ch. Graux, "Essai sur les origines du fonds grec de l`Escurial", París, 1880, caps. I, II y V. Hay una semblanza del cardenal en "Vida de San Julián", del P. Alcázar, Libro II, cap. XIII (pág. 233), y Mateo López, vol. II, págs. 142 y 171, y muy sustanciosa biografía, bibliografía y estudios particulares sobre el personaje en Vicente Beltrán de Heredia, Cartulario, tomo III, cap. XXXIV, y Joaquín Blázquez, en la Revista Española de Teología. No podía faltar de la "España Sagrada", Tomo XXVI, págs. 427/432, del P. Flórez. Véase también González Dávila. En cuanto al Tizón, hemos manejado una edición de Barcelona, 1880, 207 págs., 8º, aunque es una de las obras más recurridas de la literatura genealógica, como era de esperar, ya que según J. Blazquez en Teólogos españoles, pág. 268, se imprime también en 1697, 1727, 1737, 1845, 1848, 1854, y 1871, y lo recomendamos vivamente.
59. MENÉNDEZ PIDAL, Ramón.- "Primera Crónica General de España, que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289", publicóla D. Ramón Menéndez Pidal en 1955. 2 vols., fol.
Hay que decir que no es una obra crítica, sino simplemente transcriptiva de las fuentes más diversas y heterogéneas, algunas muy cuestionables, y como tal ha de leerse, sin perjuicio de ser considerada de un altísimo valor historiográfico. Refiere la Crónica la conquista de Moya en el cap. 623; el paso de los Infantes de Carrión por Moya, en el cap. 933; la repoblación de Moya, cap. 1007. No se dan fechas. Como dato curioso, reseñar la nota al margen de la pág. 316 del tomo II, cap. 561, donde se cita la crónica de Florián de Ocampo, que no es otra sino "Las quatro partes enteras de la Crónica de España, que mandó componer el serenissimo Rey Don Alfonso ...", Zamora, 1541, o Medina del Campo, 1545. Se asegura en esta crónica que Moya fue conquistada por ¡Tarik!, y se describe con pluma épica al punto de suscitar en el lector imágenes propias de Gustavo Doré. Hay que decir que el manuscrito original del cual toma Ocampo su historia, mira por donde, se ha perdido, y que muchos pasajes de la misma están inspirados en Annio de Viterbo, vía Lorenzo de Padilla, cuya historia manejó, y aún plagió. Es Annio de Viterbo, o Giovanni Nanni, el más grande farsante que en el mundo ha sido, inventor de una historia mitológica de España que, sorprendentemente, ha gozado de crédito hasta el siglo XIX, y cuya lectura recomendamos, otorgándole más interés que a los mejores relatos de Tolkien. Conocemos algún cronista local que estaría dispuesto a suscribir la conquista de Moya por Tarik, aunque "...parece más cierto que la dejó a un lado, marchando por Toledo y Guadalajara a Amaya", véase "Moya, geografía, HISTORIA, turismo", pág. 24, Teodoro Sáez Fernández, Cronista Oficial de la Villa, e insiste de modo imperdonable en "Moya. Llave de reinos", que no es más que un refrito del anterior. Hay que decir que Menéndez Pidal opta por Amaya, al igual que Mariana, libro VI, cap. XXIV. También Emilio Lafuente, en su traducción del "Ajbar Machmuâ fi fath al-Andalus", Madrid, 1867, págs. 27 y 28, al referirse a la campaña de Tarik, entre el 19 de Octubre de 711 y 6 de octubre de 712, con un interesante comentario a propósito de la mítica Mesa de Salomón, cuya ubicación, puestos a imaginar, muy bien podría ser la mole majestuosa, entre pinares, de Moya la bien cercada. A decir verdad, a nosotros nos gustaría probar la naturaleza moyana de Averroes, quien por cierto pudo haber pasado por Moya, esto sí. Ver J. A. Almonacid, De Huete a Cuenca. Sobre Ocampo, Lorenzo de Padilla, Annio de Viterbo y todo tipo de adulteraciones, no necesariamente malintencionadas, J. Caro Baroja, "Las falsificaciones de la historia (en relación con la de España)", Barcelona, 1992. Quien quiera conocer la Moya mítica, abra el libro de Ocampo por el folio CCV. Y en fin, sobre la Crónica general, sus diversas versiones y las muchas y variadas aportaciones que han menguado su valor histórico en aras de la hermosura novelesca y literaria, Julio González, Castilla, Introducción: Aportación de los Historiadores, y Episodios Legendarios, donde, entre otras cosas, queda muy claro que a Florián de Ocampo le da igual 7 meses que 7 años (pág. 29, párrafo 3, a propósito de los amores de Alfonso VIII y la judía de Toledo).
60. MIÑANO Y BEDOYA, Sebastián.- "Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal", tomo VI. Madrid, 1827.
Asigna 344 vecinos y 1283 habitantes, tomado evidentemente del censo de Floridablanca. Habla ya de "restos de murallas". Santo Domingo, 80 vecinos, y Pedro Izquierdo, 60 vecinos. Mira, 365 vecinos y 1423 habitantes, y 34 "hortelanos" en Fuencaliente.
61. MOLINA FERNÁNDEZ MORENO, Isidro.- "Nomenclator ilustrado de la Provincia y Obispado de Cuenca". Cuenca, 1883.
Completo censo de los tiempos en que Moya ha cedido ya la cabeza de partido a Cañete. Contiene detalladísima información sobre número de vecinos, distritos electorales, electores y compromisarios, escuelas y arciprestazgos, además de entrar en cuestiones como número de casas, extensión de los términos, etc. Se hace el reparto de partidos judiciales en 1833.
62. MONCEY, Bon Adrien Jeannot de (Duque de Conegliano).- "Cartas del Mariscal del Imperio Moncei, dirigidas a esta Junta Suprema de Gobierno, y contestaciones a este general". Folleto de la Imprenta de La Gazeta, año 1808. Publicadas también en el DIARIO DE VALENCIA del 9/9/1808.
Cartas del general Caulincourt al general Frère. Véanse las de 9/7/1808, en la primera parte, y la del día 8 en el capítulo Cartas de varios generales franceses sorprendidas a dos espías. Obligado parece traer un fragmento de la primera: "Yo entré aquí [por Cuenca] el día 3 ya que es necesario repetirlo, y dos horas de pillaje o saqueo deben inspirar horror a los demás pueblos que quieran imitar el exemplo de Cuenca. Si mis instrucciones no me lo hubieran impedido, hubiera borrado a Moya del mapa de España: pero si este pueblo no entra inmediatamente en su deber, tendrá que experimentar un castigo terrible. Prevenid, mi estimado General, al Mariscal Moncey, que dicha ciudad es una cueva de frenéticos [enragés] ...". Vuelve a referirse a los "frenéticos" moyanos en la segunda carta citada, y a la necesidad de "destruir las reuniones de Moya", aludiendo con toda probabilidad a las que tuvo en la villa la Junta de Aragón y parte de Castilla. Véase J. Jiménez Aguilar, su artículo en EL DIA, de 10/6/1924, y lo que dice M. Ballesteros, Utiel, Período Tercero, cap. I, págs. 469/503. Insigne militar, y amante de España, ya había estado Moncey en la Península en 1795, al mando del Ejército de los Pirineos Occidentales. Nombrado mariscal después de la campaña de Italia, manda en España el III cuerpo de Ejército, es testigo de los levantamientos del 2 de Mayo en Madrid, y toma Cuenca y Valencia en 1808. Distinguióse por su profunda comprensión del pueblo español. Dicen Foy/Tissot que "Si Moncey n'est pas été Francais, il eût voulu être né Espagnol", "Histoire de la Guerre de la Péninsule sous Napoleon", Paris, 1827, tomo III, pág. 238, obra en la que se narran los acontecimientos en la zona, aunque no se nombra a Moya. Véase tomo III, libro IV, y tomo IV, libro VI. Tenemos noticia de unas memorias del mariscal que deben ser del mayor interés, "Le Marechal Moncey...duc de Conegliano (1754-1842)", Paris, 1902, 626 págs. Para un estudio sistemático de esta época apasionante, recomendamos empezar por el "Diccionario Bibliográfico de la Guerra de la Independencia Española (1808-1814)", Madrid, 1947, 3 vols., publicación del Ministerio del Ejército (Sevicio Histórioco Militar), con referencia precisa y muy completa de obras impresas, tanto españolas como extranjeras, manuscritos y colecciones documentales.
63. MOYA, Antonio de.- "Rasgo heroyco: declaración de las empresas, armas y blasones con que se ilustran, y conocen los principales reynos, y provincias ... compuesta en método alphabetico por D. ...". Madrid, 1756. 25 ff+382 págs. Sucinta relación de la conquista de la Villa, y de su escudo. Obtiene sus datos de Rivera de la Granda. Ver págs. 203 y 204.
64. MUÑOZ Y ROMERO, Tomás.- "Diccionario bibliográfico-histórico de los Antiguos Reinos, Provincias, Ciudades, Villas, Iglesias y Santuarios de España". Madrid, Biblioteca Nacional, 1858.
65. "Narración Militar de la Guerra Carlista de 1869 a 1876". Tomo XIV. Por el Cuerpo de Estado Mayor del Ejército, publicada por el Depósito de Guerra. Madrid, 1889. 465 págs. 4º.
Relación detallada de las acciones militares en la 3ª Guerra Carlista. Ver las notas a este mismo relato en el Cap. IV de esta relación.
66. NEBRIJA, Antonio de.- "Chronica de los muy altos y esclarecidos reyes Catholicos don Fernando y doña Ysabel de gloriosa memoria, compuesto por el maestro...". Valladolid, 1565. 2h+313 ff+índice. Se trata de la crónica de Pulgar, enmendada.
Parte Primera: Cap. III: Procura Andrés Cabrera la designación de Guisando. Cap. XVI: Exige el Pacheco el alcázar de Madrid, que obtiene. Se niega Cabrera a entregar el alcázar de Segovia, y alborotos del Villena en la ciudad. Cap. XVII: Llegada del legado papal. Concordia de Segovia, e intentos del Villena de prender a los príncipes y a los Cabrera. Cap. LXXVII: La revuelta de Maldonado en Segovia. Cap. CXIIII (sic): Cortes de Toledo. Título de Marqueses de Moya, concesión del Privilegio de la Copa, y merced de los sexmos de Valdemoro y Casarrubios. Parte Tercera: Cap. LXXXVII: Episodio del moro de los gomeres, en el campamento de Málaga, véase lo que decimos en Pulgar.
67. OCAMPO, Florián de .- "Las cuatro partes enteras de la Cronica de España/que mandó componer el Serenissimo rey don Alonso llamado el Sabio. Donde se contienen los acontescimientos y hazañas mayores y mas señaladas que suçedieron en España: desde su primera poblacion/hasta casi los tiempos del dicho señor rey. Vista y enmendada mucha parte de su impresion por el maestro Florian Docampo: Cronista del emperador rey nuestro señor. Con previlegio imperial". Zamora, 1541; CCCCXXVII (sic) folios.
Ver ff XVIIv y CCV, con la heroica defensa, y rendición de Moya ante las tropas de Tarik. Es éste uno de los textos base de la “Primera Crónica General de España”, de Menéndez Pidal, y un magnífico ejemplo del tipo de historias fabulosas de que habla Caro Baroja, “Las falsificaciones de la historia”, a quien remitimos. En el ejemplar que hemos manejado, de la biblioteca de la Universidad de Barcelona, hay al pie de la portada, y escrita a pluma, la siguiente leyenda: "El autor desta obra es el mesmo Rey D. Alonso el Sabio. Lee todo el prólogo y verás".
68. PALENCIA, Alonso de.- "Crónica del Rey Enrique IV". Tres primeras décadas. Recomendamos manejar los tres volúmenes de la B.A.E., números 257, 258 y 267. Madrid, 1975.
El vol. III contiene además los "Nueve libros de la guerra contra los moros granadinos", y unas Notas Biográficas e Históricas del mayor interés para seguir con atención las particularidades del relato, con aporte de fuentes. Es, con Enríquez del Castillo, el más completo testimonio que tenemos de la corte y época del rey Enrique. Muy incisivo y crítico, produce una historia agria y llena de suspicacias a veces poco fundamentadas, y no oculta su animadversión y puntos de vista muy subjetivos sobre personajes y hechos que conoció directamente, lo que advierte Pinel, como era de esperar, págs. 126, 127 y 191, que afirma, entre otras lindezas, que Palencia era "...inclinado siempre a ofender quanto halla delante, derramando en sus escritos mas amarga la hiel de la censura de lo que conviene al oficio de historiador..". Ver Década II, libro II, cap. I, Beatriz de Bobadilla y Mencía de la Torre parten para Coca desde Madrigal, dejando a Isabel. Ambas eran, según Palencia, agentes del Pacheco. Beatriz es cortejada por el arzobispo de Sevilla. Libro VIII, cap. I, tumultos de Segovia contra los conversos instigados por el Pacheco; cap. VIII, y cap. X, negociaciones y entrevista de Segovia, a cargo de Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla, por intermedio de Alonso de Quintanilla. Buenos consejos de Abraham el Viejo, judío de Segovia y amigo personal de Cabrera. Se tratan las futuras mercedes a los marqueses, de la villa de Moya, recién entregada a Juan Fernández de Heredia, que "había fortalecido el castillo con guarnición y obras de defensa"; Libro IX, cap. I, doble juego de los Cabrera; y Década III, libro XXVII, cap. III, tumultos de Segovia por Maldonado, que narra con cierto verismo, así como el chisme de las relaciones adúlteras de Beatriz de Bobadilla con el Cardenal Mendoza y el conde de Benavente. Hojear las notas biográficas, que valen también para la cuarta década.
69. PALENCIA, Alonso de.- "Cuarta década de Alonso de Palencia". Madrid, 1970-1974. 2 vols. Estudio, texto y traducción de José López de Toro. Archivo Documental Español. Real Academia de la Historia. Tomos XXIV y XXV.
Ver vol. II, Libro XXXIII, cap. IV, rebelión de Moya contra la tutela de los marqueses, aplastada por la Bobadilla en persona; y Libro XXXVI, cap. VI, las mercedes de Segovia y el Marquesado de Moya para los Cabrera, con notable oposición de los segovianos.
70. PELLICER DE OSSAU Y TOVAR, José.- "Informe del origen, antigüedad, calidad y sucession de la Excelentissima Casa de Sarmiento de Villamayor y las unidas a ella por casamiento ...". Madrid, 1663; 240 págs., 8º.
Los Bobadilla, en págs. 86v a 89v.
71. PÉREZ RAMIREZ, Dimas.- "Catálogo del Archivo de la Inquisición de Cuenca". Madrid, F.U.E., 1982; 823 págs., 4º.
Extensa y completa relación documental, que viene a completar el catálogo de Sebastián Cirac Estopañán, "Registro de los documentos del Santo Oficio de Cuenca y Sigüenza", Cuenca-Barcelona, 1965, de la que hemos entresacado unos 300 expedientes para la Tierra de Moya.
72. PINEL Y MONROY, Francisco.- "Retrato del buen Vassallo, copiado de la vida, y hechos de D. Andrés de Cabrera, Primero Marqués de Moya. Ofrécele al Excelentissimo Señor D. Iuan Manuel Fernández Pacheco Cabrera y Bobadilla, Marqués de Villena, y Moya, Duque de Escalona, etc.". Madrid, en la Imprenta Imperial: Por Ioseph Fernández de Buendía, año de MDCLXXVII. 452 págs., fol., láms. Ilustraciones de Diego de Obregón. Hay edición facsímil de la Asociación Amigos de Moya. Moya, 1992.
Libro por excelencia de la Historia de los Marqueses de Moya. Discreto compendio de asuntos relacionados con la villa y el Marquesado. Fuente bibliográfica la más completa, contiene además extenso repertorio genealógico tomado de López de Haro, Argote de Molina, Garibay, Pellicer, Ortiz de Zúñiga, J. de Quintana, Sansovino y otros. Obra escrita a la mayor gloria de D. Juan Manuel Fernández Pacheco, VIII marqués de Villena y X de Moya, ilustre personaje de la Corte de Felipe V, militar y académico, fundador de la Real Academia en 1714. Consulta Pinel lo que ya debía ser una de las más hermosas bibliotecas de España (Gregorio de Andrés, "La biblioteca del Marqués de Villena"), donde debió encontrar fuentes como el manuscrito "Descripción de la Villa de Moya y su tierra" que, listado por Iriarte de la colección de los Villena, todavía se conservaba a mitad del S. XVIII. Aún así, por la fecha, es dudoso que incorporase los datos de este códice a la historia del Retrato. Conoce también el archivo del conde de Chinchón, según consta en pág. 283, que sospechamos podría formar parte de los fondos de la Casa Moya/Villena, circunstancia que puede inferirse de la carta que Diego, III Conde, dirige a G. Zurita el 18/11/1575 (Col. Salazar, 9/112, ff 656 y 657), en la que afirma que el archivo de su Casa está en el Marquesado de Moya. Esta documentación se integra en la casa Villena, y luego pasa al archivo de los duques de Frías, ver Gregorio de Andrés (Cap. IV). Por otra parte, hay constancia de su paso por la biblioteca del Marqués de Montealegre, por él mismo confesado con agradecimiento en la pág. 197, y advertido por Rafael Floranes en su "Vida de Galíndez de Carvajal", Codoin, tomo XX, págs. 279/406, al comentar una Crónica de Enrique IV que Pinel atribuye a Galíndez, extremo que pone en duda Floranes, y niega López de Toro en su "IV Década de Alonso de Palencia", vol. I, págs. 126 y 129/130, quien otorga la obra a Enríquez del Castillo, aunque Torres Fontes, que también detecta a Pinel, confirma su opinión, véase "Estudio sobre la crónica de Enrique IV", pág. 10. Ciertamente, el mismo año que ve la luz El buen Vassallo, nace también "Museo, o biblioteca selecta de el Excmo. Señor Don Pedro Núñez de Guzmán, Marques de Montealegre ...por el Licenciado don Ioseph Maldonado y Pardo...", y una rápida hojeada a la extraordinaria colección Montealegre permite reconocer buen número de fuentes de Pinel. Ver Rodríguez Moñino, "La colección de manuscritos del Marqués de Montealegre", Madrid, 1951, o bien B.R.A.H., nº 126 (1950), 127 (1950), y 128 (1951). Lógico nos parece que formara parte de la afamada tertulia del marqués de Montealegre, junto a Nicolás Antonio, Lucas Cortés, José de Pellicer, Luis de Salazar y Castro y otros de no menor condición intelectual que también tuvieron a su disposición este riquísimo tesoro bibliográfico, hoy disperso, véase "La biblioteca manuscrita del Instituto de Valencia de Don Juan", por G. de Andrés, en Cuadernos Bibliográficos, XXXVII, 1978, págs. 207/219. Por otra parte, él mismo reconoce en la página tercera de su dedicatoria que, para caminar en esta historia sin tropiezo, "ha sido forçoso recurrir al olvidado depósito de los Archivos, examinar mucho número de escrituras, y reconocer masnuscritos no vulgares, guardados en las librerías de personas graves, y eruditas, en que se descubre la verdad más desnuda". Le creemos, a juzgar por el gran caudal de información que maneja y debe proceder, fundamentalmente, del archivo familiar de los marqueses de Villena, importante evidencia que en su momento analizaremos detenidamente.
Es, en fin, el punto de partida de la historiografía moyana -dejando aparte otra historia anterior y más extensa de los Marqueses de Moya que conocemos, en la que no se contempla en absoluto a Moya- y uno de los libros más citados en repertorios genealógicos, con algunas particularidades dignas de señalarse, como ser la única fuente que tenemos para dar como probables las cortes de 1375, en Soria (págs. 212 y 218), dato que asegura Pinel haber obtenido del archivo de la Villa, y que advierte Don Manuel Colmeiro en su "Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla", Parte Primera, nota 2 de la pág. 337, aunque poniendo en duda el carácter de tal acontecimiento, que probablemente no fue más que ayuntamiento de notables, reunidos en mayo por orden real para celebrar las bodas de los infantes D. Juan y Dª Leonor, véase la “Crónica de Enrique II”, Año Décimo, 1375, caps. I y II, y aprovechase el rey tan dulces momentos para confirmar la posesión de Moya a Micer Gómez de Albornoz, uno de sus más fieles vasallos: "...E en esta cibdad de Soria, estando y el Rey Don Enrique, vino a le ver Micer Gomez de Albornoz, sobrino del Cardenal Don Gil Alvarez de Albornoz, que era Senador de Roma... E vino en gran estado, que traia seiscientas cavalgaduras, e mucha vaxilla de oro, e de plata, e joyas, e divisas; e despues que salió de Castilla murió a pocos dias", B.A.E., tomo 68, pág. 28, nota 1, adición tomada de la Crónica Abreviada. No hay registro de este suceso en la Colección Abella aunque, según Pinel, era motivado por la renuencia de los vecinos de Moya a ser enagenados de la corona real en respuesta a la primera donación, de que sí hay constancia y tuvo lugar un año antes en Soria, véase leg. 1º, doc. 52, que registra el Retrato en pág. 211, año de 1412, si bien el anónimo copista, de poco oficio, yerra en la transcripción tomando a Victoria por Soria, teniendo en cuenta que la fecha viene expresada en Era Hispánica o Gótica, 38 años más longeva, cuyo uso queda suprimido, precisamente, por decreto de Juan I en las Cortes de Segovia de 1383. Esta evidente contradicción entre los datos de la Crónica y los que dice poseer D. Francisco Pinel y Monroy (tampoco Zurita y otros historiadores dan noticia alguna de estas cortes), no es advertida por D. Salvador de Moxó en su trabajo de STUDIA ALBORNOTIANA, XI, Los Albornoz, pág. 56, dando por cierta la noticia, sin más, según entiende Pinel y Monroy. No entramos, por ahora, en este asunto.
Cítase también el Retrato gracias al hecho curioso de llamarse al Nuevo Mundo por el nombre de América la primera vez, según dice Fernández Duro en su "Nebulosa de Colón", año de 1890, al hablar del poema latino que abre la obra, debido presuntamente a la pluma de Alvar Gómez de Ciudad Real, y graciosamente dedicado a doña Beatriz de Bobadilla (véase "Biblioteca de escritores de la Provincia de Guadalajara y bibliografía de la misma hasta el siglo XIX", de Juan Catalina García, pág. 166), poema, por cierto, que constituye hoy por hoy, aunque insuficiente, el más fuerte argumento sustentador del apoyo de la marquesa de Moya al proyecto de Colón, en el supuesto de ser auténtico, véase lo que opinamos en nuestros comentarios a Fernández Duro, cap. III. Por otra parte, aunque el poema en cuestión no fuera espurio, hay que aceptar con reservas la erudita opinión del ilustre marino de Zamora. Aparece el nombre de América en 1507 en la "Cosmographiae et Introductio", de Martin Waldessemüller, que incluye las "Quatuor Americi Vespucci Navigationes", en la que, arbitrariamente, se llama América al nuevo continente. Luego Mercator, en 1538, redundando en el error, sella el fraude de modo inexplicable. Véase la importante "Ciento noventa mapas antiguos del mundo de los siglos I al XVIII que forman parte del proceso cartográfico universal", Madrid, 1970, de Carlos Sanz, págs. 73/80, ilustraciones nº 52 a 55, y pág. 127, ilustración nº 119, respectivamente. No es intención de Waldessemüler faltar completamente a la verdad, ya que en la parte correspondiente al hemisferio austral, llamada América, predomina la leyenda Tota ista Provincia inventa est per Mandatum Regis Castelle, y en otro lugar se especifica que es descubierta por Colón. Es Pedro Mártir de Anglería quien bautiza con Orbis Novus, en sus Décadas de 1516. Alvar Gómez de Ciudad Real (1488-1538), florece avanzado el siglo XVI. Hijo de Pero Gómez, Señor de Pioz, y nieto del conocido secretario y contador de Enrique IV, fue gentilhombre de los Reyes Católicos y conocido por su “Musa Paulina”, la “Thalichristia”, y la versificación latina de Los Proverbios y los Siete Salmos Penitenciales, entre otras, véase Simón Díaz, tomo X, pág. 702, y Nicolás Antonio, BHN, Tomus Primus, pág. 59. Habíale llamado Nebrija el Virgilio Cristiano, y debió sin duda conocer personalmente a la marquesa de Moya: tiene 23 años cuando mueren los Cabrera y permanece en la corte, a juzgar por su viaje siguiendo a Carlos V a los Paises Bajos en 1520/22, véase M. Bataillon, E y E, pág. 607. De su presencia activa en la coronación de 1530, en Bolonia, formando parte del séquito de los duques del Infantado, y de la protección que dispensa el cardenal Mendoza a los miembros de su familia, nos informa F. Layna Serrano, "Los conventos antiguos de Guadalajara", Madrid, 1943, Convento de la Concepción.
Está por hacerse una edición del Retrato en las debidas condiciones. La de 1992 no pasa de ser una reimpresión facsímil, y de muy escasa tirada, 365 ejemplares, lo que unido a la cortedad de la primera edición, 300 ejemplares, hace de este libro un raro ejemplar de bibliófilo. No es obra de difícil acceso, sin embargo, ya que tenemos un ejemplar princeps en la Bibl. General de la Universidad Central de Barcelona, tres en la Bibl. Nacional (Madrid), otro en la Bibl. Central de la Universidad de Deusto, Bibl. del Palacio Real de Madrid, Bibl. de la Real Academia de la Historia, Bibl. de la Real Academia Española, Bibl. General de la Universidad de Sevilla, y cinco ejemplares en la Bibl. General de la Universidad de Salamanca, que nosotros sepamos, en cuanto a las bibliotecas españolas, ya que hay otro ejemplar en la Bibliothèque Nationale de Paris, y no podían faltar a la cita las grandes bibliotecas americanas, con un Retrato en la Library of Congress (Washington), otro en la New York State Library (Albany), en la University of Michigan (Ann Arbor), en la Hispanic Society of America (New York), y en la University of British Columbia (Vancouver, Canada), sin olvidar el que posee la familia Andrés, que ha servido para la reimpresión de 1992.
Demuestra el autor no pequeña formación humanística, además de ser escritor de cierto lustre. Hace uso de amplio repertorio bibliográfico, en el que no faltan los clásicos al uso de eruditos, como Aristóteles, Hesíodo, Floro, Homero, Isócrates, Juvenal, Macrobio, Linneo, Pausanias, Píndaro, Platón, Plauto, Plutarco, Silio Itálico, Suetonio, Virgilio, San Pablo y otras citas bíblicas, etc., y otros menos antiguos pero igualmente cultos, como Alfonso el Sabio, Alciato, Leonardo Mario, Malleolo, Marinonio, etc. En cuanto a la historia en cuestión, parece haber consultado todo lo escrito hasta la fecha. Conoce, aparte de los ya indicados al hablar de fuentes genealógicas, a Pedro de Alcocer, Anglería, Nicolás Antonio, Cabrera de Córdoba, Alonso de Cartagena, Hernando del Castillo, Diego de Colmenares, Chacón, Escolano, Enríquez del Castillo, Galíndez de Carvajal, González Dávila, Herrera y Tordesillas, Illescas, Mariana, Marineo Sículo, J. Moret, Nebrija, Palencia, Pulgar, P. Antonio de Tarsia, Ibáñez de Segovia, Zurita, Abreu de Melo, Barbosa, Martín Carrillo, Corio, Fray G. de la Cruz, Alonso Flores, Lanuza, Mártir Rizo, Barrantes, Salazar de Mendoza, Zazera y otros de menor importancia. Utiliza incluso los falsos cronicones de Román de la Higuera, y un Licenciado Rioja, autor de un manuscrito sobre “La Fundación de Cuenca y Lugares de su Obispado”, que según el autor, pág. 207, se hallaba a la sazón en la biblioteca de El Escorial, del que se hace eco el P. Bermejo en su Historia de Texeda, pág. 90, y no hemos podido encontrar aunque, de modo inesperado y sorprendente, hemos llegado a saber que el tal no es otro que el licenciado Pedro Gutiérrez de los Rios, Inquisidor de Cuenca entre 1514 y 1519 que, según Mateo López, vol. I, pág. 199, es testigo del hallazgo de los restos de San Julián en 1518. Hay referencia inequívoca de esta primicia en el pergamino 36 de la Real Chancillería de Granada, fº 24v, segundo párrafo y nota al margen de un texto manuscrito que con el título "Fundación de Moya y su antigüedad", dedica "A mi Señora Doña Luysa Bernarda de Cabrera y Bobadilla" el alcaide de la fortaleza, corregidor, doctor en derecho civil y canónico, Baltasar Caballón de la Carrera el año de 1625, cuyo conocimiento debemos, una vez más, al celo y generosidad de Sara T. Nalle. Queda así zanjada la cuestión de la autoría del legendario manuscrito, que dice Caballón haber leido "...en poder de Joan López de Velasco, secretario de su Magestad...", refiriéndose, por supuesto, al ilustre Cosmógrafo y Cronista del Consejo de Indias, sucesor en el cargo de Alonso de Santa Cruz, que a la muerte de Juan de Ovando se ocupa también de los trabajos que conducen a las “Relaciones de los pueblos de España”, que ya conocemos, en su mayoría referidas a pueblos de Castilla la Nueva, cuyos originales se guardan en el Monasterio de El Escorial. Es en este contexto que debió llegar a sus manos el citado manuscrito, en el que Rios atribuye la fundación de Moya a una Ya, hija de Atlante, XII rey de España contado a partir de Tubal, y que por asociación de Mons y Ya da nombre a la villa, a la que otorga una antigüedad de 4403 años, entre otras cosas, lo que convierte a Moya en la ciudad más antigua de la historia. Para este interesante asunto de la toponimia, remitimos a la obra de D. Trifón Muñoz y Soliva, donde por ejemplo se atribuye a Carboneras la curiosa procedencia Carbón-eras (sic), a raíz de una su destrucción por el fuego, Historia de Cuenca, tomo I, pág. 418, que Peinado Palacín traslada tal cual a su humilde trabajo, aunque nos hurta la procedencia del dato, haciéndose reponsable, en cierta medida, de semejante desatino. Nos atrevemos a decir que fue el citado manuscrito de Caballón el último acto de servicio del alcaide, que fallece muy poco después, según reza el manuscrito/inventario de D. Gerardo González García, libro 126, Defunciones de la Parroquia de San Miguel de Moya, año 1625, lo que por otra parte pone de manifiesto, creemos nosotros, el solemne y crepuscular tono argumental del escrito: "Por la prissa del mensagero sere breve suplicando a Vuestra Señoria honrre este discurso con honrrarle y leerle para entretener la soledad de Alarcon como yo lo hago para entretener la de mi vegez y enfermedad entretanto que dedico a Vuestra Señoria...".
Hace Pinel mención de algunos documentos contenidos en el archivo de la Villa, que podemos constatar seguían allí en 1786, fecha aproximada de redacción de la Colección Abella, véase, y en general podemos decir que poco más que él sabemos ahora de Moya. Referencia de la obra de Pinel tenemos en el Ensayo de Bartolomé J. Gallardo, tomo III. No nos resistimos a nombrar su afición a la poesía de altos vuelos: "Lágrimas de Escipión el Africano en las ruinas de Numancia", "Resolución animosa de amante desesperada", o "Soneto a las ruinas de Numancia, procurando desengañar a una dama y templar su rigor", etc., de claras resonancias barrocas, con versos de este tenor:
Estas piedras que miras esparcidas,
Fueron un tiempo muro; aqueste llano
Que contemplas desierto, a culto vano
Fábricas nobles ostentó erigidas [..]
Cesáreo Fernández Duro, en su "Colección bibliográfico-biográfica de noticias referentes a la provincia de Zamora, o materiales para su historia", Madrid, 1891, dice de él que fue "Regidor perpetuo de la ciudad de Toro; poeta, figuró con lucimiento en varias academias celebradas en Madrid al final del reinado de Felipe IV y principios de Carlos II hasta 1675". Demuestra, en efecto, su dominio del verso, ganando el primer premio de un certamen poético celebrado en 1663, con motivo del primer centenario de la fundación de El Escorial, en competencia con otras plumas de valía, como Saavedra Fajardo y Vélez de Guevara, que obtiene Premio Supernumerario. Obligado parece el traslado de este bello soneto, que se puede leer en la pág. 47 de la "Octava sagradamente culta, celebrada de Orden del Rey Nuestro Señor, en la Octava Maravilla. Festiva aclamación: Pompa Sacra, Célebre, Religiosa. Centenario del único milagro del mundo San Lorenzo El Real del Escurial...", Madrid, 1664, por Fr. Luys de Santa María, presidente del tribunal.
No el rebelde peñasco en su dureza
La religiosa maquina assegura,
Ni al desvelo de docta Architectura
Le debe eternidades su grandeza:
Sino el zelo real, cuya fineza
En los incendios de piedad se apura,
Y la estable constancia con que dura
Le sirve al edificio de firmeza.
Por él también la Augusta Monarquía,
Apoyada en sus místicos cimientos,
Aspira a duraciones inmortales:
Mal podrá de los siglos la porfía
Alterar unos, y otros fundamentos;
Pues no estriban en causas materiales.
La circunstancia de su cargo municipal induce a suponer la pertenencia de Francisco Pinel y Monroy a una de las más ilustres familias de Toro, ya que era exigencia del oficio de regidor perpetuo ostentar apellido de hijodalgo. Es la familia Monroy, en efecto, una de las más destacadas de la ciudad, véase "Apuntes sobre la nobleza de la ciudad de Toro", por Enrique Fernández-Prieto, en HIDALGUIA, 1965, no. 69, págs. 163/192; pero hay pocas esperanzas de encontrar rastro alguno de su actividad en el concejo, toda vez que el archivo de Toro es pasto de las llamas en 1761. Aún así, hemos de agradecer a D. José Navarro Talegón, experto conocedor de los asuntos de Toro, el rastreo efectuado a petición nuestra, infructuosamente. Por otra parte, el mismo Fernández Duro, en su conocida Historia de Zamora en cuatro volúmenes, nos trae la inesperada noticia del cese de Francisco Tomás Pinel y Monroy, Caballero de Santiago y Maestre de Campo, en el cargo de Gobernador Político-Militar de Zamora el 18/11/1699, sin más. ¿Se trata de nuestro cronista?. Hermosos poemas de Pinel tenemos en B/N Mss. 3970, 4049, 4111, y sobre todo el 2100, fº 211v y ss. Es también autor de panegíricos, como un "Soneto a la muerte del Rey Felipe IV", y un "Epitalamio escrito en las bodas de los Excelentissimos Señores Don Juan Manuel Fernández Pacheco, y Doña Iosepha Benavides Silva y Manrique, Marqueses de Villena, etc", que, junto con el Retrato, nos pone de manifiesto, quizá, una relación de mecenazgo con la casa Villena. No en balde el libro está escrito en honor de un joven Juan Manuel Fernández Pacheco, en el que "...Concurren ...todas las prendas, y virtudes, que son poderosas a influir amor, y respeto", y otras lindezas propias de este tipo de literatura que hay que aceptar en su justo término, y otorgan al libro el inconfundible carácter de trabajo por encargo, circunstancia que explica plenamente la enorme disponibilidad documental de que hace gala. Por éste y otros motivos, es Pinel incluido en la Lista de autores elegidos por la Real Academia Española, para el uso de voces y modos de hablar, en el glorioso Diccionario de Autoridades, 1732. Por otra parte, sabemos por Nicolás Antonio, BHN, Tomus primus, pág. 459, que era "...ayo y preceptor del Excelentísimo Don Domingo de Guzmán, primogénito del duque de Medinasidonia, docto y elocuente, conocedor de historias y antigüedades, y poeta inspirado..", buena opinión compartida por don Diego J. Dormer en su erudita "Progresos de la historia del Reino de Aragón", 1680, pág. 354, que incluye una carta introductoria de nuestro cronista, entre otras de ilustre pluma. Véase también B/N Mss 8385, fº 279, carta de Francisco Pinel y Monroy a Diego J. Dormer agradeciendo la deferencia.
Fue de todos modos don Juan Manuel (1650-1725) un brillante ejemplo en varias actividades propias de la nobleza ilustrada, como la política (Virrey de Nápoles), las ciencias y las letras, además de la milicia, aunque en esta última no cosechó grandes éxitos sino todo lo contrario, siendo vencido en la batalla del Ter por los franceses, que le llamaron L'Escolier por su afición a las letras y su falta de pericia en el arte militar, véase Fernández de Bethencourt, “Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española”, tomo II, págs. 263 a 274. Otras referencias de él tendremos cuando hablemos de su biblioteca, a propósito del artículo de Gregorio de Andrés en la revista HISPANIA.
Esta relación de mecenazgo explica bastante bien el tratamiento que da Pinel a la figura de don Andrés Cabrera, personaje central del libro y el más influyente y encumbrado de la historia de Moya, quien a pesar de ello no pierde en absoluto un ápice de su magnitud de hombre de estado. Muñoz y Soliva le llamará Iris de la Paz de España. Pieza clave en aquellos días cruciales para la historia de Castilla, y de España, demuestra no sólo su hombría de bien, sino finísimo olfato de converso que, rodeado de enemigos, se abre camino en la selva nobiliaria, inextricable para personas con escaso instinto de supervivencia. Recién llegado a la corte, Enríquez del Castillo, capellán de Enrique IV, dirá de él "...el qual aunque de poca edad en los días, era viejo en el seso e reposo: de quien el Rey se confiaba, e le daba parte de sus secretos...", su Crónica, cap. XXXIX. Tenemos indicios suficientes de su talento cortesano en un espléndido documento cuya copia se conserva en el Archivo de Alcalá (al menos allí estaba en 1873), que Pinel reproduce, págs. 109 a 112: Solicitado por su rey en el momento crucial de la muerte del infante D. Alfonso, emite su voto favorable a la designación de Isabel como heredera del Reino con lujo de argumentos, razones de estado, y un magnífico estilo literario sólo al alcance de personas de inteligencia superior. Patrimonio común a estos campeones del medioevo crepuscular parecen sus dotes y afición al discurso político. No nos resistimos a sugerir al lector la consulta de las "Cartas privadas de Nicolás Maquiavelo", trad. y notas por Luis A. Arocena, EUDEBA, Buenos Aires, 1979, la mejor edición en castellano. Y del mismo modo que, según Arocena, pág. XL de su Estudio Preliminar, las bonae literae fueron para Maquiavelo parte constitutiva de su personalidad, es indicio inconfundible del carácter de Cabrera el texto citado, que denuncia sin duda un espíritu sumamente pragmático, capaz de discernir aspectos de la realidad que fácilmente pasan inadvertidos al común, y dotado de gran vocación de síntesis, lo que le permite exponer la situación, sus problemas y consecuencias, en toda su dimensión, de modo que huelgan las preguntas; y éstos son aspectos que, globalmente considerados, nos remiten al estilo de las mejores cartas políticas del magnífico florentino, de las que hay buen repertorio en la edición de Arocena. En cuanto a la de D. Andrés, puede también leerse gracias a la transcripción de Francisco García Fresca en la Revista de Archivos, 1873, págs. 122/126, reproducida por A. Paz y Meliá en el apéndice b, pág. 325 de sus "Ilustraciones a las Décadas de Alonso de Palencia", incluidas en "El cronista Alonso de Palencia". Por otra parte, y aclarando previamente que no hemos consultado el documento en cuestión en el archivo de Alcalá, parece evidente que es reproducción de unas páginas de “Retrato del buen Vasallo”, extremo que esperamos confirmar en breve y que ha escapado limpiamente a la consideración de Paz y Meliá, y García Fresca, al no comparar con el texto de Pinel y Monroy. No obstante, creemos que dicho voto existió y fue conocido por el cronista, aunque nos hurta su fuente de información. Sin apostar ciegamente por la honestidad del autor, un detallado análisis del texto que en otro momento podemos someter a consideración del lector, nos lleva a concluir que no puede haber sido inventado: si la historia de Pinel y Monroy poseyera las prendas literarias y finura que adornan el discurso del consejero, figuraría el Retrato entre las obras selectas de la literatura española, y no desdeñaría un puesto de preferencia entre los textos políticos, circunstancia que, a fin de cuentas, está muy lejos de producirse. Profundiza esta convicción el hecho de presentarse dicho voto de la mano de otro que emite Juan Fernández Galindo, alcaide del alcázar de Madrid, págs. 107/109, diferente por sus características y postura personal ante el problema de la sucesión, que como sabemos fue una de las cuestiones esenciales del reinado, si no el hecho crucial por sus importantes consecuencias. Y no es preciso recordar que éstas, las consecuencias, se ajustaron plenamente al punto de vista del mayordomo, alcaide, tesorero, amigo y consejero de Enrique IV, Andrés de Cabrera.
Es inevitable un cierto aire de "consorte", del que difícilmente se hubiera librado nadie que tuviera como esposa a doña Beatriz de Bobadilla, quien por otra parte recibe también extensos comentarios y clarísimo trato de favor. Mas, sea como fuere, no cabe duda de su enorme capacidad de protagonismo, según se desprende de algunos pasajes de la crónica de Pinel, como la negociación de Guisando, véase Pulgar, tomo I, cap. II; los sucesos de Segovia de 1472/73; la reconciliación de los hermanos Isabel y Enrique, y el golpe de estado que supuso la entronización de Isabel apenas unas horas después de la muerte del rey su hermano, acto solemnísimo del que tenemos cumplida referencia gracias al escribano Pedro García de la Torre, testigo de excepción, y cuya magnífica narración, desconocida por Pinel y más propia del final de un cuento de hadas que del instrumento de un notario, fue desempolvada y transcrita por Mariano Grau, "Polvo de Archivos", pág. 13 y ss, "Así fue coronada Isabel la Católica", donde transcribe: "E luego los dichos corregidor e alcaldes e alguazil e oficiales e omes buenos en señal de reconoscimiento de señorio entregaron las uaras de la justicia que en sus manos tenian a la dicha señora reyna e su alteza las tomo e las entrego al leal andres de cabrera mayordomo del dicho señor rey don enrrique e de su consejo e justicia mayor de la dicha cibdad de segouia que ay estaua presente para que las tenga o de a quien las tenga e use por su alteza el cual dicho mayordomo las rescibio de mano de la dicha señora reyna e las entrego a los dichos corregidor e alcaldes e alguazil que presentes estauan que primero las tenia para que las tengan en su lugar e por la dicha señora reyna/ E luego yncontinente el dicho andres de cabrera alcayde e tenedor de los alcazares e fortaleza ...".
Por otra parte, detectamos la presencia del Cabrera en varios actos de trascendencia histórica, como las "Capitulaciones asentadas entre los Reyes Católicos y el alcaide Abulcacim el Muleh, en nombre de Boabdil...", (30/12/1492), a la caída de Granada; o el privilegio rodado, confirmando las capitulaciones especiales, (3/12/1492), que conducen al protocolo final de rendición, que comenta Pinel, pág. 289; o el tratado de paz entre Luis XII de Francia y los Reyes Católicos, (5/8/1498); o lo vemos en el entorno más próximo de los reyes, si leemos las "Instrucciones dadas por su Majestad el Rey a sus fieles y queridos criados James Brooke, Francisco Marsin y Juan Stile, enseñandoles como se han de gobernar cuando llegaran al reino de España y a la presencia de su primo, el Rey de Aragón", año de 1505, B/N Ms. 2811, presencia cortesana que constata Rábade Obradó para toda la familia, su Tesis, pág. 812 y nota 223, según Libros de Cédulas de Cámara, A.G.S. Véase “Documentos Inéditos para la Historia de España”, Madrid, 1952, tomos VII y VIII. Y en fin, por abreviar, las especiales recomendaciones de protección a los Marqueses de Moya y a todos sus descendientes que la reina Isabel dicta para su testamento y codicilio, atenuando en su caso la general revocación de mercedes que por necesidad, e importunamente, había concedido, y disponiendo "sea fecha enmienda y equivalencia de la dicha villa de Moya a los dichos Marqués e Marquesa, en otra villa e tierra, e lugares, e vasallos, e rentas...", y que "dejen libre para la Corona la dicha Villa de Moya con su fortaleza, e tierras e términos, e jurisdicción, e señoríos, e rentas, e vasallos...". Véase por ejemplo F. Gómez de Mercado y de Miguel, "Isabel I. Reina de España y madre de América", S/l, 1943, págs. 179/180, obra llena de interés, o bien G. de Zurita, sus "Cinco libros postreros de la Historia del Rey Don Hernando", 1670, tomo V, libro V, fº 349v.
Quedan ocultos en el Retrato algunos aspectos esenciales de su personalidad que el autor calla, o desconoce. Silencia una y otra vez Pinel el rumor generalizado del origen converso de Cabrera, a pesar de conocer muy bien diferentes hechos de su vida que cuando menos inducen a sospecharlo, aunque demuestra excesivo y sospechoso interés por justificar el cambio, o evolución del apellido de los antepasados de D. Andrés, pág. 13, y sobre todo págs. 237 y 238, en que echa mano de la Rethorica de Aristóteles, "..la nobleza se deriva de los varones, y de las hembras.."; o enfatiza la ortodoxia religiosa de su formación primera cuando afirma que sus padres "...trataron de instruirle en el temor de Dios, y en la enseñança Catolica, que corresponde a las Auroras de la vida, para que bebiendo en el primer aliento los preceptos mas importantes, se hiziesse naturaleza la doctrina", pág. 35. Es difícil aceptar, por otra parte, que el poeta y humanista Pinel y Monroy desconociera las famosas Coplas del Provincial, sátira procaz y bodevilesca cuya primera entrega data de la segunda mitad del siglo XV, corregida y aumentada por mil plumas en el XVI, anónima y no publicada hasta el XIX, véase transcripción de ambas versiones a cargo de Foulché-Delbosch en la REVUE HISPANIQUE, V (1898) y VI (1899). En esta última, pág. 429, tenemos las coplas 13 y 14 que, dedicadas Al primer Marqués de Moia, dicen:
A ti padre frai Andr[es]
que te llamas de Cabre[ra]
por quien dijo el de la...
ojos de cabra tenés.
Tu padre bien se quien [es]
Pero Lopez de Madr[id]
en Cuenca rabi daui[d]
arrendador malar...
Trasladamos aquí, no la versión de Foulché-Delbosch, muy defectuosa, sino la que hace D. Salvador de Madariaga en su "Vida del muy magnífico señor Don Cristobal Colón", Buenos Aires, 1947, pág. 233, comentando la ascendencia de Cabrera. Otras dos estrofas (8 y 9) dedica El Provincial al conde de Chinchón. Aún así, no oculta Pinel la cesión de la casa segoviana de los Cabrera para asiento del primer tribunal inquisidor y cárcel del Santo Oficio, lo que bien puede interpretarse como rasgo de higiene en quien anima el saludable propósito de lavar su apellido, véase Mendoza y Bobadilla, y nuestras notas al Tizón. Merece la pena comentar, siquiera someramente, la cuestión de las casas del Santo Oficio. Según Pinel, "Diego de Colmenares dize, que el Tribunal se puso en las casas de Francisco de Cáceres, y pone a la letra una librança del Consejo, en que manda se le paguen los alquileres desde que las tomaron hasta fin de setiembre de 1494. Pudo ser que se tomassen ambas por no ser cada una por si bastante; y esto se haze verisimil por auerse conseruado hasta pocos años ha un passadizo de una a otras por encima de la puerta de S. Juan...", pág. 283. Se refiere sin duda a la Historia de Segovia, cap. XXXIV-XVII, y añade Pinel haber visto en el archivo del Conde de Chinchón una cédula de la reina, Medina, septiembre de 1497, según la cual se hace merced a los Marqueses de Moya de una casa cerca de la puerta de San Juan, "en enmienda, y satisfacción del daño que sus casas principales recibieron el tiempo que posaron en ellas los inquisidores". Si el Tribunal estuvo en casa de los Cáceres, que eran por cierto de la facción de los Cabrera, hasta 1494, parece lógico pensar que, si no lo estaba ya antes, debió mudarse a la casa de los marqueses, contigua, desde esta fecha hasta 1497. Esta es también la opinión de Fidel Fita en "La Inquisición de Torquemada. Secretos íntimos", B.R.A.H., nº 23, 1893, págs. 411 y 412, de donde se desprende, independientemente de los pequeños detalles, la colaboración de los marqueses de Moya con Fray Tomás de Torquemada. No debemos pasar por alto, sin embargo, algunos datos muy significativos de su vida, como la probada amistad que les une a Abraham Senior, insigne judío de Segovia, véase Palencia, Crónica, Década II, libro VIII, cap. X, y Yitzhak Baer, "Historia de los judios en la España cristiana", Madrid, 1981, vol. II, pág. 559: en 1475, Abraham recibe de la reina Isabel una renta perpetua de 150.000 Mrs. como premio a la ayuda prestada en su coronación, pero como un judío no podía percibir tales rentas del estado, se inscribe en los libros a nombre de Beatriz de Bobadilla, hasta 1480. Además, había contribuido Abraham decisivamente a la reconciliación de Segovia el año de 1473. En 1492, la reina, doblemente agradecida, le concede el apellido y linaje Coronel no sin antes certificar su conversión, y un año después la hidalguía, véase Teófilo Hernando, "Luis y Antonio Núñez Coronel", en ESTUDIOS SEGOVIANOS, XXI, págs. 385/422, y el llamado "Cronicón de Valladolid", ed. de P. Sainz de Baranda, Madrid, 1848, pág. 195. Por otra parte, no debe pasarse por alto que los Cabrera fueron favorecidos con bienes procedentes de confiscaciones inquisitoriales, tanto en Segovia como en Cuenca, véase Rábade, Los judeoconversos, pág. 899. Sobre el importante papel de los conversos en la corte de los Reyes Catòlicos, véase por ejemplo la abundante obra de Fidel Fita, o bien F. Márquez Villanueva, de quien recomendamos, entre otros trabajos, "Investigaciones sobre Juan Alvarez Gato", Anejo IV del B.R.A.E., 1960, donde también se contempla la figura de Cabrera aunque basándose solamente en A. de Palencia, Enriquez del Castillo y Pinel y Monroy, que ya conocemos, y sobre todo véase la tesis de Rábade Obradó. Conviene leer también "Los judaizantes castellanos y la Inquisición en tiempos de Isabel la Católica", de N. López Martínez, Burgos, 1954. Pero para nosotros es mucho más interesante y prometedor el seguimiento de las relaciones de Cabrera con los conversos de Cuenca, y en especial con la familia Valdés, asunto bien estudiado por Miguel Martínez Millán en "Los hermanos conquenses Alfonso y Juan de Valdés", Premio "Ciudad de Cuenca" de Investigación Histórica 1975, Cuenca, 1976, y la interesantísima serie de artículos que publica en el Diario de Cuenca, ininterrumpidamente, desde el día 4 al 17 de Agosto de 1972, pág. 3, evidenciando la estrechísima amistad del padre, Fernando de Valdés, con Andrés de Cabrera. Un silencio sobrecogedor y cómplice parece reclamar, una vez más, la incursión del investigador en este ambiente cargado de secretas lealtades, vínculos no confesados y, sobre todo ello, la imperdonable ausencia de Alfonso y Juan, y su temprana muerte en brazos del exilio. Nada podrá ya justificar a esta España nuestra el haber perseguido a tantos de sus mejores hijos. En un rasgo que le caracteriza, Martínez Millán aduce extrañas razones de estado para entender el silencio documental en torno a los hermanos Valdés al referirse a ciertos hechos "...que borraron del conocimiento de sus compatriotas, los habitantes de Cuenca, todo recuerdo de los considerados como de fama afrentosa, por exigirlo así aquellos tiempos de lucha y poderío español", pág. 6. Alude a la pérdida, quizá destrucción, de los papeles Valdés, con el mismo espíritu que, un siglo antes, inspira a Menéndez y Pelayo su conocida sentencia sobre Cuenca, a propósito de la semblanza del Dr. Constantino, heterodoxo: “Tierra fecunda de herejes, iluminados, fanáticos y extravagantes personajes de todo género, a la vez que de santos y sabios varones, fue siempre el obispado de Cuenca... también oscurecen su historia, a manera de sombras, Gonzalo de Cuenca, en el siglo XIII; los dos Valdés, Juan y Alonso Díaz, Eugenio Torralba y el Dr. Constantino, en el XVI; la beata Isabel, en el XVIII. Hay, a no dudarlo, algo de levantisco, innovador y resuelto en el genio y condición de aquella enérgica raza”. Evidencia sangrante del uso y abuso de la ortodoxia religiosa con fines fundamentalmente políticos, en "Fundamentos del régimen unitario de los Reyes Católicos", por L. Suárez Fernández, nº 238-240 de Cuadernos Hispanoamericanos, 1958, págs. 176/196. Para un conocimiento muy completo de los asuntos de Inquisición, Henry C. Lea, "Historia de la Inquisición Española", 3 vols., Madrid, FUE, 1983; y quizá, la base de estudio general más importante, "Biblioteca Bibliographica Historiae Sanctae Inquisitionis", de Emil van der Vekene, Vaduz, 1982, 2 vols. con 4.808 títulos.
Tampoco explica totalmente el pertinaz empeño del matrimonio en mantener la posesión de la alcaidía de Segovia aun en momentos en que, muerta la reina e impuesto un nuevo orden en Castilla, todavía era políticamente útil. En 1507, quizá espada en mano, retoma personalmente doña Beatriz el Alcázar de Segovia a la muerte del rey extranjero y ante la mirada benevolente de Fernando el Católico, sustituyendo al frente de las tropas a su marido, valetudinario, según Pedro Mártir de Anglería (epístola 343, al Conde de Tendilla), y Pinel, págs. 314 a 322. No debe saber el cronista que Segovia y sus sexmos reportan a los Cabrera una renta anual de más de un millón de maravedíes sin contar las rentas no cuantificadas, que representa el grueso de su patrimonio, Pilar Molina Gutiérrez, “Formación del patrimonio”, pág. 299, y Rábade Obradó de forma más documentada, ver Niveles de renta, cap. VI, págs. 893/901. Entre las rentas no cuantificadas está sin duda la que produce el cargo de tesorero de la ceca, invariablemente asociado al de alcaide del alcázar por estar la casa de moneda situada junto a la puerta de San Juan, cuya guarda le corresponde, "Segovia numismática", Segovia, 1928, de Casto Mª del Rivero, págs. 21/22, y A.G.S., Contadurías Generales, leg. 285, nombramiento de D. Hernando de Chinchón para el puesto de Thesorero de la Casa de Moneda, y sobre todo Pinel, págs. 231, 232 y 325. Este puesto reportará al alcaide no sólo significativos privilegios, sino pingües beneficios por comisiones de acuñación, ver "Privilegio Real dado a los monederos de la casa de Segovia", de LLuis y Navas Brusi, en ESTUDIOS SEGOVIANOS, 1971, págs. 140/151, o la “Nueva Recopilación de Leyes”, Libro V, Titulo XXI, y Val Valdivieso, “Un motivo de descontento popular”, donde se habla también de la importancia de las cecas en aquellos difíciles momentos para la hacienda de Castilla, de su proliferación, y de la inflacción galopante, y Carlos de Lécea y García, "Estudio histórico acerca de la fabricación de moneda en Segovia", Segovia, 1892, pág. 28. En este sentido podemos interpretar las presiones del marqués de Villena para conseguir arrebatar a Cabrera la guarda de las puertas de la Ciudad de Segovia, Pinel, pág. 147, justo en un momento en que las necesidades monetarias de Enrique son acuciantes, ver también Enríquez del Castillo, cap. CLXIII, a lo que se oponen tajantemente los Cabrera. Véase al respecto un análisis general de este asunto en nuestro comentario a Pilar Molina Gutiérrez. Ejercen además de modo implacable su señorío sobre Segovia, (Mª Asenjo González, “Segovia. La ciudad...”), lo que explica bien a las claras la animadversión que despiertan, a la par de su voraz intransigencia. Juan de Mariana cuenta muy bien el retorno de los Cabrera a Segovia, aunque otorga a los dos igual protagonismo, ver libro XXIX, caps. II, V y VI, tomo II. También Diego de Colmenares, cap. XXXVI, con datos del mayor interés. Arrebatan el alcázar a D. Juan Manuel, privado de Felipe el Hermoso, culto y erasmista, que luego sería canciller del emperador, véase Bataillon, E y E, págs. 267/269, aunque no se encontraba en Segovia, ya que había delegado en Diego de Peralta, que es desalojado de la fortaleza, y su hijo Sebastián perseguido y reducido en la iglesia de San Román. Pero el más detallado relato de los sucesos de Segovia de 1506/7 es el testamento del mismo Sebastián de Peralta, caudillo de la resistencia y a la sazón el más encarnizado enemigo de los marqueses de Moya que, aunque sesgado por el odio, nos acerca a la familia Cabrera a punto de percibir el aliento ya cansado del matrimonio, enfilando la recta final de su vida. Véase "El Licenciado Sebastián de Peralta", Segovia, 1893, magnífico trabajo de D. Carlos de Lécea y García, cronista. Aparte otros aspectos no menos importantes, manifiesta Peralta una pasión invencible hacia los marqueses de Moya compartida por un puñado de segovianos entre los que naturalmente no faltan los Arias Dávila y otras destacadas familias de la ciudad, además del clero parroquial (el cabildo estará a favor del regreso de los Cabrera): "Todos ellos nos juramentamos de los resistir y defender, é no consentir que los Marqueses tomasen el Alcazar é la ciudad é puertas, é hicimos una escritura de capitulación de ello, firmada de todos nuestros nombres". Curiosamente, los conversos van a comenzar militando en contra de la familia, aunque cambian su postura a medida que los acontecimientos devienen más favorables al viejo señor de Segovia. Pudo estar motivada la toma de partido inicial del colectivo converso por el temor y la decepción surgidos a causa de la extraña familiaridad con que los Cabrera prestan su propia casa a los secuaces de Torquemada a finales del siglo pasado, olvidando aparentemente otros momentos muy comprometidos en los que Cabrera pudo contar con su ayuda, véase relación de las revueltas de Segovia en diversas fuentes. Según Peralta, los conversos acabarán dando su apoyo a los Cabrera cuando "...les prometieron los de Moya quitar la Inquisición, quemar los libros y echar los Inquisidores", que ya por esos días estaban en las Casas de la Reina, viejo palacio segoviano construido por el rey Enrique hacia 1460, págs. 47/48 de Lécea. Nosotros creemos a Peralta. No es inverosímil todo tipo de promesas hechas al calor de un interregno preñado de escaramuzas, enfrentamientos y tomas de posición precipitadas, bajo la amenaza de un incierto futuro. En efecto, queda Segovia abandonada a su suerte por el Consejo de Regencia, claramente dominado por el duque de Alburquerque y otros amigos de Cabrera, en consonancia, quizá, con la voluntad de Cisneros y del rey Fernando, que se apresta a regresar de Nápoles. Por su parte, y escuchamos de nuevo a Peralta, Hernando de Cabrera y Bobadilla, el futuro conde de Chinchón y jefe efectivo de la represión, esgrime unas supuestas cartas de apoyo del regente enviadas desde Nápoles, pág. 67. Con estos datos, no resulta descabellado acariciar una hipótesis según la cual Fernando aplaza friamente la fecha de su regreso al poder hasta el momento propicio, que coincide con la eliminación de los elementos sustentadores del aparato felipista, el más emblemático y molesto de los cuales no es ni más ni menos que D. Juan Manuel, a quien el Consejo, reunido en Burgos, sencillamente abandona a su suerte interpretando la voluntad del rey. Una vez más, Cabrera, el buen vasallo, pone un reino a sus pies. Destaca en el documento de Peralta, que Lécea transcribe parcialmente, el indudable protagonismo de Hernando, Juan y Diego, los hijos, que llevan el peso de la lucha a las órdenes del primero, más aguerrido y a la postre heredero de los cargos de su padre en Segovia, mientras los marqueses parecen adoptar noble distancia de los hechos, llegando, en un rasgo que les caracteriza, a salvar a Peralta de las acometidas de sus propios esbirros, curando sus heridas en su propia casa y en el lecho de Juan, futuro marqués de Moya, para luego imponer las condiciones de rendición, aunque es Beatriz quien previamente ha enviado una fuerza de cuatrocientos peones y sesenta caballos con el propósito de acometer al licenciado, que salva su vida gracias a un golpe de suerte. Es en lineas generales un apasionante relato lleno de detalles del mayor interés. Constituye, por ejemplo, el más furibundo e intolerante manifiesto viejocastellano que pueda imaginarse, circunstancia que explica, entre otras, la postura intransigente de Peralta hacia el dominio de la familia Cabrera: "...diré por grande esperiencia que dello tengo que los conversos e de linage de judios, por poco que tengan son engañadores, no fieles, ni verdaderos amigos; tienen uno en el corazón, dicen otro por la boca... son mañosos, astutos, sagaces...", o prohibe a sus herederos juntarse en forma alguna con “tan mala casta e generación” so pena de exclusión, y otras lindezas más atrevidas. Hemos encontrado el libro de Lécea incluido en un volumen de Escritos Varios del cronista en el que hay también otro sobre el alcázar, y el ya conocido sobre la moneda segoviana, véase Molina Gutiérrez. Pero conózcase también la narración de los sucesos de Segovia de 1506/7 en la citada “Historia del Rey Don Hernando”, de G. de Zurita, tomo VI, libro VII, cap. LV, donde se otorga a la marquesa todo el protagonismo en la toma del alcázar, que se describe con bastante precisión, no sin antes situar al lector en el contexto político inmediato.
Pasa también por alto Pinel y Monroy el desgraciado accidente de Alcalá, ver Enríquez del Castillo, cap. CXLIX, del que "siempre le quedaron algunas reliquias de pasión, e turbamiento de cabeza a tiempos", lo que unido a su larga enfermedad, “Crónica incompleta”, título VIII, y evidencia documental en una carta de 1463, A.G.S., Estado, Castilla, Leg. 1-2º, fol 1, ver Suárez Fernández y Rodríguez Valencia, “Matrimonio y derecho sucesorio”, págs. 89-90, nota 5, y Ladero Quesada, "1462", pág. 263, puede explicar sobradamente el creciente protagonismo de Beatriz y hasta la especie de sus relaciones escondidas con el Cardenal Mendoza y el Conde de Benavente, que Alonso de Palencia deja caer con cierta saña, Enrique IV, Década III, libro XXVII, cap. III. A decir verdad, se vale Pinel de una treta infantil para ocultar la trascendencia real del suceso. El texto de Enríquez del Castillo no ofrece dudas: es D. Andrés el que resulta arrollado por los contrincantes en liza, pero J. de Quintana, Libro III, cap. XLVII, ff 363v y 364, lo interpreta torcidamente, y convierte en víctima a uno de los agresores, con lo que salva para la posteridad la integridad física y psíquica de D. Andrés. Luego, Pinel y Monroy narra el suceso, pero según la versión de Quintana, citando, eso sí, las dos fuentes, Libro I, cap. XIX, pág. 134, solo que la fuente de Quintana es, naturalmente, Enríquez del Castillo (quien no debía estar a la sazón muy alejado del lugar de los hechos debido a su cargo de confesor del rey), lo que representa citar dos veces la misma fuente para un mismo y único suceso. Sencillamente, Pinel echa una mentira piadosa, que nosotros descubrimos ahora, y le aceptamos con una sonrisa. Fernández de Oviedo, que le conocía personalmente, nos cuenta la verdad con crudeza, Batalla I, Quinquagena I, diálogo XXIII, "...e tropezó su caballo del marqués e cayó con él. Estando en tierra, como ivan de tropel, otro caballo, en que iva uno de los de la compañía, le puso la mano en la frente, de tal manera, que los ojos le salieron de sus vanos, e los tuvo colgados como habés dicho. Quiso Dios que fue curado tan bien, que mediante su misericordia se le tornaron sus ojos a sus asientos, e quedó muy sano e sin detrimento de su vista". Es también correctamente interpretado por la Condesa de Yebes, pág. 26, Rábade Obradó, págs. 573/574, y Llanos y Torriglia en La Reina Isabel, pág. 52. Véase también un llamado Libro de los linages de Hespaña, manuscrito de mediados del siglo XVI, Col. Salazar, 9/234, fº 386v, con evidencia del accidente y de sus consecuencias. Del silencio sobre la larga enfermedad de A. Cabrera es doblemente responsable Pinel y Monroy, al ser una de las pocas personas que sabemos tuvo acceso al manuscrito de la "Crónica incompleta de los Reyes Católicos", donde viene claramente reflejada. Es más, llega a decirnos Pinel que "mantuvo buena salud hasta los últimos años", pág. 331. Se hace también evidente en el primer testamento del Marqués, 15/3/1509, A.G.S., Contaduría de Mercedes, leg. 34, nº 28, que comenta Rábade Obradó, pág. 577, y nombra en pág. 576 una licencia para andar en mula, por sus "muchas enfermedades y pasiones", que se le concede en Octubre de 1502. No era ocioso este trámite. Procedía su necesidad de una disposición de la reina, año 1493, prohibiendo andar en mula si no hay caballo, con objeto de proveer a su abundancia, véase Clemencín, Elogio, pág. 284. Mas, bendito país, hecha la ley, hecha la trampa: en las Cortes de Valladolid de 1542, petición 2, se quejan los procuradores de que "los más y mejores de los caballos están en poder de letrados y médicos y hombres viejos que los capan y se sirven de ellos como mulas". En cuanto a los motivos de Quintana, nada podemos asegurar con certeza, debiendo limitarnos a llamar la atención sobre el excesivo tono encomiástico que usa al referirse a los Condes de Chinchón, rama descendiente, como se sabe, de los Cabrera, véase su “Historia de Madrid”, año 1629, ff 202v a 203v, a la sazón en vida del III Conde de Chinchón, Diego Fernández de Cabrera y Bobadilla, tesorero general de la Corona y en el apogeo de su poder. Véase Col. Salazar, 9/345, fº 80, arbol de sucesión de Andrés de Cabrera, I Marqués de Moya, en los Condes de Chinchón, sin olvidar a D. Diego Roque López Pacheco, VII marqués de Moya, Grande de España y primo del rey.
Y en fin, que más allá de su imágen pública, nos surge de pronto otro personaje bajo la piel de don Andrés, lleno de ternura y cualidades humanas tan poco frecuentes en aquel siglo de turbulencias, traición y crueldad. He aquí el texto de una carta que envía el mayordomo fiel a su rey:
Fue vuestra yda ayer tan secreta para mi que hasta
que vi a Briones, no supe que erades ydo, a do os su
plico que os querais guardar, assi del trabajar mucho
como de los frios y del comer. Assi mismo si a esto os
days remedio, gran plazer he de veros yr a do olgastes.
Do en el estovieredes, hazednos tanta merced que me ha
gays saber como estays y qual os ha. Gran merced me hares
que quites de vos todo cuydado y pensamiento, hasta que
plega a Dios nuestro Señor que os sintays muy bueno y
rezio, y si en tanto, yo puedo descargaros de algo, em
biadmelo a mandar, que aunque no sea para nada, la so
brada gana que tengo a vuestro servicio me hara que os
sirva en toda voluntad. Estotro dya me dixistes que
queriades mandar a estos fisicos algunos dineros y
enbiasteselo a decir a ellos ... mandad que sea luego.
Esta señora, vuestra hermana, tiene su calentura toda
vya desde anteyer; dizen los fisicos que nunca se le
ha partido. Besaos las manos muchas vezes, mas que le
tras aqui escribi. Bobadilla y yo.
(Real Academia de la Historia. Col. Salazar, 9/9, fº 3. Transcripción tomada de T. de Azcona, "Isabel la Católica. Estudio crítico de su vida y su reinado", Madrid, 1964, pág. 198). No queremos pasar por alto una cláusula de su testamento : "...por ende conformándome con la voluntad de Dios nuestro Señor, mando a mis fijos, que por mi fallecimiento no traygan lutos tiempo alguno, ni se dexen crecer las barbas, so pena de mi bendición; e mis criados les mando, que hagan, e cumplan lo mismo", págs. 330/331. Se trata del testamento de 1509, que Rábade comenta, véase. Añadamos a esto que Bobadilla y yo están enterrados en el Convento de la Santa Cruz de Carboneras, bajo una lápida sin inscripción. Y decir que no hay duda de su importancia histórica, pues como mínimo hay que situar al matrimonio entre el grupo eximio de personas que, si nacidas y formadas en el ambiente medieval, empujan el carro del estado moderno y lo sitúan en línea de partida. Para bien, o para mal. 73. PONCE DE LEÓN, Pedro.- "Milagros y loores de la Emperatriz de los Cielos, Santa María de Texeda, con un tratado de oración y contemplación". Valencia, 1663. 522 págs., 4º.
Segunda de las historias clásicas de Texeda. La primera es la de su tío Juan Ponce de León, de la que da cuenta el doctor Caballón en su historia manuscrita de Moya del año 1625, fº 27v, que ya no conoce Bermejo en el siglo XVIII, quien escribe la tercera, que viene a resumir las tres. No exenta de interés, a pesar de su estilo farragoso, y ciertamente mejor estructurada que la de Bermejo, aunque menos rica en datos históricos. Narra los milagros noticiados hasta la fecha, ordenados por su naturaleza, lo que le permite largas y copiosas disquisiciones con abundante apoyo bibliográfico, y fuertemente imbuidas de embeleso mariológico. Por ejemplo, agrupa los milagros que salvan ahogados, y aprovecha para extenderse en consideraciones en torno al "poder" de María sobre las aguas. Su carácter serio y especulativo, parece conducirle a escribir el “Tratado de Oración y Contemplación”, que tuvo problemas con el Índice, Muñoz y Romero, “Diccionario Bibliográfico-Histórico”, pág. 124, Muñoz y Soliva, Obispos, pág. 229, y Bermejo, págs. 470 y 517, donde quedan claras las sospechas de molinosismo albergadas acerca de sus comentarios sobre la contemplación, modo personal y directo de acercamiento a Dios, sin intermediarios, que despierta no poca desconfianza en los censores. Se declara Pedro en este asunto seguidor sin ambajes de uno de sus maestros de espiritualidad en Toledo, Fray Bartolomé de la Vega, famoso por sus arrobamientos, constituyendo varios de los pasajes más hermosos del libro las escasas alusiones a su prócer, que encierran, quizá, un grado de comunión espiritual con matices para todos los gustos. Es Bartolomé de la Vega un interesantísimo personaje de quien también tenemos noticias en Altuna, su Chronica, libro III, págs. 429/435, aunque muy confusas, y en Francisco Manzano, "Centellas de amor de Dios, y su Madre...", Madrid, 1653, ff 256 a 269v, donde también se cuenta la vida de otro de los modelos vivos de Ponce de León, Fray José de Segovia, en ff 100 a 142v, discípulo aventajado del mismísimo Simón de Roxas, que es el personaje central del libro de Manzano. Tanto Ponce como Altuna y Manzano dan cuenta de una misteriosa premonición de Fray Bartolomé, según la cual estaba próxima la muerte de un prelado, que acaba haciéndose realidad en la persona del arzobispo de Toledo. El conocimiento de las extrañas facultades de vidente de que hace gala el trinitario produce su destierro al monasterio de la Fuen Santa. Aunque existe cierta disparidad en las tres narraciones citadas, ya que Altuna afirma que Vega muere en 1579, y Manzano traslada al P. Segovia el mismo turbio asunto, nosotros creemos que se trata de la misma persona.
En cuanto al “Tratado de Oración y Contemplación”, deberíamos decir dos palabras no obstante la necesidad de un estudio más profundo que obviamente no nos proponemos. La imputación de molinosismo es, cuando menos, anacrónica, ya que la primera edición de la Guia espiritual es de 1675, en Roma, o sea doce años después de Milagros y Loores. En segundo lugar, no hay en el libro de Ponce nada comparable al rigor moral de Miguel de Molinos, y sí buena dosis y estilo de la magnífica escuela española de oración, de la que son luminoso ejemplo Juan de Osuna, Bernardino de Laredo y el Doctor Constantino, véase Bataillon, E y E, págs. 587 y ss. Comparte con todos ellos y otros místicos, aunque de forma muy atemperada por un espíritu timorato, un universo de modelos que se hace inevitable desde la irrupción del erasmismo: San Agustín, San Buenaventura, Dionisio Areopagita, Gerson, etc., además de San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Juan Taulero y otros lugares comunes nadando en un mar de misticismo paulino, y pone especial cuidado en no desaprobar la oración vocal, las obras de caridad y el culto externo, pág. 23 del Tratado.
Parece que fue Ponce rescatador de cautivos en ejercicio por lo que narra de sus viajes a Tetuán, págs. 77 y 121, con descripción de las mazmorras en los términos más truculentos, y alguna que otra aventura no exenta de interés en otras páginas. Fr. Antonino de la Asunción, “Diccionario de escritores Trinitarios”, tomo II, pág. 224, le hará responsable del rescate de 258 cautivos en 1656. Mas, llegado el momento, interrumpe sus actividades misioneras y opta por vida más contemplativa, forzado, quizá, por el mal de la piedra, que nos pone de manifiesto dedicando un capítulo, el XVI, a los milagros sanadores de esta enfermedad, en el que se muestra ciertamente entrañable: no dejéis de leer el milagro de 1543, pág. 170, con sabrosos paréntesis del autor, que demuestra conocer muy bien los efectos de la dolencia. De su opción por la apartada vida es ilustrativo el último párrafo de la dedicatoria preliminar a Don Antonio de Quintanilla, "Desterrado de la Corte...", donde hace gala de magnífico estilo literario que, con altos y bajos, mantiene a lo largo del libro y pone al servicio de una clara pretensión catequista, con brillantes imágenes preñadas de terror en ocasiones, y muy efectivas.
Es evidente su desconfianza en las mujeres, lo que contrasta, o quizá no, con su santa pasión por la Virgen. Véase por ejemplo su opinión sobre las señoras que faltan a sus obligaciones domésticas, y se pasan el día en misa, pág. 119; o el caso de la que oculta una y otra vez su pecado en confesión, y suspira, pág. 91; o esa otra mujer que tiene al demonio peludo, negro y con uñas debajo de la cama por el mismo motivo, pág. 217; o su opinión sobre el escaso recato de las señoras cristianas, en comparación con las orientales, que él conoce bien debido a sus misiones de rescate, pág. 340; o su repugnancia por los afeites, pág. 344, y su versión de la endemoniada lasciva, págs. 194/196, que conocemos a propósito de la entrega del cíngulo de castidad a Simón de Roxas, cap. XVIII. Véase el mismo asunto en el P. Bermejo, el P. Vega, y López de Altuna, su Chronica, libro III, cap. XII, págs. 488 y ss. En general, sólo las mujeres acaban siendo objeto de turbios manejos por el demonio, como en la historia de María y Momo, pág. 207 y ss, magnífico relato premonitorio de los mejores folletines seriados del romanticismo. No llega, en cualquier caso, a esgrimir justificación teológica alguna en su apoyo. Véase al respecto lo que dice el P. Manzano en su obra citada, fº 100v, donde afirma que el cuerpo es 40 días mayor que el alma en los varones, y 80 en las hembras, peregrino argumento que, rectamente interpretado, podría ser esgrimido modernamente en la polémica abortista. Pero no es éste, aunque muy significativo, el aspecto más relevante del libro, cuyo análisis general dejamos a otros más entendidos. Interesa resaltar que, en menor abundancia que la Historia del P. Bermejo, facilita datos dispersos de interés, como sus comentarios sobre la pobreza de la Tierra de Moya, "Es casi todo este Marquesado una tierra infructífera, que apenas lleva pan para su sustento...", pág. 15, y sobre los pinares. No da fecha a la inundación de 1516, aunque alude a ella, pág. 46, y habla de otra riada en 1621 a propósito de un milagro, pág. 227. Hace somera descripción del convento en pág. 47 y ss., por la que sabemos que ya entonces había una hospedería anexa, como es costumbre en cenobios de la Orden. Administra a cuantagotas los nombres de algunos profesos, y habla de la existencia del molino, situado a 400 pasos del convento; la altura de la muralla de Moya, 24 varas castellanas, aparentemente excesiva, en pág. 143, etc., etc. En cuanto a la fundación del santuario, opta por 1395 a cargo de Fray Bartolomé de Texeda, págs. 14, 24/25 y 46, y afirma en pág. 16 haber encontrado un manuscrito entre unos papeles viejos de la casa que informa del asunto, lo que es fuertemente contestado por Bermejo con ayuda del P. Vega, “Historia de Texeda”, págs. 12 y ss. Véase también Altuna, libro III, págs. 413/415, y Vega, II Parte, libro IV, cap. LXI.
Aborda Ponce con brillantez el hecho, bastante curioso por cierto, de la aparición de la Virgen en la copa de un tejo, págs. 17/18, del que dice el Dr. Juan Zafrilla en su aprobación preliminar, "Arbol éste, como todas erudiciones observan, dañoso, funesto, apestado, y horrible; de cuyo humor exprimido se forma el tóxigo, y se dispone el veneno. Llevando la saeta, como cantó Ovidio, dos muertes en el acero (quando la tiñe el humor del texo) la que obra con la herida, por donde se vierte la sangre, y la que executa con la peste, que penetra hasta el coraçón....Nicandro llamó al Texo: llorosa causa de la muerte. Teophrasto, Plutarco, Plinio y Lucrecio le apellidan mortal: y todos le huyen por venenoso".
Tenemos un ejemplar del libro en la Biblioteca General de la Universidad Central de Barcelona, otro en la Biblioteca Nacional de Madrid, y otro en la Biblioteca Pública de Valencia, aunque no descartamos otros ejemplares. Merece la pena recordar la importancia de dar con el libro del tío, Juan Ponce de León, de quien da cuenta el P. Bermejo, págs. XVII y XVIII del prólogo (donde no hace sino traer lo que dice D. Nicolás Antonio en su BHN, tomo I, pág. 762) y págs. 513/516, comentando su relación con Doña Ana de Austria, hija de Don Juan de Austria y abadesa, a quien Juan dedica su "Jardín espiritual de monjas", Burgos, 1627, que sí conocemos, además de dolerse por la ausencia de su obra capital. Avisamos que puede llamar a error la circunstancia de ser censor del Santo Oficio, ya que vive y ejerce por los mismos años otro Juan Ponce de León, fraile mínimo, verdadero azote de herejes, de quien encontramos numerosas censuras, véase por ejemplo las Obras de Quevedo, ed. de Luis Astrana Marín, Madrid, 1932, 2 vols. Nuestro Juan Ponce de León profesa en Texeda el 2/12/1584, edita su "Historia del Santuario insigne de Nuestra Señora de Texeda y milagros que nuestro Señor ha obrado por su intercesión" en Cuenca, año 1604, y nos queda citar un "Rosario de la Santísima Trinidad, por el cual concede el Señor, a los que rezan, grandes favores", Cuenca, 1631, que tampoco conocemos. Referencia de algunas de sus censuras tenemos en J. Catalina García, su “Tipografía Complutense”, y ajustada semblanza de los Ponce de León, en Ballesteros, “Historia de Utiel”, pág. 372.
74. PULGAR, Fernando del.- "Crónica de los Reyes Católicos, por su secretario ...". Edición y estudio por Juan de Mata Carriazo. Versión inédita. 2 vols., 4º. Madrid, 1943.
Véase Tomo I, cap. II, influencia de A. Cabrera en la decisión de Guisando; cap. XV, el favor de Cabrera cerca de Enrique IV, y cómo procura todavía servir también a los intereses del Pacheco, Maestre de Santiago, quien exige del rey el Alcázar de Madrid, a lo que se resiste Cabrera, sin éxito. Codicia del Maestre, que exige luego el Alcázar de Segovia, infructuosamente. Revuelta de Segovia contra los partidarios de Cabrera, sofocada por el alcaide; cap. XVI, trabajos del legado papal para la reconciliación de Isabel y Enrique (se trata del Cardenal Borgia, aunque no lo dice). Trata luego de unir a los nobles con los príncipes, lo que produce el acercamiento del rey a su hermana, a través de los Cabrera. Entrevista y reconciliación de Segovia. Pacta el Pacheco la destrucción de los Cabrera con el Duque de Alburquerque, y planea prenderles. Informa el Cardenal Mendoza de los propósitos del maestre, en posible contubernio con el rey, y proteje Cabrera la ciudad de Segovia, mientras el rey parte para Madrid a reunirse con el Pacheco; cap. XL, toma Toro el rey de Portugal, y reclama a Cabrera los tesoros del Alcázar de Segovia, que son unos 2000 Marcos plata y otras cosas, y negativa del alcaide; cap. LXXVIII, la infanta Isabel, guardada por Cabrera en el Alcázar. Destitución de Maldonado, que toma la fortaleza, haciendo rehén a Pedro de Bobadilla, suegro y alcaide. La ciudad, dividida en dos bandos. No consiguen los rebeldes ocupar la torre del Alcázar, pero toman las puertas de la ciudad, excepto la de San Juan, defendida por los partidarios de Cabrera. Regresa la reina, destituye a Cabrera de sus cargos, y vuelve a dárselos, aunque deja el de Justicia; y cap. CXVI, Cortes de Toledo, 1480. Jura del príncipe Don Juan, título de marqueses de Moya y merced de 1.200 vasallos en Segovia.
Tomo II, cap. CCXVI, la osadía del moro de los gomeres, en el campamento de Málaga. Acontecimiento que bien pudo conocer Pulgar, presente. Eran los gomeres moros habitantes de las montañas de Málaga, aunque de origen africano, véase "Varias antigüedades de España, Africa y otras provincias", de Bernardo José Aldrete, Amberes, 1614, caps. XXXI y XXXII, donde se dice "Quan viciosos, y juntamente quan valientes y esforzados...". Tratábase de un pueblo orgulloso y muy combativo. El rey de Granada tenía 500 gomeres de guardia personal, y había en Granada una calle de Los Gomeres. Es un suceso muy posible, a juzgar por la abundancia de testimonios: un moro fanático llamado Abrahem Alguerbi, tunecino, que toma a la Bobadilla por la reina Isabel, intenta acuchillarla, salvando su vida milagrosamente la abundancia y riqueza de sus vestidos, circunstancia que justamente había contribuido al error del santón, véase P. Martir de Anglería, Epístola 63 (29/10/1488), a su paisano Juan Arcimboldi, Arzobispo de Milán y Cardenal. Tiene lugar el suceso el día 18 de junio de 1487, en el transcurso del durísimo asedio a Málaga, uno de los episodios más dramáticos de la guerra de Granada. Véase documentada relación de la toma de Málaga en "Castilla y la conquista del Reino de Granada", edición de Granada, 1987, págs. 50/54, de Miguel A. Ladero Quesada. Anglería, Testigo de primera mano, relata cómo el moro es conducido a la tienda de la marquesa de Moya, que se halla en compañía de Alvaro de Portugal, a quien hiere "...casi mortalmente. Más veloz que el viento se lanza luego contra la Marquesa, que estaba echada de espaldas sobre el lecho, y le clava sañudamente la punta del arma en los vestidos, gracias a cuya dureza (pues eran de tejido de oro) se libró de ser apuñalada". Véase también la descripción del Cura de los Palacios. La reina reservaría para su querida amiga 30 esclavas de Málaga, que no es pequeña compensación, AGS/RGS, Jaén, 21/8/1489, fº 369, según Molina Gutiérrez, “Formación del patrimonio”, pág. 295.
Es curioso constatar la extrema prudencia del converso Pulgar al tratar ciertos temas. Por ejemplo, no tiene en cuenta para nada el carácter de progrom que es el levantamiento de Segovia de 1473, contra Cabrera, tomo I, cap. XV, o soslaya el mismo asunto al tratar la muerte del condestable Miguel Lucas de Iranzo, en Jaén, en el mismo capítulo. Véase al respecto "Fernando del Pulgar y los conversos", de Francisco Cantera, en SEFARAD, 1944, fasc. I, págs. 295/348, y Pinel, Retrato, págs. 139, y 152/155.
75. QUINTANA, Jerónimo de.- "Historia, Antigüedad, Nobleza y Grandeza de la muy Antigua, Noble y Coronada villa de Madrid". Madrid, 1629; 6 h+455 ff+índice.
Los Condes de Chinchón en el Libro II, cap. LXXIX. Los Xibajas en el mismo libro, cap. CXLIII. El accidente de Andrés Cabrera, erroneamente interpretado, en el Libro III, cap. XLVII. No parece en general muy bien informado. Duda por ejemplo si el apellido Cabrera le viene al marqués de Moya por línea paterna o materna, bien es cierto que las fuentes genealógicas con que contamos, aunque abundantes, son en general confusas, y a veces contradictorias, lo que es un dato que apunta hacia el elemento converso de la familia. Véase Rábade Obradó, págs. 522/524. Pinel y Monroy le cita textualmente.
76. RADES Y ANDRADA, Francisco de.- "Crónica de los tres Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara". Toledo, 1572. Hay ed. facsímil, Barcelona, El Albir, 1980. XI+213 ff.
Ver Orden de Santiago, cap. 9, fº 15, col. 4, moros de Cuenca, Alarcón y Moya, entran en tierra de Uclés, y sólo resisten Uclés y Alharilla ; y Orden de Calatrava, cap. 15, fº 25, col. 2.
77. RIVERA DE LA GRANDA, Joseph.- "Compendio cronológico, en el cual se trata del origen, antigüedad y nobleza de la casa y linage del apellido Moya". Madrid, s/f, circa 1750. 50 págs.
Resume bastante bien la polémica genealogista sobre Alvaro Mariño, o Mouriño, rastreando la procedencia de algunas fuentes y trayendo de la mano en consecuencia la vieja cuestión de la primera conquista de Moya. Para no extraviarse, el asunto se reduce a una pregunta, y dos respuestas: ¿Quién es Alvaro Mariño?:
Respuesta 1. Valeroso gallego que irrumpió en Moya a pecho descubierto abriendo una brecha humana por la que se deslizaron las huestes cristianas del rey don Alfonso VIII, allá por las postrimerías del S. XII, cambiando su apellido en el de Moya, casándose a continuación con la Señora de Albornoz, doña María Alvarez, y dando origen al linaje.
Respuesta 2. Valeroso gallego ... ... las huestes cristianas al mando de Alfonso II el Casto, rey de Oviedo y Galicia, descendiente de Don Pelayo en cuarta generación, en correría allá por la primera mitad del siglo IX.
Tanto 1 como 2, se fundan en argumentos muy discutibles. En cuanto a la primera, que tal señor no puede ser otro que Alvaro de Albornoz, y, aparte lo inconveniente que resulta cambiar dos veces de apellido a lo largo de una vida, ya que viene a llamarse Albornoz al contraer matrimonio con doña María, "..prevaleció por los años de 1270, y quasi no havia nacido, quando ya estaba dicha villa poblada de Christianos..." (Rivera, pág. 14), extremo ya comentado cincuenta años antes por D. Luis de Salazar y Castro, "Historia genealógica de la Casa de Lara", tomo III, cap. XVIII. También Pedro G. de Aponte, José Pellicer y Suárez Alarcón ponen de manifiesto la contradicción. Véase también Mateo López, vol. II, pág. 225, y G. de Zurita, tomo III, libro VI, cap. LXXVI, año 1327, sobre el papel de Alvaro de Albornoz en el pleito de mojones entre los obispados de Cuenca y Teruel, por la Villa de Moya. Hay que decir que la respuesta 1 la dan Mártir Rizo, cap. VI, pág. 252, y J. Baños de Velasco en su “Memorial de la calidad y servicios de Don Cecilio Buenaventura Centurión”, ff 58v a 60v. Se salva el escollo aceptando que Alvaro de Moya/Albornoz no es el mismo Mariño, sino un descendiente suyo. Ello nos vuelve al punto de partida, es decir, que Moya fue conquistada por primera vez a fines del S. XII, en las campañas del rey Don Alfonso VIII, lo que es contestado por el equipo 2 argumentando, aparte otras razones de tipo puramente genealógico, que si el apellido y linaje de Moya tiene su comienzo en la conquista de la villa, difícilmente puede haber acontecido en tal fecha, ya que existían Moyas mucho antes, como aseguran Narcis Feliu de la Peña, Anales, que nos habla de un Guillen de Moya establecido en Cataluña a mediados del S. XI, y Lorenzo de Padilla, "Nobiliario Original", que asegura la procedencia astur/leonesa de los Moya de Cataluña, de origen castellano, y desplazados al norte por fuerza de la conquista agarena.
En cuanto a la respuesta 2, digamos que se basa en conjeturas más arriesgadas, y que aparte de Rivera de la Granda, la sustentan Salvador de Moya y, ¿cómo no?, Palacios Albiñana de Moya. Llama la atención la ausencia total de Mariños en el manuscrito de Caballón, "Fundación de Moya y su antigüedad", año de 1625, pergamino 36, Real Chancillería de Granada, mientras Pinel y Monroy se limita a reflejar la tradición, pág. 212. Sería interesante rastrear el origen de la leyenda. En nuestra opinión está en juego, simplemente, la antigüedad supuesta de Moya, lo que obedece a planteamientos puramente localistas y exentos de rigor. Es un diálogo de besugos, que llevado a sus últimas consecuencias podría desembocar en la conclusión, ¡ay!, de que Moya fue fundación del Padre Adán. No sería ésta una suposición tan insólita como parece. A saber: en el Cap. VI, Libro I de "La Fénix Troyana. Epítome de varias y selectas Historias Divinas, como Humanas: Breve resumen de la población del Universo. Noticia, y descripción de toda la Tierra. Sucinta Fundación de los Lugares más famosos de España con la sucesión de quantos Príncipes la han dominado; y deleitoso jardín de valencianas", Valencia, año de 1681, por D. Vicente Marés, cura párroco de Chelva, y en base a unos fósiles gigantescos encontrados en el paraje de la Torrecilla, se defiende la hipótesis de que Adán, a su expulsión del Paraiso Terrenal, vínose a Chelva después de haber habitado Jerusalén. Aduce el bueno de D. Vicens cuatro razones naturales y dos razones místicas que él llama conjeturas, todas basadas en el relato bíblico, e incuestionables. De aquí a suponer con todo fundamento que los moyanos somos más directos descendientes de Adán que los demás sólo hay un paso, ya que Chelva es vecina de pocas leguas y, según la misma fuente, en proporción a su estatura, eran capaces de andar nuestros primeros padres 40 leguas en un día. Si a ello añadimos que, andando el Cap. VII, se supone muy probable que Eva, pobre mujer, pariera en años alternos dos hijos cada vez durante 930 años que vivió Adán, la conclusión es irrevocable: Moya es anterior al Diluvio, acontecimiento histórico que tiene lugar diez generaciones después de la expulsión del Paraiso. El mismísimo Licenciado Rios se permitiría alguna ironía desde su adusta pose de inquisidor, aunque, en punto a imaginación, era casi tan veloz como D. Vicente, ya que en 1625 otorga a Moya una antigüedad de 4403 años. Afirma luego Marés que Moya es fundación de Alfonso IX (por VIII, si se tiene por Alfonso VII a Alfonso I de Aragón, que casó con doña Urraca), y Ademuz es fundación de los griegos focenses, el año 2960 d.D. (después del Diluvio). Contra esto tampoco tenemos razones. Remitimos a J. Caro Baroja, Las falsificaciones de la historia, prólogo.
Sobre historias de este cariz, leer a J. González, Castilla, cap. Episodios legendarios, págs. 26 y ss.: "A partir del siglo XIII, y más aún desde el XIV, la densidad de la floración legendaria que invadió el campo histórico, fomentada por credulidades ayunas de crítica y sedientas de admirables noticias, juntamente con las dificultades de apurar las fuentes históricas, causaron una temprana e inveterada deformación del conocimiento real de los hechos. Como circunstancias de la deformación hay que tener presente el ambiente de épocas en que lo ordinario en los cronistas era tomar posiciones interesadas y calibrar la nobleza por las hazañas prodigiosas y por el esfuerzo del brazo armado, por rasgos de lealtad o por la intervención de lo sobrenatural. Tampoco hay que perder de vista las interesadas versiones de ciudades y señores, esgrimidas en la negociación de privilegios".
Resulta superfluo internarse en terrenos de leyenda, incluso teniendo en cuenta la hermosura de algunos relatos, y es mucho más apasionante aplicar la imaginación a la interpretación real de los hechos, de la Historia de Moya, y de la Historia a secas, desde la humilde convicción que otorga la ciencia de que no es posible conocer absolutamente la realidad, ni siquiera la más próxima, sino sólo aproximarse a ella, asintóticamente. Lo demás es superstición o creencia religiosa, que nada tienen que ver con la ciencia, y entendemos que no hay más procedimiento que la ciencia para profundizar en el conocimiento de la realidad, no importa su índole.
Están por analizar, sin embargo, algunas fuentes que podrían arrojar algo de luz sobre la posible existencia de Alvaro Mariño. En ello estamos, y esperamos documentarlo, aunque nada aseguremos de sus hazañas. Por lo pronto, nuestras pesquisas nos traen la existencia de tropas gallegas entre los reinados de Alfonso VII y Fernando III, que las fuentes nos presentan singularizadas muy destacadamente por su coraje e iniciativa individual precisamente en circunstancias bélicas delicadas o difíciles. Es el caso, por ejemplo, de la numerosa progenie del Señor Fernando Yáñez, señor de Villamarín hacia 1140, establecida en tierras de Toledo. O de los Vargas Machuca, asturgalaicos y conocidos por el nombre del lugar toledano Vargas en el que se asentaron, y célebres por protagonizar toda una mitología de asaltos y gestos de furor bélico. Véase G. Argote de Molina, "Nobleza de Andalucía", ff 95v a 96v, y 101. No puede ser casual que estos legendarios Vargas compartieran (únicamente) con los Mariños el único escudo de armas, parecido al escudo de los Moya, que es con veros azules y plateados frente a las ondas azules y plateadas de Vargas y Mariños, que no incluyen la escala de los Moya, Argote, fº 129v. Por demás, estas estirpes aparecen desde el primer momento vinculadas a la Orden de Santiago. Es importante señalar que algunos de estos contingentes gallegos procedían de la zona de Navia de Suarna, en Lugo, donde se encuentran la feligresía de Santiago de Moya, con el río Moya y los lugares de Moya y Vilar de Moya. Esta feligresía pertenecía a la diócesis de Oviedo y se encuentra en la región conocida como las Asturias de Galicia, o de Lugo. Sin duda por coincidencia (?), recibe el nombre de rento de Asturias un caserío muy próximo a la villa de Moya. Más allá, sin embargo, de esta aparente coincidencia, retengamos el hecho de que la estirpe gallega de los Mariños pudo radicar en parte de la Moya gallega y que de ello puede proceder, como una conjetura, la vinculación de los Mariños con la Moya castellana antes de que el Infante Manuel -que en Moya había recibido varias encomiendas de Santiago- casase al gallego Alvaro de Mariño o Moya con la heredera de Albornoz hacia 1270, ver Baños de Velasco, Memorial. Para mayor confusión, diremos que Albornoz ha sido identificada con un despoblado en el término de Villamayor de Santiago, en Cuenca, a muy poca distancia del fuerte de Dañador o Añador, que en 1178 poseía Pelay Fernández (caballero gallego hijo del señor de Villamarín y seguramente su sucesor), probablemente por donación de Ibn Mardanis, y que entregó a la Orden de Santiago ese mismo año.
La impresión que se saca de la confrontación de las tres estirpes de Villamarín, Mariños y Vargas es bastante coherente: mercenarios de escaso rango social, tal vez armados a la ligera, seguramente constituyen grupos especializados en escaramuzas, emboscadas y asaltos. Es, como se ve, un conglomerado de circunstancias, sin duda algunas casuales, que es preciso analizar con detenimiento, caso de considerar a Mariño una operación rentable, en términos históricos. Hay en la Real Academia de la Historia, Colección Salazar, 9/238, fº 308 y ss, un grupo de informaciones tendentes a relacionar a nuestro hombre con los Azagra. Se trata de un nobiliario anónimo de 1520. Parece que se establecen en Aragón unos Mariño, Luego Pardo, al servicio de don Pedro Ruyz de Azagra. En 1175, un Pedro Pardo es testigo en la compra de Huélamo. Hay luego al servicio del hermano y sucesor de don Pedro, Fernando de Azagra, un Aznar Pardo, alcaide de Tarazona en 1186, que estaría en la conquista de Ademuz y es un destacado guerrero. Tenemos a los Vargas en el fº 289. Se habla en los ff 309 y 309v de un Arias Peyre Mariño. Según este manuscrito, es éste el héroe del que nos ocupamos, y se describe la toma épica de Moya en los mismos términos que emplea D. Trifón Muñoz y Soliva, tomo II, pág. 83, lo que nos permite creer que hemos detectado una de sus fuentes. Pero no es ésta la única pista que tenemos, ni mucho menos. Hay en la misma Colección Salazar numerosas referencias a estos y otros personajes cuyas características se ajustan bastante al retrato-robot del fazañoso Mariño, lo que ponemos en conocimiento de irreductibles de la Historia leyenda/poesía, a quienes pasamos el testigo aunque, no os quepa duda, no dejaremos por un momento de pasear el adarve y otear el horizonte, porque, como diría nuestro héroe, "Crer non cre-emos nelas, pero abelas ainas". Una buena introducción en este ambiente es sin duda el tomo I de "Historia de Albarracín y su Sierra", de M. Almagro Basch. Sólo hemos encontrado el “Compendio Cronológico” en la Bibl. Nacional de Madrid, y en la Bibl. General de la Universidad de Salamanca.
78. SALAZAR Y CASTRO, Luis.- "Historia genealógica de la Casa de Lara", Madrid, 1694-97. 4 vols. El 4º son las pruebas documentales.
Moya bajo los Albornoz, en el Tomo III, Libro XVI, cap. IV, con la donación de Avengamar a P. Fernández y P. Vidas; Libro XIX, cap. XVIII, con una lista de los señores de Moya de 1222 a 1259; Moya bajo los Lara, Libro XVII, cap. VIII. Andrés Cabrera en Tomo I, Libro VII, caps. II y III. Obtiene D. Luis la información de su extensa y magnífica colección documental, para cuya consulta remitimos al "Indice de la Colección de D. Luis de Salazar y Castro", de Antonio de Vargas-Zúñiga y Montero de Espinosa, y Baltasar Cuartero Huerta, Madrid, Real Academia de la Historia. 1949-79. 49 vols., con índices variados y completísimos. Para una búsqueda preliminar de catálogos, recomendamos "Manuscritos de España. Guía de Catálogos impresos", de Julián Martín Abad. Madrid, 1989, 326 págs.
79. SANTA CRUZ, Alonso de.- "Crónica de los Reyes Católicos. (1491-1516)". Edición de Juan de Mata Carriazo. Escuela de Estudios Iberoamericanos de Sevilla, 1951. 2 vols. de 682 y 658 págs., respectivamente.
Véase el testamento de Isabel, en la primera parte, y los caps. IX, XXXIII y XXXVII de la segunda, con reseña de los postreros acontecimientos de Segovia, y la muerte de los primeros marqueses de Moya.
80. SANZ y DÍAZ, Clementino.- "Documentos del Archivo de la Catedral", Cuenca, 1965. 151 págs, 4º. Fuentes para la Historia Eclesiástica de Cuenca, II. Relación cronológica de 1229 documentos esenciales, de entre los que destacamos 45 que de una u otra forma interesan a Moya, su entorno y personajes. No era posible consultar estos fondos en 1996. Hay copia de algunos documentos del mismo en B/N Mss. 13.071, micro 5879.
81. STUART FALCO, Fitz James, Duque de Berwick y de Alba.- "Noticias históricas y genealógicas de los estados de Montijo y Teba, según los documentos de sus archivos". Madrid, 1915. 380 págs., fol.
Tenemos la transcripción de varios documentos esenciales para la historia del marquesado en el cap. Casa de Moya. Véase doc. XCII, Ascendencia de Doña Beatriz de Bobadilla; doc. XCIII, Seguro de promesa de Enrique IV a Dª Beatriz de Bobadilla; doc. XCIV, Merced otorgada por Enrique IV a la Marquesa de Moya; doc. XCV, Título de Marqués de Moya (remite a Pinel, págs. 268-70); doc. XCVI, Merced de la Copa de Oro al Marqués de Moya; doc. XCVII, Enterramientos de los Marqueses de Moya, y por fin, doc. XCVIII, "Octavario festivo, o relación de las Fiestas que durante 8 días se celebraron en Moya en acción de gracias a San José y a Santa Teresa por el nacimiento de la hija primogénita de los Marqueses D. Diego López Pacheco y Dª Luisa Bernarda Cabrera y Bobadilla, llamada en el bautismo Teresa Antonia Josefa. (1º a 8 de Mayo de 1628). Escrita por el capellán Constante Félix". Deliciosa narración de una auténtica fiesta barroca plena de esplendor, con torneos, justas poéticas, danzas, escaramuzas, carreras, músicas, bailes, procesiones, fuegos de artificio, teatro y, ¿cómo no?, toros. De la importante afición de nuestras gentes a la fiesta nos habla Muñoz y Soliva, Cuenca, vol. II, págs. 724/727, donde se detalla una corrida en Cuenca en honor de Felipe IV, con la presencia muy activa de lidiadores del Marquesado de Moya, entre otros. Para un mayor disfrute de estos relatos, véase "El ocio en la Biblioteca Nacional", Madrid, 1985, Ministerio de Cultura, variada selección de textos de Mª Luisa López Vidriero. Además, para saber de una fiesta de toros de la época, José María de Cossío, "LOS TOROS. Tratado técnico e histórico", Madrid, 1961, Una fiesta real de toros en tomo IV, págs. 837/842, donde se describe con lujo de detalles una corrida en 1623, sólo cinco años antes de la fiesta en cuestión, y no perderse el documentado estudio de Maravall sobre el interesantísimo asunto de las fiestas barrocas en "La cultura del Barroco", Barcelona, 1990, cap. 9, “Novedad, invención, artificio”, con fuerte aparato bibliográfico. Ofrece el documento de Constante Félix otros datos de interés cuyo análisis abordamos en su momento (Artículo “Fiestas de Moya”, en El Día de Cuenca, agosto de 1998). Por ejemplo, aclara que en salón de palacio caben 600 invitados, suponemos que muy apretados. Se reunen para presenciar una representación teatral, día 4 de mayo, espectáculo predilecto del marqués y de su pueblo a tenor de la curiosa circunstancia de quedar a la puerta de la casa más de mil, y de otras representaciones. Véase lo que dice Maravall sobre las fiestas barrocas y la ostentación, págs. 487/88, poniendo como ejemplo las que se celebran en Madrid en 1627, un año antes, por la curación del rey, y la necesidad de desplegar estas fiestas en concentraciones urbanas. No es Moya una excepción. Se constata el nacimiento de Teresa Antonia Josefa en el segundo manuscrito de Don Gerardo González García, libro 99, de bautismos, año de 1628, parroquia de la Santísima Trinidad, así como otros miembros de la familia lo están en diferentes libros parroquiales, lo que nos lleva a suponer con cierto fundamento que, cuando menos, vivieron largas temporadas en Moya el V, VI, VII y VIII marqués, si bien este último, D. Diego Roque López Pacheco, sabemos que pasó unos años en México, y en Navarra, en el desempeño del cargo de virrey, además de estar ya para entonces casado en segundas nupcias con una descendiente de las casas de Béjar y el Infantado, ya que la marquesa Luisa Bernarda había fallecido diez años después del nacimiento de Teresa. También pudo haber vivido en la Villa el II marqués, Juan Cabrera, aunque en este caso nos basamos en una suposición más endeble, ya que nos limitamos a los datos que sobre las Comunidades nos aportan varias fuentes, como el Retrato, págs. 401/402, y la extensa recopilación de documentos bajo el título "Historia de las Comunidades de Castilla", de Manuel Danvila, tomos XXXV a XL del M.H.E., en que se refiere algunas acciones del marqués en Moya, Cuenca y Valencia, ver Gutiérrez Nieto, Las comunidades. Para las sustanciales mercedes y privilegios que obtienen los Marqueses de Moya, fundamentalmente de los Reyes Católicos, ver Pinel, libro II, caps. IX, XIV, XV y XVII, Pilar Rábade Obradó, y Pilar Molina Gutiérrez. Sobre el Privilegio de la Copa, véase "La copa de oro de los marqueses de Moya", del Duque de Alba, cap. IV de esta relación, y una bibliografía del mismo en HISPANIA, tomo XIII, 1953, "El duque de Alba", artículo de Julián Paz. No era ajeno Don Diego Roque al gusto por ceremonias brillantes y multitudinarias, muy de la época. Véase Lewis Hanke, y sobre todo Gutiérrez de Medina. En cuanto al hecho curioso de poner a la marquesina el nombre de Teresa, nuevo y desconocido entre las mujeres de la familia, induce a suponer que están los marqueses inevitablemente inmersos en la muy hispana polémica que por aquellos años sacude el suelo patrio: el copatronato Santiago/Santa Teresa. En efecto, entra con energía desmedida al ruedo literario el mismo año de 1628 una de las más atrayentes obras de Quevedo, que lleva por nombre "Su espada por Santiago", cerrada defensa del Apóstol, que cabalga a hombros de D. Francisco en una de sus últimas y más significativas batallas (después de haber matado once millones quince mil y pico moros en más de 4.800 batallas campales), poco después que los carmelitas descalzos y Felipe IV consiguieran que Paulo V aprobara el copatronato (1618), enfrentando con ello al apóstol con la santa de Avila. Véase también Col. Salazar, 9/429, ff 145/147, breve de Urbano VIII confirmando el copatronato en 21/7/1627, aunque revoca el edicto en 1629 a petición del cabildo de Santiago de Compostela, naturalmente. Quedará zanjado el asunto nada menos que en la Cortes de Cádiz. Magnífica y esplendorosa gesta de unos y otros, en todo muy semejante a las tantas polémicas que de modo incomprensible para un espíritu racionalista han conseguido involucrar a todos los estamentos de la Patria en lucha sin cuartel. Ya había cabalgado Santiago lanza en ristre en la temprana guerra dialéctica que entablaran Beato, abad de Liébana, y Elipando, arzobispo de Toledo, en los albores de la Reconquista, y nada tienen que envidiar otras contiendas nacionales, tan fáusticas y demoledoras como la que genera por aquellas fechas el dogma de la Inmaculada Concepción o, salvando las distancias, Lagartijo/Frascuelo, Joselito el Gallo/Belmonte, etc. En cuanto a la polémica del copatronato, véase Américo Castro, "España en su historia. Cristianos, Moros, Judios", Ed. Crítica, Barcelona, 1984, cap. IV, pág. 168 y ss., y el opúsculo de Quevedo, en B.A.E., XLVIII, págs. 426/462. Hay que decir que ya en 1543 ha sido editado el “De revolutionibus”, de Copérnico, y Kepler ha enunciado la ley de las areas en 1619; que Galileo ha descubierto el isocronismo del péndulo en 1581, los satélites medíceos en 1610, y dará a luz la física moderna al publicar sus Diálogos en 1632 con el resultado de todos conocido, en claro enfrentamiento al mismo Urbano VIII que había sido uno de sus mejores amigos, no debiendo pasar por alto que a mediados de la centuria anterior el dominico español Domingo de Soto había genialmente formulado por primera vez la ley de caída de los graves; que Gilbert ha editado su “De Magnete” en 1600, y Francis Bacon el “Novum Organum” en 1620; Fabricius ha descubierto en 1596 la primera estrella variable, Mira Ceti, mientras Vieta, unos años antes, creaba el cálculo algébrico y calculaba el número pi con diez decimales; y en fin, por no exceder el espacio que nos proponemos, que Harvey ha dado a conocer justo en 1628 su “De Motu Cordis”. En 1618, el nunca bien ponderado Martín González de Cellorigo, ha dicho en su conocido Memorial que “España se ha convertido en una República de hombres encantados, que viven fuera del orden natural de las cosas”, y doscientos años más tarde, el general Maximilien Foy, que “Le peuple espagnol a brillé sur la terre sans avoir traversé la Civilisation”, véase “Histoire de la guerre de la Peninsule”, tomo II, libro IV. Sin embargo, españoles al fin, nosotros también tomamos partido, vivimos desviviéndonos, que diría Américo Castro, y optamos por Teresa, excelsa mujer que agarra el cielo con las manos y lo introduce en nuestros corazones: Vivo sin vivir en mí... Lo demás, nos importa menos.
82. SUÁREZ DE ALARCÓN, Antonio.- "Relaciones genealógicas de la Casa de los Marqueses de Trocifal, Condes de Torresvedras...". Madrid, 1656; 792 págs., fol.
Importante fuente para los Ruyz de Alarcón, señores de Valverde, Talayuelas y Las Veguillas. Además, los Castilblanque, libro III, cap. VIII; y Alvaro de Moya, a quien se nombra en 1327 para el deslinde de Moya y lugares de Valencia, pág. 231, véase también Colección Salazar, 9/4, fº 122, carta de Alfonso XI de Castilla a Jaime II de Aragón, en la que le anuncia el envío de Alvaro de Albornoz para que en unión de otro caballero aragonés fijasen los términos y límites de Moya con el reino de Aragón, Marzo de 1327. Los Villodre, familia de procedencia de Garci Fernández de Villodre, alcaide de la fortaleza de Moya, mayordomo mayor y hombre de confianza del rey Pedro, en cap. VII, págs. 227 y 228. Ver Díaz Martín, "Itinerario de Pedro I de Castilla". Contiene las Relaciones extenso apéndice: escritura CXI, año 1212, donación y confirmación de Alfonso VIII de ciertas casas en Moya a la Orden de Calatrava, documento hoy perdido que perteneció a la Col. Salazar; y escritura CXII, año 1222, donación de Martín Muñoz de Finojosa a favor de Gonzalo Garcés, "mio Cavalero", de la mitad de la heredad de Moya con todos los términos, Colección Salazar, Ms 9/815, ff 39 y 39v. Sobre el linaje de Alarcón, véase Mateo López, vol. II, págs. 209 y ss.
83. TORRALBA, Germán.- "Episodio de la guerra civil del Centro". Madrid, 1876. 147 págs. 8º.
Narra la toma de Cuenca, y el paso por el marquesado en la retirada, tercera Guerra Carlista. Véase resumen en Ballesteros, Utiel, pág. 762 y ss.
84. TORRE Y DEL CERRO, A. de la; y TORRE, E.A. de la.- "Cuentas de Gonzalo de Baeza. Tesorero de Isabel la Católica". CSIC. Madrid, 1955-56; 2 vols., 4º. Transcripción de los legs. 6 y 15, Contaduría de Rentas, Archivo de Simancas. Contabilidad del tesorero particular de la reina, entre 1477 y 1504. Miles de asientos correspondientes a la administración doméstica, y gastos extraordinarios. Un documento excepcional que nos acerca de modo directo a la vida cotidiana de la Corte. Incluidos, cómo no, los sueldos, o quitación, y sobresueldo, o ayuda de costa del personal, así como gastos de vestuario, ajuar, etc. Una somera toma de contacto con este enorme caudal de información permite obtener algunas conclusiones muy interesantes, ya que por ejemplo, tomando las cantidades recibidas en diversos conceptos por las damas del entorno próximo de la reina, se aprecian diferencias muy significativas que inducen a pensar directamente en el grado de importancia o implantación del personaje en cuestión en el favor real. Revisando las cantidades para el caso de Beatriz de Bobadilla, Teresa Enríquez, esposa de Gutierre de Cárdenas, Comendador Mayor de León, y Beatriz Galindo, La Latina, las tres mujeres más próximas a Isabel según Félix de Llanos y Torriglia, "En el hogar de los Reyes Católicos y cosas de su tiempo", cap. “Tres amigas de la reina”, pág. 85 y ss., apreciamos en primer lugar una preponderancia absoluta de las dos primeras, con ventaja evidente para la Bobadilla, que en el período señalado recibe 480.000 Mrs. de quitación y 2 quentos y 320.000 Mrs. de ayuda de costa (2.320.000 Mrs.), mientras que la Enríquez recibe por los mismos conceptos 240.000 Mrs., y 1 quento y 860.000 Mrs., respectivamente. En cuanto a La Latina, no tenemos más remedio que recordar la opinión del mismo Antonio de la Torre, en "Unas noticias de Beatriz Galindo, La Latina", HISPANIA, LXVII, 1957, en el sentido de poner en duda su cargo de preceptora de latín de la reina, ya que en primer lugar los maestros de la Corte se especifican con toda claridad al recibir sus emolumentos, y son Fray Andrés Miranda, Fray Pedro de Enpudia y Fray Diego de Deça, y en segundo lugar, a La Latina se la nombra por apelativos tales como criada, moça y otros, propios de la servidumbre de rango inferior en la Corte. Se sabe, por otra parte, que la reina tenía cierto dominio del latín, véase por ejemplo carta de Fray Hernando de Talavera, dic. 1492, en la que intercala frases latinas, Clemencín, Elogio, págs. 359 y ss. Pero véase el hermoso trabajo de Mª Dolores Gómez Molleda, "La cultura femenina en la época de Isabel la Católica. Cortejo y estela de una reina", en la R.A.B.M., LXI, 1955, págs. 137/195, donde se da un repaso al ambiente cultural de la Corte, con semblanza de algunas damas especialmente significadas. En cuanto a las cantidades percibidas por Beatriz Galindo, y los conceptos, corresponden perfectamente a su condición, ya que no recibe quitación alguna hasta 1498, y muy inferior a la de Beatriz y Teresa: 15.000 Mrs, inferior incluso a la percibida por el resto de damas de compañía de la reina: 27.000 Mrs al año. Hasta ese momento, todas las cantidades son en concepto de vestuario y tejidos diversos, como el resto de la servidumbre. Al respecto, es interesante señalar la preponderancia de los negros, de diferentes calidades, sobre todo a partir de 1489, y las cantidades, digamos que son comparativamente modestas: 261.318 Mrs. en telas y vestidos, y 120.000 Mrs. por quitación. Para un conocimiento detallado del gusto imperante en la Corte en materia de telas, incluidos los precios, véase "Las telas extranjeras en la Corte de los Reyes Católicos", de A. de la Torre, en VI Congreso de Historia de la Corona de Aragón, celebrado en Cerdeña, diciembre de 1957, págs. 831 a 839, Madrid, 1959; o bien, Carmen Bernís, "Trajes y modas en la España de los Reyes Católicos", Madrid, 1978.
Finalmente, destacar que no hay otra persona en la corte que perciba honorarios tan altos como los de Beatriz de Bobadilla, según Las cuentas de Gonzalo de Baeza, como era de esperar, pues ya se sabe que "Después de la Reina de Castilla, la Bobadilla". Todo hace pensar que conservan los privilegios a lo largo de su vida, véase Ladero Quesada, "La Hacienda Real en Castilla en el siglo XV", La Laguna, 1973, apartado Relaciones de gastos ordinarios por libranza entre 1480 y 1504, A.G.S., Esc. Mayor de Rentas, leg. 17 a 93, donde viene claramente reflejado: perciben, entre 1480 y 1500, más de nueve millones de maravedís. Además, el matrimonio Cabrera recibía las sumas más elevadas de la Corona en 1503 y 1504, Ladero Quesada, "La hacienda real en Castilla en 1504. Rentas y gastos de la Corona al morir Isabel", en H.I.D., nº 3, págs. 309/345, apartado de Ayudas de Costa, Mercedes, Limosnas: año 1503, 700.000 Mrs., y lo mismo en 1504., lo que advierte Rábade Obradó, pág. 894. Y lamentar no haber encontrado asientos de vestuario para la marquesa de Moya, lo que habría permitido conocer sus gustos en la materia. A cambio, nos la imaginamos vestida de tisú y oro (Mártir de Angleria, epístola 63, a Juan Arcimboldi, Arzobispo de Milán). Consúltese "Testamentaría de Isabel la Católica", del mismo Torre, donde hay dos asientos de la marquesa que especifican la compra de unas varas de cinta de oro tirado (pág 128), y de un paño grande de lana de seda (pág. 305) que, aún a riesgo de equivocarnos en una especulación tan hermosa, permite suponer a doña Beatriz un gusto refinado por el oro y las sedas. ¿Qué perdemos con ello?. Por otra parte, hace alarde la marquesa de Moya de nobiliaria esplendidez en sus regalos. En efecto, véase Clemencín, Elogio, Ilustración XII, Doc. III, pág. 335, sobre diferentes gemas que son incorporadas a la corona real, procedentes de cuatro ricos joyeles que Beatriz regala para la cámara de la reina en 1477, de nombres Hoja de Berza, La Onza, La Corona y El Camaleón.
Las relaciones de La Latina con Isabel y Beatriz de Bobadilla, en el Retrato, pág. 328, donde se dice que doña Beatriz "Fue muy inclinada a saber, y a la lección de escritos de hombres sabios, habiendo alcançado mas que mediano conocimiento del idioma Latino, teniendo por Maestra a Doña Beatriz Galindo, a quien llamaron la Latina, que lo fue de la Reyna, no permitiendo estos dos grandes espíritus darse por vencidos del sexo, para conformarse con la ignorancia", y hay que decir que debe inspirarse en Fernández de Oviedo y el Padre Sigüenza.
85. TORRES FONTES, Juan.- "Estudio sobre la Crónica de Enrique IV, del Doctor Galíndez de Carvajal", Murcia, 1946; 546 págs., 4º. Edición y comentarios de la "Crónica de Enrique IV", de Enríquez del Castillo, con adiciones de Galíndez de Carvajal.
Véase año 1462, cap. 41, introducción de Cabrera en la Corte de Juan II. Año 1468, cap. 103, Cabrera en el gobierno de Segovia. Año 1469, cap. 104, alcaide del alcázar de Madrid. Año 1470, cap. 121, alcaide del alcázar de Segovia. Año 1471, cap. 127, suceso de Alcalá, y cap. 131, queda Cabrera en Segovia a la guarda de la reina Juana y su hija. Año 1472, cap. 141, tumultos de Segovia. Año 1473, cap. 142, resistencia del alcaide a entregar los tesoros del alcázar; cap. 143, resistencia de los Cabrera a entregar las puertas de San Juan y San Martín, y alianza con el Cardenal Mendoza; cap.145, Pedro de Cabrera, hermano de D. Andrés, es hecho prisionero en la toma de Alanís (Sevilla); cap. 146, reconciliación de Segovia; cap. 147, paseo por las calles de Segovia de Isabel y Enrique; y cap. 148, entrevista de Enrique y Fernando.
86. TORRES MENA, José.- "Noticias conquenses, recogidas, ordenadas y publicadas por D. ...". Madrid, 1878. 925 págs. 4º.
Enorme recopilación de datos del mayor interés, con amplia reseña del trasporte fluvial (gancheros), caminos pastoriles, itinerarios militares, etc., y un nomenclator con noticias históricas diversas. Toma su información de las fuentes clásicas, que en el caso de Moya son el P. Bermejo, Estrada, Muñoz y Soliva, y Muñoz y Romero, y ofrece datos dispersos de Agustín Isidro Zapata y los Navarro Zamorano, remitiendo a su biografía de D. Ruperto. Alude, entre otros datos, a la concentración en Moya de las familias afectas al bando liberal, elemento real que encontramos en la novela de Pío Baroja "La nave de los locos", al referirse a la zona de Cañete en la guerra carlista, véase pág. 313 y ss. en la edición de F. Flores Arroyuelo, Col. Letras Hispánicas nº 269, de CATEDRA. Hay en el prólogo de Torres Mena amplia reseña de chorografías y mapas de la zona, de los que resaltamos el de Bartolomé Ferrer Pertusa, 1692, y su versión de Tomás López, 1766, con reimpresión en 1830, véase B/N Mss. 411, "Mapa corográfico de la provincia y Obispado de Cuenca, en Castilla la Nueva", con núcleos de población, hidrografía y caminos, y estadística de población en 1802; el Mapa de la Provincia y Obispado de Cuenca, 1869, por D. Luis Mediamarca Soto, y otros. Nada se sabe de un mapa del Obispado de Cuenca, de B. Porreño, 1622, hoy perdido y que pudo haber inspirado el de Ferrer.
87. TORRES MENA, José.- "Biografía de D. Ruperto Navarro Zamorano". Madrid, 1856. 29 págs., 4º.
Ilustre jurisconsulto Moyano, autor de respetable producción, como un "Tratado legal sobre las letras de cambio, libranzas, vales, pagarés o billetes a la orden y cartas ..." (Madrid, 1845); "Bancos de Crédito o tratado sobre los establecimientos de crédito ..." (Madrid, 1852); "Curso completo elemental de Derecho romano..." (Madrid, 1842; 4 vols.); y trabajos en la Revista Económica de Madrid. Datos obtenidos de Palau y Dulcet, tomo X. Es también traductor de obras alemanas de jurisprudencia.
88. UREÑA Y SMENJAUD, R.- "Fuero de Cuenca. Formas primitiva y sistemática: texto latino, texto castellano y adaptación del fuero de Iznatoraf". Edición Crítica de ... Madrid, Real Academia de La Historia, 1935. CLXXII+870 págs., fol., 18 láms.
Dedica Ureña el cap. III de la introducción al Fuero de Moya, y asegura haber indagado cerca del ayuntamiento para conocer su paradero, con el resultado desalentador de la respuesta que el secretario Leonardo del Rincón le dirige el 25/12/1918, en la que le asegura no encontrarse ya el fuero, desaparecido a causa del incendio provocado por las tropas carlistas. No nos parece a nosotros un asunto zanjado, y no perdemos en absoluto la esperanza de encontrar éste y otros muchos documentos cuyo paradero se desconoce. Podría haber sido Mateo López el último testigo de la existencia del Fuero de Moya, caso de haberse perdido, ver "Memorias históricas de Cuenca y su obispado", vol. I, pág. 61, y lo que decimos a propósito de la recuperación de documentos del Archivo de Moya, en Proyecto de Transformación de la biblioteca de Landete, donde hablamos también de la Colección Andrés. Y dice Mateo López que "principia por los cuatro Evangelios; incluye el catálogo de los primeros jueces de Moya; la avenencia entre el Concejo y la Aljama de Cuenca; la reforma del fuero por el rey don Sancho, y carta del mismo rey, escrita en Sevilla a 8 de junio, era de 1330 [1292], condeciéndoles la Mayordomía y las mejoras del fuero, y concluye con el arancel de los derechos de entrada. También se conserva en dicho legajo otro códice castellano, escrito en papel al que le falta el principio: se conoce que estos códices están copiados por el de Cuenca, porque el copiante conservó la voz de Cuenca en varias partes de la escritura, que algunas se hallan enmendadas en Moya". Conviene ver "Orientación bibliográfica sobre la conquista y fueros conquenses", de A. Herrera García, en CUENCA, nº 11, 1977, con mucha información sobre el tema. El cap. XLV de la Forma Sistemática, págs. 852/855, incluye el Catálogo de los Jueces de Cuenca: “Juez XXXIII, Pascual de Garci Pérez, cuando fue poblada Moya”. Encuéntrase también en P. Pruneda, "Crónica de la Provincia de Cuenca", Apéndice I, págs. 58/59; en Mateo López, Memorias, vol. I, págs. 62/65; y en Muñoz y Soliva, Obispos, págs. 83/85, y Cuenca, págs. 69/71 del tomo II.
89. VEGA Y TORAYA, Francisco de la.- "Crónica de la Provincia de Castilla, León y Navarra, del Orden de la Santissima Trinidad, Redempcion de Cautivos ...". Madrid, 1720-1723-1729, 3 vols.
Ver I Parte, libro I, cap. XXXVII, aparición de la Virgen de Texeda, y concesión de San Julian a la Orden trinitaria para fundar convento: párrafo 545, aparece la Virgen, a dos leguas y media de la villa de Moya. Se construye pobre ermita. Ruega San Julian a San Guillermo Escoto envíe religiosos fundadores; párr. 546, cita a Ponce de León, y reproduce el texto del lienzo que ya conocemos, véase también Bermejo; párr. 547, rebate el argumento de Ponce, basado en el manuscrito que encuentra en el archivo del convento; párr. 548, se funda Texeda en 1207, según Navarro, aunque cita bula de Inocencio III (1198-1216) en la que se nombran algunos conventos existentes, sin incluir a Texeda; párr. 549, según la crónica del P. Navarro, va San Lesmes a Texeda de parte de San Julian, con ayuda de costa para el santuario. Libro III, cap. XX, párr. 1600, funda Escoto Texeda en 1207, y regresa a Burgos con Juan de Mata; caps. XVII a XXV, párrafos 1573 a 1661, vida de San Guillermo Escoto. II Parte, libro IV, cap. LXI, págs. 426 a 432, párrafos 970 a 982. Describe el lugar de Texeda la Vieja, y cree que la inundación que motiva el traslado tiene lugar en 1332. Se refiere al Tratado de Oración de Ponce, y que Juan Pastor acabó sus días como religioso en Texeda. Defiende que la segunda aparición fue el mismo año que la primera. Aporta datos de la vida de Fray Bartolomé de Texeda, religioso profeso del convento, famoso por sus disciplinas y por la prodigiosa aparición de su cabeza fuera del sepulcro, de la que guardaban un fragmento los primeros marqueses de Moya, según el P. Altuna, su Chronica, pág. 145. III Parte, Libro VI, historia de San Simón de Roxas; cap. V, párr. 451, episodio de la endemoniada lasciva; cap. IX, párr. 488, va Roxas a Texeda y apaga un fuego milagrosamente; párrafos 489 a 491, hace penitencia en Texeda y le acosan los demonios, mas triunfa y le entrega María el cíngulo de castidad, acontecimiento que vuelve a citarse en cap. XIV, párr. 531; cap. XXXVI, viaje de Simón de Roxas a los conventos de la Mancha, párrafos 1050 a 1052, pasa por Texeda, y 1053, va a la Fuen Santa. Es Vega, con el P. Ortega, la mejor guía que tenemos para el conocimiento del manuscrito de Fray Antonio Navarro, que dice haber consultado, pág. 179 del primer volúmen, encontrándose a la sazón en la biblioteca del convento de Madrid y cuyos datos transmite tal cual. El P. Bermejo y Fr. Antonino de la Asunción le reprochan su falta de objección a la historia de Lupián Zapata.
90. VEGA Y TORAYA, Francisco de la.- "Vida del venerable siervo de Dios ... Simón de Roxas". Madrid, 1760. 511 págs.
Ver caps. XVIII y LXXIV. Es el P. Vega una fuente esencial a la historia del Santuario de Texeda. Véase también la vida de Roxas en López de Altuna, "Primera parte de la chronica del Orden de la Santissima Trinidad redención de cautivos", Segovia, 1637, libro III, págs. 453/572, A. Gaspar Bermejo, libro III, y la obra de Francisco de Arcos, sin olvidar a Francisco Manzano, "Centellas de amor de Dios, y su Madre. Que sin poderse contener despidió, el encendido, y abrasado coraçon del muy venerable Padre, y Reverendísimo Maestro Fray Simón de Roxas. Confesor que fue de la Reina nuestra Señora Doña Isabel de Borbón...", Madrid, 1653, aunque no pasa de ser un panegírico escaso de datos biográficos, que acompaña con parecidas semblanzas de varios discípulos del santo, y algún que otro error. Mucho más interesante es, sin duda, otra edición vegana de la vida del santo corregida y aumentada por el P. Bermejo, con extenso apéndice que contiene transcripción de los documentos de beatificación y narra las innumerables y brillantes ceremonias que al efecto se celebran en diócesis y conventos, "Ave María. Vida del Beato Simón de Roxas, del Orden de la Santissima Trinidad, redención de Cautivos Christianos, fundador de la Congregación del Dulcisimo Nombre de María...", Madrid, 1772, con índice, 421 págs. y apéndice, 61 págs., de la que remitimos al cap. XVIII, párrafos 156 al 164; cap. XXVI; cap. LXXIII, y cap. LXXIV, en el que se habla de una capilla hecha de la celda que poseían los marqueses de Moya junto al altar mayor, párrafo 891.
91. ZURITA, Gerónimo de.- "Anales de la Corona de Aragón". Zaragoza, 1562-1579. Hay ed. moderna, de A. Canellas López, 1967; 8 vols.
Auténtico compendio de datos, algunos sorprendentemente precisos. No en balde pudo Zurita consultar el archivo de los marqueses, que debía estar en Moya, a juzgar por la correspondencia del cronista con el II y III condes de Chinchón, y con el cardenal arzobispo de Burgos, don Francisco de Mendoza y Bobadilla (Colección Salazar, Mss 9/111, 9/112 y 9/113), condiscípulo del cronista en la Universidad de Alcalá, véase nuestras notas al Tizón, y Dormer, Progresos del Reino de Aragón. En carta de 25/1/1563, le agradece el cardenal el envío de los Anales, que le alaba grandemente; y responde el III conde de Chinchón en carta del 18/11/1575 que no puede enviarle ningún papel, por estar el archivo de su casa en el marquesado de Moya. No podía ser otro sitio que la misma villa. Consultar:
Tomo I, años 695?-1276.
Libro II, cap. LXXIII, toma de Mira en 1219, por el Arz. Don Rodrigo.Libro III, cap. XLIII, 1247, sobre señalamiento de términos a las heredades de los infantes de Aragón, don Alonso y don Jayme, hijos del rey Jaime I, que otorga Aragón al primero y Valencia al segundo.
Tomo II, años 1276-1313.
Libro IV, cap. CXIX, 1290, Juan Núñez se confedera con el rey de Aragón contra Sancho IV, y éste toma Moya. Luego, Juan Núñez y sus hijos le hacen vasallaje y le ofrecen Moya y Cañete. Nueva confederación en 1291, con Sancho IV. Cap. CXXIV, 1291, a pesar de los acuerdos, y desconfiando de los Núñez, Sancho IV cerca Moya y Cañete. Libro V, cap. XX, 1296, don Alonso de Castilla [Alonso de la Cerda] hace donación al infante don Pedro de Aragón de Cuenca, Alarcón y del castillo y villa de Moya, y de Cañete, con motivo del trato para el casamiento con Violante de Aragón. Cap. XXXII, 1297, el rey Alfonso de Castilla da las villas de Cuenca, Moya, Alarcón y Cañete a don Jaime de Aragón. Cap. LXVI, 1304, se entrevistan los reyes de Castilla y Aragón en Campillo, frontero entre Aragón y Castilla.
Tomo III, años 1300-1344.
Libro VI, cap. LXXVI, 1327, pleito de mojones entre el obispado de Cuenca y el de Teruel por la villa de Moya. Libro VII, cap. XXXIV, 1336, Pedro IV, en Chelva, con gente de Requena y Moya, prende a don Pedro de Jérica. Cap. XXXVII, 1337, gentes de Cuenca, Molina, Moya, Huete, Requena, Soria, etc., van a guerrear contra Aragón y Valencia.
Tomo IV, años 1344-1410.
Libro VIII, cap. XXXV, 1349, Bernaldo de Cabrera, para el trato del matrimonio de la Infanta doña Juana con el Conde de Trastamara, ofrece Requena, Molina, Cuenca, Cañete y Salvacañete, y todos los lugares y castillos de la zona. Libro IX, cap. III, 1356, comienza la guerra de los Pedros, y el Conde de Denia con Pedro de Jérica rompen en Castilla por la zona. Cap. XVI, 1358, noticias de Garci Fernández de Villodre, alcaide de Moya. Cap. XXXI, 1361, el Infante don Fernando se compromete a dar al rey de Aragón las villas de frontera, Moya entre ellas. Cap. LXXI, 1367, Requena, Alarcón, Moya, Cuenca y otras plazas, rehenes a causa del acuerdo de matrimonio entre la infanta Constanza, hija del rey Pedro, y el Infante don Juan. Exige el rey de Aragón a Pedro de Castilla Alcaraz, Requena, Otiel, Moya, Cañete y Cuenca, entre otras plazas, a cambio de confederarse contra Enrique. Libro X, cap. III, 1368, acuerdo del rey de Inglaterra con el rey Pedro de Aragón, para la conquista de partes de Castilla, y que en caso de incumplimiento, el de Aragón tomará Uclés, Requena, Moya, Cañete y Cuenca, entre otros lugares. Cap. X, 1370, Acuerdo entre el rey de Portugal y el rey de Aragón para que aquel fuera llamado Rey de Castilla, y quedara el rey de Aragón con los lugares de Requena, Otiel, Moya, Cañete, Cuenca y otros. Cap. XVI, 1373, acuerdo del rey de Aragón y el duque de Anjou, y exigencia de los lugares de Moya, Cañete, Otiel, y la ciudad de Cuenca. Acuerdo entre el rey de Inglaterra y el de Aragón, para ayudar a este a tomar Requena, Otiel, Moya, Cañete, Molina, etc. Cap. XVII, 1374, más noticias del Villodre, alcaide de Moya. Cap. XLIV, 1389, Talayuelas en el vizcondado de Chelva. Cap. LIV, 1394, Moya en la herencia de doña María de Albornoz.
Tomo VII, años 1452-1474.
Libro XVII, cap. LVI, 1464, varios nobles y prelados intentan arrebatar a Pedro de Bobadilla la custodia de los infantes y de Isabel de Portugal. Libro XVIII, cap. XXIV, 1469, Beatriz de Bobadilla y Mencía de la Torre se van a Coca, por temor a Enrique, a raíz del matrimonio de Isabel y aconsejadas por el Pacheco, abandonando a la princesa. Cap. XLIX, 1473, Se resiste Andrés Cabrera a entregar al rey Enrique y al Maestre de Santiago los tesoros del alcázar de Segovia y las puertas de San Juan y San Martín. Cap LVI, 1473, trabajan los Cabrera por el acuerdo del rey Enrique y los príncipes. Presiones del Maestre de Santiago para apoderarse de Segovia. Acuerdo entre Enrique IV, el Maestre de Santiago, A. Cabrera y Beatriz de Bobadilla para entregar al Pacheco los Alcázares de Segovia, y otro acuerdo entre Cabrera y el Maestre para que antes de entregar los Alcázares, ceda el Maestre a Cabrera San Martín de Valdeiglesias con su fortaleza. Da Enrique Moya a Cabrera, y concierta luego el Maestre que queden en poder del mayordomo los Alcázares de Segovia, puertas de la ciudad y torre de la iglesia mayor, y oficios de Justicia, mas en el caso que pudiera el Maestre obtener Moya, que quedara el Cabrera con las fuerzas y puertas de Segovia, y el Alcázar para el Maestre. Acuerdo secreto entre A. Cabrera e Isabel, con la mediación de Alonso de Quintanilla, una de cuyas condiciones es la confirmación de Moya para Cabrera. Cap. LVII, Moya se pronuncia por Isabel y es tomada por Juan Fernández de Heredia. Cerco de Narboneta por las huestes del Villena. Cap. LXII, 1474, entrevista de Segovia, Enrique e Isabel. Cap. LXIII, 1474, fiestas de reconciliación en Segovia, y comida en que se siente indispuesto el rey Enrique.
Tomo VIII, años 1474-1492.
Libro XIX, cap. XIII, 1474, muere Enrique, y se dice que es a causa de haber sido envenenado en Segovia. Cabrera entrega alcázar y tesoro de Segovia. Cap. XXIV, 1475, se entrevista Fernando con el arzobispo de Toledo en el camino Daroca-Moya. Cap. XXVI, 1475, entrega de los tesoros a los reyes. Presiones del rey de Portugal para obtener los tesoros del alcázar de Segovia. Juan Fernández de Heredia entrega Moya a cambio de otras mercedes. Cap. XXVII, 1475, carta de la princesa Juana a la villa de Madrid, dando su versión de los hechos de la sucesión, y de la entrevista de Segovia, en la que asegura que Andrés Cabrera se opone a que el rey sea raptado. En ella se afirma la promesa de Cabrera de defender los derechos de Juana al trono de Castilla. Cap. XLVI, 1476, A. Cabrera media para negociar la entrega de la fortaleza de Burgos. Cap. LII, 1476, los disturbios de Segovia, Maldonado. Libro XX, cap. XXI, 1478, título de marqueses a petición de los grandes del reino, y Condado de Chinchón. Cap. LXX, A. Cabrera en el cerco de Málaga. Cap. LXXI, 1487, episodio del moro fanático en el campamento de Málaga.
Debe completarse con "Los cinco libros postreros de la Historia del Rey Don Hernando el Catholico. De las empresas y ligas de Italia", tomo VI de la edición de Dormer, Zaragoza, 1670, donde se narra con lujo de detalles la situación del reino a la muerte de Felipe el Hermoso. Véase libro VII, a partir del cap. XV. En los caps. XXXVI, XLIII y XLIIII (sic) se dan datos dispersos de los acontecimientos de Segovia de 1506/7, y relación detallada de la toma de la ciudad por los marqueses de Moya en el cap. LV.
Sería desproporcionado hacer aquí un análisis pormenorizado de todo cuanto de Moya hay en los Anales, pero no nos resistimos a abordar un aspecto de su historia no por más recurrido menos interesante, que se hace evidente en esta crónica como en ninguna otra. Entre 1290 y 1373, Moya es ofrecida o canjeada, exigida, o simplemente regalada en presente de bodas, ¡En trece ocasiones!. Y no acaban aquí sus problemas, porque en 1375 es forzada por Enrique II a reconocer el señorío de Micer Gómez de Albornoz en premio a su toma de partido en la pasada guerra civil, y en castigo a la militancia pedrista de Moya al mando de Garci Fernández de Villodre, alcaide de su fortaleza, mayordomo y hombre de confianza del rey Pedro, cuya muerte contempla inerme aquella noche negra de 1369 en los campos de Montiel. Muerto Juan de Albornoz, hijo de Micer Gómez, en 1379, quedaba franca Moya para retornar al patrimonio real por falta de descendencia masculina, circunstancia que aprovecha la viuda, Constanza de Castilla, para venderla por unos florines a los propios moyanos en un claro gesto de cinismo señorial, no insólito por otra parte, adquiriendo con ello unos derechos sobre su propia tierra que no obstante mal podrían defender. A poco, se introducía plena de incertidumbre en el turbulento siglo XV, donde otros acontecimientos darían finalmente la puntilla a su tradicional estatus de relativa independencia como realengo, quedando definitivamente postrada en 1521 a raíz de la Guerra de las Comunidades. Es muy posible que esta, llamémosle indefensión, agudizara una paulatina toma de conciencia devenida inevitablemente en la Historia de una Rebeldía, que muy bien pudiera ser el título merecido a sus esfuerzos.
92.-Manuscrito “Noticias de Moya” D.GERARDO GONZÁLEZ
GARCIA Cura Párroco de Santa María de Moya entre 1887 y 1891. Editores: Mariano López Marín,
Régulo Algarra Hernández y Guillermo de León Virtudes. Editado por la Excma diputación
Provincial. Cuenca, agosto 2025 Transcrito por Luis Mombiedro Manso MANUSCRITO NOTICIAS
DE MOYA DE D.GERARDO GONZALEZ GARCIA COMPLETO
LOPEZ MARÍN, MARIANO.- EL SEPTENARIO
DE MOYA (CUENCA) fiesta de interés turístico regional. 386 años de
historia, fe, devoción, tradición, vivencias y convivencia en torno a la
Virgen de Tejeda patrona del Marquesado de Moya. 1639-2025. Se puede descargar en el siguiente enlace: http://mlopezmarinhistorialocal.blogspot.com/2025/06/libro-en-pdf-descargable-el-septenario.html
93.-SARA T. NALLE
Historiadora americana. Es una
grandísima autora americana SARA T. NALLE que ha aportado importantes
investigaciones para conocer mejor la historia de Moya y de Su Marquesado y a
la que los investigadores de la historia de la Serranía Baja de Cuenca debemos
estar inmensamente agradecidos por sus aportaciones. Sara es una gran enamorada
de Cuenca y de nuestra zona. De hecho posee piso en Cuenca y casa en Algarra y
pasa una parte del año entre nosotros. Además es muy aficionada a la pintura.
Estuve con ella en Carboneras de Guadazaón, en mayo de 2018, cuando impartí la
conferencia "Carboneras de Guadazaón y su importancia en el Marquesado de
Moya" con motivo de las Jornadas Culturales que cada año celebra la
Asociación Cultural "Hijuela Histórica" de esta localidad”. No
obstante estamos en contacto en redes sociales.Posteriormente estuve en
Los Huertos de Moya otra vez con ellla. En el año 1996 se
incluyó un extraordinario trabajo suyo en el libro MOYA Estudios y Documentos 1
del grupo de investigación de Moya en el que participaba Sara y que coordinó mi
amigo Régulo Algarra Hernández. Ella es una gran conocedora de los archivos
españoles tanto del Archivo Histórico Nacional, como de la Real Chancilleria de
Granada y el archivo de la Inquisición de Cuenca. 94 SARA. T. NALLE.:
”Moya busca nuevo señor: Aspectos de la rebelión comunera en el Marquesado
de Moya” Discurso leído ante la Sociey for Spanisch and Portuguese
Historical Studies. Chicago, abril de 1994. Moya. En este trabajo aborda
ampliamente la rebelión comunera en el Marquesado entre 1520 y 1521. Hace
mención a las grandes obras que tratan la rebelión comunera en Castilla.
Insiste en que la descripción general de esta rebeliones rurales aparece en la
obra ·”Las comunidades como movimiento antiseñorial" de J. J. Gutiérrez
Nieto en el que estudia en toda Castilla el papel de estas revoluciones, aportando
nuevos datos y corrigiendo a la interpretación que había hecho José Antonio
Maravall de las comunidades como revolución exclusivamente urbana. Estudios y
documentos I. Págs. 93-102. Grupo de Investigación de Moya. Excma. Diput.
Provincial de Cuenca. 1996. Ha publicado dos
libros fundamentales, uno dedicado a la historia de un peculiar cura de
Cardenete y otro a la reforma religiosa en Cuenca este último en
inglés, y tambien hay una edición en castellano realizada por un editor
conquense. 95.- NALLE, SARA T.-“Loco
por Dios: Bartolomé Sánchez, el mesías secreto de Cardenete" Fundación
de Cultura Ciudad de Cuenca. 2009. 23 cm. 275 p. il., mapa. Encuadernación en
tapa blanda de editorial ilustrada. Traducción, José Luis Gil Aristu.
Bibliografía: p. 257-266. Índice. En la portada: Ayuntamiento del Cardenete.
Sánchez, Bartolomé. fl. 1501. Inquisición. Cuenca (Provincia). Historia . ISBN:
9788461313655, |
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CAPÍTULO II .LOS ORÍGENES 1. ALAU, GONZALEZ, ALVAREZ.- "Cuenca edificada". 1983. Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. 258 págs. 1 mapa. Moya en pág. 152 y ss.
Loable primer intento de catalogación sistemática del patrimonio arquitectónico y urbanístico de la provincia. Los autores articulan el núcleo documental de su trabajo en seis apartados apoyados en generosa e interesantísima documentación gráfica:"Cuenca edificada", "El inventario de las arquitecturas", "El inventario de las poblaciones", "Cuenca", "El contexto del patrimonio", "Itinerarios", "Patrimonio de interés".La obra concluye en una amplia bibliografía. Las referencias al territorio que nos ocupa son numerosas. En el apartado de itinerarios, los de Cañete y Cuenca incluyen los elementos del patrimonio moyano. En el titulado "Patrimonio de interés" el listado recoge el inventariado en Algarra , Aliaguilla, Boniches, Campillos Sierra, Carboneras de Guadazaón, Cardenete, Fuentelespino de Moya, Garaballa, Henarejos, Laguna del Marquesado, Landete, Moya, Pajarón, Pajaroncillo, Salinas del Manzano, Salvacañete, Santa Cruz de Moya, Tejadillos, Valdemoro Sierra, Villar del Humo, Zafrilla.
El objeto de estudio bien merecía un trabajo más amplio y monumental bajo el auspicio de alguna de nuestras autoridades administrativas. Esperamos que este obligado esfuerzo no llegue tarde, y que de una vez tengan cumplida satisfacción las palabras con las que los autores finalizan su comentario de la villa de Moya: <<Conjunto tipológicamente singular en la provincia, si es que no lo es a nivel nacional, su declaración como monumento nacional exige un estudio profundo de su naturaleza y futuro>>.
Conviene indicar, ahora que hacemos referencia arqueológica al estudio del patrimonio arquitectónico, que ni este trabajo ni el de MONEDERO BERMEJO (1982) señalan la presencia de arquitectura románica en Algarra, siendo que la primera traza de su iglesia parroquial debió serlo como atestiguan los canecillos de su muro oriental.
Pasado el tiempo, y desde la perspectiva de la Historia del Arte, el patrimonio arquitectónico ha conseguido una excelente valedora en ROKISKI LAZARO, Mª Luz.- "Arquitectura del siglo XVI en Cuenca". 1985. Excma. Diputación Provincial.Serie Arte nº 2. Cuenca. Y "Arquitectura del siglo XV en Cuenca. Arquitectos, canteros y carpinteros". 1989. Excma. Diputación Provincial. Cuenca. Ambos reseñados en el CAP. III de esta Relación.
2. ALMAGRO BASCH, Martín.- "El arte rupestre levantino español".1970. En el cap. VIII (págs. 336-383) de PREHISTORIA, Tomo I del "Manual de Historia Universal". Ed. Espasa-Calpe. Madrid. 2ª edición.
En este trabajo don Martín expone una visión, ya clásica, del arte rupestre levantino, su tipología, funcionalidad y cronología. Dentro de la familia del arte rupestre levantino incluye los abrigos de Villar del Humo y Boniches de la Sierra, ejemplos de ese arte naturalista al que el autor, por el estilo, la temática y el utillaje de las escenas, otorga una cronología tardía: época neolítica o incluso metalúrgica. Se trata de una visión eminentemente arqueológica, algo distinta de los análisis estilísticos más precisos de la ciencia actual. La misma cronología tardía es defendida en ALMAGRO GORBEA, Martín.- "Las culturas de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro..." Este autor pone en relación las pinturas seminaturalistas, del arte avanzado de la Serranía de Cuenca, con las pinturas esquemáticas de Sierra Morena y con las también coetáneas del arte naturalista de Albacete.
3. ALMAGRO GORBEA, Martín.- "Los campos de túmulos de Pajaroncillo (Cuenca)". 1975. Excavaciones Arqueológicas en España, Nº 83. Madrid. Págs. 1-131 + 19 láms + 2 desplegs.
Memoria de las campañas arqueológicas realizadas durante 1968 y 1969 en los campos de túmulos de las Hoyas del Castillo y de los Tesoros, ambos descubrimiento del inefable e incansable "rastreador" D. Federico Campos. Los túmulos del lugar "los Tesoros" debieron ser de mayor tamaño, pero al estar muy destruidos la excavación arqueológica se centró en el estudio de los túmulos del paraje "las Hoyas del Castillo". Estos consisten en construcciones circulares, enmarcadas por un muro vertical de aproximadamente un metro de altura, en cuyo interior está la cista (o caja más o menos cuadrangular, aunque hay algunas que tienden a ser circulares) que recogía los restos de la incineración, o inhumación en algunos casos, de gentes del Bronce Final. Las muestras de C14 resultaron inútiles por efecto de los saqueos que recientemente se han producido en el yacimiento, y que son prueba del daño que en el patrimonio del Marquesado de Moya causan aficionados y descontrolados de todo tipo, desde los incultos buscadores de "tesoros" hasta los titulados y catedráticos universitarios que prepotentemente actúan valiéndose de su posición o de sus contactos. Sirvan como ejemplo dos casos extremos: la prolongada "excavación" de "La Peña del Castellar" (Villar del Humo), y el concienzudo saqueo de "La Coronilla", sobre la Fuenmaría, en Landete.
4. ALMAGRO GORBEA, Martín.- "La iberización de las zonas orientales de la Meseta".1976-78. EMPURIES, Nº 38-40. Págs. 93-156. Barcelona.
El profesor Almagro realiza en este extenso artículo una síntesis histórica que resulta imprescindible para situar y entender la diversidad de datos arqueológicos provenientes de la región. Comienza el artículo con un resumen en el que de manera didáctica sintetiza lo que luego desarrollará minuciosamente:
Desde el siglo VII a. C. influjos ultrapirenáicos y mediterráneos se superponen a las tradiciones locales del Bronce Final. Estos dos precedentes se verán modificados por la Cultura Ibérica y por los influjos fenicios y griegos, dando, ya en el VI, frutos nuevos en todo el SE de la Meseta Sur. El siglo V será en nuestra región, como en toda la cuenca mediterránea occidental, un siglo de estancamiento que dará paso a una nueva revitalización en el IV. Los sustratos locales de esta época, bajo influjos de una mayor o menor iberización, darán lugar a la diversidad de áreas culturales que ya reciben nombre propio en las fuentes clásicas (carpetanos, oretanos, bastetanos, olcades del Júcar, celtibéricos de la Serranía de Cuenca y del alto Jalón, ...).
A finales del siglo III a. de J.C. las intensas y mútuas influencias entre todos estos grupos no serán impedimento para que se integren en la órbita de Cartago... La historia posterior la seguimos ya en otros textos.
En el esquema del profesor Almagro podemos engarzar algunos de los datos que hoy tenemos sobre la prehistoria de las tierras del antiguo Marquesado.
A mediados del segundo milenio antes de Cristo existe en la Meseta Sur un mosaico de culturas identificables bajo la denominación genérica de "Bronce Medio". Una de ellas, en la zona oriental, es el "Bronce Valenciano" o "Bronce Ibérico" a la que nosotros adjudicamos "El Colmenar" (Landete). En torno al cambio de milenio diferentes contactos foráneos dejan su huella en estas tierras, la cueva sepulcral de la sima del cerro "Cabeza de la Fuente" (Boniches) manifiesta la profunda transformación del sustrato local llevado a cabo, de norte a sur, por la Cultura de los Campos de Urnas en su fase tardía.
Según esta secuenciación cronológico-cultural, los túmulos que el mismo Martín Almagro excavara en Pajaroncillo (vid. supra), y las necrópolis que BOSCH GIMPERA conocía en la zona, corresponderían a la llegada de las tradiciones hallstáticas del Hierro I y a un momento posterior de establecimiento pleno en esta parte de la Serranía.
Para el autor todos estos yacimientos de la Serranía (a los que hay que añadir, confirmando su hipótesis, los que se han estudiado después en Pajarón, Reillo, Cañete y Moya) señalan el camino natural del Júcar al Cabriel en su curso alto. Este camino es, a la vez, el último tramo de acceso a la Mancha Alta, el paso hacia el Valle del Ebro, y el acceso al mundo levantino desde donde llegan las cerámicas áticas y el influjo, nada uniforme ni en cronología ni en intensidad, del iberismo pleno. Este último momento está documentado por materiales de una gran calidad en "La Coronilla" (Landete) y en "La Peña del Castellar"(Villar del Humo).
5. ALMAGRO GORBEA, Martín.- "Las culturas de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro en Castilla-La Mancha". 1988. Actas del I Congreso de Historia de Castilla-La Mancha. Vol.II. págs. 163-180.
Este importante trabajo de síntesis parte de la constatación de las múltiples dificultades historiográficas que el estudio de esta parte de la prehistoria presenta en la región: ausencia de tradición científica, diversidad de criterios metodológicos, profusión de terminologías de uso casi individual, ausencia de criterios homologables para una secuenciación cronológico-cultural en la zona, ...
En Castilla-La Mancha, tras una relativa neolitización, advierte el autor diversas modalidades culturales de la Edad del Bronce, que corresponden más a una distribución espacial que a una auténtica diferenciación tipológica o cronológica.
La Serranía conquense (El Colmenar, Landete) es adjudicada a la que el autor denomina "Bronce Ibérico", junto a la Manchuela y la sierra de Albarracín. Este "Bronce Ibérico" correspondería a tradiciones que se dieron en todo el cuadrante NE. de la Península Ibérica. Las cinco grandes áreas que ocuparía la Edad de Bronce en la región no difieren en los elementos fundamentales: sus materiales cerámicos, por ejemplo, presentan características bastante comunes, lo que lleva al autor a establecer la proximidad cultural y el entronque de todas aquellas áreas entre sí y con las culturas premetálicas. La cultura de la Edad del Bronce será el sustrato de los pueblos prerromanos: los celtas que introducen el hierro desde el N. y el NE. de la Meseta Sur; los pueblos de tradición orientalizante que influyen desde el S. y SO.; y los que dan fin al imperceptible proceso de iberización con influencias del SE. Desde el siglo VII el crecimiento demográfico y los cambios económicos asegurarán la pervivencia de muchos poblados que mantendrán su cultura hasta la romanización. El auge de la iberización en el siglo IV concentrará los excedentes demográficos en grandes núcleos fortificados, ejemplos de desarrollo proto-urbano y de fuerte jerarquización territorial que serán aprovechados por el posterior ocupante romano. En este momento la zona de la Serranía de Cuenca (forestal, ganadera y de hábitat disperso) queda ya al margen de este proceso e inicia la marginalidad que le será característica en toda la historia venidera, y aún en el presente.
6. ALONSO TEJADA,A.- MELGAREJO, M.- MEDINA, O.-CARRION, M.- "Las pinturas rupestres esquemáticas de la Peña del Castellar (Villar del Humo, Cuenca)".1982. ZEPHYRUS, nº XXXIV-XXXV. Salamanca. Págs.133-140.
Esta estación arqueológica se encuentra en la misma peña donde se ubica el yacimiento ibero-romano expoliado sistemáticamente durante lustros (Cfr. OSUNA, 1.976). El abrigo presenta dos grupos de pinturas muy alteradas por la fuerte degradación natural que padece la roca. En el primer panel aparece una figura humana. En el segundo, junto a trazos y manchas indeterminados, se hace presente la figura de un cáprido en relación a otra antropomorfa lo que es interpretado por los autores como una escena de domesticación. En ausencia de elementos que permitan una datación segura, los autores se apoyan (de manera genérica i harto imprecisa) en otros especialistas para ubicar estas pinturas en el Bronce I.
7. ALONSO TEJADA, Ana.- "Los conjuntos rupestres de Mármalo y Castellón de los Machos (Villar del Humo, Cuenca).1983-84. EMPURIES, nº 45-46. Barcelona. Págs. 8-29. 11 fig.,10 fot.
Por su contenido y metodología, consideramos que este es el primer trabajo sistemático sobre las pinturas rupestres de la Serranía Baja conquense. Se estudian aquí los cinco abrigos de Mármalo y el de Castellón de los Machos. Tras la descripción del contenido pictórico de los diferentes abrigos, la autora los valora y los relaciona con el resto de estaciones de Villar del Humo. De dicho estudio crítico se derivan estas conclusiones:
- predominio, en toda la zona, de los elementos esquemáticos sobre los naturalistas;
- las representaciones antropomorfas aceptan tanto un tratamiento esquemático como naturalista;
- ausencia casi total de escenas de caza, como ya señalara HERNANDEZ PACHECO, 1959. Sólo en Mármalo IV aparece un arquero, de tratamiento naturalista estilizado, que luce un llamativo tocado. Tiene paralelos en Peña del Escrito II y Selva Pascuala, dentro del conjunto de estaciones de Villar del Humo, y en Albarracín, Alpera y Dos Aguas, fuera de aquél;
- varias escenas podrían dar pie a interpretaciones religiosas o "simbólicas": Mármalo IV, en línea con lo apuntado por JORDA, 1.976, podría indicar la presencia del culto al toro en la zona; Mármalo V, donde un rebaño se relaciona con un elemento humano.
La investigadora recoge las aportaciones clásicas para establecer una cronología de los conjuntos, y señala la dificultad de establecer una datación precisa. Pero apoyándose en la posible interpretación como pastoriles de unas escenas, y como religiosas otras, se inclina por una fecha temprana para las figuras naturalistas, y una datación posterior para los motivos esquemáticos. Todo ello sin apartarse de los cánones tradicionales. La autora, auténtica especialista de las pinturas rupestres de Castilla-La Mancha intenta superar la fragmentación y parcelación de los estudios existentes desde el descubrimiento de las pinturas, a principios de siglo: HERNANDEZ PACHECO.- "Prehistoria del Solar Hispano. Orígenes del arte pictórico".1959. Memoria de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid. Nº XX. Madrid. Págs. 420-36: el primer notificador de las pinturas no sistematizó totalmente su estudio, por lo que en buena parte siguen inéditas. ACOSTA, P..- "La pintura rupestre esquemática en España".1968. Salamanca: considera a las pinturas de Villar del Humo nacidas en el Neolítico y desarrolladas en la Edad del Bronce. BELTRAN, A..- "Sobre la pintura de un caballo ...". 1968. Vid. infra. En otra, "Arte rupestre levantino". 1968.Zaragoza, el mismo autor atribuye a las pinturas de Villar del Humo una edad entre 7.000 y 1.200 años a.d.C. BOSCH GIMPERA, P..- "Etnología de la Península Ibérica".1974. Graz . En esta obra el autor mantiene, al final de su vida, su cronología muy temprana y adjudica las pinturas naturalistas de Villar del Humo al Paleolítico, mientras sitúa en el Neolítico y la edad del Bronce las representaciones más esquemáticas. JORDA CERDA, J..- "La Peña del Escrito (Villar del Humo, Cuenca) y el culto al toro ".1975. Cuadernos de Prehistoria y arqueología castellonense. T.2.Págs. 7-9.
Sobre la misma problemática la autora escribe el artículo de divulgación: "Villar del Humo. Un núcleo rupestre olvidado".1985.Revista de Arqueología, 45. pp.12-23.
8. ALONSO TEJADA, Ana.- "Inventario de las pinturas rupestres de Cuenca".1994. Consejería de Cultura. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
Trabajo inédito que forma parte del inventario y catalogación de las pinturas rupestres de toda la Comunidad Autónoma, por encargo de la Junta.
9. ALVAREZ, J.- BERNAL, C.- CARRASCO, A.- PEREZ, J.V.-"Memoria de excavaciones arqueológicas del yacimiento de El Colmenar (Landete, Cuenca).1984.Noticiario Arqueológico Hispánico (NAH), nº 18. Pág.8-38. 22fig. y III láms. Ministerio de Cultura.
El texto recoge los resultados de las campañas de 1977-78 y 79. En ellas se documentó la estratigrafía del yacimiento, se estudiaron las técnicas arquitectónicas empleadas en la construcción de sus defensas, se analizaron y topografiaron las principales estructuras arquitectónicas (especialmente en el extremo sur), y se delimitó el conjunto del yacimiento.
Este es un sistema defensivo que controlaba y protegía los ganados que se beneficiaron de las praderías de la zona. Perteneció a un grupo humano fuertemente jerarquizado, cuya cultura entronca con el llamado "Bronce Valenciano", a pesar de que su tecnología cerámica es de calidad sensiblemente inferior. Cronológicamente los análisis de C14 nos dan una fecha aproximada al 1.600 a. de J.C., que confirmaría la datación cultural del yacimiento y su paralelismo con otros de la zona de Albarracín y de la cornisa oriental de la Meseta.
10. ALVAREZ, J.- BERNAL, C.- CARRASCO, A.- PEREZ, J.V.-"Un poblado del Bronce Medio de Cuenca: El Colmenar (Landete)".1983. XVI Congreso Nacional de Arqueología,1982. Pág. 397-405. Zaragoza.
A pesar de estar publicada antes, esta comunicación es posterior a la memoria de excavaciones arriba comentada: incluye también los conocimientos aportados por la campaña de 1981, que no modifican lo ya dicho.
11. ALVAREZ DELGADO, Y.- "Excavaciones en la villa bajomedieval de Moya".1986. Actas del I Congreso de Arqueología Medieval Española (1985). Tomo IV; pp. 615-638. 13 láms. Diputación General de Aragón, Zaragoza.
Resumen de la memoria de excavaciones (1982/83) dividido en dos partes, Estudio Urbanístico, y Estudio Arqueológico. Hay que poner de manifiesto la evidencia de ocupación humana en Moya desde la Edad del Bronce, así como los vestigios de la posible ubicación de la primera iglesia de Moya en la Albacara, que podría ser la Trinidad vieja, y otros aspectos. Hay que reconocer en Yasmina su entereza al interpretar los datos arqueológicos, que contradicen la tradicional creencia del origen árabe de Moya, máxime dándose la circunstancia de estar ubicada en zona con abundancia de restos claramente indicativos de presencia musulmana. Véase Almonacid Clavería, y lo que decimos de la crónica del Idrisi. Hay que decir, no obstante, que se trata de una investigación abierta cuyas conclusiones penden de otros trabajos en curso. 12. AA.VV.- "ARQUEOLOGIA EN CASTILLA-LA MANCHA. Excavaciones 1985". 1987. Junta de Comunidades Castilla-La Mancha. Toledo.
Esta publicación pretende divulgar entre el gran público de la región el patrimonio arqueológico gestionado por la Consejería. Para ello reúne, provincia a provincia, las fichas de las diferentes excavaciones realizadas en 1985. La redacción de las mismas es obra de los respectivos directores.
Así en sus páginas encontramos:
PUCH,E.-MARTIN,A.-NEGRETE,MªA.- "Pajaroncillo" (poblado de la Edad del Hierro, reocupado por un pequeño asentamiento islámico en los siglos X-XI), pp.59-61.
ALVAREZ,Y.- "Moya"( III campaña de excavaciones en la que destaca el estudio de un pequeño horno cerámico del XVII junto a la torre del homenaje), pp.64-5.
PEREZ DE LA SIERRA,J.V.-"El Colmenar"(noticias de la V campaña dedicada al estudio del bastión defensivo del Sur en este yacimiento de Landete. El texto erróneamente considera que esta fue la II campaña), pág.68.
NAVARRO,J.-"Cabeza de Moya". (VI campaña de excavaciones en este poblado ibérico de Enguídanos que por su toponimia creemos fue un límite real de las tierras del antiguo Marquesado), pág.49.
13. BARRERA,J.L. y MARTINEZ NAVARRETE, M.I.- "Un enfoque interdisciplinar: el estudio de las hachas pulimentadas del museo de Cuenca".1980. Revista CUENCA, nº 17,pp.55-90; 11 fig. y VI láminas. Cuenca.
Los autores analizan un total de 49 piezas procedentes de toda la provincia: de ellas 9 de Carboneras y 4 de Pajaroncillo.
Aunque la pulimentación tuvo vigencia mucho tiempo después de su aparición en el Neolítico, estas hachas del Museo de Cuenca pertenecen a la Edad del Bronce, si bien la ausencia de contexto arqueológico para la mayoría de ellas es reconocida por los autores. Al decir de los mismos, la Edad del Bronce sería un largo periodo, culturalmente poco diferenciable, en esta parte de la Península Ibérica, que precedería a culturas más definidas y diferenciadas en nuestra provincia durante la sedunda Edad del Hierro.
En este trabajo se hace un análisis técnico de las piezas, cuyo resultado indica lo siguiente: a) los fabricantes de las hachas pulimentadas poseían una notable destreza para escoger los tipos de piedra en función de su dureza, facilidades de fabricación o/y adecuación funcional de los tipos de piedra; b) ninguna de las piezas tiene su origen en el Sistema Ibérico; su lugar de procedencia es el Sistema Central, en unos casos, y Sierra Nevada en otros. No existen datos que aseguren cuál fue la forma en que llegaron esos materiales a nuestras tierras, pero la presencia de restos de oveja y de cabra en excavaciones datadas en la misma época (en diferentes lugares de la provincia, y del mismo Marquesado) serían prueba fehaciente de una muy antigua transhumancia.
14. BELTRAN MARTINEZ, Antonio.- "Sobre la pintura rupestre levantina de un caballo, cazado a lazo, del abrigo de Selva Pascuala, en Villar del Humo (Cuenca).1968. Miscelánea a D. José María Lacarra. Págs. 81-84, una lámina. Zaragoza.
Advierte el autor de la ausencia de estudios monográficos referidos a los diferentes abrigos con pinturas rupestres de Villar del Humo. Desde que HERNANDEZ PACHECO diera a conocer al mundo científico, en 1.917, los primeros hallazgos se han ido sucediendo estudios fragmentarios y noticias parciales de los abrigos que BELTRAN adscribe tipológicamente de la siguiente manera: Peña del Escrito, arte levantino; Fuente de la Selva Pascuala y Cueva del Bullón, arte esquemático; Selva Pascuala o, con mayor exactitud geográfica, Rambla del Anear, arte esquemático y levantino. En uno de los abrigos de esta última estación aparece una figura humana en contacto con un caballo. La interpretación tradicional habla de un caballo tirado del ramal. Tal interpretación nos situaría ante una escena de domesticación forzosamente neolítica, y la pintura sería más antigua. D. Antonio BELTRAN elabora una argumentación demostrativa de que la escena representa la caza, neolítica, de un caballo a lazo, en función de la posición de los brazos del antropomorfo y de la relación del elemento de unión entre este y el équido. Señala diversos paralelos de una y otra interpretación, que en ambos casos pone las pinturas de Villar del Humo en contacto con las de Albarracín y el Levante Peninsular, y acepta para ellas una datación tardía: neolítico o incluso Bronce I.
15. BELTRAN VILLAGRASA, Pío.- "La estela ibérica de Sinarcas".1947. Boletín de la Real Academia Española. T.XXVI. Cuaderno CXXI, pp.245-259 + 1 lámina. Madrid.
Sin pertenecer Sinarcas al Marquesado, traemos aquí este artículo pues habla de unos hallazgos que documentan el camino tradicional de comunicación de estas tierras con el levante. Los restos materiales de época iberorromana lo atestiguan para época clásica y fijan el precedente de la ruta mesteña que se ha perpetuado hasta el presente siglo.
Desde el levante, por Utiel, y a través de Sinarcas una vía romana llevaría hasta la "villa" que hemos detectado en las proximidades de "El Rento del Manzano " en Landete, a través del hallazgo de diversos fragmentos de TSH, y luego pasaría por la que LLOPIS (vid. infra) detectó en Santa Cruz, camino de Albarracín, o siguiendo el cordel de Fuentelespino por el castro iberorromano que situamos en El Toril camino de Alcalá de la Vega.
16. BOSCH GIMPERA, P.- "Etnologia de la Península Ibèrica". Ed. Alpha. Barcelona, 1.932.
En este trabajo de síntesis son varias las referencias que el autor hace a elementos de la arqueología del territorio que, en una época, fue el Marquesado de Moya. Dado el carácter de síntesis sistematizadora del texto las referencias son breves y no adjuntan las precisiones que sería de desear. El que fuera uno de los padres de la arqueología peninsular, y rector de la Universidad Autónoma de Barcelona en época republicana, señala la presencia de necrópolis posthallstáticas, <<pertenecientes al mundo celta>> con cronología situable entre el siglo V y el III a. C., en los límites de las províncias de Valencia y Cuenca. El autor cree percibir un camino para los elementos germánicos que, desde las necrópolis de Pajarón, Pajaroncillo, Santa Cruz de Moya y Fuente Lespino (sic),llegaría por Utiel, Requena, Buñol, Turís, Alzira, Gandía y Oliva a conectar con una serie de necrópolis ibéricas con fuerte influencia "posthallstática".
Reiteramos lo dicho más arriba para corroborar la pervivencia histórica de esta ruta, u otra muy paralela.
BOSCH ubica las necrópolis de nuestra área en el mundo de los Olcades siguiendo las noticias de POLIBIO (III,13), e indica que su problemática debe ser estudiada en el seno de la cuestión celtibérica. Con la misma fuerza vital sostendrá esta tesis casi cincuenta años después en "Paletnología de la Península Ibérica". Akademische Druck. Graz (Austria), 1.974.
17. CABRE AGUILO Juan.- "El tesoro de plata de Salvacañete (Cuenca)"1936. Archivo Español de Arte y Arqueología, XII. Pp. 151-159, más VIII láminas.
Estudio de un lote que combina piezas de platero y monedas y que presumiblemente formaban parte de un conjunto censal. El autor estudia primero la orfebrería: piezas variadas pero homogéneas en su facturación indígena. CABRE las data entre el III y el I a.C. En segundo lugar se estudia un tesorillo de monedas de cecas hispánicas (la mayoría) y otras romanas. Aportan una cronología en torno a finales del siglo I a. de J.C., cuando la inseguridad de las guerras sertorianas propició la frecuencia de esos ocultamientos hoy devenidos hallazgos arqueológicos.
La irregularidad del hallazgo (a través de unos anticuarios que habían puesto las piezas a disposición del Estado) disminuye su potencial capacidad de información, y sólo nos ayuda a situar un poco mejor a Salvacañete en la red de circulación monetaria de época romana.
18. CAMPOS, Federico.- Vid. relación de títulos en el CAP. IV de esta relación.
A pesar del desmedido entusiasmo de F. CAMPOS, o quizás por ello, hay que leer a este autor con sumo cuidado pues a menudo sus deseos se superponen en demasía a su interpretación de la realidad. Sin embargo es de obligado reconocimiento su enorme saber sobre la zona.
19. DIAZ-ANDREU GARCIA, Margarita.- "La Edad del Bronce en la provincia de Cuenca". 1994. Excma. Diputación Provincial. Serie Arqueología Conquense.13. 312 págs., numerosas ilustraciones y láminas. Cuenca.
Esta obra es consecuencia de la tesis doctoral presentada por la autora en 1990 ante la Universidad Complutense de Madrid. Dirigió la tesis y presenta el libro el profesor Manuel Fernández Miranda.
Se estructura el libro en 5 capítulos (introducción, un capítulo por cada área geográfica de la provincia, otro de interpretación del registro arqueológico) y un apartado de bibliografía.
Los capítulos centrales y de mayor contenido científico
se estructuran con un mismo orden: características geográficas de la zona; etapas precedentes; estudio del poblamiento en sus diversas facetas (las pinturas rupestres en el caso de la Serranía); estudio espacial de las principales cuencas fluviales (el Cabriel en nuestro caso); rituales funerarios; consideraciones generales sobre el registro arqueológico.
Respecto a nuestra zona, la autora parte del neolítico del abrigo de La Presa, y del sitio de El Puente del Molinillo, ambos en Pajaroncillo; en el mismo municipio se situa la cueva funeraria calcolítica de El Arampolo. Ya en la Edad del bronce la autora recoge y estudia los siguientes yacimientos: El Castillo y El Castil de Cabras en Pajaroncillo, El Colmenar en Landete, La Peña de los Ramos en Boniches, el cerro de san Antonio en Aliaguilla, La Cerradilla en El Cubillo, el Cerro alto de la ermita de la Virgen de los Remedios en Alcalá de la Vega, La Coronilla en Campillos Paravientos, el Cerro del molino de abajo en Salvacañete. Todos ellos y otros sin precisar, de los que son originarios materiales depositados en el museo provincial, hablan de una continuidad del poblamiento desde un Bronce inicial (cuando menos) hasta la Edad del Hierro. Esa continuidad se documenta "en un mismo sitio desde el Bronce Final hasta por lo menos la segunda Edad del Hierro" en el Castillo de Pajaroncillo (p.167) y otros lugares (nuestros datos también apuntan el mismo fenómeno en El Toril de Fuentelespino donde cerámicas con mamelones e incisiones conviven con otras bruñidas, a torno pintadas o sin decoración, y sigilatas claras). Los yacimientos de este estudio son en su mayoría de tamaño medio y dominan , desde los altos, la perspectiva del paisaje. El ritual funerario es detectado sólo parcialmente por la autora en la cueva de la Berezosa en Villar del Humo, en la Cueva de Los Tornajos de Talayuelas, por comparación a la cueva de enterramiento Sima del Cerro Cabeza de la Fuente, en Boniches.
A diferencia de lo que pasa en la Alcarria y en La Mancha, en la Serranía la distribución espacial de los poblados parece hablar de cierto reparto del teritorio, y la autora cree percibir un incremento de "la tensión política" en el Bronce Medio por la ubicación de los mismos.
Se fia sólo la autora de los datos obtenidos en sus propios trabajos de campo, relativiza los datos de los yacimientos conocidos antes de su investigación e incluso evidencia cierta indiferencia respecto a los hallazgos sueltos y a los materiales de depósitos aislados. Tras esa rigurosa selección, y apoyándose en la reciente discusión teórica sobre procesos de cambio cultural, Margarita DIAZ-ANDREU nos plantea interesantísimas conclusiones que han de reorientar de manera significativa los futuros trabajos sobre el tema: adopción del policultivo mediterráneo - jerarquización social - nacimiento de la aldea - institucionalización de la apropiación del excedente - superpoblación - la violencia como forma de acceso a los excedentes - inicio del comercio - alianzas políticas regionales son momentos que jalonan un proceso de cambio cultural en sociedades complejas, que acabará en los preludios de un nuevo orden social: la Edad del Hierro.
20. ESTEBAN CAVA, Luis.- "La casa tradicional de la Serranía".1983. OLCADES, nº 13; pp.37-45. Cuenca.
Descripción general de la tipología de la casa tradicional y los elementos anejos. No hay referencias concretas a lugares del Marquesado pero la caracterización también es allí aplicable. El artículo presenta una carencia: las fotografías no tienen referencia local alguna.
21. GOMEZ GARCIA, Eusebio.- "Cosas nuestras (Bosquejo de una carta Arqueológica de Fuentelespino de Moya)".1989. MOYA (Boletín de la Asociación de Amigos de Moya), nº 2.
Artículo de divulgación que, sin demasiada precisión cronológico-cultural, da noticias de la presencia humana en Fuentelespino en el Calcolítico (Mesolítico). Relaciona lugares donde ha encontrado diversos materiales arqueológicos (que enumera sucintamente) sin precisar sus características tipológicas ni su adscripción histórica.
22. HERRERA GARCIA, Antonio.- "Orfebrería celtibérica en Salvacañete", en OFENSIVA, nº 5869 (4/1/67). Sobre el artículo de CABRE AGUILO en el Archivo Español de Arte y Arqueología.
23. JORDA CERDA, Fco..- "¿Restos de un Culto al Toro en el Arte Levantino?".1976. ZEPHYRUS, nº XXVI-XXVII. Salamanca. Págs. 187-216.
Análisis de la documentación, fragmentaria y diversa, referente al toro en las pinturas rupestres, en los estilos "esquemático" y "levantino". El autor trata de rastrear en ellas la asociación del toro con alguna práctica o idea religiosa, tal como posteriormente ocurrirá en el mundo ibérico. La ausencia de escenas de caza, la presencia de asociaciones toro-elementos simbólicos, o toro-juegos profanos le hace pensar en el papel "religioso o pararreligioso" del toro protohistórico hispano. Función que enlazaría con la rica tradición del Mediterráneo oriental. En los conjuntos de Villar del Humo el autor señala la presencia de ejemplares de dos de sus tipologías:
B) Toros entre varias figuras, pero sin formar escena en Peña del Escrito (dos casos) y en Selva Pascuala (un caso).
E) Representaciones simbólicas relacionadas con el toro en Peña del Escrito con una escena de gran complejidad que sugiere la ofrenda ante una representación del dios-toro y en presencia de una sacerdotisa. Todo ello sería la demostración de que las culturas agrícola-ganaderas que crearon tales representaciones confirieron al toro un valor superior al meramente económico, y lo integraron en un conplejo sistema simbólico.
24. LOPEZ REQUENA, Jesús; y CASTELLANOS, Carmen.- "Catalogación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico del conjunto histórico-artístico de la villa de Moya (Cuenca)". 1987. Trabajo inédito. Consejería de Cultura. J. de CC. de Castilla la Mancha. 170 págs.
En 50 fichas se analizan 25 monumentos arquitectónicos y urbanísticos de la villa: denominación, situación, descripción, estado de conservación, cronología, documentación gráfica, bibliografía y documentación, otras observaciones, son los apartados en que se divide cada ficha.
El trabajo recoge en dos volúmenes (uno de texto mecanografiado, y otro de planimetría, láminas e ilustraciones) un extenso e intenso análisis del patrimonio, en la línea iniciada por ALAU et alii en "Cuenca edificada". Su contenido habría de haber servido para planificar un proyecto global de salvaguarda y/o recuperación de Moya, por parte de las autoridades de la Junta. El análisis del trabajo incide en la actuación antrópica sobre el patrimonio moyano en diferentes épocas, antiguas y modernas. Sirvan de ejemplo las palabras con las que los autores acaban la descripción de la "CALLE DE SANTA MARIA": <<Esta calle se limpió en 1981 bajo la dirección de D. Javier Sáez. El escombro lo vertió al interior de las casas, tapiando puertas, ampliando y reconstruyendo algunos muros. Los materiales y nuevos muros de esta limpieza se reconocen por tener mampuestos a seco con abundantes piedras y ripios, sin haber marcado, en ningún caso, las reconstrucciones>>.
Protagonismos políticos que tienen más que ver con excusables personalismos que con competencia profesional, han relegado esta obra al cajón del escritorio de sus autores. Los amigos nos recreamos con su lectura que ilustra la materialidad de la historia de la villa en sus últimos tiempos de esplendor.
25. LLOPIS Y LLOPIS, Salvador.- "Pie de prensa de aceite, romano, de Santa Cruz de Moya (Cuenca)". 1948. Archivo Español de Arqueología, Nº 21. Págs. 298 y 299. Madrid.
Noticia de la aparición de un pie de prensa de un molino de aceite, situado en el complejo de una villa rústica que debió existir en el lugar de El Sargal, en el que también aparecieron sillares. El hallazgo fue fruto de las prospecciones que el autor efectuó, unos años antes, por la zona y de las que desdichadamente no conocemos los resultados. Describe someramente la pieza y su uso en el proceso de obtención del aceite. Señala el autor el estado de abandono y el consiguiente peligro de deterioro o desaparición de la pieza. 26. MARTINEZ NAVARRETE-PEREZ DE LA SIERRA.-"Sima <<Cabeza de la Fuente>> (Boniches de la Sierra, Cuenca). 1980. NAH,nº 10.Pág. 65-114. Ministerio de Cultura.
El artículo recoge el informe preliminar del yacimiento elaborado a partir del estudio de los restos aparecidos fortuitamente cuando vecinos de Boniches practicaban la espeleología. El análisis de los materiales cerámicos y metálicos lleva a relacionar el yacimiento con culturas incineradoras de la Primera Edad del Hierro, aunque en un horizonte de pervivencia de elementos anteriores. Se apunta la hipótesis de cierta coexistencia de ritos funerarios diferentes en correspondencia a diferencias sociales de algún tipo.
En la misma publicación J.M. BERMUDEZ DE CASTRO estudia los restos antropológicos, y E. SOTO RODRIGUEZ hace lo propio con los faunísticos.
27. MARTINEZ NAVARRETE-PEREZ DE LA SIERRA.- "La sima del cerro <<Cabeza de la Fuente>>. Boniches (Cuenca).1985. Excma. Diputación Provincial. Serie Arqueología Conquense VI. 189 págs., láms. y figuras.
Este volumen incluye la memoria de excavación del yacimiento (campaña de 1980) y el estudio arqueológico de todos los elementos de su contexto. En ese sentido hay que señalar la colaboración y/o participación de múltiples especialistas en diversos campos monográficos que completan la información del arqueológico:
BECARES PEREZ-MARTINEZ NAVARRETE-PEREZ DE LA SIERRA.- "Representación antropomorfa de la sima <<Cabeza de la Fuente>>".
BERMUDEZ DE CASTRO, J.M.-"Restos humanos de la sima..."
SOTO RODRIGUEZ,E.- "Análisis faunístico".
N.LOPEZ MARTINEZ-F.B.SANCHIZ.- "Microvertebrados del yacimiento arqueológico sima..."
R.JIMENEZ BALLESTA.-"La sima sepulcral del cerro ...Aportación referente a la constitución de sus materiales sedimentarios".
La importancia de esta cueva viene atestiguada por los descubrimientos de la excavación: era, entonces, de las pocas cuevas sepulcrales de inhumación (Edad del Bronce) conocidas en la provincia, caso aparte de la de Segóbriga; documenta la llegada de elementos cerámicos asociados a las culturas de la Edad de Hierro; y en sus paredes hay representado un ídolo oculado que sin duda se ha de relacionar con los rituales funerarios que allí se practicaban.
El depósito arqueológico de esta cueva apareció removido y estratigráficamente alterado, por lo que su información es notablemente inferior a la que le pudiera corresponder por sus características: cueva sepulcral utilizada una y otra vez por un mismo grupo humano; grupo humano que practicaba cierta agricultura, aunque seguía el pastoreo itinerante de su ganado de bueyes, cabras y ovejas; grupo humano culturalmente conectado con una Edad del Bronce muy tardía. Todo ello confirmando la teoría de MARTIN ALMAGRO ("La iberización...") de que la cultura ultrapirenaica de los Campos de Urnas transforma el sustrato local (a lo largo del siglo IX a. J.C.), haciendo posible que los nuevos elementos hallstáticos se integren con los de origen mediterráneo (siglos VIII-VII y VI) para dar lugar a la Cultura Ibérica ya plenamente desarrollada en el sudeste meseteño en el siglo V antes de la era. Los datos de esta publicación, como los conocidos de El Colmenar (Landete), tienen una lectura nueva a partir de la recentísima publicación de la síntesis de DIAZ-ANDREU (vid. supra).
28. MONEDERO BERMEJO, Miguel Angel.- "La arquitectura de la repoblación en la provincia de Cuenca". 1982. Exma. Diputación Provincial. Cuenca.166 pág. Abundantes ilustraciones.
El autor hace aquí una introducción histórica al proceso de repoblación de las tierras de Cuenca, y otra técnica a la arquitectura de aquella época. El núcleo de su trabajo es un inventario de los restos arquitectónicos del momento que ha rastreado en la parte occidental de la provincia. Del tercio oriental (tierras de Moya) no aporta ningún dato excepción hecha de la mención de la <<muy dudosa>> iglesia parroquial de Carboneras. Es llamativa la descalificación, que así hace, del proceso repoblador de las tierras de Moya. Descalificación que se une al olvido secular que la "ciencia oficialista", a la que el autor contribuye, ha practicado con estos pagos.
29. NAVARRO,J. y SANDOVAL, C.H.- "Cabeza Moya (Enguídanos. Cuenca) Primera y segunda campañas. Años 1.980-81". 1984. NAH, nº 19; pp. 199-269. Madrid.
Memoria de las dos primeras campañas de excavaciones arqueológicas efectuadas en el yacimiento que ocupa un cerro rodeado por el Cabriel por tres de sus lados. En la primera campaña aparecieron fragmentos cerámicos de factura, tipología y decoración diversas; fusayolas, pondus, hierros y bronces; y un bronce de ceca ROMA.
Los resultados de la segunda campaña fueron de mayor interés: muros defensivos y de habitación algo rústicos; la cerámica a torno se enriquece con pinturas de motivos geométricos; las fíbulasa son de tipo La Téne; y se intuye un urbanismo muy simple, a base de habitaciones regulares a la sombra de una fortificación que apenas refuerza la defensa orográfica natural.
Todo ello prueba que se trata de un poblado en el que se atestigua el paso de la Edad del Bronce a la plena Edad del Hierro, en estrecha relación con el E. y SE. peninsulares, aunque las fíbulas nos hablen de relaciones con el interior meseteño. El poblado debió estar habitado desde los inicios del siglo V hasta finales del III a.d.J.C., momento en que fue destruido por el fuego.
Incluimos esta referencia pues la toponimia hace evidente que estas tierras algo tuvieron que ver con Moya y su Marquesado, y porque no deja de evocarnos el que pudo haber sido un paralelo en "La Coronilla" de Landete, donde también aparecen fusayolas, pondus, terracotas ibéricas, lucernas romanas,y gran variedad de numerario romano, todo ello prueba de una cronología más tardía.
30. OSUNA RUIZ, Manuel.- "Poblamiento primitivo de la provincia de Cuenca (paleolítico a Romanización)". 1975. Revista CUENCA, nº 7.Dibujos, XIII láminas y dos mapas. Cuenca.
Planteamiento de una primera visión de conjunto, utilizando los datos arqueológicos que hasta ese momento se tenían, y que correspondían en su mayoría a los hallazgos sueltos cuyos materiales se habían depositado en el Museo de Cuenca. Como es natural en esta disciplina, este primer estado de la cuestión ha envejecido mal. La exposición se hace siguiendo la secuenciación clásica de edades culturales y, para las tierras del antiguo Marquesado, el autor señala:
1. la inexistencia de elementos paleolíticos, circunscritos a la mitad occidental de la provincia; 2. la adscripción a las pinturas rupestres de Villar del Humo de una cronología similar a la del "Neolítico de Valdecabras", siguiendo clasificaciones tipológicas ya clásicas y cuando menos discutibles para los rupestristas actuales. La misma correspondencia cronológica y cultural se señala para otros materiales de Pajaroncillo, pero sin precisar su procedencia ni su morfología; 3. se da una visión tópica de la Edad del Bronce (sustitución lineal de la tecnología lítica por la metalúrgica) y se señala la presencia de materiales líticos del Bronce Peninsular I en Carboneras, la ausencia de restos del Bronce II o argárico, y los hallazgos de Carboneras y Cardenete pertenecientes al Bronce Final; 4. del momento de transición Bronce Final-Hierro I, de la conocida como cultura de los "campos de urnas", también indica su ausencia de las tierras del Marquesado; 5. adjudica al Hierro I los campos de túmulos de Pajaroncillo y materiales imprecisos de Carboneras (según el mapa de distribución); 5. ubica en el Hierro II una terracota cartaginesa o neopúnica de Carboneras, y en el mapa de distribución indica el hallazgo de elementos culturales de esta etapa en Landete, y Salvacañete.
Los estudios posteriores, tanto de yacimientos puntuales como de visiones de conjunto, relativizan muchos de los datos de este artículo, y evidencian la necesidad de una "carta arqueológica" que sistematice lo conocido hasta ahora y permita una planificación seria de la investigación futura.
31. OSUNA RUIZ , Manuel.- "Museo de Cuenca. Secciones de Arqueología y Bellas Artes".1976. Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid.
Contiene la historia del Museo, el itinerario recomendado para su visita, el catálogo de los materiales expuestos en el primer montaje, una bibliografía temática y cronológica y un conjunto de ilustraciones representativas de lo expuesto. En el apartado de catalogación se incluyen materiales procedentes de las tierras del Marquesado y ubicables en diferentes momentos culturales:
- Bronce Antiguo (2500-1800 a.C.): Carboneras de Guadazaón
- Bronce Final (1200-800 a.C.): Carboneras
- Neolítico-Bronce Final: pinturas rupestres de Villar del Humo
- Hierro I (VIII-IV a.C.): campos de túmulos de Pajaroncillo
- Hierro II(II-II a.C.): Landete
- Romanización: Salvacañete, tesorillo (120-80 a.C); Villar del Humo, tesoro de Los Castellares (I a.C.); Carboneras
- Mundo visigodo: Carboneras
32. OSUNA, M. Y SUAY, F.- "Yacimientos romanos de la provincia de Cuenca". 1974. Revista CUENCA, nº 6.Dibujos, XIX láminas y un mapa. Cuenca.
Visión de conjunto de la romanización en la provincia a partir de los yacimientos y hallazgos sueltos de que se tenía conocimiento hasta la fecha. La noticia de cada yacimiento se acompaña de los textos clásicos de referencia que le puedan corresponder. Para el Marquesado se señalan: restos cerámicos en Carboneras, Cardenete, Landete, Salvacañete, Villar del Humo, Enguídanos; restos epigráficos en Carboneras; restos musivarios en Salvacañete; de la misma procedencia el tesorillo de denarios romanos ocultado durante la inseguridad sobrevenida con el alzamiento de los íberos a principios del siglo I a.d. C.; el tesorillo de denarios romano-ibéricos , también del siglo I a.d.C., de Villar del Humo.
Los autores consideran la romanización plena ya en el I a.d.C., aunque más en la parte occidental de la provincia, en torno a Segóbriga y a la vía Cartagonova-Complutum.
33. PEREZ DE LA SIERRA, José Vicente.- "Retazos de la memoria del Marquesado". 1990. MOYA (Boletín de la Asociación de Amigos de Moya), nº 3.
Artículo de divulgación de los datos conocidos sobre la prehistoria del Marquesado. Componen el artículo dos partes: en la primera se explica el yacimiento de El Colmenar (Landete), su arquitectura, economía, tecnología y estructura
social. En el segundo el autor comenta los elementos más significativos de la cueva sepulcral de la Sima Cabeza de la Fuente (Boniches): ritual funerario, economía asociada, antropología física de los restos, arte cerámico y rupestre, y sistema de creencias de sus usuarios en un momento de transición a la llamada, en términos clásicos, Edad del Hierro.
34. PEREZ DE LA SIERRA, J.V.- "El Marquesado de Moya en época romana". Ibidem.
Artículo de divulgación que debía iniciar una serie de al menos tres dedicados a la misma problemática, a publicar en las mismas páginas del boletín "MOYA". Formarían parte de un proyecto de divulgación de la prehistoria e historia antigua del Marquesado. Este proyecto se propuso al presidente de la Asociación de Amigos de Moya, D. Teodoro Sáez, a finales de 1.989. De momento sólo ha servido para cubrir las necesidades coyunturales de artículos a publicar en el boletín de la Asociación.
El texto hace un planteamiento general de la llegada de los romanos al mundo de los Olcades, recoge las aportaciones de PALOMERO sobre el viario romano e introduce la problemática del poblamiento en la zona y la economía. El autor notifica la existencia de una "villa" romana inédita en el rento El Manzano (Landete), que vendría a confirmar la vía del levante hacia Utiel y Valencia.
35. PEREZ DE LA SIERRA, J.V.- "El Marquesado de Moya en la antigüedad". 1993. MOYA (Boletín de la Asociación...), nº 6.
En este nuevo artículo el autor reitera noticias ya aportadas, aunque se centra en el análisis de las culturas pastoriles que durante la Edad del Bronce ocuparon las tierras de Moya: los abrigos de la solana de La Vega, o El Charco del Navazo en Fuentelespino, y la Pata la Yegua en Landete.
Acompaña el texto con dibujos de materiales arqueológicos procedentes de este último yacimiento, El Colmenar (Landete).
36. PRIETO CARRERO, J. Luis.- "Estudio médico-antropológico de Moya (Cuenca)". 1986. Memoria de Licenciatura, inédita. Facultad de Medicina. Univ. de Madrid. 215 págs.
Trabajo de campo de corte clásico, con datos del medio ambiente, demografía, etnología, etc. Paleopatología y antropometría a partir del material obtenido en las excavaciones de la villa. El estudio médico se hace desde una perspectiva sociológica y antropológica, teniendo en consideración variantes como la arquitectura, el estudio del espacio, los condicionantes naturales y culturales de la alimentación, etc.
37. SANCHEZ-CAPILLA ARROYO , Mª Luz.- "La transición del Bronce Final al Hierro I en Moya (Cuenca)". 1987. Tesis doctoral. Dep. de Prehistoria y Arqueología. Universidad Autónoma de Madrid. Trabajo mecanografiado. 146 págs. numerosas ilustraciones.
Se compone este trabajo de una introducción histórico-geográfica de Moya; un apartado en que se hace referencia a los trabajos de excavación de donde proceden los materiales que estudia; descripción de los materiales; estudio analítico del conjunto cerámico; conclusiones y bibliografía.
Pretende establecer los grandes trazos que definieron ese cambio cultural en el yacimiento de Moya, estudiando los materiales que aparecieron en un sector de las excavaciones realizadas por el equipo de Yasmina Álvarez en 1982 al Noroeste del segundo recinto amurallado.
La autora considera que los materiales aparecidos en Moya conectan este yacimiento con la tradición de los campos de urnas tal como se distribuyen por todo el Sistema Ibérico hasta las llanadas alavesas y navarras, por el Valle del Ebro y por el Norte de la Comunidad Valenciana. Para sostener esta hipótesis utiliza un lote material limitado (en su inventario aparecen sólo 292 piezas) pero del que forma parte un espléndido conjunto de cerámicas grafitadas que justificarían por sí sólas este trabajo.
Establece la autora relaciones entre los asentamientos y las fuentes salinas que pueden ser aprovechadas comercialmente, como las de Cardenete, aunque elude algunas, como la de Moya, o Salinas del Manzano, de larga tradición histórica.
En nuestra opinión, el interés del presente trabajo radica en el comienzo del estudio de una época de Moya bastante desconocida. Esperamos que a esta investigación sucedan otras con las que podamos tener una visión más amplia del yacimiento, no sólo en la Edad del Hierro, sino incluso en la del Bronce, visión que incluya no sólo cerámicas sino todos aquellos aspectos referidos a la vida en las comunidades protohistóricas: estructuras de habitación, enterramientos, utillaje, etc.
38. UNIV. POL. DE VALENCIA.- "La Universidad Politécnica restaura". Especialidad de conservación y restauración (1.990-1.991). 1992. Universidad Politécnica de Valencia. 94 pág. con numerosas ilustraciones en blanco y negro.
La obra es un catálogo del <<Conjunto de obras restauradas por los alumnos de 4º y 5º curso de la especialidad de conservación y restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia>>. En el catálogo aparecen diversas pinturas de los fondos del Monasterio de Tejeda:
- Rupertus Kanersburgo Gorf, monje trinitario (pintura sobre tela)
- Desposorios Místicos de Santa Catalina (pintura sobre tela)
- Santísimoa Trinidad (pintura sobre tela)
- Santa Rosa de Viterbo (pintura sobre tela)
- San Francisco Abordón, Monje Trinitario (pintura sobre tela)
A cada obra acompaña una descripción iconográfica, documentación técnica, técnica de restauración y recomendaciones de protección. Datos todos que incrementan notablemente el conocimiento del patrimonio de Tejeda en particular y del Marquesado en general.
Este catálogo forma parte de un amplio proceso de restauración de los fondos del monasterio de Tejeda, iniciado por la Universidad Valenciana gracias al empeño particular de sus profesoras Dª Carmen Pérez y Dª Pilar Roig, y a la aquiescencia de la comunidad benedictina responsable actual del monasterio. En él destacan diversas intervenciones realizadas por los alumnos universitarios y que conocemos a través de las correspondientes memorias académicas: <<Proyecto de intervención en la pintura mural: <<Proceso de restauración de la pintura "La Virgen del Remedio">> (1.991), "El sueño de la madre de San Félix de Valois">> (1.992).
Estos trabajos prolongan un interés que ya manifestaron ADALID ARGUDO, C. y CALVO PELAEZ, J.Mª.: "Estudio previo del monasterio de Texeda". Proyecto final de carrera. 1990.Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica. Universidad Politécnica de Valencia. La obra de los aparejadores es un fenomenal estudio sobre las características arquitectónicas y la situación técnica del más importante edificio religioso de las tierras de Moya.
39. VALIENTE CANOVAS, Santiago.- "Hallazgo de una Urna de Incineración, en una Necrópolis de la II Edad del Hierro, en Carboneras (Cuenca)". 1980. En Revista CUENCA, nº 17; pp. 91-97; 1 fig.y 3 láms. Excma. Diputación Provincial. Cuenca.
Las labores agrícolas habían extraído siete urnas y algún fragmento cerámico de la necrópolis sita en El Regajo, en la partida del Peñón de los Navazos. Santiago Valiente y D. Francisco Suay vieron que afloraba otra y ante el peligro de su destrucción la extrajeron. Este es el estudio de dicha urna, y los materiales que la acompañaban: un plato incompleto, una fíbula anular de resorte con charnela de bisagra (en bronce), y restos óseos de un individuo adulto, masculino, robusto y sin payologías evidentes. Los paralelos de estos materiales se encuentran en las necrópolis celtibéricas de la provincia, en un marco cronológico en torno al siglo IV-III a. d.J.C.
40. VILA GRAU, José.- "Las raíces iberas de las tierras del Marquesado de Moya". 1990. MOYA (Boletín de la Asociación de Amigos de Moya), nº 3.
El autor propone, a partir del estudio de la toponimia de la hoja "LANDETE" del mapa a escala 1/50.000 del Instituto Geográfico y Catastral, que en las tierras de Moya se habló una variante del vascuence desde unos mil años antes de JC. hasta el siglo VIII de la era, con lo que se demostraría que la romanización del territorio sólo fue administrativa. El autor propone como ejemplos los topónimos "Algarra", "La Orchova", "Las Asturias", "Landete", "Turia" y "Moya". CAPÍTULO III LIBROS
1. ADALID ARGUDO, Carlos, y CALVO PELAEZ, J. Mª.- "Estudio previo del Monasterio de Nuestra Sra. de Texeda en Garaballa (Cuenca). Primera fase: “Estudio pormenorizado. Zona cubierta de la iglesia". Tomo I: Memoria, 223 págs.; Tomo II: 36 fotografías y 26 planos. Trabajo de Fin de Carrera, nº 3127. Enero de 1990. Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica. Univ. Politécnica de Valencia. 2. ALMAGRO BASCH, Martín.- "Historia de Albarracín y su Sierra". 4 vols.
Véase Tomo II: "Albarracín musulmán. Parte primera. El reino de Taifas de los Beni Razín, hasta la constitución del señorío cristiano", por Jacinto Bosch Vilá. Teruel, 1959. Tomo III: "El señorío soberano de Albarracín bajo los Azagra". Teruel, 1959. Tomo IV: "El señorío soberano de Albarracín bajo la Casa de Lara", Teruel, 1964. Obra indispensable, en especial para el estudio del período de los Lara. Es, en algunos aspectos, el tipo de esquema que en nuestra opinión convendría a una historia de Moya.
3. ASENJO GONZALEZ, María.- "Segovia. La ciudad y su tierra a fines del medievo". Segovia, 1986; 710 págs., 5 desplegs.
Trabajo esencial para el conocimiento de las estrechas y difíciles relaciones de los marqueses de Moya con Segovia, que fue su tierra de adopción, sobre todo a partir del nombramiento de A. Cabrera para el cargo de gobernador, año 1469. De la donación a los Cabrera de 1200 vasallos en los sexmos de Casarrubios y Valdemoro tenemos cumplida relación en Mariano Grau, Un pleito secular, y Pinel y Monroy, libro II, cap. XV. La existencia de este mayorazgo, que constituiría luego el núcleo del Condado de Chinchón, motivó la creación en 1499 del concejo de Navalcarnero, Asenjo, pág. 122, situado entre los sexmos en litigio, para recuperar el dominio de los terrenos baldíos del concejo de Segovia (la donación hecha por los reyes sólo establecía dominio sobre los vasallos, sin jurisdicción territorial). El nacimiento y liquidación final del Condado de Chinchón, en M. Lasso de la Vega, Marqués del Saltillo, "Historia Nobiliaria Española", tomo I, págs. 131/133. Véase también Mártir Rizo, cap. V, y Pinel, Retrato, libro III, caps. II y IV. Fue en general muy conflictiva la relación de los marqueses de Moya y sus descendientes con Segovia, ya que aparte las conocidas rebeliones instigadas por el Villena, y la rebelión del alcaide Maldonado (1476) al ser sustituido por Pedro de Bobadilla, padre de Beatriz, se registran los sucesos de 1506-7, en que después de retomar el alcázar, previamente enajenado por Felipe y Juana, son agredidos el licenciado Peralta y Diego Monte, refugiados en la iglesia de San Román, véase “El Licenciado Peralta”, de C. de Lécea entre otras fuentes que comentamos en “Retrato del buen Vasallo”; viene luego la alteración de las Comunidades, y Segovia aprovecha la ocasión para alzarse contra los Cabrera-Bobadilla, véase Colmenares, cap. XXXVII-XIV, y Gutiérrez Nieto. Al final, la condesa viuda de Chinchón entablará pleito con la comunidad por los daños causados en el alcázar, las casas de la puerta de San Juan, la suya incluida, cuya descripción nos hace el Marqués de Lozoya en "La Casa de los Marqueses de Moya", y otros destrozos en sus posesiones, Mariano Grau, "Cuando pasó el huracán de las Comunidades". Resaltamos del trabajo de Asenjo las fuentes y bibliografía, el cap. “Sociedad Urbana”, y el cap. “Relación de algunas familias segovianas hasta 1516”, en el que se incluyen no sólo los miembros de la oligarquía ciudadana, sino clanes familiares y su militancia en diferentes facciones. Hay también un cuadro de privilegios segovianos de los primeros marqueses de Moya, que luego desarrolla Pilar Molina Gutiérrez en su tesina, dirigida por Asenjo. Para el pleito de Segovia con los Condes de Chinchón, B/N Mss 6269, índice tomo XI. Es necesario ver también "La Corona y Segovia en tiempos de Enrique IV (1440-1474)", Segovia, 1995, de J. Javier Echagüe Burgos, con un completo análisis del papel de Cabrera, págs. 98/124, y por supuesto Diego de Colmenares.
4. ATLAS DE CASTILLA LA MANCHA. 2ª Ed. 1990; 130 págs. Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha. Con atlas históricos de prehistoria, repoblación, órdenes militares, geología, etc.
5. AZCONA, Tarsicio de.- "Isabel la Católica. Estudio crítico de su vida y su reinado". Madrid, 1964; 1.005 págs., 4º.
Ver cap. III: “Princesa heredera de Castilla” (1468-1474).
Claramente delimitado el papel del matrimonio Cabrera en la proclamación de Isabel.
6. BALLESTEROS VIANA, Miguel.- "Historia de Utiel". 3ª Ed. Presentación de J. Martínez Ortiz. Utiel, 1988; 792 págs.
Vasta recopilación de datos, en los que inevitablemente aparece Moya. Buena reseña de las guerras del S. XIX.
7. BENEDICTO SACRISTAN, José.- "Tejeda. Siglo XX". Valencia, 1988; 100 págs. y láms.
Acopio de noticias de los períodos más recientes del Santuario, con especial mención al hospital de campaña en la guerra civil. Tiene Benedicto el valor encomiable de adentrarse en la época menos investigada, paradójicamente. Hace un esquema del itinerario seguido por el Santuario a lo largo de los siglos. Reseña, en CUENCA, 1989/II, pág. 145.
8. BENEDICTO SACRISTAN, José.- "Vida y obra del escultor Luis Marco Pérez (1896-1983)". S/l, 1985. 240 págs. y láms. Para la abundante obra de Benedicto, remitimos al Cap. IV. Es curiosa la abundancia de artistas plásticos en Fuentelespino de Moya.
9. CANOVAS DEL CASTILLO, Antonio.- "Historia general de España". Tomo III, "La marina de Castilla". Págs. 316 a 322.
Estupenda descripción del símbolo de la excusabaraja, que no hemos encontrado mejor en otro lugar, ni siquiera en la descripción de Pinel, págs. 248/349, de la iconografía del escudo del marqués de Moya. Hay que decir que todas las ilustraciones del “Retrato del buen Vasallo” se deben a Diego de Obregón, célebre autor de portadas, retratos y estampas religiosas, autor también de las ilustraciones del clásico de la iconografía "Govierno general, moral y político, hallado en las fieras y animales sylvestres", 1658, de Andrés Ferrer de Valdecebro.
10. CARRETERO ZAMORA, J. Manuel.- "Cortes, monarquía, ciudades. Las Cortes de Castilla a comienzos de la época moderna (1476-1515)". México, Siglo XXI, 1988. 490 págs.
Dice Suárez Fernández en el prólogo de Nobleza y monarquía, que ".. regiones enteras de vital importancia para el país como Galicia y toda la orla litoral cantábrica, con el país vasco, Extremadura y la Mancha, carecían de procuradores. La imagen de las cortes no podía ser más decepcionante: 34 procuradores, en su mayoría hidalgos, no pocas veces cortesanos ...". En cuanto a representación territorial, poco ha cambiado la situación en el período que analiza Carretero, véase apéndice, págs. 425/438. Fue Andrés Cabrera procurador en las Cortes de 1500, por Sevilla, en su calidad de alcalde de las alcabalas AGS/RGS, Sevilla, 1478, Agosto 7, fº 7, Pilar Molina Gutiérrez, “La formación del patrimonio”. Su hermano Pedro era regidor en Sevilla, véase Rábade Obradó, pág. 566, y Veinticuatro, pág. 807. Puede completarse con "Oligarquía y representación en Cortes: el proceso electoral en las procuraciones de Toledo y Cuenca (1476-1515)", en Actas I C/M, Tomo VII, págs. 13-28, del mismo autor.
11. CONTRERAS, Juan de (Marqués de Lozoya).- "Los orígenes del imperio. La España de Fernando e Isabel". Madrid, México, 1966. 232 págs. Ver cap. II: La Corte, donde se hace semblanza de las personas más próximas a los reyes, en primer lugar la Bobadilla.
12. COOPER, Edward.- "Castillos señoriales en la Corona de Castilla". Junta de Castilla y León, 1991. 4 vols. de paginación correlativa, 1.715 págs.
Magnífico y documentadísimo trabajo de este inglés que conoce a fondo los archivos españoles. La mejor y más extensa guía de fortificaciones que conocemos. Moya, Cardenete, Salvacañete y Torrefuerte en vol. I.2. Bucea con bastante soltura en los linajes, e incluye un buen número de árboles genealógicos muy interesantes: Cabrera-Bobadilla, vol. I.2, pág. 904; conexión Fernando III-Don Juan Manuel-Núñez de Lara, vol. II, pág. 965; conexión Don Juan Manuel-Trastamaras-Pachecos, vol.II, pág. 1.078; Díaz de Haro-Núñez de Lara, vol. I.2, pág. 672, y muchos esquemas y linajes expuestos de forma instructiva, que ayudan a entender alianzas. Obra imprescindible que no hemos podido analizar todavía con la amplitud correspondiente. Hay que tomar con precaución su sospecha de la existencia de una fundición de artillería en Moya a comienzos del siglo XV, vol. I.2., pág. 869, nota 5. Puede comprobarse, a tenor de las fuentes citadas, que no era industria permanente.
13. CORDENTE MARTINEZ, Heliodoro.- "Cuenca Medieval (siglos IX al XIII)". Cuenca, 1981; 173 págs. Traslada las opiniones de D. Trifón sin demasiados reparos, y fija en 1200 la toma de Moya. En cuanto a la repoblación, simplemente maneja los datos de Julio González.
14. CORDENTE MARTINEZ, Heliodoro.- "Toponimia conquense". Cuenca, 1993; 205 págs., 4º. Es la toponimia un delicado asunto que requiere buena dosis de prudencia a la hora de interpretar los datos.
15. "CUENCA Y LA ORDEN DE SANTIAGO". Exposición conmemorativa de la inauguración de la Casa de Cultura. Julio, 1965. 38 págs., 32 láms. Reproducción fotográfica de algunos de los más antiguos documentos, entre ellos la donación de Avengamar de 1211. Véase Bulario de la Orden de Santiago.
16. DIAZ MARTIN, Luis Vicente.- "Itinerario de Pedro I de Castilla". Valladolid, 1975; 495 págs.
Seguimiento de los viajes, según la diplomática existente, y las crónicas de López de Ayala y G. de Zurita. Está en Moya el 21/6/1364, donde firma una famosa provisión al concejo y justicias de la ciudad de Murcia: "..et fased la mas cruel guerra que pudieredes e quantos omes tomaredes cortad los las cabeças que non finque ome de Aragon que sea tenudo que non sea luego muerto...". Archivo Municipal de Murcia. Actas capitulares, Eras 1401-1402, fº 13v. Copia de la época. El texto íntegro de esta carta lo tenemos en Francisco de Cascales, "Discursos históricos de la muy Noble, y muy Leal Ciudad de Murcia", Murcia, 1775, pág. 135, y en Salvador de Moya, “Historia Genealógica”, fasc. III, pág. 232, en portugués. Es comandante de la plaza en estos momentos Garci Fernández de Villodre, mayordomo y hombre de confianza del rey. Ver Col. Salazar, 9/852, fº 107, carta de Pedro I en la que trata de cierta merced que le ha hecho en las salinas de Monteagudo, reparos y envíos de ingenios de guerra y artillería al castillo de Moya, Octubre de 1365. En el tiempo que media entre las dos cartas citadas, avisa el Villodre al rey de la formación de un ejército de mercenarios en Aragón que a la postre habrá de cercarle en Montiel, donde muere a manos de su hermanastro en presencia de unos cuantos incondicionales: "Pero esa noche quando el Rey Don Pedro murió, fueron presos Don Fernando de Castro, e Fernand Alfonso de Zamora, e Garci Fernández de Villodre, e Gonzalo González Dávila, e otros que con el Rey Don Pedro habían salido del castillo". Garci Fernández salva su vida, quizá, por estar casado con Inés Manuel de Villena, prima de la reina Juana que era hija, como sabemos, del Infante Don Juan Manuel. Ver Moxó, "De la nobleza vieja a la nobleza nueva", págs. 189 y ss. Hay noticias del alcaide fiel en la Historia de España, de Menéndez Pidal, tomo XIV, cap. III, La Guerra Civil, con apoyo de fuentes impresas y documentales. Todo ello y otros datos de interés pueden comprobarse en la Crónica de Enrique II, Año Cuarto, 1369, cap. I, págs. 1/2 del tomo 68, B.A.E., 1877. En el año 1470 ya está al servicio de Pedro IV de Aragón, y en el 71 está en Murcia procurando la sedición, y ganarla para el aragonés, véase carta de Enrique a la ciudad de Murcia para prevenirles de la traición en las Adiciones a las Notas de la misma Crónica y volumen, pág. 54. Tenemos luego a éste enigmático y apasionante personaje en la corte de Inglaterra, con otros emperejilados (legitimistas, partidarios de la línea sucesoria de Pedro I) y formando parte del consejo de Juan de Gante, Duque de Láncaster, aspirante al trono de Castilla al casar en 1371 con Constanza, hija de Pedro I y María de Padilla, y heredera legítima por designación de las Cortes o Ayuntamiento de Bubierca de 1363, de dudosa legalidad, véase "Cortes de los antiguos reinos de León y Castilla", Parte Primera, pág. 306, y la Crónica de Enrique II, año noveno, 1374, cap. I, en pág. 22. El mismo año de 1374, en enero, tenemos al Villodre en Barcelona, véase el cap. IV del mismo tomo de la Historia de España, La Expansión Castellana, negociando la declaración de guerra de Aragón a Castilla en representación del pretendiente inglés. Nada se consigue, establecida la hegemonía de Castilla sobre todo a raíz de la batalla de la Rochela, ganada para Enrique II por la marina castellana en Junio de 1372, que inicia así un largo período talasocrático vigente hasta la Invencible. ¿Es éste el primer capítulo de un drama inacabado?. No nos resulta desconocida la secuencia guerra civil-represión-emigración forzosa-lucha legitimista. Quedará zanjada la contienda civil al casar en 1388 el futuro Enrique III con Catalina de Láncaster, hija de Constanza y nieta, por tanto, del rey Pedro, regresando con ella su madre, los exiliados, y la legitimidad tan deseada por los Trastamara, ya que Juan II será en consecuencia bisnieto de Enrique y de Pedro. Hay en la Col. Salazar, vol. 9/852, ff 105 a 109v, y 112 a 113, varias cartas y provisiones relacionadas con el Villodre de una u otra forma, en su mayoría copia de documentos del archivo de los marqueses del Carpio, que ayudan a formar cierta hipótesis sobre su papel en la guerra civil. Llama la atención una carta de Enrique II, Junio de 1369, ordenando le sean devueltos sus bienes, sólo tres meses después de la tragedia de Montiel, fº 112v, y otra de la reina Juana (Manuel), de Mayo del mismo año, ordenando se ampare a doña Inés Fernández (Manuel), mujer de Garci Fernández de Villodre, para que pueda hacer un viaje y reunirse con ella, fº 112r. Ya sabemos que eran primas. No resulta difícil imaginar la necesidad de este salvoconducto en un ambiente cargado de revanchas y deserciones.
Eran los Villodre importante familia de hidalgos de Alcaraz. Véase el interesante trabajo de Aurelio Pretel Marín, "Una ciudad castellana en los siglos XIV y XV (Alcaraz 1300-1475)", 1978, publicación del Instituto de Estudios Albacetenses. No es sorprendente que Alcaraz milite en el bando pedrista, que luego pertenezca a la reina Juana en calidad de señorío personal, y que, a caballo de los dos siglos, sea señor de la villa un mosen Enrique Cribel, extranjero, casado con Elvira Sánchez de Villodre, hija de nuestro alcaide y hermana de Catalina Sánchez, Ferrán Sánchez, Gil Fernández y Pedro Fernández, a quien su padre bautiza, evidentemente, con el nombre de su señor. Conviene recordar que Alcaraz posee el mismo fuero que Moya, es decir el de Cuenca. Nos trae Pretel la noticia de importantes documentos familiares de los Villodre en el A.H.P. de Albacete, por los que sabemos que tienen posesiones en tierras de Cuenca cercanas a Moya, y de la falta de escrúpulos de los Cribel/Villodre, que acaparan gran parte de la herencia de Garci Fernández aún a costa de los hijos de Catalina, aunque mueren sin descendencia. No así Catalina, que casa con un Luis Méndez de Sotomayor, señor de El Carpio, a cuya estirpe, que entroncará con los Haro, concederá Felipe II el título de marqués, circunstancia que explica suficientemente la posesión de estos documentos, que luego transcribe D. Luis de Salazar y Castro. Nada más sabemos del Villodre, por ahora, excepto que muere antes de 1383, por una provisión de Juan I para que sean abonados ciertos maravedís a la viuda, en recompensa de unas salinas, quizá las de Monteagudo, Col. Salazar, 9/852, fº 112v, coincidiendo con los datos de Pretel, obra citada, pág. 47: Inés Manuel ha otorgado ya testamento en 1382. Pero todo induce a pensar que Garci Fernández muere con las botas puestas, aunque sólo unos años después sus compañeros de lucha vivirían el dulce regreso, y la restitución de sus bienes. Ver también Suárez de Alarcón, Relaciones, y sin duda el interesantísimo "Don Pedro el Cruel. Biología, política y tradición literaria en la figura de Pedro I de Castilla", Madrid, 1974 y 1975, de Gonzalo Moya.
17. DICCIONARIO GEOGRAFICO UNIVERSAL. Barcelona, 1832. Tomo VI, pág. 450. Asigna 1283 habitantes a Moya, tomado de Miñano y Bedoya, y se informa de Pinel y Monroy para la historia.
18. FERNANDEZ DE BETHENCOURT, Francisco.- "Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y grandes de España". Madrid, 1900. 12 vols., fol.
Nos interesa el tomo II. 640 págs. Es la guía básica para el seguimiento histórico de los títulos nobiliarios. Los Cabrera y Bobadilla, en págs. 231/237; los señores de Belmonte, Marqueses de Villena y Duques de Escalona, en págs. 146-303, etc. No nos parece necesaria, por ahora, la descripción del árbol genealógico de los Cabrera/Bobadilla, aunque sí decir algunas cosas en torno a la trayectoria dinástica del marquesado de Moya, no obstante remitir a un trabajo posterior que podría aclarar algunos aspectos importantes de la cuestión. Digamos que nace con evidente instinto de supervivencia y dispuesto a compartir las mieles de la grandeza con otras casas nobiliarias, ya que hay un primer intento de fusión con los Villena en la persona de Pedro de Cabrera, el primogénito, cuya muerte prematura pospone la maniobra hasta la tercera generación, que registra el matrimonio de Luisa Bernarda I con Diego López Pacheco II. Hay a continuación un simulacro de desplazamiento hacia la casa de Zúñiga y Avellaneda, condes de Miranda del Castañar, en la persona de la primogénita de los III marqueses de Moya, Juana Pacheco de Cabrera, que gana temporalmente la tenuta del título a su hermano Francisco aduciendo incompatibilidad entre Villena y Moya, aunque revierte, y permanece en la línea de sucesión de los Pacheco hasta su extinción, que tiene lugar en 1798 con la muerte de Felipe López Pacheco, XIII marqués de Moya. Regresa entonces a la casa de Zúñiga, que es también Portocarrero, Palafox, etc. y condes de Montijo, y desemboca en Fitz-James, la Casa de Alba. Hay que decir que ha influido poderosamente la circunstancia de no transmitirse por rigurosa agnación, lo que ha motivado el indudable protagonismo femenino en sus diferentes ramas, y el trasiego de derechos a otras familias nobiliarias. No puede ser puesta en duda la capacidad de supervivencia de los Cabrera Bobadilla.
19. FERNANDEZ DURO, Cesáreo.- "Amigos y enemigos de Colón". Conferencia en el Ateneo de Madrid, 1892. 27 págs.
Reproduce el texto de Pinel, asegurando la buena disposición de la marquesa y su valimiento con Colón, Retrato, págs. 328/329. No hay hasta la fecha más datos que los aportados por Alvar Gómez de Cibdad Real, autor del poema "De Mira Novi Orbis detectione", que abre la crónica de Pinel y Monroy, véase la traducción de un significativo fragmento en págs. 65/66 de "La Marquesa de Moya", por Muñoz de Rocatallada, Condesa de Yebes. Sabemos ahora que es un testimonio falaz, fruto de la mente calenturienta de D. Gonzalo Navarro Castellanos, preceptor del XII Marqués de Moya e inductor del cronista Pinel y Monroy; véase Juan GIL, "La épica latina quiñentista y el descubrimiento de América", en Anuario de Estudios Hispanoamericanos, XL, 1983, págs. 1/49, brillantísimo análisis de los primeros poemas latinos dedicados a la empresa colombina, y muy especialmente del "De mira”. No obstante, parece bastante probable que se conocieran Beatriz y el Almirante, aunque no esté probada la disposición de la marquesa con respecto a las pretensiones de Colón. Comparten varios amigos comunes con probado protagonismo en la empresa y coinciden, eso sí, en el campamento de Málaga, agosto/septiembre de 1487, según Ballesteros. Véase Antonio Sánchez Moguel, "Fray Hernando de Talavera y su intervención en las negociaciones de Colón con los Reyes Católicos", en B.R.A.H., Tomo LVI, 1910, págs. 154/158, en que se cita documento de entrega de cierta cantidad de maravedís al genovés como ayuda de costa para ir al Real de Málaga, donde no pudo escapar a su atención el conocido atentado del moro de los gomeres. Véase también la abundante obra de Fernández de Navarrete sobre los viajes de Colón, incluidos los previos. Vuelven a coincidir en Santa Fe en 1492, véase Rumeu de Armas. Además, Madariaga y otros suponen que Colón cuenta con la amistad y protección de Abraham Senior, importante judío de Segovia y estrechamente ligado a los Cabrera, como sabemos. Todo induce a suponer, por tanto, el mutuo conocimiento de Beatriz de Bobadilla y Colón, aunque los datos no permitan atribuir a Beatriz ningún protagonismo en los planes del genovés. Véase una confirmación de nuestras dudas en "Cristóbal Colón y el descubrimiento de América", Barcelona/Buenos Aires, 1945, de Antonio Ballesteros Beretta, tomo II, págs. 460/462, vol. IV de su magnífica Historia de América, donde por ejemplo se subraya que el P. Las Casas no cuenta con la marquesa de Moya entre los patrocinadores de la magna empresa, consúltese Codoin para la Historia de España, de Zarco del Valle y Sancho Rayón, tomos LXII a LXVI, "Historia de las Indias", primer volumen, cap. 5, págs. XXIX a XXXII, circunstancia digna de tener en cuenta, pues Las Casas consultó directamente los papeles del almirante. No hay tampoco vestigio de los marqueses de Moya en la “Vida del Almirante”, de Hernando Colón, véase cualquiera de sus variadas ediciones. En un documentado estudio y edición de esta crónica en italiano, 2 vols., 1930, Rinaldo Caddeo sencillamente confunde a la marquesa de Moya con la señora de las Canarias, págs. 129, 131 y 259, véase lo que decimos en Rumeu de Armas. Tampoco da noticia Fernández de Oviedo en su “Historia General y Natural de las Indias”, a pesar de conocer muy bien a los marqueses, véase el tomo I, que corresponde al vol. 117 de la B.A.E., Libro II, cap. IV, donde otorga casi todo el valimiento al eficaz y nunca bien ponderado Alfonso de Quintanilla, persona muy próxima, como sabemos, a los Cabrera.
Hace Ballesteros en su Historia citada el más completo estudio de la empresa colombina, con importante aporte de fuentes, págs. 1/96, a cuya lectura remitimos, y estrecho seguimiento de los movimientos de Colón en pos de la Corte. A propósito, es curioso el contraste entre sus dudas de 1945, pág. 462, y el claro pronunciamiento por el compromiso de la Bobadilla con la empresa de Colón que hace Ballesteros en su "Figuras imperiales", Austral-677, donde dice en pág. 123 "De todos modos, la protección de la Bobadilla a Colón está hoy bien probada con documentos incontrovertibles". No cita ningún documento, obviamente, limitándose, en nuestra opinión, a trasladar las palabras de Cesare de Lollis, uno de los estudiosos clásicos del florentino, que en su "Cristoforo Colombo nella leggenda e nella Storia", Milano, 1892, pág. 96, dice entre otras cosas, que la mutua simpatía entre los dos personajes "...ad ogni modo, oggi viene comprovata da documenti d'incontestabile autorita" que, si bien se mira, es un pronunciamiento menos arriesgado que dar por cierto el mecenazgo. No hace falta aclarar que Lollis tampoco exhibe ningún documento justificativo. En 1910, D. Manuel Serrano y Sanz, en su "Orígenes de la dominación española en América", N.B.A.E., Tomo L, I, pág. CXXVI, se limita a desmarcarse de la opinión de Modesto Lafuente que, nuevamente sin base documental alguna, introduce a la marquesa de Moya en la aventura colombina, véase "Historia general de España", 1879, tomo II, pág. 314; y D. Salvador de Madariaga, en su "Vida del muy magnífico señor Don Cristóbal Colón", pág. 233 de la edición de 1947, remite crédulamente a la tradición, sin aportar otra fuente; también Washington Irving, en su hermosa "Vida del Almirante D. Cristóbal Colón", véase Libro II, cap. V, el episodio del moro de Málaga, y cap. VII, ed. de Madrid, 1833; lo mismo C. Pérez Bustamante en su cuidada edición del "Libro de los privilegios del Almirante C. Colón (1498)", pág. XII.
Nosotros consideramos zanjada esta cuestión en base a la impresionante "Colección Documental del Descubrimiento (1470-1506)", 3 vols., Madrid, 1994, enorme esfuerzo de la Fundación MAPFRE en colaboración con la Real Academia de la Historia, en la que están Carlos Seco Serrano, Ramón Ezquerra Abadía y Juan Pérez de Tudela, que manejan y transcriben unos ochocientos documentos reuniendo y superando las colecciones documentales clásicas: las dos colecciones de documentos inéditos relativos al descubrimiento (1884 y 1932), índice Shäffer; la colección de Fernández de Navarrete; la colección de D. Juan Bautista Muñoz; la colección de Vargas Ponce; los documentos colombinos de la Casa de Alba; Serie de Indias de la Sección Diversos del A.H.N., catálogo Pescador; la “Raccolta Colombiana” (1896), etc., etc., además de los insuperables trabajos de Alice B. Gould, A. García Gallo, H. Harrisse y otros, sin hallar en este ingente trabajo evidencia alguna, por el momento, de cuanto afirma Francisco Pinel y Monroy. Y nadie antes de él se atreve siquiera a sugerir semejante relación de patronazgo, cualquiera que sea su naturaleza.
Resultan cuando menos pintorescas algunas estrofas del poema "Colón", que publica el inefable D. Ramón de Campoamor en 1854, con versos de este tenor:
-Al veros ir, me dijo el mensajero,
Hablaron a la Reina de Castilla
Santangel, de Fernando tesorero,
Y el contador Alonso Quintanilla.
Torno a la corte al fin, y allí me entero
Que la hermosa Beatriz de Bobadilla
Volvió también providencial su gracia
A poner entre el trono y mi desgracia.
Entró la Reina a ver, y así se expresa,
Con rostro altivo y con afable acento:
-En vez de perlas, como vos, Marquesa,
Ceñir con flores mi cabeza cuento.
Vended mis joyas, pues costear la empresa
Por mi corona de Castilla intento.
Formóse el pacto al fin; ¡sea en buen hora!
......
Hay que decir que este asunto ha ocupado buena parte de nuestro tiempo desde la primera lectura de “Retrato del buen Vasallo”, y nos ha proporcionado una de las más grandes satisfacciones de las muchas que procura el trabajo de investigación. En efecto: conforme avanzábamos en el estudio del entorno literario, humano y político del libro de Pinel y Monroy, llamó poderosamente nuestra atención la figura de Don Gonzalo Navarro Castellanos, clérigo, latinista, preceptor, consejero y administrador de la casa de Moya/Villena en la minoridad de Don Juan Manuel Fernández Pacheco a partir de la muerte de su padre, Don Diego Roque López Pacheco, VIII Marqués de Villena y Moya. Este oscuro pero eficiente servidor de los Pacheco, merecedor de mayor atención y un trabajo aparte, es directo responsable de la edición del Retrato (1677), en la que figura preferentemente con un curioso panegírico en verso latino a D. Andrés de Cabrera y a doña Beatriz de Bobadilla, primeros marqueses de Moya, que introduce al lector en la materia del libro, que es en realidad memorándum y certificado de grandeza histórica de los Pacheco Cabrera y Bobadilla. Podemos asegurar sin temor a equivocarnos que D. Gonzalo es también el astuto responsable de algunos errores, omisiones, argucias y trápalas contenidos en el libro de Pinel. El señalado privilegio que éste concede a D. Gonzalo, no obstante contar con la posibilidad de otras plumas introductorias más encumbradas, como Pellicer, Salazar y Castro, etc., constituyó para nosotros el primer motivo de sospecha. Luego, la ausencia de todo vestigio documental del mecenazgo colombino pretendidamente ejercido por Doña Beatriz de Bobadilla; más tarde, la sospechosa referencia de Pinel en torno a la autoría de Alvar Gómez de Ciudad Real (pág. 328) y las dudas consiguientes, agradablemente compartidas con Henry Vignaud (1911), uno de los más grandes estudiosos de Colón, que ya da cuenta de un importante anacronismo (Typhis, el piloto de Argos). En fin, teníamos la certeza, poseídos por la emoción que precede a los grandes descubrimientos, de estar ante una superchería cuya constatación iba a producir importantes modificaciones en nuestro análisis del libro de Pinel. Cuando ya nos disponíamos, impacientes, a iniciar el trabajo de traducción de la pretendida prolusión poética de Alvar Gómez, nos damos de bruces con el magnífico trabajo de Juan Gil en el Anuario de Estudios Americanos, que resume, confirma y sobrepasa nuestras sospechas. Hace tiempo iniciamos un trabajo en torno a este apasionante asunto, que constituye otra de nuestras cuentas pendientes, y uno de los capítulos más hermosos de esta historia.
Aún así, deberíamos seguir rastreando la posible participación de la Bobadilla en las cuentas del Descubrimiento, como parte de nuestra labor de acercamiento a la persona. Tenemos constancia de su afición a las expediciones marítimas: obtiene en 1478 licencia para fletar una carabela a Guinea, R.G.S., Sevilla, 13 Mayo de 1478, fº 26 (véase P. Molina Gutiérrez, pág. 295), con fines puramente lucrativos, sin duda, ya que se le otorga con exención del quinto, aunque resulta más romántico formarse la idea de una Beatriz amante de aventuras exóticas y erguida melena al viento en Punta Umbría, oteando el horizonte y a la espera de D. Cristóbal. No es ésta una imagen tan insólita si se tiene en cuenta la existencia de varias novelas y dramas con el tema común de los amores del “Almirante de la Mar Océana” con una Bobadilla, aunque se trata de la Señora de Las Canarias, sobrina de la marquesa de Moya. Véase Rumeu de Armas, “Cristóbal Colón y Beatriz de Bobadilla”, pág. 24, o bien E. Romeu Palazuelos, "Beatriz de Bobadilla", págs. 228/229 del Homenaje a Elias Serra Rafols, III, 1970, y lo que decimos de A. Cioranescu, que conoce muy bien este asunto y también pone en duda, por cierto, el protagonismo de la marquesa en el descubrimiento, "Colón y Canarias", pág. 129. Es La Bobadilla, por ejemplo, conocido personaje de “Il Cortegiano”, de B. Castiglione. Y no dejéis de leer la inefable novela histórica de don Francisco José Orellana, "Isabel Primera", Barcelona, 1867, donde tanto Beatriz como Andrés, primeros marqueses de Moya, desempeñan el protagonismo históricamente debido, ¡faltaría más!.
20. FERNANDEZ DE RETANA, L.- "Isabel la Católica, fundidora de la unidad nacional española". Madrid, 1947. 2 vols.
Un tanto mística visión de la figura de Isabel, y de la unidad, y estilo marcadamente novelesco, aunque maneja un elevado caudal de información, muy útil. Ver Parte I: caps. I, II, X, XI y XIV. Parte II: caps. I, XII y XIII. Parte III: caps. I, II, III, XXIV y XXVII.
21. FERRARA, Orestes.- "Un pleito sucesorio. Enrique IV, Isabel de Castilla y la Beltraneja". Madrid, 1945. 480 págs., 4º.
Ver cap. XIV, Preparativos de victoria, que trata de los acuerdos secretos que condujeron a la entrega de los tesoros del Alcázar de Segovia, véase R. Fuertes Arias; cap. XV, “Los nuevos reyes de Castilla”; y cap. XVI, “Doña Juana, reina de Castilla y Portugal”, que contiene el famoso manifiesto de la Beltraneja, interesantísimo documento que tenemos también en los Anales, de Zurita, libro XIX, cap. XXVII. Analiza Ferrara con bastante precisión los personajes en torno a la reina, y nos ofrece la visión de un Andrés Cabrera insólito y de modernas convicciones: respetuoso y fiel a las dos testas coronadas y, añadiríamos nosotros, imbuido del espíritu de hombre de estado que imponían los tiempos, aunque cabe atribuir esta actitud a la tendencia general de judíos y conversos a buscar por todos los medios la estabilidad política necesaria, propiciatoria de una convivencia tantas veces interrumpida, circunstancia sólo alcanzable con una monarquía de sólidas bases, véase Luis Suárez Fernández, "La expulsión de los judíos de España", Barcelona, 1992, págs. 257/264, y lo que dice de Cabrera y el judío Abraham Seneor, rab mayor, arrendador general de rentas de los Reyes Católicos, y alguacil mayor de la aljama de Segovia, cuya importante influencia en las decisiones del mayordomo está probada, véase A. de Palencia, Enrique IV, Década II, libro VIII, cap. X., o el “Cronicón de Valladolid”, pág. 195 de la ed. de 1848.
22. FERRER NAVARRO, Ramón.- "La exportación valenciana en el siglo XIV". Zaragoza, 1977. CSIC. Estudio basado en las fuentes del Maestre Racional, Archivo del Reino de Valencia. Es Moya zona de fuerte contacto comercial, y se detecta como destino de mercancías del Reino de Valencia en los años 1383-87-92-94-96-97-98 y 99.
23. FERRER, M.; TEJERA, D.; y ACEDO, J.F.- "Historia del tradicionalismo español". Sevilla, 1941-1959; 30 tomos.
Historia muy completa, con bastante aporte documental y extensa bibliografía por capítulos, aunque de clarísima parcialidad conservadora, que no empaña en absoluto su interés.
Tomo IV: cap. VI (1834), maniobras por la zona de Salvacañete. Tomo V: cap. VII (1834), la partida de Moya, mandada por Antonio Ruiz, "Perejil"; cap. VIII (1834), acciones de "Perejil". Tomo XI: cap. III (1836), acciones del carlista Añón: Alcalá de la Vega, Salvacañete y Talayuelas. Tomo XII: Expedición de Gómez. Cap. X (1836), guerra de guerrillas, acción de Villar del Humo. José Millán, arcipreste de Moya, manda la partida que luego será el Batallón Cuenca, creado en 1767, véase Mateo López, vol. II, pág. 36, y el ataque de la partida de Millán a los urbanos de Utiel, refugiados en la torre de la iglesia, en Ballesteros, Utiel, págs. 561/563, en agosto de 1836. Tomo XIII: La Expedición Real. Cap. IX (1837), paso por Salvacañete, Alcalá de la Vega, Villar del Humo y Cardenete. El coronel Tallada invita a rendirse a Moya el día 25 de Diciembre. Tomo XIV: cap. VI (1838), encuentro en La Huerta del Marquesado, donde muere el jefe de partida José García. Acción de José Jiménez en Cardenete. Acción de Santa Cruz de Moya. Forcadell en Mira. José Jiménez muere en combate en San Martín de Boniches. Tomo XVI: cap. VIII (1839), en marzo, combate en Santa Cruz de Moya. El 6 de Agosto, acción de Salvacañete. Cabrera en Carboneras, Pajarón, La Huerta del Marquesado, Valdemoro y Zafrilla. Ataque infructuoso de Arévalo contra Moya el 17 de Junio. En julio, ataque a Cañete. A primeros de septiembre, toma de Carboneras (págs. 162 y 163). Ver apéndice, docs. 109, intimación de Carboneras; 110, respuesta; y 111, capitulación. Tomo XVII: cap. X, el gobernador Heliodoro Gil, comandante de Cañete, hace incursiones por la zona, hasta la Mancha (feb. de 1840). Acciones en Beteta, Van Goeben. Toma de Mira por el cristino Manuel Gutiérrez de la Concha. Tomo XXV: cap. VI, acción de Santa Cruz de Moya (dic. de 1873). Cap. VIII, en septiembre, primera correría de Santés, por Mira, Landete, Santo Domingo de Moya y Pedro Izquierdo; efímera toma de Cuenca y paso por Reillo, Carboneras, Cardenete, Víllora y Mira. En diciembre, regreso de Santés y entrevista con Marco de Bello en Salvacañete. Ver apéndice, docs. 33, parte de Santés sobre las operaciones de Cuenca, y 34, la capitulación. Tomo XXVI: cap. VII (1874), en febrero, acciones de la partida de Pascual García, con intención de fortificar Moya, y acciones de Santés en Salvacañete y Moya. En Marzo, acciones del Conde de la Cortina en Beteta y Moya. En abril, nuevas correrías de Santés, en Cardenete, y acciones de José Valiente en Cañete, Pajaroncillo y Carboneras, y partidas diversas en la zona, Campillos Sierra, Mira y Fuentelespino de Moya. Toma de Cuenca y acoso de los cristinos en Salvacañete, en la retirada, con rescate de prisioneros y captura de algunos carlistas. En Octubre, acciones en La Huerta del Marquesado, Zafrilla, Valdemoro y Cardenete. Tomo XXVII: cap. VIII (1875), acciones del brigadier Vallés en Alcalá de la Vega, el Cubillo, Salvacañete y Salinas del Manzano. Se refugia la partida de Rosas en Zafrilla, al ser atacada por Cassola. Escaramuzas en Cardenete y Víllora. Véase también Ballesteros, Historia de Utiel, Cuarta Parte, a partir de la pág. 551.
Un estudio sistemático de las guerras carlistas debería comenzar por la completísima "Bibliografía de las guerras carlistas y de las luchas políticas del siglo XIX. Antecedente desde 1814 y apéndice hasta 1936". Pamplona, 1955; 3 vols., de Jaime del Burgo. Trabajo en curso del GIM.
24. FUERTES ARIAS, Rafael.- "Alfonso de Quintanilla, Contador Mayor de los Reyes Católicos. Estudio crítico acerca de su vida, hechos ...". Oviedo, 1909; 2 vols.
Interesante personaje, testigo principal de los acuerdos secretos entre los reyes de Sicilia y el matrimonio Cabrera para la cesión de los tesoros del Alcázar de Segovia, ver Pinel, págs. 160/163, y A. de Palencia, Década II, libro VIII, caps. VIII y X. Véase de Fuertes Arias el Vol.I, Guerra de Sucesión. En el Vol. II, doc. XXII, "Inventario de los créditos..", instrumento de reclamación de algunas deudas contraídas con el contador mayor, "... Otrosi, me es mas en cargo su Alteza del tiempo en que andove en los tratos con el Marques e Marquesa de Moya, que duraron un año, con el cual tiempo pasé los puertos de Segovia a Alcalá por quenta treinta e seis veces, en que se me morieron e perdí mias, e de los que conmigo traía, seis o siete mulas, e de más de gasto de mi mantenimiento e mensajeros e guías e dádivas e porteros de la cibdad de Segovia, e alcaide de Segovia Maldonado, porque muchas veces me tovo encerrado en el alcázar escondidamente, en que juro a Dios e por la señal de la cruz que más de doscientos mill maravedís gasté en ello...". A.G.S., Patronato Real. Leg. 29, fº 55. Original incompleto. El texto del acuerdo antes citado, en “Memorias de Don Enrique IV de Castilla”, doc. nº CXCIX, pág. 693 y ss., año 1473. Hizo además Quintanilla el primer censo de la historia de Castilla, en vísperas de la guerra de Granada y por necesidades militares (A.G.S., Contaduría del Sueldo, primera serie, leg. 53), y es parte esencial en las relaciones de Colón con los reyes. En cuanto a la importancia política de los tesoros y alcázar de Segovia, ver pág. 116 del primer volumen, o Zurita, Anales, tomo VII, libro XVIII, cap. XLIX (1473). Es de lo más interesante la lectura del "Libro de las cosas que estan en el tesoro de los alcaçares de la çibdad de Segovia en poder de rrodrigo de tordesillas vesino e rregidor de la dicha çibdad ...", inventario detalladísimo realizado por el secretario Gaspar de Grizio en 1503 a instancias de la Reina Isabel, A.G.S., Patronato Real, leg. 30-6. Transcripción, en "Datos documentales para la Historia del arte español", tomo III, Inventarios Reales, por José Ferrandis Torres, Madrid, 1943, págs. 69 a 169: cien páginas de apretada lectura con capítulos tan interesantes como Guiones e vanderas e pendones; Espadas estoques puñales e cuchillos e otras armas; Brocados; Cosas de oro; Cosas de cama e almohadas e coxines e flocaduras, etc., etc. No extrañamos nada la resistencia del alcaide Cabrera a entregar tan valiosa mercancía. Recomendamos la lectura del libro de J.M. Nieto Soria, "Ceremonias de la realeza", apéndice 3, Los símbolos ceremoniales en el tesoro real del alcázar de Segovia, y cap. I, Ceremonias de acceso al poder, donde se describen algunos utensilios del tesoro de Segovia que debieron ser utilizados en la ceremonia de proclamación de Isabel. Véase también ajustada biografía de Quintanilla en el Bol. de Estudios Asturianos, nº 84/85, 1975, págs. 115/144, por Ricardo Hueso Chércoles.
25. GARCIA CARRAFFA, Alberto y Arturo.- "Enciclopedia heráldica y genealógica hispanoamericana".
Es la mejor fuente disponible en la materia, con el inconveniente de no llegar más que hasta la U. Ver Tomo V: Albornoz, págs. 100-134. Tomo VI: Almonacid, pág. 128. Tomo VIII: Andrés, págs. 206 a 220. Tomo X: Araque, págs. 141 y 142. Tomo XI: Argudo, págs. 91 y 92. Tomo XII: Azagra, págs. 260-262. Tomo XVII: Bobadilla, págs. 76-180. Tomo XX: Caballón, pág. 45; y Cabrera, págs. 111-180. Tomo XXII: Cano, págs. 191-197. Tomo XXIV: Carrera, págs. 191-201. Tomo XXV: Castilblanque, págs. 48-50. Tomo XXVII: Cuenca, págs. 292-294. Tomo XLVIII: Lara, págs. 165-214. Tomo LIII: Marín, págs. 241-248, y 264-266. Tomo LX: Muñoz, págs. 75-101, y 112-116. Tomo LXIX: Peinado, pág. 196, etc. etc. Obra bastante documentada, e imprescindible.
26. GARCIA PEREZ, Angelina.- "Guerrilleros de Castilla la Nueva y Aragón. (1808-1814)". Tesina de licenciatura, inédita. Universidad de Valencia, Facultad de Filosofía y Letras, 1968. Actualmente, Fac. de Geografía e Historia.
Batiburrillo indescriptible de documentos, ordenados cronológicamente, la mayor parte de escaso interés, y alternados con artículos de prensa aparecidos en periódicos de la época, como DIARIO DE VALENCIA, LA GAZETA, LA GAZETA DE LA REGENCIA DE ESPAÑA Y LAS INDIAS, y LA GAZETA DEL REINO DE ARAGON, sin propuesta ni conclusiones: los comentarios, muy escasos, no guardan relación alguna con la parte documental, y se limitan a un mal resumen de Arteche, Rodríguez Solís, y Conde de Toreno, con algunas vaguedades de Pérez Galdós y Aranguren, y abundancia de citas textuales. Además, los documentos transcritos no obedecen al propósito de la autora, manifestado en el prólogo, de rendir un homenaje a los moyanos en general, y a los guerrilleros en particular, ya que son en su mayoría partes de suministro y habituallamiento de las tropas en contienda, circunstancia de la que no saca el partido que debiera. Eso sí: permite atisbar una vez más el enorme fondo documental contenido en la Colección Andrés, ver “Proyecto de Transformación de la Biblioteca de Landete”, en este capítulo. Obtiene de este fondo 120 de los 169 documentos que maneja, con la curiosa particularidad de no indicar la procedencia de los mismos, que sí especifica claramente en el caso de los pocos que transcribe de otros archivos, como el Municipal de Cuenca, el de Valencia, Requena, Belmonte y San Clemente. Sólo sabemos de su procedencia gracias a un comentario en el primer párrafo del prólogo, donde asegura haber encontrado unos papeles viejos, en la casa del Farmacéutico D. Andrés Andrés, propiedad de sus antepasados (sic). Se trata, sin duda, de cartas y protocolos del viejo Archivo de Moya que pertenecen a la Colección Andrés, si no han sido vendidos o de alguna forma enajenados. No sabemos de ningún trabajo posterior de Angelina exceptuando un resumen de éste en el modesto colectivo “Moya”, de 1969, véase Sáez, Muelas y dos más, pero esperamos que haya dado un buen repaso a las reglas de acentuación y le agradecemos de todos modos su incursión en Contemporánea, además de reconocer el gran trabajo de transcripción llevado a cabo, aunque no sea posible constatar la calidad debido a la imposibilidad de consultar los originales, por ahora.
27. GONZALEZ GONZALEZ, Julio.- "Repoblación de Castilla la Nueva". Madrid, 1975. 2 vols., desplegs. Moya en cap. III, págs. 258/260.
28. GONZALEZ MINGUEZ, César.- "Fernando IV de Castilla (1295-1312). La guerra civil y el predominio de la nobleza". Tesis doctoral. Univ. de Valladolid, Fac. de Filosofía y Letras, 1974; 403 págs. Muy documentado el período de los Lara, y las guerras fronterizas. Ver el cap. “Nueva guerra contra D. Juan Núñez”, págs. 245/254.
29. GRAU, Mariano.- "Polvo de Archivos. Páginas para la Historia de Segovia". Segovia, 1951; 224 págs., 8º.
Véase cap. "Así fue coronada Isabel la Católica", págs. 13-29, con la transcripción del escrito del notario Pedro García de la Torre, a la sazón presente en Segovia, y por ahora el testimonio más directo y preciso de la coronación de Isabel, que también está en ESTUDIOS SEGOVIANOS, 1949, págs. 20/29, espléndida narración. El cap. "Historia de una protesta", págs. 145-153, narra el conflicto desencadenado por la donación de los sexmos de Valdemoro y Casarrubios a los Marqueses de Moya. De las importantes consecuencias de este despojo tenemos detallada información en María Asenjo, “Segovia”, y Pilar Molina, “La formación del patrimonio”, y por supuesto Colmenares, cap. XXXIV (XV y XVI). Ver también Pinel, págs. 278 a 281. Podría asegurarse que los marqueses de Moya fueron, por encima de todo, los señores de Segovia, circunstancia que prevaleció en su descendencia, los condes de Chinchón, y que Moya fue para D. Andrés y Dª Beatriz un feudo querido, pero lejano, véase Rábade Obradó. Se plantea en el cap. “Cuando pasó el huracán de las Comunidades” el pleito emprendido por la condesa de Chinchón contra la Comunidad y Tierra de Segovia a raíz de los sucesos acaecidos durante las alteraciones, en que la ciudad se sublevó, provocando importantes destrozos en la casa y lugares de los condes, y obligando a D. Fernando de Bobadilla a refugiarse en el alcázar. Sabemos que su hermano Diego estaba con él. Ver Gutiérrez Nieto, “Las comunidades”, y G. de Quintana, “Historia de Madrid”, fº 203, a propósito de los Condes de Chinchón. Fueron en general muy conflictivas las relaciones de los Cabrera con Segovia, que muy poco pudo hacer contra la familia, protegida por la corona: destruyen los segovianos el castillo fortaleza de Chinchón, pero es reconstruido, a pesar de la prohibición expresa de fortalezas nobiliarias. Va a perdurar este formidable baluarte hasta 1705, Guerra de Sucesión, véase Angel Dotor, "Más sobre los castillos madrileños", en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo V, 1970, dato en pág. 18, con una foto muy expresiva de cuanto decimos.
30. GUIA DE CASTILLA LA MANCHA. 2ª Edición, 1990; 643 págs. J. de Comunidades de Castilla la Mancha.
31. GUTIERREZ NIETO, Juan Ignacio.- "Las comunidades como movimiento antiseñorial". Barcelona, 1973; 375 págs., 4º menor.
Ver Segunda Parte, “La rebelión antiseñorial durante 1520-1521”: Región Central, con las alteraciones de Segovia, fundamentalmente en contra de los Condes de Chinchón, y Región Conquense, donde sobresale la revuelta contra el Marqués de Moya. Obra indispensable por su aporte documental y puntos de vista. Traslada los datos de Sandoval, "Historia, vida y hechos del emperador Carlos V", Mariano Grau y el M.H.E. Conoce además la Colección Tomillo, Real Academia de la Historia, y la “Relación del Licenciado Montalvo”, documentos esenciales. De esta última, cuyo título es "Relación del teniente corregidor de Cuenca sobre las comunidades del Marquesado de Moya", A.G.S., Cámara de Castilla, leg. 138, exp. 77, se desprende el papel de Rodrigo de Cárdenas, corregidor de Cuenca y Huete, que acudió a salvar al marqués, cercado por sus vasallos y gente de Iniesta, Requena, Motilla y Mira en la villa de Moya, donde "le fue forçado fazer ciertas cartas de perdon a sus vassallos e a sus valedores..." (fº 5v); más adelante, "e fueron presos Ambrosio Muñoz e Juan Frances e Juan de Ortega, capitanes de Valdemoro y Valdemorillo. Consto por sus confessiones que el dicho Ambrosio Muñoz havia quebrado el braço a una imagen de la Madre de Dios para le robar los vestidos...". Luego, "Colpuose a muerte el Licenciado Diego de Aller porque consto por mucho numero de probanzas levanto el dicho marquesado, e germanó con el todos los lugares comarcanos..." (fº 6). Se condenó también a muerte a Nofre Deliria, capitán de Landete, a Diego Vizcaíno, vecino de Cardenete, "por salteador de caminos, e ladron", a Pedro Real, de Pajarón, a Luys García, de Cardenete, a Martín del Valle, que trajo de Valencia gente y armas, a Juan Vizcaíno, de Cardenete, etc., etc. Azotados y condenados a galeras varios hombres, y azotadas varias mujeres, de distintos lugares, "y fueron dadas en la villa de Moya ochocientas e cuatro sentencias contra los vassallos del dicho marqués... Fueron en el dicho Marquesado de Moya condepnados a muerte en rebeldia y a perdimiento de la meitad de los bienes ochenta y ocho personas que constó que eran capitanes de los lugares..." (fº 7). Por otra parte, eligieron los vecinos de Requena a Luys de Cárcel, y junto con gente de otros pueblos fueron a Moya, donde cercaron al marqués. Es un documento esclarecedor, aunque no el único, ya que hay noticias de lo acontecido en el leg. 141, exp. 160; y leg. 142, exps. 48, 49, 53 y 60, cuyo conocimiento debemos también a la generosidad de la historiadora Sara T. Nalle. Conviene consultar el clásico "Las Comunidades de Castilla", de J. Antonio Maravall, donde se cita la revuelta de Segovia, aunque sufre un error, ya que se refiere al "lugar de Moya", que nada tiene que ver en esto, sino los sexmos de Valdemoro y Casarrubios. Es sin embargo interesante su punto de vista sobre el problema, que analiza en el contexto de una reivindicación no iniciada en, sino potenciada con motivo de las Comunidades (págs. 56-57), que según él tiene el carácter básico de una protesta urbana. Vuelve a referirse a los marqueses de Moya al hablar de Iniesta, pág.224, en que comenta el texto del P. Zarco, "Relaciones de Pueblos de la Diócesis de Cuenca", tomo I, donde se cita el ataque de la partida de Luis de Cárcel. En cuanto al M.H.E., se trata de "Historia de las Comunidades de Castilla", de Manuel Danvila, tomos XXXV a XL. Ver tomo I, y sobre todo el III, donde se narra la pacificación del Marquesado con ayuda de Rodrigo de Cárdenas y 800 hombres. Hay también noticias diversas en los tomos II, IV y V. Tenemos a Luis de Cárcel en el tomo III, aunque poco sabemos de él. No figura en la "Relación de comuneros excluidos del perdón general por Carlos V", manuscrito en la Biblioteca de El Escorial, noticia que también proviene de Miss Nalle, cuyo trabajo “Moya busca nuevo señor”, en Moya I representa, definitivamente, el análisis más completo y documentado sobre la cuestión, que se muestra, a partir de ahora, más importante y compleja de lo esperado. Hay un excelente análisis de la Relación de comuneros, compuesta de 293 personas, en el documentado trabajo de Joseph Pérez, "La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521)", Madrid, Siglo XXI, 1985, pág. 474 y ss., aunque Pérez no sabe mucho de lo que sucede en Cuenca, y menos en Moya. No ha visto el informe del Licenciado Montalvo, por ejemplo, no obstante admitir que Cuenca ayuda al marqués de Moya a restituir su estado, A.G.S., Patronato Real, Leg. 1, fº 84, carta del concejo de Cuenca al emperador, en pág. 425, y alude al malestar del marqués de Moya por la aparente impunidad de Luis de Cárcel, A.G.S., Reg. General del Sello, en pág. 620. Sí aporta buena información de lo sucedido en Segovia, véase “Geografía del Movimiento Comunero”, VII, con cierto detalle sobre la rebelión contra los condes de Chinchón, en base a la crónica de Colmenares, y al Papel del Licenciado Espinar, que habituallaba a los sitiados en el Alcázar, Estado, Leg. 7, fº 164, y Patronato Real, Leg. 1, fº 98, y la demanda judicial a los amotinados en págs. 493 y 655, así como nos informa de la participación del conde de Chinchón en la represión posterior, pág. 569, y otros asuntos de interés, remitiendo a Pinel y Monroy, Mariano Grau y otras fuentes que ya conocemos. Recomendamos también el relato de Juan de Pantigoso, "Relación de la traslación que se hizo en la ciudad de Segovia de las reliquias de San Frutos, San Valentín y Santa Engracia", año de 1523, de que hay transcripción en B.R.A.H., XIV (1889), págs. 214/253, donde se narran las peripecias del cabildo y demás autoridades para llevar un puñado de huesos, entre los que se cuenta la espalda de San Frutos, desde la iglesia mayor, que entonces estaba situada justo delante de la fortaleza, hasta la capilla del alcázar, valientemente defendido por fuerzas al mando de Diego de Cabrera y Bobadilla, hermano del conde Chinchón, hijos de Andrés Cabrera, en especial pág. 241 y ss.
Debe consultarse también la "Crónica del Emperador Carlos V", de Alonso de Santa Cruz, cap. LI, donde se narra la intervención de las tropas de la armada de Hugo de Moncada que, desembarcadas en Cartagena, asaltan Carboneras en 14/11/1521 sumadas a fuerte contingente que envía el marqués de Villena y el prior del Convento de San Juan de Toledo, gobernador Antonio de Zúñiga, al mando de Juan Cabrera, marqués de Moya. Concentrados los insurrectos en la villa del Guadazaón, hacen uso de flechas envenenadas y presentan dura resistencia, al fin vencida. Sugerimos la edición de Beltrán y Rózpide, y Blázquez y Delgado-Aguilera, Madrid, 1920. Sobre las alteraciones de Segovia, puede consultarse también G. de Quintana, Historia de Madrid, fº 203, aunque ya conocemos su parcialidad, y por supuesto María Asenjo, y Mariano Grau. Conviene leer a Ballesteros, Historia de Utiel, págs. 214/219, donde quedan claras las maniobras del marqués para evitar la oposición de Utiel y Requena en aquellos difíciles momentos, y se transcriben cartas cruzadas entre los concejos de Moya y Utiel existentes en el Archivo de Utiel, con una de Juan Cabrera. 32. HERRERA GARCIA, Antonio.- "Cuenca musulmana". Cuenca, 1966. Lección inaugural del curso 1966-67. I.N.E. Media Hervás y Panduro. Folleto de 30 págs. Panorámica de las fuentes existentes sobre el período musulmán de la zona, sin exclusiones. De su análisis no resulta ningún indicio que permita afirmar la importancia del pasado musulmán de la villa de Moya. Conviene ver Almonacid Clavería, y nuestras notas al Idrisi.
33. HERRERA GARCIA, Antonio.- "Hemeroteca Conquense". I.N.E.M. Hervás y Panduro, Cuenca, 1969; 95 págs. Detallada relación de artículos en la prensa local, con interesantes trabajos en OFENSIVA y EL DIARIO DE CUENCA, EL DIA DE CUENCA, EL CORREO CATOLICO y EL DEFENSOR DE CUENCA, por referirnos sólo a los periódicos que nos interesan, ordenado por autores, materias y cronológicamente, hasta 1968. Nosotros hemos consultado el fondo de la Biblioteca Municipal y Casa de Cultura, que es el más completo.
34. IBAÑEZ MARTINEZ, Pedro Miguel.- "Documentos para el estudio de la pintura conquense en el Renacimiento". Cuenca, Dip. Provincial, 1990; 382 págs.
Transcripción de documentos de los archivos locales, sobre todo el A.H. Provincial. Es el apéndice de su tesis doctoral "Pintura conquense del siglo XVI", y hace un seguimiento de pinturas y adornos, eminentemente religiosos. San Martín de Boniches (1528); Carboneras (1557); Talayuelas (1549); Landete (1568); Moya (1570); Moya, iglesia de San Miguel (1581); Campillos Paravientos (1572) y Narboneta (1567).
35. IZQUIERDO BENITO, Ricardo.- "Castilla la Mancha en la Edad Media". J. de CC. de Castilla la Mancha: Monografías. 1985; 175 págs. con un mapa de la división eclesiástica (Moya pertenece a la Carthaginensis). Ver cap. 2, Reorganización del territorio: Proceso de castellanización (S. XII-XIII), La Serranía de Cuenca.
36. LARRAÑAGA MENDIA, Julio.- "Guía de Cuenca". Cuenca, 1929; 455 págs., 1 mapa.
Obra esencial para el conocimiento de la Cuenca de principios de siglo. Es el equivalente a un nomenclator, con biografías de ilustres, y buenas fotos del magnífico grupo de reporteros conquenses de la época, de entre los que destacamos a Aguilar, A. del Campo, Campos, Corral, Cutillas, E. O`kelly, E. Ramírez, Rojo, Zomeño, y los que expresamente fotografían la tierra de Moya, Regil y Suárez Valdés. Hay una espléndida foto del hospital (pág. 404).
37. LOMAX, Derek.- "La Orden de Santiago (1170-1275)". CSIC, Madrid, 1965; 334 págs., 4º. Ver cap. “Los recursos externos”, págs. 167 y ss., Rentas concejiles. Trata el asunto de los seis moros fugados de la cárcel de Moya en 1234, véase López Agurleta.
38. LOPEZ REQUENA, Jesús; y CASTELLANOS, Carmen.- "Catalogación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico del conjunto histórico-artístico de la villa de Moya (Cuenca)". Trabajo inédito. Consejería de Cultura. J. de CC. de Castilla la Mancha, 1987. 170 págs., fol. Documento completísimo, fruto del trabajo del equipo de arqueólogos de la villa, que también hace el plano topográfico. Aporta bibliografía.
39. LOPEZ REQUENA, Jesús.- "Fiestas populares de Reillo". Dip. Provincial de Cuenca, 1989; 145 págs. Ejemplo típico de fiestas según el ciclo estacional. Un repaso a las fiestas más señaladas, como La Candelaria y San Blas, y Carnaval, y ceremonias usuales. A resaltar los Paloteos, baile típico acompañado de coplas. Estudio antropológico.
40. LLANOS Y TORRIGLIA, Félix de.- "La reina Isabel, fundidora de España". Barcelona, 1941; 304 págs., 4º. Prosa encendida en loor de la Reina. Repara en la enfermedad del Cabrera, pág. 52.
41. LLANOS Y TORRIGLIA, Félix de.- "En el hogar de los Reyes Católicos y cosas de sus tiempos". Madrid, 1943; 286 págs., 8º.
42. LLANOS Y TORRIGLIA, Félix de.- "Así llegó a reinar Isabel la Católica". Madrid, 1927, 460 págs., 4º.
La acostumbrada prosa poética de los entusiastas de Isabel. Versión novelada de la historia patria, correctamente documentada. Es el libro que más trata la figura de los marqueses de Moya, después del Retrato. Empieza a llamar señor de Moya demasiado pronto a don Andrés, bien es cierto que ya había recibido mercedes en Moya a partir de 1463. Reproduce los retratos de los marqueses, de Obregón, aunque, como ya sabemos, fueron dibujados por pura inspiración literaria. Aunque escasa y no contemporánea, merece la pena rastrear la iconografía de los marqueses de Moya. Sobresale sin duda la representación que hace Eduardo Rosales en su clásico "Isabel la católica dictando su testamento", lienzo de 1864 que, si no soporta un elemental análisis histórico de personajes (véase lo que dice Gómez de Mercado en su Isabel I, pág. 106, o bien su artículo "Datos para el estudio de la Testamentaría de los Reyes Católicos, III", en la Revista Crítica de Derecho Inmobiliario, nº 154 de 1941, págs. 149 y 150), constituye el más hermoso ejemplo de la pintura histórica española del siglo XIX, y posee plenamente una de las cualidades más importantes del arte: el poder de evocación. Sobre las intenciones iconográficas de Rosales en este cuadro, véase por ejemplo "Eduardo Rosales. Ensayo biográfico y crítico", Madrid, 1937, págs. 53 y ss., de B. de Pantorba, o bien A. Cotarelo y Valledor, "La exposición Rosales. Artículos publicados en El Imparcial", Madrid, 1902, págs. 25/26.
43. MARCOS BERMEJO, Mª Teresa.- "La fabricación artesanal del papel en Castilla la Mancha". Madrid, 1993. Tesis doctoral, inédita. Fac. de Geografía e Historia. Universidad Complutense.
Repaso ajustado y muy efectivo a la historia del papel, que va ligada, indefectiblemente, a necesidades políticas, culturales, religiosas y económicas. Empieza el papel a imponerse a partir de la invención de la imprenta, después de vencer algunos inconvenientes. Es Toledo el paladín de la industria papelera en Castilla la Mancha, y surge como elemento nacido de la transformación de ingenios tradicionales harineros, convirtiéndose en industria especializada al transformarse la técnica de trituración con la incorporación de las pilas de mazos. Acertado tratamiento de las técnicas de fabricación, emplazamiento, etc., y de su influencia social como vía de poblamiento, con la formación de colonias preindustriales, así como su carácter de elemento de concentración de poder, en los casos de propiedad particular y eclesiástica. En cuanto al régimen de propiedad, establece tres clases: particular, corporativa y eclesiástica, y describe sus características. Detecta un auge claro de la industria en Cuenca y Guadalajara, mientras declina en Toledo, a principios del siglo XVIII. A destacar el papel decisivo del obispado de Sigüenza, lo que se advierte claramente en el declive de la industria conquense, por inadaptación a las nuevas técnicas, y su pervivencia en Guadalajara hasta el siglo XIX. Completísima bibliografía y amplio tratamiento documental, de manifiesto en el extensísimo catálogo de filigranas, que demuestra a las claras el enorme trabajo de rastreo sistemático empleado, y amplias dotes de investigadora. Completo vocabulario y sobria descripción de procesos, utensilios y materiales. Impecable metodología, que otorga al trabajo las características de un tratado, sin llegar a aburrir. En cuanto al molino de Garaballa, completa relación de papeleros, su evolución a partir de la fundación en el siglo XVIII, y su abandono como industria a causa de la desamortización de Mendizábal. A resaltar el especial sistema de administración del ingenio, a cargo directo de la comunidad de religiosos desde 1777, en que se forma la Junta de Contaduría. Considera Mª Teresa Marcos a Moya uno de los más importantes compradores de papel. No es extraño si tenemos en cuenta la existencia en la villa de ocho notarios en activo, lo que podemos confirmar a partir del siglo XVIII, que atendían las necesidades de todo el Marquesado.
Obra en nuestro poder copia de un acuerdo notarial interesantísimo con la firma de los ocho notarios de Moya en 1742, relativo al reparto de jurisdicciones, muy útil.
44. MARTIN POSTIGO, Mª de la Soterraña.- "La Cancillería Castellana de los Reyes Católicos". Tesis Doctoral. Fac. de Filosofía y Letras. Valladolid, 1957; 400 págs., 8º.
Los Reyes Católicos hicieron merced de la Escribanía Mayor de los Privilegios y Confirmaciones a Gutierre de Cárdenas, y a Andrés Cabrera, que ya gozaba del cargo desde 1467, véase Torres Fontes, Itinerario, y queda vinculado de modo hereditario, ya que lo encontramos ligado al título de Marqués de Moya al menos hasta el S. XIX. El Escribano Mayor de los Privilegios y Confirmaciones refrenda las confirmaciones de los privilegios de hidalguía a determinadas personas que sirvieron al rey en la guerra contra Portugal (pág. 213). Luego se hará extensivo a otros privilegios. Ver Pinel y Monroy, págs. 115/116.
45. MARTINEZ ALMONACID, Emilia.- "Las raices nunca perdidas: Campillos Paravientos". Dip. Provincial de Cuenca, 1989; 95 págs., 8º.
Estudio etnográfico digno a pesar de lo escueto. Datos demográficos, vida rural y producción agraria, y algo de historia, en base a los primeros libros de visitas del obispado, A.D. de Cuenca, y el acta de formación del ayuntamiento (1850). Nos descubre algo de bibliografía sobre Campillos Paravientos.
46. MARTINEZ FRONCE, Félix Manuel.- "Una cuadrilla mesteña: la de Cuenca". Dip. Provincial de Cuenca, 1959; 152 págs. Hace un repaso a las disposiciones legales, fueros, etc. Ver cap. VII, Sobre caminos trashumantes. Especifica sus fuentes: Le Flem, Miguel Caxa de Ceruela, y otros, y aporta bibliografía interesante. Véase P. García Martín.
47. MARTINEZ KLEISER, Luis.- "Cuenca, paisajes y monumentos". Cuenca, 1944; 149 págs., láms. Ver “El señorío de Moya”, págs. 123/126, con dos buenas fotografías de la Moya postrera que recomendamos contemplar a quien busque más razones para indignarse del expolio del patrimonio monumental de la villa.
48. MARTINEZ ORTIZ, J.- "Historia de Tejeda". Valencia, 1964; 152 págs., láms., 12º. Discreto intento divulgador inspirado en las fuentes clásicas.
49. MARTINEZ RAMIREZ, Mari Carmen, "Miriam".- "Landete en verso. Paseo gráfico". Landete, 1993.
Collage de elementos etnográficos recogidos en la zona de Landete, algunos autóctonos, otros incorporados, los más, testigos de un pasado rico en influencias externas, como corresponde al núcleo urbano más activo del Marquesado. Es un trabajo de aportaciones colectivas, con fotografías de la primera mitad de siglo y comentario de tradiciones, algunas desaparecidas pero presentes en la memoria de las gentes. La Fuen María, el Corpus, San Isidro, San Cristóbal, San Miguel y, por supuesto, San Roque. Los mayos y las mayas, y Sto. Tomás. Una buena forma de escribir divirtiéndose. Sugerimos ver "La estación de amor", de J. Caro Baroja, cap. VI, “Matrimonios de Mayos y Mayas”, con bibliografía muy interesante y clásica, donde se habla de La Enramada y otros aspectos de la fiesta, y no os perdáis "La maya, notas para su estudio en España", Madrid, 1944, de A. González Palencia y Eugenio Mele, donde, además de rastrear las fiestas de mayo en la Edad Media y Siglo de Oro, y las referencias literarias más conocidas de La Maya, algunas muy hermosas, se transcribe buen número de mayos de diversa procedencia: Albarracín, Guadalajara, Toledo, Cuenca, etc., y se comenta La Enramada. Hay que decir que, a causa de su carácter profano, es prohibida la fiesta por el rey Carlos III, Real Cédula de 20/2/1777, véase la “Novísima Recopilación de Leyes de España”, Libro I, Título I. Es también interesante un trabajo anónimo en CUENCA, 8, 1976, con anotación y comentario musical de la melodía popular conocida como danza de "Vestir la casa", documentada en diversas localidades de la provincia, entre ellas Alcalá de la Vega.
50. MENENDEZ PIDAL, Ramón.- "Historia de España". Dirigida por José Mª Jover Zamora.
Tomo IX: "Los reinos cristianos (1035-1217). Las fluctuaciones de la Reconquista y el proceso de diferenciación política", por M.A. Ladero Quesada, Julio González y otros.
Tomo XII: "La Baja Edad Media peninsular. Los fundamentos sociales y económicos", por J. Valdeón Baruque, J. Luis Martín y C. Torres Delgado.
Tomo XIII: "Castilla, Portugal, Aragón. La expansión peninsular y mediterránea (1217-1350/83)", por J. González, Mª Paz Alonso Romero, S. de Moxó, J. Mª Lacarra y otros.
Tomo XIV: "La crisis de la Reconquista (circa 1350-circa 1410), por L. Suárez Fernández y J. Reglá Campistol.
Tomo XV: "Los Trastámaras de Castilla y Aragón en el siglo XV", por L. Suárez Fernández, A. Canellas y J. Vicens Vives.
Tomo XVII: "La España de los Reyes Católicos", 2 vols. I: "Las bases del reinado, la guerra de Sucesión, la guerra de Granada", por L. Suárez Fernández y J. de Mata Carriazo. II: "La edificación del estado y la política exterior", por L. Suárez Fernández y M. Fernández Alvarez.
Obra monumental, extensamente documentada. Indispensable.
51. MILLER, Townsend.- "Henry IV of Castile. 1425-1474". London, 1972; 310 págs., 4º. Versión un tanto novelesca, pero muy conviccente. Ver cap. 19: “What the bulls saw”, la situación a la muerte del infante don Alfonso; y cap. 21: “Release”, los acontecimientos de Segovia, la reconciliación, y muerte del rey.
52. MOLINA GUTIERREZ, Pilar.- "Origen del señorío de los Cabrera y posesiones en la zona de Madrid: El Marquesado de Moya". Memoria de Licenciatura, inédita, que no hemos visto, aunque comentamos el resumen en Cap. IV.
53. MOXO, Salvador de.- "Repoblación y sociedad en la España cristiana medieval". Madrid, 1979; 503 págs. Remite a Julio González, Castilla, y resalta la dificultad de poblamiento de la tierra de Moya.
54. MOXO, Salvador de.- "Los Albornoz. La elevación de un linaje y su expansión dominical en el Siglo XIV". Capítulo perteneciente al Tomo I de "El Cardenal Albornoz y el Colegio de España", 3 vols. Edición y prólogo de E. Verdera Tuells. Pags. 18 a 80, con 1 plano. Vol. XI de la Colección Studia Albornotiana.
Rastrea, aunque de forma algo confusa, el nacimiento de la dinastía a partir de Pedro Fernández, poblador de Moya, hijo de Fernán Gómez, y padre de Fernán Pérez, que ya aparece como Albornoz en la lápida sepulcral de la catedral de Cuenca, págs. 22 y 23.
55. MOYA, Salvador de.- "Historia genealógica de la Casa de Moya". Sao Paulo, 1947. 11 folletos, en 4º.
Interesantísimo y esforzado trabajo de este Moya de la diáspora, militar y autor de un tratado de fortificación. Amplio repertorio de contenidos que van desde la transcripción tetralingüe (portugués, español, francés e italiano) del “Compendio Cronológico”, de Rivera de la Granda, tomo I, hasta las semblanzas de todos cuantos Moyas ilustres han sido en las letras, las artes, las ciencias y, sobre todo, en la carrera eclesiástica (hace un auténtico vaciado de todas las órdenes religiosas). Moya y su territorio en el tomo III, con un esquema de las fechas más notables de su historia, bastante riguroso a pesar de algunos errores, y más que correcta bibliografía. Pedro Moya de Contreras, Arzobispo e Inquisidor General de México, y reproducción de algunas de sus famosas cartas, en tomo IV. Fray Juan Bautista de Moya, beato, en el tomo V. Escritores y científicos en el tomo VI, como Jácome Capistrano de Moya y Matheo de Moya. Texeda en el tomo VIII, asi como la Casa de los Marqueses de Moya, tomada en parte del Retrato. Obra básica, aunque muy esquematizada, fuente de otras más recientes. Véase Palacios Albiñana, y Sáez Fernández.
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56. MUELAS ALCOCER, Domingo.- "Carboneras y la Santa Hijuela". Cuenca, 1958; 200 pags., 4º.
Interesante resumen basado en las fuentes clásicas, sin más, como la “Historia de la Orden de Predicadores”, de H. del Castillo/Juan López. No se plantea varios aspectos pendientes, poco o nada investigados, como la impronta dominica de los primeros marqueses de Moya, o el estilo y autoría del convento.
57. MUÑOZ DE ROCATALLADA, Carmen (Condesa de Yebes).- "La Marquesa de Moya, 1440-1511". Publicaciones del Consejo Cristobal Colón. Madrid, 1966; 84 págs., 4º.
Trabajo sencillo y modestamente documentado, aunque muy digno. Debe tratarse de un libro de muy escasa tirada, que fue difícil encontrar. Fue Dª Beatriz un personaje de novela, trasplantado por la fuerza de los hechos al primer plano de una realidad vibrante. Fernández de Oviedo, Martir de Anglería, Marineo Sículo, Santa Cruz y otros que la conocieron nos hablan de sus virtudes raciales, de entre las que destaca la fidelidad a su Reina Madre, que acostumbraba llamarle La hija Marquesa, lo que no deja de ser una ironía, ya que Isabel era 10 años más joven. A decir verdad, hay un lapsus no del todo aclarado en estas relaciones, y es a raíz del casamiento de Isabel, en 1469: parten Beatriz y Mencía de la Torre para Coca, con el rey Enrique, dando la impresión de abandono de la infanta en un momento tan delicado para evitar las iras de su hermano, que no aprueba semejante unión, véase Zurita, tomo VII, libro XVIII, cap. XXIV, lo que aprovecha Palencia para arrojar sobre la Bobadilla el estigma de la traición, Década II, libro II, cap. I, que Pinel, ¿cómo no?, rechaza de plano, Retrato, págs. 126 y 127. Eran, en efecto, difíciles momentos para Isabel. Poco después de la designación de Guisando se plantea con fuerza la cuestión del matrimonio y no faltan pretendientes. Es uno de ellos Alfonso V de Portugal, hermano de la reina Juana; otro es Carlos, duque de Berry, hermano del rey de Francia; otro, el futuro Ricardo II de Inglaterra, y por fin, Fernando de Aragón. Duda Enrique entre los dos primeros (luego se decantará por el portugués) en contra de los deseos de la infanta que, temiendo seriamente por su seguridad, huye de la Corte y se refugia en Madrigal de las Altas Torres, donde al fin se impone la opinión del arzobispo Carrillo, que pertenece al partido aragonés, consumándose el matrimonio con Fernando el 19/10/1469 en Valladolid, aunque sin la presencia de Beatriz, circunstancia que intenta justificar Pinel y Monroy, libro I, cap. XVIII, en nuestra opinión, de forma conviccente. Esta temible decisión producirá la revocación del Tratado de los Toros de Guisando, la proclamación de Juana, y la ruptura definitiva con Isabel, ya que el voluble Enrique no volverá a poner en duda los derechos de su hija ni siquiera después de la reconciliación de Segovia de 1473. Véase un buen resumen de todas estas cuestiones en "La sucesión de Enrique IV", por Mª Isabel del Val Valdivieso, en Espacio, Tiempo y Forma, III-4, 1991, págs. 43/78, con varios documentos directamente relacionados con Andrés Cabrera. No obstante, hay todavía buena dosis de conjetura sobre el papel de Beatriz en este asunto. No daba muestras la Providencia de querer ayudar a la princesa, como hiciera dos años antes al ser pretendida por Pedro Girón, Maestre de Calatrava, renombrado episodio en el que, esta vez sí, la Bobadilla demostró su fidelidad, véase Garibay, libro XVII, cap. XV, y Mariana, libro XXIII, cap. IX. La evidencia de una toma de partido contraria a los intereses reales habría colocado al matrimonio en muy delicada postura. En efecto, en octubre de 1470 ha de jurar Andrés el acatamiento general a Juana después de sus esponsales con el duque de Berry en Campo de Santiago, aldea del valle del Lozoya, Buen Vassallo, libro I, cap. XX, valioso botín que luego exhibirá La Beltraneja en su manifiesto de 1475, infructuosamente, véase Zurita, Anales, libro XIX, cap. XXVII.
Existe también la versión fatal de la marquesa de Moya, que nos trae, no podía ser otro, Alonso de Palencia, quien la conoció personalmente y no se recata en atribuirle relaciones adúlteras aun tratándose de pretendientes que, como ella, gozan del pleno favor e intimidad de la reina. Mas, aunque supiéramos hasta el último secreto de su vida, es difícil ponerse de acuerdo en el análisis del personaje. En lo que respecta a sus relaciones con Moya, no parece que fueran de lo más cordiales, ver "Cuarta década de Alonso de Palencia", Libro XXXIII, cap. IV, "...los vecinos de Moya, maltratados por la autoritaria aspereza de Beatriz de Bobadilla conspiraron para retornar al amparo de la autoridad real, una vez que lograron sacudir el dominio de tal mujer", y prosigue: "(la desidia de su marido Andrés tenía a éste relegado a segundo lugar, no contando para nada ante los vecinos ni para alabanza ni para vituperio)...". Amplia referencia de los Bobadilla tenemos en Pellicer, "Informe de los Sarmiento", ff 86v a 89v, de donde obtiene datos Pinel y Monroy, que completa con la Crónica de Juan II, López de Haro, Zurita, Pulgar y Nebrija, en el lib. I, cap. XII, pág. 89 y ss. del Retrato. Ver Col. Salazar, Varios, tomo VII, ff 217/218, y tomo IX, fº 136. Hay también documentada referencia de los Bobadilla en García Carraffa, Enciclopedia Heráldica, tomo XVII, y un completísimo árbol genealógico en A. Cioranescu, "Colón y Canarias", pág. 124, véase Rumeu de Armas.
Hay que suponer con bastante fundamento que el Marquesado de Moya fue para los Cabrera más un feudo rentable que el hogar y refugio de sus vidas, ver María Asenjo, Pilar Molina Gutierrez, y Pilar Rábade Obradó, aunque, ironías del destino, allí están ahora, y seguramente allí estarán siempre. La relativamente escasa documentación que maneja la Condesa de Yebes le obliga inevitablemente a rastrear la figura de la marquesa en los personajes que la rodearon, destacando, entre los que todavía no se ha nombrado, Pedro Fernández de Bobadilla, mal hijo, monje y ladrón, pirata y almirante de la flota imperial después de haberlo sido de las galeras pontificias de Julio II y León X. Excomulgado y vuelto al seno de la Iglesia, maldito y desheredado por su padre, “Buen vasallo”, págs. 337/338. Muerto heroicamente en 1521 frente a las costas de Bretaña en defensa del pabellón imperial, y a la greña con los piratas, Mártir de Anglería, epístola 755 al Canciller de Milán. Novelesco personaje cuyos retazos de vida aventurera nos acercan al Pánfilo de los "Tres coloquios" de Erasmo, 1528, nada insólito en su época aunque, moral cristiana por medio, el de Rotterdam lo cita como ejemplo de existencia desordenada. Llama la atención, en primer lugar, la circunstancia de ser el único hijo que no carga con el patronímico Cabrera, sino con el materno Fernández de Bobadilla, Pinel, pág. 337. Luego, su vida oscura hasta la fuga del convento, a la que sigue una azarosa aventura corsaria, y concubinaria. Si tenemos en cuenta que nace en 1486, véase el “Cronicón de Valladolid”, en fin, no es descabellado suponer en Pedro al hijo adulterino de Beatriz. Avala esta sospecha, por otra parte, el duro trato a que fue sometido por su padre: lo encierra dos años en una jaula, racionado y sólo, le aparta de la herencia y le asigna 500 ducados, Pinel, págs. 330 y 337. Un ilustre personaje es el más posible candidato a progenitor: el Cardenal Mendoza, de cuyas relaciones con la marquesa nos hablan Palencia, Década III, libro XXVII, cap. III, y los papeles de Vargas Ponce, Real Academia de la Historia, donde puede verse también el Ms. 9/234, fº 386 y ss., Col. Salazar, atribuido a A. Téllez de Meneses, y otras variadas referencias que acostumbran a trasladar los datos de A. de Palencia. No resulta difícil suponer el cariño de Beatriz por el hijo pródigo, como madre, y como mujer, máxime teniendo en cuenta que debió ser el menor de todos. Si esta conjetura llegara a probarse algún día, no haría más que aumentar nuestra admiración por este recio carácter, rebelde mujer. Tres hijos conocidos tuvo el Cardenal de España: uno, con doña Inés de Tovar, dama de la reina Isabel, y dos con doña Mencía de Lemos, prima de doña Guiomar de Castro, manceba del rey Fernando, a los que la reina llamaba, no sabemos si resignada o jocosamente, "los dos pecados de mi cardenal", uno de los cuales fue don Diego Hurtado de Mendoza, marqués de Melito, abuelo de la Princesa de Eboli.
Parece éste el lugar apropiado para traer a colación el citado "Cronicón de Valladolid", que nosotros conocemos por la edición de P. Sáinz de Baranda, Madrid, 1848. Valiosísimo documento que aporta, definitivamente, segura noticia de la privilegiada posición que Beatriz y Andrés ocupan en la corte de los Reyes Católicos, en especial si comparamos sus escasos pero muy significativos datos con, por ejemplo, el conocido trabajo de Rumeu de Armas, "Itinerario de los Reyes Católicos", Madrid, 1974, pues además de la entrevista y reconciliación de Segovia, pág. 84; la proclamación, pág. 87, y la entrada de la corte en pleno en Valladolid el año 1475, presente A. de Cabrera, pág. 91, sabemos del nacimiento de Beatriz, la hija ausente de las crónicas, que Pinel y Monroy desconoce, el 26/10/1483, domingo a las 10 de la mañana en Pontedura, lugar entre Aranda de Duero y Santo Domingo de la Calzada, mientras los reyes y su consejo están en la cercana Vitoria; el 13/1/1485 a las 11 de la noche nace Juana en Sevilla, donde también se encuentran los reyes y su consejo; el 16/7/1486 nace Pedro en Jaén mientras los reyes y su consejo están en Córdoba; el 12/2/1492 tiene lugar la boda de María con Pedro Manrique, conde de Ossorno, nada menos que en la Alhambra de Granada, con presencia de los reyes, que muy bien pudieron ser padrinos de boda, en medio del general regocijo por la toma, que ha tenido lugar sólo un mes antes, véase lo que decimos a propósito de esta boda en Molina Gutiérrez. Expresa magníficamente la Condesa de Yebes este penoso ir y venir cuando dice "La Corte trashumante, siempre en movimiento de una punta de España a la otra, tan sólo se detiene en alguna villa el tiempo necesario para que la Reina diera a luz. También Beatriz tuvo una numerosa prole. No se aparta de su señora; la deja el momento justo de nacer sus hijos, para volver a emprender la marcha en mulo o, a veces, en litera, por los ásperos caminos castellanos. Asombra la bravura de estas mujeres", pág. 53. Queda de manifiesto en el cuadro comparativo hecho anteriormente que Andrés, del Consejo Real, no le iba a la zaga, aunque, claro está, entonces como ahora, es más difícil ser mujer. En cuanto a la Bobadilla, ver el epitafio que le dedica Pinel y Monroy, págs. 328 y 329. No hay vestigio, por ahora, de ningún escrito autógrafo de nuestra marquesa, aunque conocemos las Coplas del Nascimiento, que hizo por mandado de la marquesa de Moya el franciscano y poeta preferido de la reina Isabel, Fray Ambrosio de Montesinos, véase "Antología de poetas líricos castellanos", tomo III, de M. Menéndez y Pelayo, Santander, 1944, págs. 56/72, y transcripción de las coplas en la edición del mismo nombre, tomo IV, Madrid, 1893, págs. 300/305, que bellamente comienzan:
¿Quién os ha mal enojado
mi buen amor?
¿Quién os ha mal enojado?...
y terminan:
Dios, tu trono siempre oya
a la marquesa de Moya,
pues tu padre acá por joya
se nos dió
de remedio más probado.
58. MUÑOZ Y SOLIVA, Trifón.- "Historia de la muy Noble, Leal e Inclita Ciudad de Cuenca, y del territorio de su provincia y obispado, desde los tiempos primitivos hasta la edad presente". Cuenca, 1866-67; 2 vols., 4º.
Muy discutible historia por su tono argumental, encendido y preñado de aventuradas suposiciones en la parte correspondiente a la España Antigua, pero difícilmente superable en el aspecto informativo. Llena de noticias del mayor interés, que Don Trifón ha consultado en sus fuentes aunque acostumbre a hurtarnos su procedencia, advirtiéndose claramente la utilización de las Memorias, de Mateo López, por ejemplo.
59. MUÑOZ Y SOLIVA, Trifón.- "Noticias de todos los Ilmos. Señores Obispos que han regido la Diócesis de Cuenca, aumentadas con los sucesos más notables acaecidos en sus pontificados ...". Cuenca, 1860; 580 págs., 4º. Magnífica recopilación de datos del mayor interés, cuyo detalle produciría un comentario extensísimo.
60. ORELLANA, Francisco José.- "Isabel Primera". Barcelona, 1867, 3 tomos en 2 vols. Novela histórica nostálgica y encendida de pasión isabelina, inevitablemente plagada de anacronismos, con presencia constante de los fieles y enardecidos marqueses de Moya.
61. PALACIOS MARTIN, Bonifacio.- "La frontera de Aragón con Castilla en la época de Jaime I", en "Jaime I y su época, 1 y 2". X Congreso de Historia de la Corona de Aragón. Zaragoza, 1976; págs. 475-495.
62. PALOMERO PLAZA, Santiago.- "Las vias romanas en la provincia de Cuenca". Dip. Provincial de Cuenca, 1987; 333 págs.
Buenos planos, con obras de fábrica, yacimientos, fuentes epigráficas, etc. Ver lo que se dice de nuevos caminos, S. XV, XVI y XVII. Repaso de fuentes y bibliografía interesante. Puede completarse con "Bases para el estudio de las vias de comunicación romanas en la actual región castellano-manchega", en Actas del I Congreso de Historia de Castilla la Mancha, Tomo IV, págs. 151/160, del mismo autor.
63. PALOMERO, S.; y TROCAL, Enrique.- "Índice bibliográfico de la provincia de Cuenca". Folleto de la exposición "La cultura de Castilla la Mancha y sus raices". Cuenca, 1984.
64. PEINADO PALACIN, Emiliano J.- "Moya en la historia de España". Landete, 1978. 102 págs., 4º.
Voluntarioso y localista. Ha leído a Muñoz y Soliva, de quien traslada algún error, y ofrece datos de la Colección Andrés, aunque no lo indica. Conoce sin duda la tesina de A. García Pérez, y el trabajo de Sáez Fernández y Muelas, de 1969. Es, en términos generales, la historia de Moya más modesta que tenemos. No obstante, hay que agradecerle el comentario de documentos cuya ubicación no especifica, muchos de ellos pertenecientes al que podría ser archivo familiar de los Peinado a juzgar por las abundantes referencias a uno de los apellidos más ilustres de Moya.
65. PRIETO CARRERO, J. Luis.- "Estudio médico-antropológico de Moya (Cuenca)". Memoria de Licenciatura, inédita. Facultad de Medicina. Univ. de Madrid, 1986; 215 págs. Trabajo de campo de corte clásico, con datos del medio ambiente, demografía, etnología, etc. Paleopatología y antropometría a partir del material obtenido en las excavaciones de la villa.
66. PROYECTO DE TRANSFORMACION DE LA BIBLIOTECA PUBLICA MUNICIPAL FRAY DOMINGO CORONADO, DE LANDETE (CUENCA), PARA LA CREACION DE UN CENTRO DE DOCUMENTACION HISTORICA DE LA TIERRA DE MOYA.- Landete, 1993; 33 págs. Trabajo inédito. Grupo de Investigación de Moya.
Estudio de mínimos para la creación de un centro de dinamización cultural articulado en torno a un centro de documentación, y fondo local. Principio indispensable para el inicio de un estudio sistemático de todos los aspectos culturales de la zona. Persigue este trabajo, entre variados objetivos, la formación de un fondo local, bibliográfico y documental, que permitiera, siquiera por aproximación, la recuperación del viejo archivo de Moya recurriendo a métodos reprográficos, sin renunciar a la obtención de todo el papel del viejo archivo, hoy diseminado y en manos privadas. Nuestras particulares pesquisas nos han llevado al conocimiento de alguno de los actuales poseedores de documentos. Constituye el caso más notable lo que en adelante vamos a llamar COLECCION ANDRES, importante fondo documental en poder de una de las más significadas familias de la reciente historia de la Villa, que es seguramente el resto más voluminoso del archivo, de donde fue tomado a principios de siglo. Conservado gracias al buen criterio de uno de los últimos vecinos de la Villa y de sus descendientes, que lo han considerado patrimonio esencial de sus mayores, tenemos de él referencia gracias a varias fuentes impresas, como "Pueblos de mi Cuenca", de Real Alarcón, que en 1978 dice haber visto "nueve cofres y estanterías traídas de la villa..", (pag. 183), y añade, "Allí está entre legajos de actas notariales y disposiciones de todos los alcaydes de toda la historia del castillo de Moya", y prosigue, "allí la letra menuda, microscópica, bailarina y temblorosa, imponiendo sentencias, castigos, ordenanzas, y crónicas durante siglos en tomos maltratados (sic) y olvidados". A esta preciosa información podemos añadir una cita documental de Muelas Alcocer en el trabajo de 1969, pág. 48 y nota en pág. 60, donde reproduce párrafo de un manuscrito de 1605. Tenemos igualmente buena información de la Colección Andrés gracias a la tesina de A. García Pérez, aunque exhibe documentación no catalogada y no indica la procedencia, circunstancia que debía de haber aclarado caso de tener argumentos que la justifiquen. Sin embargo, no nos ha sido posible consultar estos fondos. Tampoco han podido acceder otros investigadores. Junto con nuestro más profundo agradecimiento por la conservación de estos documentos, queremos trasladar a la familia Andrés la conveniencia de poner su archivo a disposición de auténticos investigadores, y proponemos, como la mejor de las soluciones, la entrega en bloque a una institución estatal o provincial, preferentemente el Archivo Histórico Provincial de Cuenca, donde sería convenientemente conservado y catalogado.
67. PRUNEDA, Pedro.- "Crónica de la Provincia de Cuenca", en Crónica General de España. Madrid, 1869; 80 págs., 5 láms., fol.
Libro clásico de consulta, que toma sus datos de Muñoz Soliva, y Miguel Cortés López, "Diccionario de la España antigua". A reseñar la aventura del capitán Malavia y 70 moyanos que saquean Cuenca en 1808 despues de prender al intendente y al corregidor tras la toma de la ciudad por Moncey, y otras fechorias, libro III, 2º período, cap. XII, aunque Muñoz y Soliva, pág. 486 de Obispos, atribuye el asalto a un Peinado, y su segundo Olivares, si bien rectifica en “Historia de Cuenca”, pág. 913. Véase Moncey, las cartas.
68. QUADRADO, José Mª; y LAFUENTE, Vicente de.- "Castilla la Nueva, II: Guadalajara y Cuenca". Madrid, 1853; 655 pags. y lams, fol. Colección España, sus Monumentos y Artes. Su naturaleza e historia. Ver Parte IV, cap. I: Serranía de Cuenca, en pág. 503. Es interesante consultar también, de la misma colección, "Salamanca, Avila y Segovia", por Quadrado, Barcelona, 1884. 69. RABADE OBRADO, Mª Pilar.- "Los judeoconversos en la época y en la corte de los Retes Católicos". Tesis Doctoral, Universidad Complutense, Facultad de Geografía e Historia. Madrid, 1990. 1.111 págs.
Hay edición reducida, con el título "Una élite de poder en la corte de los Reyes Católicos. Los judeoconversos". Sigilo. Madrid, 1993. 293 págs. Nosotros hemos manejado la tesis, Col. Tesis Doctorales de la Universidad Complutense, 165/90.
Extenso análisis del tema y repaso ajustado a todos los aspectos de la cuestión, aunque destacaríamos sus puntos de vista en el religioso, doctrinal y social, con gran acopio de fuentes y exhaustiva bibliografía. Rastrea con bastante eficacia la trayectoria vital y particularidades de los conversos más relevantes de la Corte, que según Rábade son Fernando Álvarez de Toledo, Juan Arias de Avila, Andrés de Cabrera, Juan Díaz de Alcocer, Fernán Núñez Coronel/Fernán Pérez Coronel, Juan de la Parra, Fernando del Pulgar, Fray Hernando de Talavera y Diego de Valera, y pone de manifiesto importantes aspectos de su vida privada y pública. Creemos que, si no agota las posibilidades del tema, constituye el mejor punto de partida para un profundo análisis de la cuestión, sin olvidar los trabajos de Martínez Ortiz y Fidel Fita. En cuanto a Cabrera, es sencillamente el trabajo más completo realizado hasta la fecha. En nuestra opinión, restituye al marqués de Moya al puesto que le corresponde en la historia, después de un silencio de siglos, y nos descubre aspectos insólitos que no conocíamos, o conocíamos mal. Por ejemplo, deja perfectamente claro lo confuso de su ascendencia en las fuentes clásicas, fundamentalmente la Colección Salazar, véase págs. 521/527, y en especial 524, aspecto que constituye un dato esencial para situarle en el numeroso grupo de población de procedencia conversa, que da la impresión de ser más amplio y preponderante de lo que a primera vista podría suponerse. En cuanto a su vida, establece varias etapas claramente datadas que marcan su promoción social, robusta y mantenida más que fulgurante. Llega a la corte por la vía militar siguiendo los pasos de su hermano Pedro, y es introducido por Juan Pacheco, Marqués de Villena, en calidad de doncel (1451). Pasa en 1455 al puesto de camarero del ya rey Enrique IV, en franca relación de consejero. A raíz de la campaña militar de Granada, ingresa en la Orden de Santiago. Ocupa la mayordomía de la Corte en 1462, al ser promocionado Beltrán de la Cueva, que deja vacante el cargo, como hará Cabrera en 1480 a causa de su condición de marqués. Nótese que se trata del cargo de mayordomo de la casa real, y no mayordomo mayor, oficio que ostenta Francisco Pacheco, marqués de Villena, de modo hereditario. Sobre las características de estos cargos, véase Pinel, Retrato, págs. 63/64. Se afianza sólidamente en el favor del rey, que le entrega el gobierno y justicia de Segovia a raíz de la rebelión de 1468, tomando los oficios de Pedro Arias Dávila. Es éste el hecho crucial que le llevará al poder, ya que a partir de este momento Segovia será poco menos que su taifa, y no olvidemos que, si no podemos hablar todavía de capital del reino, es la residencia principal del rey, que comparte en menor medida con Madrid, aunque, siempre temeroso, Enrique IV se hace construir en el Monasterio de El Parral sus dependencias privadas, extramuros de la ciudad. Solamente la rebelión de 1476 limitará parcialmente el omnímodo poder de Cabrera, véase J.J. Echagüe Burgos, “La corona y Segovia”, pág. 116. Desempeña un papel esencial en Guisando, 1468, y entre esta fecha y 1470 obtiene, primero, la tenencia del alcázar de Madrid, y luego el alcázar de Segovia, a donde son llevados los tesoros regios, aunque éstos quedan, de momento, a cargo del maestresala Rodrigo de Tordesillas. Es recompensado ya con importantes mercedes en Moya, y casa por estos años, quizá en 1467, con Beatriz de Bobadilla, criada y amiga personal de la Infanta Isabel, circunstancia decisiva en la vida de ambos. Es llegado a este punto que surge la auténtica prueba de fuego para don Andrés al tener que enfrentarse abiertamente al Villena, hasta entonces mentor y amigo, valido y señor efectivo del reino, ya que apuesta por el bando contrario, y apoya a Isabel, inspirado por varias personas y dejando a salvo como mejor puede la fidelidad a su rey y amigo. Esta actitud produce la reconciliación de Segovia, 1473, y el empuje final y decisivo a los reyes de Sicilia, que a la muerte de Enrique van a agradecer largamente el valor demostrado. Vienen luego las Cortes de 1478, 1480, y las mercedes: Marquesado de Moya, Condado de Chinchón, etc. Aún habrán de vencer un obstáculo final a la muerte de su reina y máxima protectora, al tener que recuperar por la fuerza de las armas el alcázar y gobierno de Segovia, en 1506/1507, véase Colmenares, cap. XXXVI.
Maneja Rábade amplio repertorio de fuentes documentales e impresas, que por referirnos sólo a las que hacen referencia a los Marqueses de Moya, podríamos resumir así: Colección Salazar; A.G. de Simancas: Mercedes y Privilegios, Cámara de Castilla, Libros de Cédulas de Cámara, Contaduría de Mercedes y Juros, R.G. del Sello, Patronato Real, Quitaciones de Corte, Cámara Real y Diversos de Castilla; B/N Mss 1310; Colmenares, Fernández de Oviedo, Palencia, Enriquez del Castillo, Galíndez de Carvajal, Valera, “Crónica Incompleta de los RR.CC”, Santa Cruz, Zurita, Pinel y Monroy, y repertorios como Carrete Parrondo y A. de la Torre, "Cuentas de Gonzalo de Baeza", etc. Nos aporta casi todo cuanto ya sabíamos, y mucho más, aparte de sugerir vías de investigación muy prometedoras.
En cuanto a la vivencia religiosa de los Marqueses de Moya, se limita al por ahora único documento esclarecedor, que es el testamento de 1509, véase pág. 661 y ss., del que pueden obtenerse algunas conclusiones. Establece Pilar en el cap. III, “Religiosidad y práctica religiosa entre los conversos”, varias categorías siguiendo en esto a Dominguez Ortiz, a saber: criptojudíos, cristianos sinceros, escépticos, y posiciones intermedias (sincréticos, dubitativos, etc). No obstante la necesidad de un análisis más completo y profundo de la cuestión, podríamos encuadrar a los primeros marqueses de Moya en la segunda clase a juzgar por varias disposiciones de su testamento, entre las que están lo tocante a la sepultura, que hoy día podemos constatar en las ruinas del convento de Carboneras, y las disposiciones finales. Véase nuestras notas a Pinel y Monroy, y su expreso rechazo a la “pompa e vanidad deste mundo”, fórmula usual por otra parte, compárese con el testamento de Fernando el Católico de Aranda de Duero (26/4/1515), cláusulas 6ª y 7ª, en "Dogmas nacionales del Rey Católico", Madrid, 1953, pág. 345, por F. Gómez de Mercado, y el de Madrigalejo, cláusula 5ª, en pág. 391, o bien el mismo en la Revista Crítica de Derecho Inmobiliario, 1943, págs. 583/591. Llama la atención el contraste entre su repugnancia a la ostentación, lo que implicaría claras connotaciones de espiritualidad muy contemporáneas, con la disposición de decir nada menos que 4000 misas (Fernando mandará 10.000) a cargo, preferentemente, de franciscanos y dominicos, y cierto fetichismo reliquial: sabemos por el P. Altuna, libro III, pág. 415, que poseían los marqueses de Moya un fragmento de la cabeza de Fray Bartolomé de Texeda que, como es sabido, apareció separada del cuerpo y fuera del sepulcro, milagrosamente. Es también sintomático de sus preferencias el deseo de testar el rescate de doce cautivos, a ser posible escogidos entre sus vasallos de Segovia, no de Moya. Eso sí, para el enorme gasto de estas mandas, y otras, deciden sean tomados dos quentos de maravedís de las rentas de Moya, no de Segovia, y dos quentos más de la misma procedencia si no fuera suficiente. En cuanto a las rentas del matrimonio, disiente Rábade de la opinión de Molina Gutiérrez en el sentido de no aceptar el hecho de un patrimonio inicial nulo, aunque sí incomparable con el que obtienen por su acostamiento al poder. Además, hace Rábade un más completo acopio de información, aunque tampoco presta atención suficiente a la vía de capitalización que suponen sus cargos de monedero. Comienza el enriquecimiento de los Cabrera ya en vida de Enrique IV. Sólo al inicio del reinado de los Reyes Católicos, posee don Andrés juros de heredad por valor de millón y medio de maravedís, y otras mercedes procedentes casi exclusivamente de donaciones reales.
70. REAL ALARCON, Manuel.- "Pueblos de mi Cuenca". Cuenca, 1978; 260 págs., 1 mapa. Idílica versión de la tierra con algún dato interesante. Landete, en pag. 183, donde dice haber visto la Colección Andrés, y el viejo y querido Café Maenza. Otros lugares: Campillos Sierra, Carboneras, Huerta del Marquesado, La Huérguina, Salinas del Manzano y Talayuelas.
71. RICA, UCETA, REAL, GONZALEZ, DIAZ, RUEDA, MUELAS Y VILLAR.- "Carboneras de Guadazaón". Cuenca, 1984. Folleto de 36 págs., láms. Poética visión de Carboneras con alusiones a la Santa Hijuela, los Marqueses, y algo de historia en el conocido tono uncial de la Rica. Hermosas fotografías y dibujos.
72. ROKISKI LAZARO, M. Luz.- "Arquitectura del siglo XVI en Cuenca". Dip. Provincial de Cuenca. Serie Arte, nº 2. Cuenca, 1989; 464 págs.
Gran base documental. Ver Andrea Rodi, supuesto autor de las trazas del convento de monjas de Moya, según protocolo existente en el A.H.P. de Cuenca, febrero de 1580, en el que otorga poder a Juan de Ayala, vecino de Cuenca, para cobrar de Diego Pacheco, gobernador y justicia de la Villa y su Marquesado, cierta cantidad otorgada por la marquesa a cambio de "hacer las traças y condiciones para el monesterio que su señoria Illustrisima quiere mandar que se haga en la dicha villa de Moya...", aunque nosotros seguimos la pista de Pedro de Tolosa, del que tenemos algunos datos importantes. Podría ser que las trazas fueran de Rodi, y enviadas a El Escorial para ser rubricadas, como ocurre con las del claustro de la catedral de Cuenca, Muñoz y Soliva, Obispos, pág. 211, o bien Mateo López, Memorias, vol. I, pág. 305, que atribuye dichas trazas al arquitecto Vandelvira. Es éste un asunto que podría deparar las mayores sorpresas. Habla Rokiski de Andrés Oropesa y Martín García, constructores del Hospital de la Madre de Dios. Véase también Llaguno y Amírola y Cean Bermúdez, "Arquitectos y Arquitectura de España".
73. ROMERO SÁIZ, Miguel.- "Semblanza serrana". Cuenca, 1988; 209 págs., 8º. Recopilación de leyendas, etimologías, etc. Interesante capítulo de repoblación. Apariciones de vírgenes. La Santa Hermandad, con interesantes documentos. Fiestas populares, excursiones, etc. Todo escrito en forma de paseos por la tierra. Algunas historias del carlismo, que ya apuntan al trabajo siguiente, y partes de operaciones contra maquis.
74. ROMERO SÁIZ, Miguel.- "Las guerras carlistas en Cuenca. 1833-1876, o La carlistada en Cuenca y su tierra: entre la Mancha y la Sierra. Retrato de una guerra civil. El carlismo en la provincia de Cuenca". Cuenca, 1993; 255 págs. Popourrí de datos tomados de aquí y de allá del prolífico Cronista de la Serranía, sin pretensiones de tratado. Se agradece bastante la incursión en la historia contemporánea.
75. RUIZ CRESPO, Manuel.- "Impugnación Crítica al Tizón, que contra la antigua nobleza Española se dice haber escrito el Cardenal Obispo de Burgos Don Francisco de Mendoza y Bobadilla, el año 1560 ...". Sevilla, 1849.
Respuesta airada al Tizón, con 300 años de retraso. El doc. nº 1 del apéndice reproduce la "Declaración del Sr. Rey D. Felipe II sobre nobleza y limpia ascendencia de D. Andrés de Cabrera, primer Marqués de Moya", págs. 79-92. Véase Col. Salazar, vol. 9/323, fº 346, carta de Felipe II a Enrique de Guzmán, embajador en Roma, para que Sixto V amplíe el breve de Gregorio XIII en favor de Andrés de Cabrera, y ff 348/349, iden., iden., para que el papa le autorice a hacer una declaración de limpieza de sangre del I marqués de Moya y sus descendientes. Interesantísimo documento, que incrementa las sospechas de lo contrario que pretende, al prohibir remontarse más allá de Don Andrés en los expedientes de limpieza de sangre. No era nueva esta sana medida, que recibía el nombre de cuarentena, y se aplicaba hasta la tercera generación, aunque su uso fue limitándose con medidas restrictivas al paso que se radicalizaba el rechazo social hacia los conversos en la sociedad castellana. Llama la atención este privilegio, que contrasta con la conocida obsesión de Felipe II por la limpieza de sangre de sus súbditos, véase por ejemplo "Los conversos y la limpieza de sangre en la España del siglo XVI", por J. Ignacio Gutiérrez Nieto, en Torre de los Lujanes, 26, año 1994, págs. 153/165; o bien su invencible pretensión de configurar una España de castas en "La discriminación de los conversos y la tibetización de Castilla por Felipe II", del mismo autor, en Revista de la Universidad Complutense, XXII (nº 87), 1973, págs. 99/129.
76. RUMEU DE ARMAS, Antonio.- "Cristobal Colón y Beatriz de Bobadilla en las antevísperas del descubrimiento". Museo Canario. Las Palmas de Gran Canaria, 1960. Folleto de 26 págs.
Documentado seguimiento del itinerario de Colón en los meses anteriores a la partida, elaborando una hipótesis muy plausible según la cual mantuvo estrechas relaciones con una sobrina de la marquesa, del mismo nombre. Véase A. Ballesteros Beretta, “Cristóbal Colón”, vol. IV de su Historia de América, “Colón en la Corte”, pág. 434 y ss., y “Las Acostaciones”, pág. 458 y ss., donde se analiza someramente la posible aunque hipotética intervención de la marquesa de Moya en los asuntos del genovés. Pero es Alejandro Cioranescu el mejor conocedor de las relaciones que unen a la señora de La Gomera, apodada "La Cazadora" para distinguirla de su tía, "La Bobadilla", con Cristóbal Colón, véase "Colón y Canarias", La Laguna, 1959, págs. 119/151, donde trata de separar cuidadosamente las referencias históricas a cada una de ellas, tradicionalmente confundidas, no sólo a causa de la coincidencia de nombres y contemporaneidad: por ejemplo, J. Boscán, en su traducción de “El Cortesano”, sustituye limpiamente a la "Señora de Boadiglia" por "la marquesa de Moya", véase la edición de 1942, a pesar de haber conocido a Castiglione, embajador en la corte de Carlos V, que publica su libro en 1506, todavía viva la marquesa de Moya. Llama la atención, de todos modos, el empeño de Cioranescu en librar a Beatriz La Cazadora del estigma de la liviandad, y atribuir a la otra, La Bobadilla, las referencias comprometedoras de su virtud, aceptando acríticamente las veladas acusaciones de Palencia, pág. 129, y poco menos que colgando a la marquesa el sambenito de prostituta: véase en pág. 141 su versión de la anécdota sucedida a un tal Alonso Carrillo, personaje de la corte, y narrada por Castiglione. Es, no obstante, un trabajo básico para entender del asunto, con importante aporte de fuentes y el más detallado árbol genealógico de los Bobadilla, al que remitimos a quien quiera bucear en la familia de la marquesa de Moya. Véase también I. Rodriguez y Fernández, "Historia de Medina del Campo", Madrid, 1903-1904, y Muñoz de Rocatallada, "La Marquesa de Moya".
77. SAEZ, MUELAS ALCOCER, FERNANDEZ CANO, GARCIA PEREZ.- "MOYA (Cuenca). Geografía. HISTORIA. Turismo". S/l, 1969; 142 págs.
Popourrí de trabajos de cierta utilidad divulgadora, y algo de bibliografía. Saez presenta sencillamente el mismo trabajo que luego veremos en 1983, puntos y comas, con algunas variantes que le permite el hecho de haber consultado el Archivo Municipal de Landete, donde hay algunos legajos de la escribanía de Moya. Por ejemplo, da en éste la fecha de 5/6/1762 para la fundación de la Pía Memoria, mientras que en “Llave de Reinos” aduce documento que la sitúa en 7/6/1760. Presenta Muelas una semblanza de los Marqueses de Moya, y García Pérez un resumen de su lamentable tesina, algo más conviccente que aquella, aunque sigue ocultando el hecho de haber consultado la Colección Andrés, y hace Fernández Cano una Descripción General, con datos estadísticos muy útiles, sin aportar fuentes, excepto el Madoz, 1848. 78. SAEZ FERNANDEZ, Teodoro.- "Moya, llave de reinos". Moya, 1983. Directamente salido de la lectura de los trabajos de Palacios Albiñana, Salvador de Moya y Pinel y Monroy, con algunos datos de la tesina de García Pérez. Se trata en realidad del mismo trabajo de 1969, con retoques aquí y allá. Aun así, hay que resaltar el hecho de haber sido, hasta este mismo instante (1996), una de las pocas bibliografías disponibles. Incorpora, con respecto a Palacios, elementos documentales procedentes del fondo del Ayuntamiento de Moya, y el de Landete, donde también se conservan unos cuantos legajos del archivo de Moya cuya catalogación debemos al trabajo eficiente de Don Clemente Turégano Mínguez, vecino de Landete activamente interesado por la cultura. Merece la pena llamar la atención sobre una parte importante de este trabajo de Sáez que quiere ser un tratado sobre la Pía Memoria, fundación benéfica de Don Nicolás Antonio José Peynado y Valenzuela López, indiano ilustrado, hijo el más preclaro que aporta Moya al siglo de las luces. Crea una escuela de gramática (escuela de primeras letras, con una sección para adelantados, y latinidad) en 1760, en funcionamiento hasta mediados del siglo XIX, que pasa a ser estatal. Arquitecto e ingeniero, llega D. Nicolás a Nueva España en 1730 con la orden y el propósito de transformar la Casa de Moneda de México, a la sazón incorporada a la Real Hacienda. Realiza los planos y proyecto a plena satisfacción entre 1731 y 1734, y desempeña la dirección del ingenio hasta su muerte, acaecida el 3/8/1762. Véase "La Casa de Moneda de México bajo la administración borbónica. 1733-1821", de V. Manuel Soria Murillo, México, Universidad Autónoma, 1995, con aporte de fuentes. Consta en el trabajo de Soria el "natural fuerte" de Peinado, por los problemas surgidos con el superintendente y personal de la casa, y con el virrey, luego felizmente superados gracias a una labor eficaz: presenta en dura competencia varios proyectos de disminución de costos, que son invariablemente aprobados y puestos en práctica, págs. 154 y 155. Había incorporado a la casa las nuevas máquinas de volante que permitían una mejora sustancial en la amonedación, asunto en el que debía ser experto. A final de siglo, Alexander von Humboldt conocerá con interés la instalación, de cuyo funcionamiento hace magníficos elogios, aunque ya por entonces la maquinaria ha quedado obsoleta, véase "Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España", México, Porrúa nº 39, 1984, edición de J. A. Ortega y Medina, libro V, cap. XII, y dice el editor que los planos iniciales de Peinado son desechados en beneficio de los de Luis Díez Navarro, ilustre ingeniero malagueño, maestro mayor de la catedral de México, en 1733, nota 8 de pág. 537, año en que también propone los suyos Jerónimo Balbás, probablemente a causa de sus diferencias con el virrey Casafuerte. Nace D. Nicolás Peynado en Moya en 1695, y es bautizado en la iglesia de San Juan, según consta en el manuscrito/inventario de D. Gerardo González García, siendo por ahora uno de nuestros más firmes candidatos a constructor del reloj de la villa, o de su transformación caso de ser anterior, y otros asuntos que en su día confirmaremos, véase lo que decimos al respecto en V. Castañeda. También a principios del XVIII se construye la torre de la iglesia matriz. Eran las escuelas de gramática el equivalente a la moderna enseñanza secundaria, paso previo a la universidad. Hay que destacar la ausencia de materias estrictamente científicas, que no se conocían hasta el primer año universitario englobadas en el llamado quadrivium, véase López Piñero, "Ciencia y Técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII", Barcelona, 1979, pág. 128, y sobre materias y programas universitarios, el citado artículo de J. Barcala en A.E.M., nº 15, págs. 105/108. La escuela de gramática de Moya constituía la recuperación secular de aquella otra que fundara el V Marqués de Moya, don Francisco Pérez de Cabrera y Bobadilla, en el Convento de la Concepción Francisca a principios del siglo XVII. Véase Pinel, pág. 404, y nuestras notas a Llaguno y Amírola. 79. SILIO CORTES, C.- "Isabel la Católica, fundadora de España. Su vida, su tiempo, su reinado (1451-1504)". Madrid, 1954. 446 págs. Ver cap. “Anarquía y reconciliación”, con un buen análisis de la figura de Andrés Cabrera. 80. SUAREZ FERNANDEZ, Luis.- "Nobleza y Monarquía. Puntos de vista sobre la historia política castellana del s.XV". 2ª ed., 1975. Col. Estudios y Documentos, nº XV. 272 págs. Univ. de Valladolid. Ver cap. XIII, “La victoria de Isabel”, sobre el papel de los Cabrera en la negociación de Segovia y su intervención en la suerte de Isabel. 81. TORRE Y DEL CERRO, Antonio de la.- "Testamentaría de Isabel la Católica". Barcelona, 1974; 524 págs., 18 láms. Espléndido trabajo a partir de las cuentas del tesorero Juan Velázquez, en el A.G.S. Recuento de las pertenencias de la Reina Isabel, y de la liquidación efectuada a su muerte, con venta de la mayor parte de sus efectos, en la almoneda de Toro. A destacar la enorme cantidad de enseres de oro, y brocados, de los que se especifica "Hundióse en la Casa de Moneda de Segovia", que ya sabemos quien regía. La libre disposición de estos efectos, podría justificar muy bien los escasos asientos de compra referentes a los Marqueses de Moya: sólo cuatro, de los que destacamos una "..tela de cinta de oro tirado...vendiose a la Marquesa de Moya 5 varas y 3 quartas por 39.601 Mrs", o bien, "..otro paño grande de lana de seda.. vendiose a la Marquesa de Moya por 50.400 Mrs", y la venta al Marqés de Moya de "una jarrica azul de vidrio e de otras colores". Más información de esta famosa almoneda tenemos en F. Javier Sánchez Cantón, "Libros, tapices y cuadros que coleccionó Isabel la Católica", Madrid, 1950, donde se relacionan dos tapices que conoció muy bien Beatriz de Bobadilla. Ver pág. 92, tapiz nº 253, un regalo a la reina, y tapiz nº 94, lámina V y pág. 100, adquisición de la marquesa de Moya en Toro. 82. TORRES FONTES, Juan.- "La conquista del Marquesado de Villena". Madrid, CSIC, 1953; 151 págs. 83. TORRES FONTES, Juan.- "Itinerario de Enrique IV de Castilla". Seminario de Historia de la Universidad de Murcia. S/f. 303 págs. Repertorio de diplomas, en seguimiento del monarca, indicándose la procedencia de los mismos, aunque sin transcripción. Véase documentos de 1463 de fecha 30/6, privilegio de Sepúlveda a A. Cabrera; 23/7, merced de Moya. 1464, 22/9, orden real de formar hermandad a Moya, con Cuenca, Huete, Uclés, Requena y otros lugares. 1465, 15/3, carta de Enrique IV a Cuenca, para elegir procurador a D. Pedro de Cabrera, hermano del mayordomo; 10/8, nombramiento de tesorero de la casa de moneda de Cuenca a favor de Andrés Cabrera; 6/12, carta a Cuenca convocando Cortes, y ordenando nombren procurador a Alonso de Cabrera. 1466, 25/2, merced de 89.000 Mrs. a Andrés Cabrera. 1467, 20/10, merced de la Escribanía Mayor de los Privilegios y Confirmaciones, a A. Cabrera, y nombramiento de alcaide del alcázar de Segovia. 1468, 20/12, sitúa a Cabrera los 89.000 Mrs. de juro en el arcedianato de Toledo, y luego en los diezmos y aduanas de Moya. 1469, 25/2, merced al Cabrera de los tercios y alcabalas de Moya. 1470, 20/12, confirmación de 60 escusados y derecho de cesión de 10 de ellos a favor de Cabrera. 1471, 20/12, merced a Cabrera de 40.000 Mrs. de rentas en el Condado de Niebla. 1472, 2/1, orden de renunciar a la villa de Sepúlveda, y merced de 500.000 Mrs. de renta perpetua. 1473, 20/3, carta de Enrique IV a la villa para que Honorato de Mendoza no sitúe la merced de 30.000 Mrs. que le había hecho, en rentas de Moya que pertenecían a Andrés Cabrera; 20/5, orden a Rodrigo de Tordesillas, tesorero del alcázar de Segovia, para que dé cierta cantidad de dinero a Andrés Cabrera, para abastecimiento del alcázar; en diciembre, acuerdo para la entrega del alcázar de Madrid. 84. ULLOA, Modesto.- "La hacienda real de Castilla en al reinado de Felipe II". Roma, 1963; 590 págs. Ver cap. VI, "Los puertos secos y los puertos de Portugal". El marquesado de Moya tuvo aduana propia hasta 1567, en que es incorporada a la Corona a cambio de una renta anual, que percibe el marqués de Villena. 85. VAL VALDIVIESO, Mª Isabel del.- "Isabel la Católica, Princesa (1468-1474)". Instituto Isabel la Católica de Historia Eclesiástica. Col. DOCUMENTOS, nº 9. Valladolid, 1974. 574 págs., 4º. Muy documentado trabajo. Esencial para la comprensión del papel de Beatriz de Bobadilla y Cabrera en la vida de Isabel. Trato extenso y en profundidad de los marqueses de Moya, aunque destacaríamos el cap. “Enfrentamiento entre Enrique IV y su hermana Dª Isabel”; y el cap. “Final del principado de Isabel la Católica: su proclamación”. 86. VALLEJO, Mª Luisa.- "Glorias conquenses. VIII Centenario de la Reconquista". Cuenca, 1977; 720 págs. e índice, 4º. Literatura rosa plena de retórica ennoblecedora, y aquejada de ingenuo desenfoque histórico. Muy divertida. 87. VINDEL, Francisco, (bajo el seudónimo de Paul Cid Noé).- "Historia de una librería, 1865-1921". Madrid, 1945. Hijo del insigne librero madrileño Pedro Vindel, natural de Priego, que compró la biblioteca del marqués de Moya para venderla en partidas sueltas, la más nutrida de las cuales adquirió el Marqués de Zabálburu y se conserva en la Biblioteca Heredia-Spínola. Recomendamos a bibliófilos contumaces la lectura del resto de la obra de Paul Cid Noé, destacando el "Manual de conocimientos técnicos y culturales para profesionales del libro", Madrid, 1948; "Solaces bibliográficos", Madrid, 1942, y "Los bibliófilos y sus bibliotecas", Madrid, 1934, por citar sólo aquellas obras que hacen referencia a la colección del Marqués de Moya. Volvemos a hablar de Vindel en Vicente Castañeda, La Biblioteca. 88. WALSH, William Thomas.- "Isabel de España". Santander, 1938; 660 págs. Ver cap. VI, el encuentro de Segovia y las negociaciones previas, cuyo protagonismo atribuye al legado Borgia, y la opción clara de Cabrera por el bando de Isabel. Los sucesos de Segovia de 1473, y la muerte de Enrique. Véase lo que dice Clemencín del papel desempeñado por el futuro Papa, Elogio, págs. 106 y ss., y Pulgar, cap. XVI. Ver Cap. VII, la proclamación de Isabel, y Cap. IX, las revueltas de Segovia de 1476, Maldonado. Testamento y codicilio de Isabel, pags. 605 a 650, que tenemos también en F. Gómez de Mercado, Isabel I, apéndices I y II, págs. 443/494, con comentarios del mayor interés. Es Walsh uno de los más convencidos defensores de Isabel ante la historia, llegando a grados de justificación muy discutibles. 
1. ALGARRA RAFEGAS, A.- Serie Conquenses Ilustres, "Andrés de Cabrera", en 0FENSIVA, nº 4781 (6/7/63). 2. ALMONACID CLAVERÍA, J.A.- "De Huete a Cuenca con los Almohades en 1172 (Antecedentes para la conquista de Cuenca)", en CUENCA, nº 28. 1986; págs. 7-38.
El asedio de Huete por los almohades en el verano de 1172, narrado con lujo de detalles en "Al-Mann Bil-Imamá", de Abú Marwán Abd al-Malik ben Muhammad ben Sáhib al-Salá, y su retirada, pasando por Cuenca hacia Requena, y a través de la tierra de Moya. A destacar la posible presencia de Abú-I-Walid ben Rusdies, que no es otro que Averroes, pág. 12, y nota en pág. 15, circunstancia por primera vez advertida en el trabajo de M. M. Antuña, que citamos a continuación.
3. ALMONACID CLAVERÍA, J.A.- "La Kura de Santavería: estructura político-administrativa", en CUENCA, 1987/II, págs. 7-49, o bien un resumen del mismo en Actas I C/M, Tomo V, págs. 5-20.
Imprescindible para una visión general de la zona en tiempos de la dominación musulmana. De éste trabajo, y del anterior, obtenemos las fuentes más directas a tener en cuenta, que son: E. Molina López, "Una descripción anónima de al-Andalus: El Dikr", Madrid, 1983; Al Qalqasandi, "Subh al-asa fi kitabat al-insa", Valencia, 1975, trad. de Seco de Lucena; Ibn Hayyan de Córdoba, "Crónica del califa Abdarrahman III an-Nasir" (al-Muqtabis), Zaragoza, 1981, trad. de Viguera-Corriente, o bien Guraieb, en C.Hª.E., XIII, 1950; F. de la Granja, "La marca superior en la obra de al-Udrí", Zaragoza, 1966; "Ajbar Machmuâ fi fath al-Andalus", trad. de Emilio Lafuente, Madrid, 1867; Gamal abd al-Karim, "La España musulmana en la obra de Yaqut (s. XII-XIII)", en CUADERNOS DE HISTORIA DEL ISLAM, nº 6; Abu Marwan Abd al-Malik ben Muhammad ben Sahib al-Salá, "al-Mann bil-Imama", por Huici Miranda, Valencia, 1918, o bien "Campañas de los Almohades en España", de Melchor M. Antuña, en RELIGION Y CULTURA, XXIX, págs. 53/67 y 327/343, y XXX, págs. 347/373, Madrid, 1935. El estudio de estas fuentes ofrece las suficientes sugerencias como para iniciar un trabajo de campo sistemático. Están en el aire topónimos como Alcalá de la Vega (al-Qala), Landete (Landit), Garaballa (Bury-Kaballa) y otros, cuya cita en las crónicas parece confirmada. No descartamos ninguna hipótesis.
4. ÁLVAREZ DELGADO, Yasmina.- "Repoblación y frontera en la Sierra Baja de Cuenca", en Actas I C/M, Ciudad Real, 1985, tomo V, págs. 145-151.
Magnífica síntesis del estado de la cuestión. Hace un repaso de todos los núcleos de repoblación del Marquesado tomando como base el primer libro de visitas del obispado de Cuenca, año 1583, y el recuento de Mateo López, y utiliza los datos de Julio González, Ureña, Moxó y los suyos propios, entre los que cuenta el trabajo de campo que realizó en las excavaciones. Véase también G. Ibáñez de Segovia, Julio González, Salvador de Moxó, Espoille de Roiz, Pastor de Tagneri y el Atlas de Castilla La Mancha. Maneja Yasmina extenso repertorio documental que generosamente puso a nuestra disposición, y que todavía no hemos podido analizar debidamente.
5. ÁLVAREZ MARTINEZ DEL PERAL, José Mª.- Serie "Conquenses ilustres", conjunto de artículos publicados en EL DIA DE CUENCA, entre 1926 y principios de 1929, y serie "Apellidos conquenses", que es continuación de la primera, hasta principios de 1930.
Tenemos a Micer Gómez de Albornoz en el nº 1508 (2/10/26), de nuevo publicado en OLCADES, vol. III, fasc. 15, págs. 115-117; Alvar García de Albornoz (19/10/26), de nuevo publicado en OLCADES, vol. III, fasc. 16; Antón Martín, natural de Mira, en el nº 1547 (17/11/26); Jaime de Castilblanque, el industrial de Salvacañete (ver Larruga Boneta, vol. XIX), en el nº 1598 (21/1/27); Andrés de Cabrera en el nº 1602 (26/1/27), y 1603 (27/1/27); Ruperto Navarro Zamorano en el nº 1635 (5/3/27); Juan Molina, ilustre franciscano de Landete, ver "Crónica de la Provincia franciscana de Cartagena", parte III, libro II, cap. XXV, en el nº 1840 (22/11/27); Fermín Verlanga Huerta en el nº 1953 (11/4/28); Diego Roque López Pacheco, marqués de Villena y Moya (véanse Hanke, Gutiérrez de Medina y el Duque de Alba) en el nº 2031 (21/7/1928). De la serie “Apellidos Conquenses” resaltamos Albornoz, nº 2456 (22/12/29); Cavallón, nº 2508 (25/2/30); Valenzuela, nº 2513 (2/3/30); Muñoz, nº 2517 (8/3/30); Romero, nº 2552 (20/4/30).
6. ANDRÉS, Gregorio de.- "La biblioteca del Marqués de Villena, Don Juan Manuel Fernández Pacheco, fundador de la Real Academia Española", en HISPANIA, nº 168, 1988; págs. 169-200.
Extenso fondo compuesto por varias aportaciones, en primer lugar la biblioteca del marqués de Moya, véase Vicente Castañeda, que pasa a formar parte de los bienes patrimoniales de la casa Pacheco-Girón, Marqueses de Villena y Duques de Escalona, a raíz de la primera fusión familiar, matrimonio de Luisa Bernarda Cabrera y Bobadilla con Diego López Pacheco, III marqueses de Villena y Moya. Es la siguiente aportación el tío de don Juan Manuel, obispo de Cuenca don Juan Francisco Pacheco, que se hizo cargo del joven marqués a la muerte de su padre, don Diego Roque, de sobra conocido. Cuéntase del obispo extensa erudición, además de su magnificencia cortesana y hermosura física, véase Muñoz y Soliva, Obispos, págs. 313-315. En cuanto a Don Juan Manuel, véase nuestras notas a “Retrato del buen Vasallo”, y Fernández de Bethencourt, “Historia Genealógica y Heráldica”, tomo II, pág. 263 y ss., asi como Emilio Cotarelo y Mori, "La fundación de la Academia española y su primer director D. Juan Manuel Fernández Pacheco, Marqués de Villena", en B.R.A.E., tomo I, 1914, págs. 1/38 y 89/127, con varias fuentes de información esenciales. Véase también el “Memorial del Marqués de Villena”, en las primeras páginas del "Diccionario de Autoridades", Madrid, 1726, y F. Gil Ayuso, "Nuevos documentos sobre la fundación de la Real Academia Española", en B.R.A.E., XIV, 1927, págs. 593/599. Fue la biblioteca ligada al mayorazgo del Marquesado de Villena, de modo indiviso, por testamento de D. Juan Manuel, leg. 14.848, notario Eugenio Martínez Noguerol, Arch. de Protocolos de Madrid, y no resulta difícil seguir su trayectoria histórica y sucesivas aportaciones hasta su disolución a principios del presente siglo, en que es enajenada por los duques de Frías, herederos del título, y de la biblioteca. Es aquí donde surgen las mayores dificultades para su localización, debido a su irregular dispersión entre una pléyade incontrolada de pequeños bibliófilos, en su mayor parte pertenecientes a la tertulia de trastienda de D. Pedro Vindel, librero de Madrid del que ya hemos hablado, y a quien hemos de volver, véase Vicente Castañeda. Pasó la biblioteca de Don Juan Manuel a sus inmediatos descendientes, Mercurio Antonio y Andrés Luis. Del testamento de este último hace Juan de Iriarte una "Lista de los Principales Manuscritos de la Librería de los Marqueses de Villena. Sacada de la Hijuela Authentica de los bienes que quedaron por muerte del Marqués Don Andrés Pacheco, en 9 de Octubre de 1748. Por la tarde por mí mismo", que se conserva en la Biblioteca Bartolomé March, Madrid, signatura 16/1/7. Destacamos de esta interesante relación un asiento en la 4ª página que dice "Bartolomé Ferrer: Descripción de la Villa de Moya y su tierra. 1 tomo. Tassado en 6 Rs". Véase también leg. 14.859, fº 1041, y leg. 14.860, fº 663v, Arch. de Protocolos de Madrid. Se trata, no nos cabe duda, de Bartolomé Ferrer Pertusa, cura de Olmeda de la Cuesta y oriundo de La Laguna del Marquesado, Moya, matemático y geógrafo, autor de la magnífica "Chorografia del Obispado de Cuenca" que cierra la clásica "Vida de San Julian", del P. Bartolomé Alcazar, quien por cierto es también miembro fundador de la Real Academia, al igual que D. Juan Manuel. No hay más datos que los reseñados, y no por falta de intención, ya que en la última página dice Iriarte que "La memoria o nómina authentica de que saqué esta Lista esta muy diminuta en las noticias de los Authores y sus obras, y para hacer una memoria puntual de ellos sería preciso reconocer los mismos Mss. cuya gracia solicitaré con el Marqués actual Don Juan Pacheco". No nos consta que realizara sus propósitos.
Fue Don Juan Manuel importante personaje de la corte de Felipe V. Había optado claramente por la dinastía francesa en la Guerra de Sucesión, lo que le valió el favor del rey, véase Col. Salazar, carta de don Juan Manuel a su hijo Mercurio, en la que trata de la situación de España y sus gobernantes, Nápoles, Julio de 1705, 9/647, ff 81 y 81v. Herido en la toma de Buda (1679), sería luego hecho prisionero en Gaeta por los austriacos, y canjeado en 1711 por dos generales ingleses capturados por su hijo Mercurio en la batalla de Brihuega. Era uno de ellos nada menos que James Stanhope, militar y político británico de amplísimo historial, conocido en España por la conquista de Menorca, 1708, su importante papel en la defensa de Barcelona contra las tropas de Felipe V, y la ocupación de Madrid en 1710. Poco después sería hecho prisionero en Brihuega. Hay edición de su correspondencia, "Spain under Charles II", London, 1844, que no conocemos, y debe ser de lo más interesante. En clara adhesión a la cultura francesa, funda don Juan Manuel en 1714 la Real Academia Española, a imitación, de la que es primer director. Su hijo Mercurio y su nieto Andrés Luis serían 2º y 3º en el cargo, además de prestar su casa de la plaza de las Descalzas Reales para sede de la misma. Era la Real Academia Española la lógica cristalización de una de las tertulias eruditas de la España preilustrada que, en parte gracias al calor y protección prestadas por el infante D. Juan José de Austria (1629-1679), hijo bastardo de Felipe IV, constituyeron quizá el último reducto de una cultura mortecina y esclerótica, véase López Piñero, "Ciencia y Técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII", Barcelona, 1979, Las Instituciones científicas, págs. 388/392, y abundante información del infante en La Historia de España, de Menéndez Pidal, vols. XVI, XVII y sobre todo el XVIII. Obligado parece relacionar al marqués de Villena con este enigmático y apasionante personaje activamente interesado en muchos saberes, entre los que se incluyen la física y astronomía. Fue también práctico en anatomía y disección, aficionado a la mecánica y fabricante de aparatos, pasión que debió compartir con él D. Juan Manuel Fernández Pacheco, quien deja en testamento algunos instrumentos científicos, véase por ejemplo el testamento de Mercurio Antonio, el primogénito, en el citado protocolo 14.860, ff 327v a 335v, donde se relacionan telescopios, microscopios, astrolabios, círculos graduados, un pantómetro, escuadras, compases diversos, globos terráqueos, mapas, etc. No es aventurado suponer la sintonía cultural e ideológica, si no el mutuo conocimiento y amistad, a juzgar por el brillante panegírico en verso latino que dedica Gonzalo Navarro Castellanos a los primeros marqueses de Moya en el “Retrato del Buen Vasallo”, véase, previo a las loas de Alvar Gómez de Ciudad Real. Había sido Navarro preceptor del infante, y su presencia en el libro crucial de la familia ofrece pocas dudas sobre la connivencia entre D. Juan Manuel y D. Juan José de Austria, como queda confirmado en 1684 con la edición póstuma de una importante obra crítica de Castellanos, llamada "Discursos políticos, y morales....contra los que defienden el uso de las Comedias Modernas...", Madrid, I y II Parte, que ni corto ni perezoso dedica al Marqués de Villena y Moya, D. Juan Manuel Fernández Pacheco. Es más, viene claramente reflejada en pág. 5 la estrecha relación que une al maestro con D. Juan Manuel, ya que al cesar en su cargo docente cerca de Juan José de Austria es encargado por el obispo Pacheco, su tío y preceptor, hermano bastardo de D. Diego Roque, para ocuparse de la educación del joven, yendo a suplir en la corte de Escalona las carencias de su horfandad y no sólo, pues también restaura y fortalece la casa, y muere allí mismo en 1682, a los 66 años. Era por tanto la persona indicada para hablar de su pupilo, y aun guiar a Pinel y Monroy en multitud de cuestiones, además de influir poderosamente en la formación del futuro fundador de la Real Academia Española. Véase referencia de la escasa obra de Navarro Castellanos en el Ensayo de B.J. Gallardo, tomo III, pág. 959, aunque no es extraño encontrar referencias a su Discursos en estudios acerca del teatro español del XVII. Protegió D. Juan José de Austria todo cuanto se movía con pretensiones de modernidad en aquel siglo oscuro y santurrón, en nada comparable a la centuria anterior y sólo parcialmente rescatado de la barbarie gracias al impulso de ciertos movimientos culturales del último tercio, en primer lugar los Novatores, que abrieron camino a la Ilustración y gozaron del favor del infante, quien además intervino activamente en las convulsiones políticas del reinado de Carlos II con muy poca fortuna, por otra parte. Importante aunque tardía figura del movimiento novator fue D. Gregorio Mayáns y Siscar, que curiosamente rechaza un puesto en la Academia argumentando que "...hoy la Academia es una junta de ignorantes y por tal está tenida en la Corte y fuera de España", en tiempos de D. Mercurio, sucesor de su padre en el cargo de director, véase J. L. Abellán, "Historia Crítica de Pensamiento Español", Madrid, 1981, Tomo III, pág. 413. Pinel y Monroy dedica también su libro, con ánimo agradecido, a D. Juan Manuel Fernández Pacheco, de quien tenemos tres retratos en la Sección de Estampas y Bellas Artes de la Biblioteca Nacional, signatura B 661 (1, 2 y 3) de la “Iconografía Hispana” de Páez, dos de ellos reproducidos en Josefina Mateu Ibars, "Iconografía de Virreyes del reino de Sicilia...SS. XV-XVIII", tomo II de “Meditterraneo Medievale. Scritti in onore di Francesco Giunta”, 1989, láms. XV y XVI. Puede verse una relación completa de la biblioteca del marqués de Villena en el protocolo 14.859, ff 49 a 1047v, y en el 14.860, libros en ff 337 a 657v, y manuscritos en ff 657v a 666, Archivo de Protocolos de Madrid.
7. BENEDICTO SACRISTÁN, José.- Se trata, sin duda, del más importante y prolífico divulgador de Moya que tenemos, bien que orientado su trabajo, fundamentalmente, a los asuntos relacionados con la Virgen de Texeda y el culto mariano en general, aunque no desdeña otros temas que aborda con honestidad y pluma encendida, que le convierten en el más apasionado defensor de la causa moyana.
Artículos en El Día de Cuenca:
"Tejeda, eje cultural del Marquesado de Moya" (27/6/1989), se repite en Las Provincias de Valencia (1/7/1989); "Se cumple un doble centenario" (12/8/1989); "Los peregrinos acuden un año más al Santuario" (13/9/1989); "Declaración de bienes de interés cultural" (1/12/1989); "Creado el escudo heráldico que identifica al pueblo" (19/12/1989); "Los Santos Inocentes" (26/12/1989); "Nuevo Septenario para el lejendario Marquesado" (7/2/1990); "Santerón desde 1183" (23/5/1990); "El Cristo de la Caida" (8/6/1990); "Moya cada 7 años" (13/6/1990); "Celebración del Septenario" (1/8/1990); "Moya prepara su 51 Septenario" (22/8/1990); "Se cumplió la promesa" (27/9/1990); "Valencia con la Virgen de Tejeda" (29/9/1990); "El año de la Virgen de Tejeda" (4/1/1991); "Moya, el Ave Fenix de la Serranía de Cuenca" (23/5/1991); "Restauran el Patrimonio de C.L.M." (5/6/1991); "Lienzos del Siglo XVII y XVIII restaurados por la Politécnica de Valencia" (21/7/1991); "La Virgen volverá a Tejeda" (8/8/1991); "Cita en el Santuario de Tejeda" (14/8/1991); "El Septenario de Santerón" (28/8/1991); "El sol no brilló en la zona de Tejeda" (28/8/1991); "La Orden Benedictina en Tejeda" (19/9/1991); "La Politécnica de Valencia con Tejeda" (21/9/1991); "El Monasterio de Texeda se restaura por iniciativa valenciana" (14/5/1992); "La cita es hoy en Tejeda" (14/8/1992); "Moya cada 7 años" (8/6/1993); "La joven orquesta de Cuenca actua hoy en Texeda" (14/8/1993).
Artículos en El Día Semanal:
"Fiestas en honor al Cristo de la Caída" (28/5/1992); "La luz se hizo en Tejeda un 14 de Agosto" (5/8/1992); "Texeda siglo y medio de letargo" (24/6/1992); "Un moteño en la silla episcopal de Segorbe" (10/2/1993); "Religiosidad popular. Exvotos en el Santuario de Texeda" (16/3/1993); "Tondos, La Almarcha y Texeda recuperan su patrimonio cultural" (27/5/1993); "Marco Pérez, centenario a tres años vista" (14/9/1993).
Artículos en Diario de Cuenca:
"El día que ardió la Imagen de la Virgen" (16/9/1983), y "Documentos y tradiciones sobre la Virgen de Tejeda" (23/9/1983).
En Las Provincias, de Valencia:
"Presencia benedictina en el Monasterio de Tejeda" (19/11/1991), y el ya reseñado de (1/7/1989).
Varios trabajos en el boletín Moya, de la Asociación Amigos de Moya, véanse.
8. BLÁZQUEZ, Joaquín.- "Teólogos españoles del siglo XVI. D. Francisco de Mendoza (1508-1566). Su doctrina acerca del Cuerpo místico", en R.E.T, 4 (1944), págs. 257/313.
Síntesis bastante completa de la vida del ilustre cardenal, segundo hijo de los marqueses de Cañete y nieto de los marqueses de Moya, aunque carga las tintas, lógicamente, en los aspectos puramente teológicos y doctrinales. Nos descubre no obstante la faceta cortesana del prelado, que llega a convertirse en uno de los más firmes paladines de la política imperial: se enfrenta enérgica y públicamente a varios papas, e interviene activamente en el juego de influencias previo a la elección de dos de ellos, asuntos bien documentados en este trabajo, además del desempeño de diferentes cargos por designación directa del emperador, como gobernador de Faenza, de Sena, y otras misiones de importancia: se encargará también, como sabemos, de conducir hasta la corte a Isabel de Valois en 1560. Hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médicis, había casado por poderes con Felipe II, en París. Para su labor al frente del obispado de Burgos, véase López Martínez, “El Cardenal Mendoza”. Hace Blázquez un balance ajustado de su producción literaria, en su mayor parte no impresa, centrándose en "De naturali cum Christo unitate", polémico escrito de Mendoza contra la tésis de Ecolampadio, que negaba la presencia de Cristo en la Eucaristía. No se pronuncia Blázquez sobre el supuesto erasmismo de D.Francisco, aunque sí Eugenio Asensio, véase "El erasmismo y las corrientes espirituales afines", en R.F.E., tomo XXXVI, Enero-Junio de 1952, pág. 63, y Marcel Bataillon, "Erasmo y España", págs. 338/339, comentando someramente sus "Constituciones y actos de la Sancta Synodo del Obispado de Coria", año 1537, y poniendo de manifiesto sus estrechas relaciones con varios de los más importantes heterodoxos del momento, como Vives, Alfonso de Valdés y el propio Erasmo, que le considera, con sólo 20 años, uno de sus mejores apoyos en España, sin olvidar al Dr. Laguna, a quien Bataillon, como se sabe, cree autor del magnífico "Viaje de Turquía", ni al eximio grupo de la Universidad de Salamanca, pág. 656, o a Martín Laso de Oropesa, de quien ya hemos hablado. Es también protector de Alejo Venegas, autor de "Agonía del tránsito de la muerte", Alcalá, 1565, véase el discurso preliminar, pág. XV, en “Escritores Místicos Españoles”, N.B.A.E., tomo XVI, quien también le dedica su muy conocido "Primera parte de las diferencias de libros que ay en el universo...", Toledo, 1540, donde incluso alude a una dependencia económica del cardenal. Hay que decir que sufre Bataillon un pequeño error en la identificación del personaje, págs. 338 y 656, al confundirlo con su tío el obispo Bobadilla, también maestrescola de Salamanca aunque anterior a él. Surge el error del hecho bastante curioso de ser conocidos ambos prelados por el mismo nombre, Bobadilla, para evitar otras coincidencias, quizá, con diferentes prelados Mendoza, véase González Dávila y Beltrán de Heredia. Sería su condición reformista lógica consecuencia, por otra parte, de su función política en el seno de la iglesia, claramente identificado con la facción más proclibe al emperador, véase Hubert Jedin, "Historia del Concilio de Trento", Pamplona, 1972/1982, 4 vols., en especial el primer período (1545-1547), y la etapa de Bolonia (1547-1548), así como un análisis general del tema en el tantas veces recurrido libro de Marcel Bataillón, no apto para una lectura reposada: se engulle con pasión devoradora. También parece clara la opción jesuítica del cardenal, que era además amigo personal y benefactor de San Ignacio, y enfrentado a Melchor Cano en estas cuestiones. Se fundan por iniciativa suya los colegios de la Compañía de Jesús de Salamanca, Burgos y Sena. Debe completarse con la reseña de la edición del "De naturali cum Christo unitate", Roma, 1948, en R.E.T., X, 1950, págs. 433/439, a cargo del mismo autor, que presta gran atención a la influencia metodológica de Francisco de Vitoria. Véase también nuestras notas al “Tizón”, en Mendoza y Bobadilla.
9. CABAÑAS GONZÁLEZ, Mª Dolores.- "Notas sobre los monederos de Cuenca en el siglo XV", en ELEM, II. Estudios en memoria del profesor D. Salvador de Moxó. 1982. Págs. 183-209.
Expone muy bien las tensiones entre la autoridad municipal y los monederos. En 1465 Andrés Cabrera es tesorero de la ceca, aunque delega en Rodrigo de la Fuente, que se ausenta en Julio de 1471 para entrevistarse con él, momento en que los regidores de Cuenca irrumpen en la casa de moneda para efectuar una inspección, encontrando irregularidad en el peso del riel de plata, no habiendo a la postre cargos contra Cabrera. Todo ello hace suponer la dirección efectiva de la casa de moneda de Cuenca, a pesar de encontrarse en Segovia, donde ocupa el mismo puesto de tesorero, además de la posible connivencia real en el fraude detectado. Ver Mª Asenjo, pág. 352. Su tío Fernando de Madrid, y su primo Gonzalo de Madrid, monopolizan la alcaldía de la ceca de Cuenca, pág. 196 de este artículo. Nótese que alcalde y tesorero de la ceca son dos cometidos muy diferentes. Véase al respecto J. Lluis y Navas Brusi, "Notas sobre la legislación y organización de las cecas de Juan II y Enrique IV", en AMPURIAS, XIII, 1951, págs. 135/152, alcaldes de ceca, en pág. 141, y organización general en págs. 147 y ss.
10. CAMPOS, Federico.- "Más en torno a las pinturas rupestres de Selva Pascuala", en OFENSIVA, nº 2561 (4/7/57). Ver también el nº 2561 (2/8/59), "Una riqueza artística que desaparece: las pinturas rupestres de Villar del Humo", sobre los estragos causados por vándalos en las pinturas de la Peña del Escrito. “Un santuario prehistórico en la selva de Selva Pascuala", en nº 2931 (12/10/60). "De arqueología. Necrópolis conquenses de la antigüedad", en nº 1792 (13/12/56), sobre hallazgos en Pajaroncillo, Carboneras, Pajarón y Reillo. "Investigando en el pasado (La cueva de Arampolo)", en nº 2587 (2/9/59). "El neolítico y el comienzo de los metales en la Serranía de Cuenca", en nº 2648 (14/11/59), sobre restos hallados en Carboneras, Pajaroncillo, Valera de Abajo y Reillo. Véase también "En Carboneras se encuentra un poblado neolítico", en el nº 2033 (20/11/57), en que vuelve a ocuparse del Cerrito de la Arena, Carboneras. En el nº 2395 (20/1/59), hay una entrevista, en la que explica sus diferentes trabajos. "Carboneras durante la época romana. La ciudad enterrada", en nº 2772 (8/4/60).
11. CASTAÑEDA y ALCOVER, Vicente.- "La biblioteca del Marqués de Moya", en Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, Madrid, 1934, vol. I, págs. 301/320. Se trata de la R.A.B.M.
Es la biblioteca personal de D. Francisco Pérez de Cabrera y Bobadilla, V Marqués de Moya, humanista, científico y académico. Iniciada por Juan Cabrera, II marqués de Moya, y a la postre absorbida por la biblioteca de Villena, de la que ya hemos hablado, podría muy bien tratarse de la más hermosa joya tipográfica de las bibliotecas privadas españolas, por su contenido temático, y por la primorosa encuadernación a cargo de "Juan de Sarriá, mercader de libros, vecino de la villa de Alcalá de Henares". Armonioso conjunto adquirido casi totalmente en Medina del Campo a finales del siglo XVI, del famoso Benito Boyer, lionés afincado allí hacia 1560, que es el más importante librero en la España del siglo XVI, véase "La librería de Benito Boyer. Medina del Campo, 1592", Junta de Castilla y León, 1992, de V. Bécares y A. Luis Iglesias, con análisis e inventario, en el que reconocemos algunas ediciones que también estaban en la biblioteca del marqués de Moya, de cuyas características externas tuvimos noticia por Cristóbal Pérez Pastor, "La imprenta en Medina del Campo", pags. 462-464, en base a un protocolo de Juan de Carmona, 1592. Muy interesados en sus contenidos, podemos avanzar que se trata del vehículo más seguro para penetrar en el análisis detallado del panorama cultural del siglo XVI. Ampliamente dotada de libros científicos, constituye prueba y testigo del mejor momento de la erudición española en las artes físicas y matemáticas. Una larga serie de elementos desoladores del saber impondrían posteriormente su ley fatal: el desprecio por las artes aplicadas y la experimentación; el temor y la desconfianza en el procedimiento inductivo, y la ciencia; la vana pretensión de saberlo todo ya que otorgan la ignorancia y el fanatismo religioso; la existencia de una oligarquía timorata, indolente y esclerótica; la general propensión al nihilismo de un pueblo más inclinado a la fe, que a la razón; sistemas políticos próximos a la teocracia; la ausencia de individualidades de altura filosófica y científica, y en su lugar una parva de teóricos de cafetín; el aislamiento cultural por decreto, etc., etc. Discreta exposición de este problema nos aporta "La polémica de la ciencia española", Madrid, 1970, y noticia de la producción científica española de la época, el clásico de F. Picatoste y Rodriguez, "Apuntes para una biblioteca científica española del siglo XVI", Madrid, 1891, extensa relación de obras científicas, muchas de las cuales están en la Biblioteca del marqués, que debía poseer amplios saberes a juzgar por las notas al margen que encontramos en libros muy complicados de astronomía, matemáticas, mecánica, relojería y ciencias aplicadas. Predominan, no obstante, las ediciones extranjeras: Paris, Venecia, Roma, Amberes, etc. De todos modos, el mejor estudio de la ciencia española del período es el de José López Piñero en su "Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII", ya citado, que debe completarse con los vols. XXIII, XXVI Y XXIX de CUADERNOS VALENCIANOS DE HISTORIA DE LA MEDICINA Y DE LA CIENCIA, Serie C, bajo el título "Los impresos científicos españoles de los siglos XV y XVI. Inventario, bibliometría y thesaurus", del magnífico equipo de López Piñero.
La clara inclinación de D. Francisco a las artes no puramente humanísticas hace del marqués un posible candidato a promotor del reloj de la villa, asunto al que tarde o temprano daremos una respuesta. Pero si la máquina fue construida a principios del XVII (el V marqués de Moya muere en 1627), debió ser luego reformada, ya que sólo en la segunda mitad del siglo se incorpora a los relojes el mecanismo de regulación por péndulo, que inventa Christian Huygens en 1656, como es bien sabido, véase lo que decimos de este asunto en Saez Fernández, cap. III de esta relación, y detalle del ingenio en "El reloj de la villa", en esta misma página, TRADICIONES. Fue D. Francisco persona influyente en la corte, y muy conocido por su erudición, siendo asiduo a las sesiones de la Academia de Matemáticas que fundara Felipe II, según Ginés de Rocamora y Torrano en su "Sphera del Universo", Madrid, 1599, cap. I, fº 6v, ".. Francisco Pacheco, Marqués de Moya, espejo de virtud, y cavallería, que sabe tan exprofesso estas ciencias como si hubiera de valerse de solo ellas..". Referencia de esta ilustre pero efímera institución, que demostró elevado nivel y gran actividad, tenemos en los Apuntes de Felipe Picatoste, págs. 146/151, a propósito de Juan de Herrera, y en López Piñero, Ciencia y Técnica, págs. 104/106, con bibliografía, donde también se analiza el pobre papel de la nobleza española en el desarrollo de las ciencias, págs. 67 y ss., lo que convierte a nuestro personaje en feliz excepción. Es objeto de la dedicatoria del Capitán Cristóbal Rojas en el prólogo a su famosa "Teoría y práctica de Fortificación", Madrid, 1598, y la ya citada del murciano Rocamora y Torrano, pero ninguna obra escrita de envergadura nos ha dejado, o no sabemos de ella. Vivió seguramente en Moya, y puede admirarse el resto más numeroso de su hermosa colección en la Biblioteca Heredia-Spínola, aunque hasta la fecha hemos rastreado libros suyos en lugares tan insospechados como el Museo Lázaro Galdiano y la Hispanic Society de Nueva York, a donde llegaron de la mano de Archer M. Huntington, egregio hispanista. Merece la pena citar que fue adquirida por el librero Pedro Vindel, y vendida a varios de los más afamados bibliófilos de la época, como el Marqués de Jeréz de los Caballeros y Sancho Rayón, bibliotecario del Ministerio de Fomento, que adquirió la partida más grande, procedente de la venta de la duquesa de Frías en 1893, para el Marqués de Zabálburu, padre de la condesa Heredia-Spínola. Hay varias fuentes impresas que nos traen la castiza anécdota de la compra de estos libros, evento que narra Castañeda. Recomendamos a bibliófilos locos la lectura de ésta y otras aventuras en la obra de Francisco Vindel (Paul Cid Noé), en esta relación. Ver semblanza del V Marqués de Moya en Pinel, págs. 335/336. Tal parece que la pasión por el saber en general, y las ciencias en particular, fue una de las constantes patrimoniales de la casa Moya/Villena. Ver Gregorio de Andrés.
12. CIRAC ESTOPAÑÁN, Sebastián.- "Moriscos de Granada en la Diócesis de Cuenca, año 1589", en CUENCA, nº 7, 1975; págs. 27-34. Datos estadísticos obtenidos del Recuento de 1571 para la distribución de moriscos.
13. COMISIÓN DIOCESANA DEL PATRIMONIO.- "El protogótico en Cuenca", en OLCADES, vol.II, fasc. 11, pags. 193-212. Carboneras, en pág. 194.
14. CONTRERAS, Juan de (Marqués de Lozoya).- "La casa de los Marqueses de Moya (Segovia)", en B.R.A.H., tomo CXXXII, 1953; págs.15-18.
Se trata de uno de los más notables edificios de Segovia, y probablemente la casa mejor fortificada de la ciudad, expresamente acondicionada para defenderse de un medio hostil. Da cuenta Lécea en su “Licenciado Peralta”, pág. 27, de un detallado informe enviado a la Real Academia de la Historia en 1867 con motivo de la demolición del arco de San Juan, de cuya puerta formaba parte la casa. Es fácil encontrar referencias de este edificio tan singular, hoy de carácter privado aunque justamente protegido por el Patrimonio. Construida en el siglo XIII sobre uno de los cubos de la muralla, pertenece a mediados del XV a Pedro Machuca de la Plata, tesorero de la casa de la moneda, y luego a Juan Pacheco, el Villena, los Cáceres y, por fin, a los Cabrera. Alberga por unos años el primer tribunal de la Inquisición, y es atacada y parcialmente destruida varias veces en la turbulenta historia segoviana. Tenemos constancia de que se conserva prácticamente igual que era en el siglo XVI.
15. DOTOR, Angel.- "Castillos (Guadalajara-Cuenca)", en Rev. Geográfica Española, nº 27, Madrid, s/f. Cuenca, en págs. 55/80. Moya en la pág. 78. También, Cañete, Alarcón, Huete, Uclés, Belmonte y Garcimuñoz.
16. ESPOILLE DE ROIZ, Mª Emma.- "La repoblación de la tierra de Cuenca, siglos XII a XVI", en A.E.M., 12, 1982. A. 1º S.I.H.C., Septiembre, 1977; págs. 205-239.
Se detiene el primer impulso repoblador en el S. XIII, a partir de la campaña de Fernando III en Andalucía, y da comienzo un período de afianzamiento señorial. Incluye un cuadro sinóptico de los lugares de la tierra de Cuenca muy ilustrativo, y aporta bibliografía y fuentes. Ver Y. Álvarez Delgado, y Reina Pastor de Tagneri.
17. ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO, Cuerpo de.- Extraído de la "Narración militar de la Guerra Carlista de 1869 a 1876".
"La Guerra carlista, I. Primeras correrías", en OLCADES, 1981, fasc. 7, págs. 15-26. Las acciones de Santés y Cucala en Moya y otros núcleos de la zona al inicio de la guerra.
"La Guerra Carlista, II. La serranía, un feudo Carlista", en OLCADES, 1981, fasc. 8, págs. 69-84. Moya, refugio y cuartel de Santés.
"La Guerra Carlista, III. El saqueo de Cuenca", en OLCADES, 1981, fasc. 9, págs. 107-122.
18. FERNÁNDEZ, Mª Cristina; y GARCIA MERCHANTE, Joaquín.- "Los topónimos geográficos y los apellidos conquenses", en OLCADES, vol. III, fasc. 16, 1983; págs. 174-179. Curioso análisis de procedencia a partir de las listas de candidatos a eleccciones municipales de 1983.
19. FRANCO SILVA, Alfonso.- "El destino del patrimonio de Don Alvaro de Luna. Problemas y conflictos en la Castilla del siglo XV", en A.E.M., 12, 1982; págs. 549-575.
Interesante relato de cómo llegó a heredar don Álvaro importantes posesiones en Moya a través de la rama Albornoz, vía María de Albornoz, su prima, hija de D. Juan de Albornoz, hijo y heredero de Gómez García, heredero del cardenal D. Gil.
20. GARCÍA ARENAL, Mercedes.- "Los moriscos de la región de Cuenca según los censos establecidos por la Inquisición en 1589 y 1594", en HISPANIA, nº 138, 1978; págs. 151/199.
Se hacen a lo largo del siglo XVI una serie de censos y recuentos cuya finalidad es fundamentalmente fiscalizadora de la ortodoxia religiosa del pueblo. Estos son: 1528-36, 1552, 1561, 1571, 1581, 1587, 1587-89, 1591 y 1596-97. Se trataba de obtener datos que permitieran desparramar la población conversa irreductible, sea cual fuere su procedencia religiosa, ver "La población española al comienzo de los tiempos modernos", de Felipe Ruiz Martín, en CUADERNOS DE HISTORIA, nº 1, 1967, págs. 189/202. A finales de siglo, agravado el problema morisco, se realizan varios de esos recuentos para la distribución de moriscos, entre 1570 y 1597. Tenemos, en concreto, el Recuento de 1571, cuya documentación original se encuentra en el A.G.S., Cámara de Castilla, legs. 2159 a 2162, con copia resumida en la R.A. de la Hª (Marquesado de Moya: 80 parroquias, 9.481 vecinos, y 254 moriscos), amplio estudio en "Geographie de l`Espagne Morisque", de H. Lapeyre, o bién, J. Caro Baroja, "Los moriscos del reino de Granada". Se hizo este censo para proceder al reparto por parroquias de los moriscos recientemente expulsados del reino de Granada, y lo realizan los corregidores y alcaldes mayores. Sigue otro recuento en 1581, A.G.S., Cámara de Castilla, legs. 2159 y 2160; otro en 1587, llamado Censo de los Obispos, confeccionado por los párrocos, A.G.S., Patronato Eclesiástico, legs. 135 a 138, y el 161; otro más en 1587-1589, hecho también por los párrocos a pedimento de los comisarios del Santo Oficio, A.G.S., Cámara de Castilla, leg. 2196, los originales de Cuenca, en el Archivo Diocesano, libro 210, "Lista de los moriscos que del Reino de Granada se repartieron en las ciudades, villas y lugares de esta diócesis ...., año de 1589". Por fín, otro censo, inédito y desconocido, del que sólo hay copia en el A.D. de Cuenca, el de 1594, que centra el trabajo de García Arenal, que nosotros no conocemos y parece ser el más importante de todos en opinión de la autora. Fué realizado por los Tribunales del Santo Oficio. Todos los reseñados anteriormente están publicados, bien por Tomás González, "Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla", Madrid, 1829, o por H. Lapeyre, ya citado. No así el de 1594, del que no hay copia ni siquiera en el A.G.S., aunque, según la autora, existe un manuscrito en la Biblioteca Nacional, recopilación o resumen de los datos del censo de 1594, llamado "Relación y catálogo de los moriscos que se hallan en los lugares de los obispados de Cuenca y Sigüenza y priorato de Uclés, distritos del Santo Oficio de la Inquisición de Cuenca", que no hemos encontrado. Para un estudio más completo del tema, remitimos a "Los moriscos de los distritos de la Inquisición de Cuenca", Madrid, 1976 tesis doctoral de la autora, que no conocemos, o su libro "Inquisición y moriscos. Los procesos del tribunal de Cuenca", Madrid, 1983.
21. GARCÍA BERLANGA, Fidel.- "El trajín caminero en las rentas y posadas de la Manchuela", fragmentado, en OLCADES, vol. III, fasc. 16, 1983, págs. 180-192; y fasc. 17-18, 1983, págs. 193-202.
Seguimiento de itinerarios, posadas, posaderos, posaderas, etc., a partir de fuentes que conviene consultar, como P. Juan Villuga, "Repertorio de todos los caminos de España", Medina del Campo, 1546, y diferentes mapas como el Atlas del Itinerario descriptivo de España y otras, preferentemente orientado al entorno de la Manchuela, que limita al E. con Requena y Utiel, al S. la Roda y San Clemente, al N. la Serranía y al O. la Alcarria . 22. GARCÍA MARTÍN, Pedro.- "La ganadería mesteña en el área castellano-manchega durante la Edad Moderna", en Actas I C/M, tomo VII, págs. 115/135.
Análisis sociológico de la cuestión a partir de las categorías de "Hermanos" agremiados, y mecanismos de arraigo de la trashumancia, en una exposición a grandes rasgos, que parece ser un esquema de su tesis doctoral. Incluye un cuadro de ganaderos trashumantes en 1708, en el que figura A. Peinado, de Moya, con 4.120 cabezas. Toma la información del Archivo de la Mesta, actual Archivo de Ganaderos del Reino, fondos modernos del A.H.N., A.G.S. y Real Chancillería de Valladolid, y parte de un recuento previo de las fuentes clásicas: "The Mesta", de Julius Klein; "Restauración de la abundancia de España", de M. Caxa de Leruela, año 1631; Binsko y otros. Y en cuanto al área castellano-manchega, Guy Lemeunier, M.Omer, F. Gascón Bueno, F. Quirós Linares, y los trabajos de J. López Salazar en HISPANIA. Puede completarse con "La trashumancia castellana a los 150 años de abolición de la Mesta (1836-1986)", en CUENCA, 1987/I, págs. 59/64. Conviene ver "Fuentes para la geografía agraria de España", por Angel Cabo Alonso, en ESTUDIOS GEOGRAFICOS, XX, 82, Febrero de 1961, págs. 223/249, y por supuesto "Guía bibliográfica para una Geografía Agraria de España", Madrid, 1961, de J. Muñoz Pérez y J. Benito Arranz, Cuenca en págs. 553/555, de la que destacamos las fuentes del Archivo de la Asociación de Ganaderos del Reino.
23. GARCÍA MERCHANTE, Joaquín Saúl.- "Cuenca hidrográfica del Jucar: Evolución y perspectivas de la población en la zona conquense", en CUENCA, 1987/I, págs. 75-105.
La tierra de Moya en la Zona II. Ver el Cuadro Evolutivo de Población, la Tabla de Densidades, y la de tasa de crecimiento. En las conclusiones estima la zona de la cuenca del Cabriel la más deprimida de Cuenca.
24. GONZÁLEZ GARCÍA, Gerardo.- "Fundación del Hospital de Moya para la redención de cautivos", en EL CORREO CATOLICO, nº1328 (21/9/ 1911).
25. GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Julio.- "La repoblación de las tierras de Cuenca", en A.E.M., 12, 1982. A. 1º S.I.H.C. Septiembre, 1977. Págs. 183-239. Traslado de los datos esenciales de sus libros “Castilla”, y “La repoblación”.
26. GRAU, Mariano.- "Un pleito secular en la Comunidad y Tierra de Segovia", en Estudios Segovianos, 1954; págs. 243-276. Segovia. Instituto Diego de Colmenares.
Transcribe el documento colectivo de petición de mercedes a los Cabrera, elevado en las cortes de Madrid de 1478, ya publicado por Pinel, págs. 273-276, que producía el efecto conocido de concesión del título de marqueses, y el apartamiento de 1200 vasallos de los sexmos de Valdemoro y Casarrubios a su favor en las cortes de Toledo, 1480. Da comienzo en ese mismo instante una serie de acciones de toda índole: protestas, recursos y hasta choques armados, para oponerse a lo que era considerado una usurpación a la Comunidad y Tierra de Segovia. Aparte los alborotos de 1480, ya narrados en "Polvo de Archivos" -Historia de una Protesta- recurrió Segovia el despojo ante diversas instancias en 1492, 1511 y 1519, y se alzó en armas en la Guerra de las Comunidades, además de fundar y poblar los lugares de Navalcarnero y Sevilla la Nueva con el fin de sustraer vasallos a los condes de Chinchón. Se zanjó al fin la cuestión en una concordia confirmada por Felipe II en 1593. En todo este tiempo, fue manifiesta la protección real a los Cabrera.
27. GUITART, Cristobal.- "Cañete y Moya. Dos plazas fuertes en la serranía conquense ante la frontera del Reino de Aragón", en Bol. Asoc. Espª. de Amigos de los Castillos nº 57, 1967; págs. 161-179.
Somera descripción de la villa y sus fortificaciones. Véase también "El derecho militar en la España cristiana medieval", de Salvador de Moxó, en Rev. Esp. de Derecho Militar, nº 12, págs. 9/59, en especial la parte B, “Táctica, Arquitectura y Derecho Militar”, pág. 16 y ss. Es de lo más interesante el artículo de Mª Concepción Quintanilla Raso "La tenencia de fortalezas en Castilla durante la Baja Edad Media", en ELEM, 9, 1986, Estudios en Memoria del Profesor D. Claudio Sánchez Albornoz, II, págs. 861/895. No debe olvidarse a M. Angel Monedero Bermejo, "Arquitectura de la repoblación en la provincia de Cuenca", Cuenca, 1982, 166 págs., y por supuesto E. Cooper, “Castillos Señoriales”.
28. HERNÁNDEZ JIMÉNEZ, Félix.- "Bury Al-Hamma. Burgalimar. Castillo de Baños de la Encina". Estudios de Geografía de España, II; en AL-ANDALUS, V, fasc. 2. 1940. Págs. 413-435.
Rastrea en varias fuentes el nombre de una plaza adquirida por Fernando III, que parece ser Castillo de Baños. Cita los dos documentos que informan del acto de sumisión del miramamolín de Valencia Zeyt Abuzeyt en Moya, el octavo año del reinado del Rey Santo, que son: un privilegio suscrito en Munio, 27/III/1225, y otro de 26/V/1225, en Toledo, ambos de confirmación de diversas mercedes concedidas por Alfonso VIII. Otro documento hace mención del acto de pleitesía, aunque sin nombrar a Moya, y es una carta otorgada por el Conde don Gonzalo y su mujer, de 23/V/1225. Todos ellos pertenecientes al Bulario de la Orden de Santiago, y reproducidos por A.M. Burriel, "Memorias para la vida del Santo Rey Don Fernando III", ed. de Miguel Manuel Rodríguez, Madrid, 1800, págs. 348, 350 y 351. Deduce Hernández Jiménez que tuvo lugar el acto de pleitesía entre el 18 de Abril y el 23 de Mayo de 1225, era de 1263. Hay que decir que algunos autores creen que el encuentro no tuvo lugar en Moya, sino en Cuenca, ver Mariana, libro XII, cap. XI, y Mártir Rizo, cap. XI. Muñoz y Soliva opta por Moya, Cuenca, vol. II, pág. 136, siguiendo en esto, como en tantas otras cosas, a Mateo López, Memorias, vol. I, pág. 91.
29. HERRERA GARCÍA, Antonio.- "Bibliografía básica para la historia de Cuenca", en A.E.M., 12. 1982. A.1ºS.I.H.C. Septiembre, 1977; págs. 421-487. El mejor trabajo de fuentes conquenses. Prácticamente todas las aquí reseñadas, y muchas más que todavía no hemos visto.
30. HERRERA GARCÍA, Antonio.- "Orfebrería celtibérica en Salvacañete", en OFENSIVA, nº 5869 (4/1/67). En torno al artículo de Cabré Aguiló en el Archivo Español de Arte y Arqueología.
31. IRADIEL MURUGARREN, Paulino.- "Bases económicas del Hospital de Santiago de Cuenca: tendencias del desarrollo económico y estructura de la propiedad agraria", en A.E.M., 11. 1981. C.I. H.P. Sobre las Ordenes Militares en la Península durante la Edad Media. Págs. 181-260.
Estudia el patrimonio del Hospital de Santiago de Cuenca, formado por las propiedades del hospital de Alarcón, carpeta 55, Moya, carpeta 100 (I y II), y el de Cuenca, carpeta 99 (I y II). A.H.N., Ordenes Militares, Uclés. Fija su atención en la tendencia de la Orden a incrementar su propiedad urbana y territorial, en contra del parecer de Alfonso VIII, que pretendía convertirla en avanzada de la frontera. Es en este contexto que los santiaguistas hacen suya la política real de redención de cautivos, uno de cuyos fines persigue la creación de hospitales. Se crea el hospital de Moya en 1211, Bulario de la Orden de Santiago, escritura I de 1211, y en 1234 se dan a la fuga siete moros cautivos, emprendiendo el concejo un pleito con el comendador del hospital, Gonzalo Díaz, ver Derek Lomax, "La Orden de Santiago", pág. 177. Según Muñoz y Soliva, el Hospital de Moya se adscribe al de Cuenca en 1250, Obispos, pág. 12. Una de las vías de capitalización de la Orden es la adquisición, por compra, permuta o donación, de molinos, presas y huertos, es decir, los elementos básicos de la producción agraria, no debiendo pasar por alto el carácter marcadamente comunitario de los dos primeros, que permiten el control directo de los modos de producción, y la formación del monopolio señorial. Es inmediata la necesidad de un estudio que ponga de manifiesto la más que respetable potencia hidráulica instalada del marquesado, a juzgar por la abundancia de restos. En el entorno que delimita una legua de radio centrado en la villa, encontramos no menos de diez molinos, mayoritariamente del tipo de rodezno y cubo, es decir, rueda horizontal y alimentación de agua regulada por embalse artificial que es un tipo de ingenio propio de cauces reducidos, evolucionado, robusto, muy rentable, de fácil mecanización y mantenimiento sencillo, lo que pone de manifiesto la evidencia de su utilización hasta tiempos muy recientes. Contempla el trabajo la oposición de los concejos a proveer los subsidios colectivos, que eran una de las bases de capitalización de la Orden, y los pleitos subsiguientes, Lomax, pág. 169.
32. JIMÉNEZ AGUILAR, Juan.- "Restos fósiles de un mamífero de Cardenete", en EL DIA DE CUENCA, nº 958 (21/10/1921); "Por tierra fragosa", sobre el arte religioso y algo de historia de Reillo, Carboneras, Cardenete y Víllora, en LA VOZ DE CUENCA, fragmentado, nº 413 (16/6/1930), nº 414 (23/6/30), nº 415 (30/6/ 30), nº 416 (7/7/30) y 417 (14/7/30); "El turismo devoto", II, con algunos datos de interés sobre las romerías de la Virgen de Texeda, (21/10/31); "Teruel y Cuenca en la guerra con los franceses", sobre las guerrillas en Moya y tierras fronterizas de Teruel, en EL DIA DE CUENCA, nº 1218 (10/6/24), donde entre otros acontecimientos se narran las vicisitudes de la Junta de Aragón y parte de Castilla, que por avatares de la guerra se reúne en Moya el 22/6/1809, en casa de los Núñez de Haro, en Landete el 14/1/1811, y más tarde en Talayuelas, véase también Moncey, La Gaceta, 1808. El día 31, avisa el general Villacampa de la proximidad del enemigo, y huye la Junta de Landete "...en el silencio de la noche, teniendo que ganar a pié, por sendas escabrosas y ocultas, a través de precipicios y con un frio horroroso, la jornada no escasa que le separa de Utiel...", Ballesteros, Utiel, pág. 483.
33. JIMÉNEZ MONTESERÍN, Miguel.- "Aproximación al funcionamiento del Fisco decimal en el Obispado de Cuenca", en CUENCA, 14-15, 1978-79; págs. 31-42.
Pone de manifiesto el complicado régimen tributario del obispado de Cuenca, dividido en dos zonas en cuanto al destino y perceptor: mientras la Alcarria, Mancha Alta y Arziprestazgo de Requena tributaban directamente al obispo la masa decimal después del reparto a los clérigos locales y beneficiados, las tercias reales y fábrica, los arcedianatos de Cuenca, Moya y Alarcón lo hacían a la Mesa Capitular. La documentación, por lo que sabemos abundante y aún no analizada, se conserva en el Archivo de la Catedral de Cuenca, en los Libros de hacimientos de rentas decimales, y otros, y su consulta parece imprescindible para cualquier estudio de la riqueza agrícola de la zona los últimos cuatro siglos. Aclara Monteserín con bastante precisión diferentes unidades impositivas cuya naturaleza es preciso conocer para un aprovechamiento más completo de los datos documentales. Puede completarse con "La abolición del diezmo en el Obispado de Cuenca", en CUENCA, nº 23-24, 1984; págs. 79 a 94, del mismo autor.
34. LADERO QUESADA, M. Angel.- "El banco de Valencia, los genoveses y la saca de moneda de oro castellana. 1500-1503", en A.E.M., 17, 1987; págs. 571-594.
Homenaje al Prof. Emilio Sáez, tomo I. Estudio de un largo proceso entablado a causa del contrabando de monedas, a través del marquesado de Moya, por agentes genoveses del banco de Valencia, en el que estaban implicados altos cargos de la corte de Fernando el Católico. Según el leg. 88, nº 9, I-VIII, A.G.S., Cámara Real.
35. LADERO QUESADA, M. Ángel.- "1462: Un año en la vida de Enrique IV, rey de Castilla", en ELEM, 14. 1991; págs. 238-274.
Magnífica aproximación a la vida cotidiana del rey Enrique y su corte, de la que eran elementos descollantes, en aquel momento, la reina y sus damas, la princesa Juana, recién nacida, el privado Beltrán de la Cueva, y los tres donceles, Gonzalo de León, Andrés Cabrera y Alonso de Herrera, según las cuentas del camarero Juan Tordesillas, y de Diego Arias Dávila. Se refiere la ayuda que envía a Madrid, junto con su médico, para la atención de Cabrera, enfermo. Nos aporta el dato de la afición de Enrique al juego de dados, también del doncel Cabrera, ya que recibe 30 doblas de su señor para que pueda jugar, y recordamos al respecto los abundantes y agrios comentarios de Palencia sobre el ambiente disoluto de la corte. Dice Juan de Lucena en su "Epístola exhortatoria a las letras", "Juega el Rey [Enrique IV], todos éramos tahures/ estudia la Reina [Isabel], somos agora estudiantes", véase "Opúsculos literarios de los siglos XIV a XVI", Madrid, 1892, de A. Paz y Meliá, pág. 216. Puede ser interesante el análisis de las relaciones de Cabrera con Enrique, de quien, entre otras cosas, dice Hernando del Pulgar que "Tenía algunos moços aceptos de los que con él se criavan: amaua los con grande affición y daua les grandes dadiuas", en "Los claros varones de Castilla", Sevilla, 1500, Título I, del rey don Enrrique, fº IIv. Buena evocación de la corte enriqueña nos trae D. Gregorio Marañón en su clásico "Ensayo biológico sobre Enrique IV de Castilla y su tiempo", varias ediciones de Austral, nº 196. En la de 1964, págs. 73/74, acepta Marañón, que ha exhumado el cadáver de Enrique en 1946, la posibilidad de muerte por envenenamiento, sin relacionar esta circunstancia con la sospecha, compartida por algunos autores, de atribuir la dolencia que padeció el último año de su vida al conocido banquete que ofrece Cabrera en Segovia para celebrar la reconciliación con su hermana Isabel, véase Colmenares, cap. XXXIII-XVI; Enríquez del Castillo, cap. CLXIV; Mariana, Tomo II, libro XXIV, cap. I; Zurita, Libro XVIII, cap. LXIII; Garibay, Libro XVII, cap. XXXI, etc, etc.
36. "Landete". Sección "Los pueblos", de la Revista OLCADES. Vol. III, fasc. 15, págs. 119-126. Sin autor.
37. LÓPEZ HERRÁIZ, I.- Artículos en OFENSIVA, Cuenca: "Carboneras de Guadazaón. Los Santos Corporales de Daroca o Santa Hijuela", nº 1360 (9/5/54). "El ex-convento de los dominicos de Carboneras y los marqueses de Moya", nº 1401 (25/7/54). "Cardenete, villa moderna de 1961, a vista de pájaro desde el campanario de su torre", nº 3264 (7/11/61). 38. LÓPEZ MARTÍNEZ, Nicolás.- "El Cardenal Mendoza y la Reforma Tridentina en Burgos", en HISPANIA SACRA, Revista de Historia Eclesiástica. Vol. XVI, 1963; págs. 61/137.
Magnífico análisis de la figura del cardenal D. Francisco de Mendoza y Bobadilla, véase en cap. I, enfocado a su misión pastoral, y su labor llena de tensiones con el cabildo de Burgos, donde impuso con mano de hierro las reformas tridentinas. Buena fuente documental. Debe completarse con "Reacción del cabildo de Burgos ante las visitas y otros actos de jurisdicción intentados por sus obispos (siglos XIV-XVII)", por Demetrio Mansilla, el documentalista clásico del obispado de Burgos, en HISPANIA SACRA, X, 1957, págs. 135/159, con apéndice, véase docs. 33 a 51; y Blázquez, “Teólogos españoles del siglo XVI”, donde nombramos unas Constituciones del Obispado de Coria, año 1637, en las que el prelado arremete contra los males comunes del clero: "la maldad simoníaca, contratos usurarios, y otros grandes vicios... como enemistades, amancebamientos, fornicaciones", y prohibe "que los hijos bastardos y espúreos de clérigos sirvan a sus padres en la iglesia diciendo missa o en cualquier manera", véase la citada "Historia Crítica del Pensamiento Español", de Abellán, Tomo II, pág. 47.
39. MARCOS BERMEJO, Mª Teresa.- "Historia del papel en Cuenca: notas para su estudio", en Actas I C/M, Tomo VIII, págs. 413-421.
Comunicación del estudio que conduce a su tesis doctoral, véase, con datos esenciales del principio y decadencia del molino de papel de Garaballa, y modelo de ficha de trabajo para el análisis de filigranas, aspecto que Marcos conoce muy bien.
40. MÁRQUEZ VILLANUEVA, Francisco.- "Conversos y cargos concejiles en el siglo XV", en R.A.B.M., tomo LXIII, nº 2, 1957; págs. 503-540.
Hace una exposición de la implantación de conversos en cargos concejiles, y analiza muy bien el ambiente de corrupción municipal. Rastrea el trasfondo anticonverso de las rebeliones contra Andrés Cabrera, en págs. 519/520.
41. MARTÍN, F.- "Moya y su rica historia", en OFENSIVA, nº 1528 (28/4/55).
Repetición de los tópicos de siempre.
42. MARTÍNEZ FRONCE, Félix Manuel.- "Caminos postales por la provincia de Cuenca", en OLCADES, vol. II, fasc. 12, 1982; págs. 269-280.
Trabajo en base al Repertorio, de Villuga, el "Mapa de las Carreteras de Postas de España", de Bernardo Espinalt y García, y la "Carta de Correos y Postas Provinciales", de 1858, en la que se especifica el itinerario de Moya, Conducción Este. Facilita bastante bibliografía, y establece la medida de las diferentes "leguas" al uso. Es también interesante "La construcción del camino de Valencia en el siglo XVIII", de L. Antonio Ribot García, en Investigaciones Históricas, nº 1, 1979, págs. 175/230, resumen de su tesis de licenciatura (Univ. de Valladolid, 1974), con un mapa de itinerarios entre Madrid y Valencia, Alicante y Cartagena en el año 1761.
43. MOLINA GUTIÉRREZ, Pilar.- "Formación del patrimonio de los primeros marqueses de Moya", en ELEM, Madrid, 1989; págs. 285-304. Resumen de su tesina de licenciatura.
Magnífico trabajo, muy documentado. Da un repaso a las relaciones de los Cabrera con el poder, origen de su patrimonio, que surge prácticamente de la nada a raíz de las concesiones y mercedes otorgadas al matrimonio por Enrique IV y los Reyes Católicos, justo en un momento de revocación de mercedes a la nobleza castellana en general, y al bando juanista en particular. Véase Mª Isabel del Val, “Los bandos nobiliarios”, y Pinel y Monroy, Retrato, libro II, caps. IX, XIV, XV y XVII, así como las Declaratorias de Toledo, A.G.S., Cámara de Castilla, juros suprimidos a personas y concejos en las Cortes de 1480, donde se restan rentas por valor de 302.000 Mrs. a Cabrera y la Bobadilla, según Clemencín, Elogio, pág. 146. Se recuperan así para la Corona cerca de 30 millones de recaudación en renta monetaria enajenados por Enrique, aunque sólo se someten a revisión las mercedes otorgadas a partir del año 1464. Matilla Tascón, en su "Declaratorias de los Reyes Católicos sobre reducción de juros y otras mercedes", Madrid, 1952, establece para los Cabrera una supresión de 252.800 Mrs mas 20 cahíces de pan mediado, y las tercias de Becerril, que poseía Beatriz de Bobadilla. Rábade Obradó establece la misma reducción, pág. 897. Hay que destacar que no figuran en esta lista de declaratorias otras mercedes de difícil cómputo numerario, como las alcabalas, tercias, salinas, ferrerías, diezmos, martiniegas, fueros, franquezas, servicio y montazgo, etc., que fueron también, y según los casos, parcial o totalmente intervenidas por la Corona, Matilla, obra citada, pág. 17; y que según la misma relación, transcripción certificada de las declaratorias mandada hacer por el marqués de Esquilache en 1761, el mayordomo y su mujer eran los terceros más ricos de Castilla en aquel momento, sólo superados por los duques de Alburquerque y los condes de Haro, lo que no deja de ser chocante si se tiene en cuenta que nos referimos a una fortuna amasada en apenas unos años. Del favor especial que gozaron los primeros marqueses de Moya da idea el temprano empeño de los monarcas en la concesión de mercedes: en octubre de 1475, sólo meses después de su coronación, les conceden prácticamente el dominio absoluto sobre Segovia, e intentan hacer lo mismo con Hormaza en 1478, expropiada a Gonzalo Muñoz de Castañeda, aunque rectifican, ver Pinel, pág. 267. No así Moya, que pierde definitivamente con ellos su carácter de realengo.
Hace Molina un balance general de las rentas bastante ajustado en nuestra opinión, aunque alude a rentas no localizadas o de difícil cuantificación, pág. 299. Echamos de menos en las rentas de Segovia las comisiones por acuñación de moneda que caben al tesorero de la ceca, que es el alcaide del alcázar a raíz de la construcción de la nueva Casa de Moneda por Enrique IV, en 1455, Casto Mª del Rivero, "Segovia numismática", pág. 21, y en general los indudables beneficios derivados del cargo de monedero por otros conceptos, ver Privilegios, en Mª Dolores Cabañas, “Notas sobre los monederos”, pág. 184, y sobre todo "Privilegio real dado a los monederos de la casa de Segovia", de J. Lluis y Navas Brusi, en Estudios Segovianos, 1971, págs. 140/151, sin olvidar su "Las cuestiones legales sobre la amonedación española bajo los Reyes Católicos", Madrid, 1960, tomo I, cap. II, apartado 5, Los privilegios de los acuñadores. Véase también Pinel, pág. 231, donde se describe con cierto detalle un oficio de los Reyes Católicos, de 29/10/1475, dado en Valladolid y refrendado por Alonso Dávila, Secretario, por el que se conceden a Cabrera todas las mercedes de Segovia ciudad, entre ellas "..la Tesorería de la Casa de Moneda, con el nombramiento de sus oficiales...por juro de heredad, para Don Andrés y los sucessores de su Casa, y Mayorazgo...". Y téngase en cuenta su doble condición de tesorero, en Segovia, y en Cuenca a partir de 1465, aunque renunciara en 1467 en favor de su hermano Alonso, Rábade, pág. 816 y nota 232, que también nos trae la noticia de otro cargo en la Casa de Moneda de Sevilla, pág. 817 y nota 235, cargo que a su vez declinará en Pedro, su hermano mayor, pág. 817 y nota 236. Si a los datos aportados por los trabajos anteriormente citados añadimos lo que dice Val Valdivieso en "Un motivo de descontento popular" se hace evidente la necesidad de investigar esta faceta fundamental en la vida del primer Marqués de Moya. En efecto: considérense las presiones ejercidas por el Marqués de Villena sobre el pusilánime rey Enrique. Primero, exigiendo la alcaidía del alcázar de Madrid, que consigue; luego, tratando de ocupar por todos los medios a su alcance el alcázar de Segovia, véase Colmenares, cap. XXXIII (X y XI), y Enríquez del Castillo, cap. CLXI, y por último, ante la postura irreductible de Cabrera, exigiendo del rey la guarda de las puertas de Segovia, San Martín y San Juan, Enriquez del Castillo, cap. CLXIII, Colmenares cap. XXXIII (XII), y Pinel, pág. 147, con la misma respuesta del alcaide. Véase también Zurita, Anales, tomo VII, libro XVIII, caps. XLIX y LVI, y Rábade, pág. 806. Como sabemos, la guarda de la puerta de San Juan lleva aparejada la condición de tesorero de la Casa de Moneda. Eso sí, no atreviéndose el maestre de Santiago, viejo zorro, a reclamarlas para sí, sino para el marqués de Santillana, tío de su mujer. Y justo en un momento de especiales dificultades monetarias en Castilla, con una inflacción galopante, fruto quizá de la existencia de más de 150 casas de moneda ilegales, véase Lluis y Navas Brusi, "Notas sobre la legislación y organización de las cecas de Juan II y Enrique IV", en AMPURIAS, XIII, 1951, págs. 135/152, en pág. 145, citando párrafo de la crónica de Alonso Flores, C. Mª del Rivero, "Segovia numismática", pág. 17 y ss., y Val Valdivieso, “Un motivo de descontento popular”, págs. 152/155, aparte de las ocho cecas reales, tres de las cuales, Segovia, Cuenca y Sevilla, son controladas por el Cabrera de uno u otro modo. No desdeñamos la idea de hacerle responsable de la política monetaria de los últimos años de Enrique IV, y de los Reyes Católicos, llamando la atención sobre la muy posible relación de hechos, hasta ahora desapercibida, cuya secuencia debería ser ponderada: recibe Cabrera el Alcázar de Segovia en 1470, y comienza la política de estabilización de Enrique IV en 1471, tomándose las primeras medidas a finales del 70, véase Memorias de Enrique IV, pág. 623, doc. CLXXXII de diciembre/70 y pág. 628, doc. CLXXXVI de enero/71, consistentes en devaluación impopular y contraria a los intereses de la nobleza. Además, en el segundo de los documentos citados textualmente afirma el rey "...e otrosí porque yo non entiendo de mandar labrar ni labraré la moneda que se oviere de labrar e correr en mis reynos en ninguna otra casa de moneda, salvo en las casas que antiguamente se acostumbró labrar en mis reynos ...". En efecto: en Abril, a petición de los procuradores en las Cortes de Segovia, suprime Enrique todas las casas de moneda excepto las seis tradicionales, La Coruña, Sevilla, Burgos, Cuenca, Segovia y Toledo, recuperando los derechos sobre ellas, enajenados en la etapa anterior, ver Ladero Quesada, "La política monetaria en la Corona de Castilla (1369-1497)", en ELEM, 11, 1988, págs. 79/123, La Estabilización, en págs. 110 y ss, o bien Pio Beltrán, "El vellón castellano desde 1474 a 1566", en NUMISMA, nº 7, 1953, dato en pág. 12, entre otras fuentes. No nos extrañaría nada que la entrega del Alcázar de Segovia al Cabrera, hombre de su más entera confianza, fuera un prolegómeno al plan de estabilización previsto. Coincide, además, con la entrega de otras cecas a personas de su consejo, o de su entorno más próximo. Según Ladero Quesada, “La política monetaria”, los primeros resultados de estas medidas no se hacen esperar, y supone muy posible su relación con las revueltas contra conversos de 1473, pág. 114, a semejanza de la situación creada en 1391 a raíz de las medidas monetarias de Enrique III. Téngase en cuenta que en Segovia comienzan las alteraciones en 1472, instigadas por el Pacheco, con Cabrera, alcaide y tesorero, en el punto de mira de los amotinados. Vienen luego las medidas estabilizadoras de los Reyes Católicos de 1475/76, 1480/83 y 1497, Ladero Quesada, y Clemencín, “Elogio”, Ilustración XX, pág. 506 y ss, atendiendo en todo momento al consejo de expertos como Alfonso de Quintanilla, hombre providencial, véase R. Fuertes Arias, que ya había sido tesorero de casa de moneda con el Infante don Alfonso, y estrechamente relacionado con Cabrera, quien también debió ser escuchado en esta coyuntura, aunque no sea posible todavía establecer el grado de confianza que inspiraba su opinión en estos asuntos. Hay otra revuelta en Segovia, como sabemos, en 1476, coincidente con las primeras medidas monetarias de los Reyes Católicos.
En cuanto a los derechos de acuñación que redundan en el tesorero y oficiales de la ceca, ver el “Quaderno de Ordenanças de la lavor de la moneda”, de 13/6/1497, Medina del Campo, en Tomás Dasí, "Estudio de los reales de a ocho, también llamados pesos, dólares...", vol. I, Valencia, 1950, págs. LV a LXXIX, Derecho de los oficiales, pág. LXIX: "Otrosi, ordenamos e mandamos, que quando los dichos nuestros thesoreros assi entregaren a sus dueños las dichas monedas labradas, que retengan para ellos e para los otros dichos oficiales e para las otras costas de cada un marco de oro que assi entregaren un tomin e tres quartos de tomin de marco; e de cada marco de reales que assi entregaren un real para todas las costas de yuso contenidas; e de cada marco de vellón veynte e cinco maravedis de dos blancas el maravedi...", ordenanza que tenemos en la "Recopilación de leyes destos reynos, hecha por mandado de la magestad Católica del Rey don Felipe II...", Madrid, 1640, Libro Quinto, Título XXI, Ley XLVI, en el fº 67v del Tomo II. Vienen luego reseñados los derechos del ensayador, entallador, guardas, balançario, escrivano, obreros, etc., y otras ordenanzas en el Título XXII. Se refiere esta orden a los metales o monedas que fueran llevados a las cecas para su acuñación, o bien reacuñación y conversión en otra moneda, normalmente de menor ley. Un cálculo rápido, nos permite establecer, para el caso del oro, retención del 0,362 %, y si rige igual para la plata, del 0,455 %, si tenemos en cuenta que 1 Marco oro equivale a 400 tomines, o 4.800 granos, y 1 Marco plata equivale a 384 tomines, o 4608 granos, véase Ladero Quesada, “La política monetaria”, pág. 80. Si se entregaban reales o vellón, los porcentajes retenidos eran de superior cuantía. De estas cantidades, había que satisfacer los derechos de todos los operarios, lo que hace bastante complicado el cálculo exacto de los beneficios del tesorero. Mas no imposible. En efecto: según Carlos Lécea y García, "Estudio histórico acerca de la fabricación de moneda en Segovia", Segovia, 1892, pág. 28, por unas ordenanzas cuya fecha no especifica, aunque estan en la Nueva Recopilación, Madrid, 1772, Tomo III, Libro V, Título XXI, "Otras ordenanzas para las Casas de Moneda", Auto LIX, capítulo 34, en la pág. 192, le corresponden "... al tesorero Conde de Chinchón, por derechos suyos, tres maravedís de plata por cada marco de esta especie se labraba, de los que había de dar uno sólo al Teniente que servía dicho empleo, sin obligación a responder por las mermas y costas de lo labrado ..". Ahora bien, según Clemencín, “Elogio”, pág. 546, un marco plata, u oro, equivale a 96 maravedís del mismo metal, unidad de cuenta cuyo valor en vellón, según las mismas Ordenanzas de Medina del Campo, es de 23,729 Mrs el de Plata, y 255,208 Mrs el de 0ro (1 Marco Plata= 2.278 Mrs vellón; 1 Marco Oro= 24.500 Mrs. vellón). Todo ello arroja la nada desdeñable cantidad de 474.580 Mrs, teórica ganancia de Cabrera en la primera acuñación de los Reyes Católicos, que se hizo con los tesoros de Segovia, y ascendió a 10.000 Marcos plata, véase Rábade Obradó, pág. 815 y nota 229, si ya entonces hubieran regido normas similares. Dice bien Lécea y García, pág. 29, que se aumentarían luego a 12 Mrs por Marco, y según la citada Nueva Recopilación, aún a casi 28,5 Mrs por marco, véase, debiendo responder ahora de las mermas de fundición, jornales y materiales. No parece tarea fácil, de todos modos, bucear en estos papeles, sobre todo si se tiene en cuenta que cada acuñación tenía ordenanzas propias y diferentes, algunas de las cuales no conocemos, circunstancia muy peculiar de la legislación monetaria en la Corona de Castilla, véase Lluis y Navas Brusi, “Las cuestiones legales”, Advertencia Preliminar.
Se resiste el Cabrera contra viento y marea a ser desposeído de su condición de monedero manteniendo el alcázar y puertas, y más tarde, una vez desplazado por la fuerza de los acontecimientos al advenimiento de Felipe y Juana, dispuesto a reconquistar los privilegios perdidos, lo que consigue después de la muerte, ¿providencial?, de El Hermoso, y bajo la benévola mirada del rey Fernando, Pinel, libro II, caps. XX y XXI, aunque el protagonismo real de este regreso triunfal y sangriento corresponde, como sabemos, a la Marquesa, de probada energía. Véase Mártir de Anglería, epístola 343, al Conde de Tendilla, entre otras fuentes. Hay en esta actitud no sólo vestigios de ambición personal, sino el afán natural en la nobleza de perpetuar el poder de la estirpe, que en el caso de los Cabrera-Bobadilla exigía la creación de ricos mayorazgos, y una holgada situación capaz de dotar generosamente a una prole numerosa y bien situada, como puede comprobarse. Véase Cooper, Castillos Señoriales, árbol genealógico en vol. I.2, pág. 904, y por supuesto Pinel y Monroy, libro III. Esta necesidad es más imperiosa, si cabe, en una casa nobiliaria de nueva creación, como es el caso, y ello se pone de manifiesto en los ricos partidos que toman las hijas, privadas de mayorazgo aunque no de generosa herencia, véase Rábade, pág. 900. En efecto: casa María con Pedro Manrique, II Conde de Ossorno, e Isabel con Diego Hurtado de Mendoza, I Marqués de Cañete. Habían concertado también el matrimonio de María con Rodrigo de Cárdenas, hijo de Gutierre de Cárdenas, Comendador Mayor de León y Contador Mayor, y de Teresa Enríquez, hija del Almirante de Castilla y del entorno más próximo de la reina, como Beatriz, Pinel, págs. 229/231, pero muere Rodrigo de una caída de caballo en Burgos, véase G. Fernández de Oviedo, "La cámara Real del Príncipe Don Juan", ed. de Madrid, 1870, pág. 20. Asimismo, estaba concertado el matrimonio de Juana con Garci Fernández Manrique, hijo de su cuñado Pedro, conde de Ossorno, pero también Juana muere prematuramente. Sabemos por el citado “Cronicón de Valladolid”, pág. 152, que habían tenido los marqueses de Moya otra hija en 1483, llamada al nacer Beatriz, de la que no hay más noticias, suponiéndose que muere párvula; ¿O es la misma dama de compañía que va a Flandes con Juana en 1496?. Puede ser también aquella que recibe de Carlos V en 1542 el privilegio de sacar dos cargas diarias de leña de La Albufera durante toda su vida, Col. Salazar, 9/47, fº 27. Estamos vivamente interesados en aclarar este asunto. Sea como fuere, la existencia de Beatriz eleva a diez, por ahora, la primera descendencia de los marqueses de Moya. Debe atribuirse a error comprensible de L. Suárez Fernández suponer hijas de Andrés Cabrera y Beatriz de Bobadilla una Isabel y una Analda, hermanas, casadas con los hermanos Fadrique y Bernardino Enríquez, hijos del almirante de Castilla, véase "Fundamentos de la monarquía", Madrid, 1989, pág. 81. Compruébese que ambas son Cabrera pero hijas de los Condes de Módica, antigua rama del mismo apellido. Queda suficientemente clara en este trabajo de Suárez Fernández, por otra parte, la política de control nobiliario practicada por los Reyes Católicos, parcialmente a través de uniones familiares, a veces forzadas, con frecuencia interesadas, como parece ser el caso del matrimonio de María y Pedro, véase el cap. III, Los "Grandes" de Castilla, pág. 96: para afrontar los gastos de la pesada herencia de su padre, primer conde de Osorno, acepta Pedro la unión con María, a quien sus padres otorgan la cuantiosa y excepcional dote de tres millones de maravedíes que, una vez más, avalan y desembolsan los Coronel. Volvían a coincidir los objetivos de la Corona con los intereses de los Cabrera/Bobadilla, que además entroncan con la Casa de Mendoza al casar Juan, II Marqués de Moya, con Ana de Mendoza, hija del I Duque del Infantado, y con la de Alburquerque, al casar Fernando, I Conde de Chinchón, con Teresa de la Cueva, hija del II duque de Alburquerque. Ver Pinel, pág. 324. La urgente necesidad de los Cabrera de conseguir los mejores partidos para sus hijos, les lleva incluso a pactar el matrimonio de Pedro, el primero, con Leonor Pacheco, hija de Francisco Pacheco, su más encarnizado enemigo, como sabemos, pero el partido más importante de Castilla después de la familia real. Creemos ver en ello la discreta batuta de Isabel. La muerte prematura del vástago frustra el intento. Ver Pinel, pág. 227 y ss., y 335, donde se dice que está enterrado en el Convento de Texeda la vieja.
Esta política de rápida fusión con la nobleza de abolengo, producirá de inmediato la consolidación familiar en el dorado estamento nobiliario, y luego, la pervivencia del apellido hasta tiempos muy recientes en el seno de diferentes familias de grandes de España. Véase Fernández de Bethencourt, "Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de España", Tomo II. La evolución del Condado de Chinchón, en "Historia Nobiliaria Española", tomo I, del Marqués del Saltillo. Ya aparece Fernando, futuro I Conde de Chinchón, en el séquito del malogrado príncipe Juan, primogénito de los Reyes Católicos, véase Fernández de Oviedo, “La Cámara Real”, pág. 19. Sólo uno de los hijos es excluido del sabroso pastel, y nos referimos a Pedro Fernández de Bobadilla, El Corsario, véase Muñoz de Rocatallada. Francisco de Bobadilla será obispo de Ciudad Rodrigo y Salamanca por expreso deseo de Beatriz y graciosa concesión de los Reyes Católicos, véase González Dávila, y Diego de Cabrera y Bobadilla ingresa en el convento dominico de San Ginés de Talavera después de haberse distinguido en la carrera de las armas, véase Pinel, págs. 336/337, y nuestras notas a Gutiérrez Nieto, de modo que pocas veces tan propiamente como ahora podemos decir "Iglesia, o mar, o casa real".
44. MOXÓ, Salvador de.- "De la nobleza vieja, a la nobleza nueva. La transformación nobiliaria castellana en la Baja Edad Media", en Cuadernos de Historia, nº 3. Estudios sobre la sociedad Castellana en la Baja Edad Media. Madrid, 1969; págs. 1-210.
Trabajo imprescindible para comprender el cambio experimentado en la nobleza castellana a raíz de la guerra civil de mediados del siglo XIV. Ver muy especialmente los Lara, págs. 33/46, pero también todas las familias hegemónicas, cuya trayectoria analiza con cierta minuciosidad, acompañando árboles genealógicos. Los Castro, pág. 59; los Girón, pág. 72; Guzmán, pág. 112; Haro, pág. 46; Manrique, pág. 145; Manuel, pág. 189; Mendoza, pág. 105, etc. etc. 5. MOYA. Boletín Informativo al Servicio del Patrimonio Histórico-Artístico de las Tierras de Moya (Cuenca).- Publicación de la Asociación Amigos de Moya de la que podemos espigar algunos trabajos interesantes. Destacaríamos los artículos de Cordente, Romero Sáiz, Muñoz, Pérez de la Sierra, Benedicto Sacristán, Sánchez Martínez, González Núñez, Martínez García, Pitarque, N. Hinarejos y Teodoro Sáez, y sin duda los dibujos de Pedro Soriano. Hay que decir que Moya sale a subasta el 30/6/1972 al módico precio de partida de 1.650.000 pts. Y no sólo, ya que el mismo día también se hace "almoneda" de las fortalezas de Narboneta (vendida, sí), Villaescusa de Haro y Víllora. En septiembre de 1982, el Patrimonio, al fin, interviene Moya, gracias a las gestiones, en parte, de la A.A. de M. Muy otra suerte le cupo a Torrefuerte de las Veguillas. Además, el fervor de los Amigos de Moya ha conducido, mal que bien, a contemplar y culminar algunos proyectos de restauración. Como se trata de una publicación muy restringida, podéis conseguir información sobre el boletín en Asociación Amigos de Moya. 16.337 Santo Domingo de Moya (Cuenca). De hecho, es la entidad llamada a la creación de un centro de dinamización cultural de la Tierra de Moya, objetivo que persigue el Proyecto de Transformación de la Biblioteca Pública Fray Domingo Coronado, véase en Cap. III. Hay que reconocer la enorme labor pendiente, y luego ponerse a trabajar. Es preciso reunir toda la información posible en un fondo local que perfectamente podría ubicarse en la Casa de Cultura de Landete, por ejemplo, donde hay espacio y disposición para hacerlo: sólo falta, por ahora, el elemento humano capaz de ejecutar unos planes ya establecidos. Centros de documentación locales deberían iniciar la tarea pendiente de recuperación de la historia. Nº 1, Julio de 1989.- Teodoro Sáez Fernández: "El territorio moyano en la historia", y "Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla (Primeros Marqueses de Moya)". Se completa con el documento real de concesión del título de marqueses a los Cabrera; lista de los pueblos del Marquesado de Moya (1805); el mapa del Marquesado, de Merino Gallo, tomado del "Diccionario Geográfico", de Tomás López, aunque no se da la procedencia; reproducción de varias páginas de Llave de Reinos, de Sáez Fernández; y unas "pequeñas crónicas" de Landete, Boniches, Salvacañete, Pajaroncillo, Salinas del Manzano, Campillos de la Sierra, Fuentelespino de Moya, Cardenete, Algarra, Carboneras Aliaguilla, Villar del Humo, Alcalá de la Vega, Garaballa y Pajarón, con datos históricos y arqueológicos de interés, aunque se aprecian algunos errores que son "rectificados" en el Boletín nº 6, véase. Nº 2, Diciembre de 1989.- Eusebio Gómez García: "Cosas nuestras (Bosquejo de una carta Arqueológica de Fuentelespino de Moya)". Gonzalo: "La ermita de Altarejos". Manuel Alvaro Hortigüela: "La iglesia parroquial de Cardenete monumento histórico-artístico". Teodoro Sáez Fernández: "Dos hombres y un objetivo: Juan de Molina y Atanasio Rama. Por tierras de Moya", semblanzas de dos hijos ilustres de Landete obtenidas, suponemos, de las “Crónicas franciscanas”, aunque también Dª Mª Luisa Vallejo se ocupa de estos asuntos en alguno de sus libros. Se completa con el traslado de los datos censales de Floridablanca relativos a Moya, Narboneta, Campillos Paravientos, El Cubillo, Campalbo, Garcimolina, La Laguna del Marquesado, La Huerta del Marquesado, Henarejos, Manzaneruela, Valdemoro de la Sierra, Zafrilla, Valdemorillo, Talayuelas, Tejadillos y Santa Cruz de Moya, y lírica introducción de Carlos de la Rica. Nº 3, Septiembre de 1990. Extra LI Septenario.- Teodoro Sáez Fernández: "Los conventos de Moya", "Moya: su Fuero y sus alcaldes", "Tiempos del Fuero. Los escribanos de Moya", "Texeda, por Simón de Roxas, canonizado por el Papa", y "El Cristo de la Caída y las cofradías de Moya". Eusebio Gómez: "El patronato de los Marqueses de Moya sobre el convento antiguo de Ntra. Sra. de Tejeda", y "El convento viejo de Texeda". J. V. Pérez de la Sierra: "Retazos de la memoria del Marquesado", y "El Marquesado de Moya en época romana". José Benedicto Sacristán: "Moya, cada siete años", "Tejeda, eje cultural del Marquesado de Moya", "Creado el escudo heráldico que identifica al pueblo", y "Fuentelespino de Moya. Tradiciones con raíces. Los Santos Inocentes o Fiesta de las Ánimas". Manuel Real Alarcón: "Moya: la ciudad muerta". José Vila Grau: "Las raíces iberas de las tierras del Marquesado de Moya". Emilio y Demetrio González Núñez: "Toponimia de Tejeda". Evaristo Lahiguera: "Campillos de Sierra. La ermita de Altarejos". Se completa con un poema de Federico Muelas y otro de Carlos de la Rica; una llamada de atención del P. Francisco Javier Liante, a la sazón padre superior de Texeda, sobre el deterioro del convento y las prioridades de la obra y comunidad, y otros asuntos. Nº 4, Julio de 1991.- José Benedicto Sacristán: "Al alba del 16 de septiembre". Eusebio Gómez: "Avatares del convento nuevo de Tejeda". J. V. Pérez de la Sierra: "En Fuentelespino, brujas". Se completa con un "anecdotario" de Campillos Paravientos, de B. Granell. Nº 5, Abril de 1992.- "Remordimientos de una Reina", sin firma. Se completa con el conocido "Tierras fragosas", de C. de la Rica; un inventario patrimonial de objetos religiosos de Moya; datos censales de Salinas del Manzano, Alcalá de la Vega, Villar del Humo, Algarra, Salvacañete, Garaballa, Pajaroncillo, Boniches y Landete, tomados del Censo de Floridablanca (1786), y otros asuntos. Nº 6, Enero de 1993.- J.V. Pérez de la Sierra: "El Marquesado de Moya en la antigüedad". Luis de Andrés Fernández: "Don Diego López Pacheco, Marqués de Moya, Virrey de Nueva España". José Martínez Ortiz: "La marquesa de Moya y los acontecimientos del 92". Se completa con un refrito, parte de la comunicación de Yasmina Álvarez correspondiente a las actas del I Congreso de Arqueología Medieval Española, 1986, con el título de "Estudio arqueológico de la villa de Moya", seguido de la coletilla continuará, y otros asuntos. Y se cierra el boletín con una propuesta de Catalogación del Patrimonio Histórico-Artístico y Cultural de Moya, en base a una encuesta elaborada por J. Vicente Pérez de la Sierra, que no ha producido hasta ahora los efectos esperados por falta de interés en la cuestión, aunque ya tenemos tímido comienzo en el trabajo de E. Sánchez Martínez, boletín no. 2 (nuevo formato), de julio de 1995. No es preciso insistir sobre la urgente necesidad de ponerse a la tarea en estos asuntos. Nº 7, Diciembre de 1993.- Eusebio Gómez: "Al hilo del V Centenario del Descubrimiento. Un moyano ilustre: Fray Juan de Moya". Se completa con unas palabras del profesor Fernando Benavent, que ya conocemos por el proyecto de restauración del monasterio de Texeda (véase Adalid Argudo y Calvo Peláez), y también ha dirigido la restauración de la espadaña de Santa María y la puerta de la villa. Remitimos a la comunicación presentada por el equipo de Benavent al X Congreso de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, Cuenca, Sept/Oct. de 1994, págs. 367 y ss., y el bol. Moya nº 9; y otros asuntos. Remata una reproducción del lírico dibujo a la pluma de Pedro Soriano, interesante y evocadora visión de la villa desde El Cerrajón. Nº 8, Agosto de 1994.- E. José Peinado Palacín: "Fiesta en Moya", sucinto resumen del Octavario festivo en honor de La Marquesina Teresa Antonia Josefa, sin especificar la procedencia, véase Stuart Falco. "Excavaciones en la villa bajomedieval de Moya", continuación del ya referido trabajo de Yasmina (boletín nº 6), esta vez con su título correspondiente. Eusebio Gómez: "El agradecimiento de una princesa", que trata someramente la situación política de Castilla en las postrimerías del reinado de Enrique IV, y la adhesión de Moya al bando de Isabel, con reproducción del documento 9-30-7-6483, f 601, R.A.H., cuya transcripción toma, evidentemente, del artículo de Val Valdivieso en HISPANIA, y "La desamortización del Convento de Ntra. Sra. de Tejeda", sobre la de Mendizábal, a quien el P. Gómez apellida masón de ascendencia judía, y otros asuntos. Nº 1 (Nuevo formato), Enero de 1995.- J. Martínez Ortíz: "La grandeza de Beatriz de Bobadilla, primera marquesa de Moya"; Sáez Fernández: "El hospital de Moya"; E. Gómez: "Una marquesa de Moya, muy española, muy hermosa y muy desgraciada" en torno a Eugenia de Montijo, que es, sin duda, una de las lagunas más evidentes de nuestro trabajo; Rosa Sánchez: "Los moyanos y la guerra de la independencia"; F. Cócera Terráez: "El castillo de Cardenete: Palacio fortaleza de los marqueses de Moya"; J. Benedicto Sacristán: "Doble centenario en Fuentelespino de Moya (Cuenca)"; semblanza del escultor Pedro Soriano, a cargo de D. Teodoro Sáez; reproducción parcial de la comunicación hecha al I Congreso de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, celebrado en Cuenca, Sept./Oct. de 1994, y algunas consideraciones sobre la espadaña, cuya restauración está prevista; y otros asuntos. No 2, Julio de 1995.- Carlos de la Rica: "Alarcón y Moya, las dos fortalezas conquenses"; T.S.F.: "Antigüedad de la villa de Moya", resumen de los mitos más variados en torno a los primeros vestigios de la villa, en el que Sáez (suponemos) insiste una vez más en la gesta de Tarik, la Meya del Idrisi y la toma de Moya en 830, acontecimiento "muy apoyado documentalmente", entre otras leyendas. Además, vuelve a echar mano del ínclito Licenciado Rioja, naturalmente. Véase lo que decimos de este curioso personaje en nuestras notas a “Retrato del buen Vasallo”. No es otro que el Licenciado Pedro de los Ríos, inquisidor de Cuenca a quien Pinel y Monroy maltranscribe, dando existencia literaria a un simpático fantasma que desde entonces aparece inevitablemente en las páginas de cronistas poco o nada escrupulosos a quienes Rioja, genio burlón de la historiografía moyana, deja en evidencia. No desdeñamos la idea de un trabajo monográfico sobre las travesuras de nuestro deletéreo fabulador, al que desde ahora otorgamos ciudadanía moyana de pleno derecho en agradecimiento a los servicios prestados, ¡faltaría más!; T. Sáez Fernández: "Sobre el romance de Cristóbal Colón y Beatriz de Bobadilla", en que se trata de rastrear de forma harto confusa las ya famosas relaciones de Colón y la Bobadilla aportando bibliografía muy poco significativa (Ricardo de la Cierva y otros), sin poner en duda por un momento tan hipotético asunto, véase lo que decimos en Fernández Duro y Rumeu de Armas. No alude D. Teodoro al nacimiento de Beatriz, hija de Beatriz de Bobadilla, véase el “Cronicón de Valladolid”, edic. de P. Sáiz de Baranda, pág. 152, y lo que decimos de tan enigmático personaje en nuestros comentarios a la Condesa de Yebes, y Molina Gutiérrez, lo que parece lógico si se tiene en cuenta que Sáez sólo ha consultado Pinel y Monroy, que sólo conoce nueve hijos de la primera marquesa de Moya; el mismo: "Salinas del Manzano"; Enrique Sánchez Martínez: "Landete: Estudio morfológico-estilístico de la portada de la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción", serio intento de catalogación, al fin, del patrimonio moyano; E. Gómez: "El tejo de Texeda La Vieja"; el mismo: "Un Bobadilla eminente", en torno a D. Francisco de Bobadilla, obispo de Salamanca, véase nuestras notas a González Dávila; Carmen Pérez: "1. La Puerta de la Villa y la espadaña de la iglesia de Santa María la Mayor (continuación)", informe técnico en el que se ponen de manifiesto varias urgencias de restauración y se aportan soluciones; Carmen Pérez: "2. El retablo de la iglesia de Santa María la Mayor", en el que se da cuenta de la problemática del retablo y ciertos aspectos de la restauración, véase nuestras notas a D. Gerardo González García, donde damos la noticia del autor y fecha de terminación del retablo, entre otros datos de interés; Heliodoro Cordente: "A las ruinas de Moya" (soneto); Teodoro Sáez Fernández: "Las campanas de Moya"; el mismo: "Noticia extraordinaria: Restauración de la imagen de Ntra. Sra. de Tejeda"; se da cuenta del convenio suscrito por el Ayuntamiento de Moya con el MOPMA para la restauración de diversos monumentos, y otros asuntos. Se aprecia en esta etapa del boletín tímido intento de mejoría, aunque perviven los viejos esquemas, como puede apreciarse. Nº 3, Enero de 1996.- En homenaje al Tío Antonio, Maestro de Danzantes.- Juan Pitarque Ferre, "Moya y el Conde de Urgel (1ª parte)", donde queda esclarecida la falacia de la toma de Moya en 830 y demuestra Pitarque un buen conocimiento de la huella medieval catalana en tierras de Cuenca; H. Cordente, un interesante "Episodios brujeriles en la tierra de Moya"; Carlos de la Rica, "Un cenobio para el Marquesado de Moya"; Niceto Hinarejos Ruiz, "Alcalá de la Vega en la historia", donde se da cuenta de la desaparición del archivo histórico municipal, entre otros asuntos de interés; E. Gómez García, "La oveja negra de los Cabrera-Bobadilla (Don Pedro Fernández de Bobadilla"; T. Sáez Fernández, "Ruperto Navarro Zamorano (1ª parte)"; unos datos biográficos del V marqués de Moya, D. Francisco Pérez de Cabrera Y Bobadilla, sin especificar la fuente, a cargo de Sáez; Carlos Andrés López Andrés, "Homenaje al Tío Antonio, Maestro de Danzantes"; J. Martínez Ortiz, "El milagro de Moya. Un gran ventanal abierto a la esperanza"; y unas notas dando cuenta de la restauración de la iglesia de Moya. Nº 4, Julio de 1996.- J. Pitarque, "Moya y el Conde de Urgel (2ª parte)", donde llama la atención sobre curiosas correspondencias toponímicas entre lugares de Cuenca y del Condado de Urgel, en línea con su libro Boniches; navega Pitarque entre bastantes datos de difícil organización histórica, pero de un interés innegable, denotando un trabajo intenso de investigación, muy valioso. Ana López de Atalaya Albaladejo, "Un acercamiento a la problemática del patrimonio artístico conquense a partir del retablo de La Trinidad, de Moya"; E. Gómez García, "Fuentelespino de Moya: Centenario de la Torre parroquial"; C. de la Rica, "Carboneras de Guadazaón: un raro prodigio", en torno a la hijuela; dos trabajos puramente testimoniales a propósito del centenario de Luis Marco Pérez; T. Sáez Fernández, "Ruperto Navarro Navarro Zamorano (1813-1855) (2ª parte)", y "Los escudos de armas"; varias notas dando cuenta de varias restauraciones; y otros asuntos. Nº 5, Julio de 1997.- Luis de Andrés Fernández, "La Marquesa de Moya y el Descubrimiento de América", otra vuelta de tuerca sobre la responsabilidad de Doña Beatriz de Bobadilla en la empresa colombina, basada en el conocido trabajo de Duff "La verdad acerca de Cristóbal Colón..." (?) que, centrado en la influencia del elemento cortesano converso, hace un rastreo indiscriminado de los personajes próximos a Isabel, y otra vez involucra a los Cabrera sin apoyo documental alguno. El patrocinio económico de algunos conversos es argumento indirecto que no prueba en absoluto la tesis de partida de Luis; por otra parte, este asunto ya está en fase más avanzada, véase Fernández Duro y J. Gil.- J. Pitarque, "Moya y el asedio de Albarracín". H. Cordente, "Brujería y hechicería en la tierra de Moya". T. Sáez, "Ruperto Navarro Zamorano (1809-1865)". Miguel Romero Sáiz, "Aguas del Cabriel, ese río olvidado". Edición Especial, LII SEPTENARIO.- T. Sáez, "Los Septenarios de Moya". E. Gómez García, "¿Cómo es la Imagen de Ntra. Sra. la Virgen de Tejeda?"; "Juan, El Pastor"; "Origen y nacimiento del Himno a la Virgen de Tejeda (titulado: Amor a Tejeda)". José Manuel Martínez García, "Quién Hizo la Imagen de Ntra. Sra. de Tejeda". J. S. Fernández Vellisca: "El Hardacho de Texeda"; "Una Subida que no cuenta". Y otros trabajos de C. de La Rica, F. Muelas, J. L. Muñoz, Romero Sáiz, etc.; así como algunas generalidades sobre los danzantes y otros aspectos de la fiesta. Nº 7, Enero de 1998.- J. Pitarque: "Moya y la reina Leonor". L. Montesinos Jiménez, "La identidad del escudo de Casas de Garcimolina". T. Sáez, "Francisco Javier Almonacid López Luján. Obispo de Palencia". P. Juan Navarro Martínez, "La influencia del valenciano en el habla de los pueblos de la Sierra Baja de Cuenca (Serranos sí, pero ...¿churros?)". Diversas noticias de restauración, con una interesantísima fotografía de la veleta de Santa María, y otros asuntos. Nº 8, Julio de 1998.- E. Gómez García, "Pleito homenaje en Moya". T. Sáez, "Carlos de la Rica Domínguez (1930-1997)". César Jordá, "Mi viaje a Moya. Año 1946". Diversas noticias de Moya sin especificar las fuentes, y otros asuntos. Nº 9, Enero de 1999.- J. Pitarque, "Moya y la huella templaria (I)". E. Gómez García, "El molino de papel de Tejeda la Vieja (Garaballa)". Fernando Moya Muñoz, "Relación de Fuenterrobles (Valencia) con la villa de Moya durante el siglo XVIII". T. Sáez, "Don Andrés de Cabrera, primer Marqués de Moya (algunas semblanzas)". A. Yuste Valero, "La fiesta de Santerón y su ermitaño". Diversas noticias de restauración, y unas curiosas notas del informe pericial sobre la fortaleza realizado por el grupo de trabajo que dirige J. Manuel Martínez García en las que se vierten algunos errores de interpretación en absoluto imputables al equipo de expertos, sino a veleidades de quien lo interpreta: el informe, del que tenemos noticia directa, no se pronuncia sobre la antigüedad de los restos de cantería árabe encontrados; y otros asuntos. Durante mas de 30 años se ha apublicado la REVISTA MOYA de la ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE MOYA coordinada durante años por el Cronista Oficial de Moya D. Teodor Saéz Fernández y desde 2018 hasta 2025 por Mariano López Marín actual Cronista Oficial de Moya desde el 15 de septiembre de 2023, En los siguientes enlaces podesi is descargar los INDICES DE LOS ARTICULOS PUBLICADOS EN LA REVISTA MOYA NUMEROS 1 AL 62.1995-2025 y los PDS de las sesenta y dos revistas publicadas.
46. MUELAS ALCOCER, Domingo.- "En Carboneras de Guadazaón, el panteón de los Marqueses de Moya, Don Andrés de Cabrera y Doña Beatriz de Bobadilla", en CUENCA, nº 10, 1976; 5 págs. Tomado de su libro "Carboneras y la Santa Hijuela".
47. MUELAS ALCOCER, Domingo.- "Las cenizas de los Marqueses de Moya están en el convento de Carboneras", en OFENSIVA, nº 1733 de 12/8/56; y "Cómo encontré los restos de los Marqueses de Moya", en OFENSIVA, nº 1742 de 2/9/56.
48. MUÑOZ, José Luis.- "En busca del tiempo perdido", en OLCADES, vol. II, fasc. 12, 1982; págs. 245-252. Repaso acrítico y sentimental a la tradición histórica de Moya.
49. MUÑOZ, J. Luis.- "El día que Cuenca quedó impertérrita", en OLCADES, vol. III, fasc. 17-18, págs. 277/285.
La insurrección de 1843 contra Espartero. Cañete, Moya y Beteta se pronuncian a favor de la revuelta, alzándose en armas y enfrentándose a las fuerzas que vienen de Aragón.
50. NIETO SORIA, J. Manuel.- "El equipamiento económico de una sede episcopal castellana de nueva creación: Cuenca, 1180-1280", en A.E.M., 12, 1982. A. 1º S.I.H.C., Septiembre 1977. Págs. 311-341, 2 mapas. Detalle de la dotación y primeros privilegios reales de carácter económico, así como de los diezmos. Los pleitos entre el obispado y la Orden de Santiago. Véase Clementino Sanz.
51. PALACIOS ALBIÑANA DE MOYA, Joaquín.- "Don Alvaro Mariño, fundador de la casa de Moya", en OFENSIVA, fragmentado, nº 1672 (18/3/56); 1683 (15/4/56); 1686 (22/4/56); 1706 (7/6/56) y 1731 (6/8/56). Los artículos figuran a nombre de Palacios y de Salvador de Moya, quien recientemente había publicado su Historia genealógica, y es el último quién corre con el gasto, limitándose Palacios al resumen; "Algo sobre el linaje conquense de los Moyas", en OFENSIVA, nº 1616 (17/11/55); "La villa conquense de Moya. Estudio actual y síntesis histórica", trabajo fragmentado, en OFENSIVA, nº 1744 (6/9/56); 1781 (18/9/56); 1995 (6/10/57); 2004 (17/10/57); 2005 (18/10/57); 2006 (19/10/57); 2011 (25/10/57); 2012 (26/10/57); 2026 (12/11/57); 2062 (24/12/57); 2104 (13/2/58) y 2148 (6/4/58). Resumen más o menos afortunado del trabajo de Salvador de Moya, véase, del que traslada algunos errores de bulto, como asegurar que Madoz es autor de una Historia de Cuenca, y el traído y llevado documento probatorio del arcedianato de Moya en 1196, firmado por el obispo Yáñez, aunque se aprecia claramente que el dato está tomado de la “Vida de San Julián”, del P. Alcázar, pág. 157, donde se nombra un instrumento de creación del Arcedianato de Cañete, entre otros, datado en la villa de Pareja en 1195, véase Clementino Sanz, pág. 7, nº 23, y la transcripción en Mateo López, Memorias, vol. I, págs. 143, en latín, y 154, en romance. Basta volver la página para leer con toda claridad que Moya empezó a ser arcedianato a partir de 1231, era de 1269, según Alcázar, que aduce aquí el cap. V, Parte II, de la “Historia de Cuenca” de Martir Rizo que, puede consultarse, tampoco afirma nada respecto al arcedianato de Moya. Muñoz y Soliva interpreta correctamente el dato, Obispos, págs. 14 y 362, y dice que el Arcediano de Moya sería la 5ª dignidad del Obispado de Cuenca, coincidente con el orden cronológico de fundación, si sustituye al de Cañete en el cargo. También Mateo López, vol. I, pág. 189. Proviene el error, suponemos, de la lectura de dos documentos existentes en el archivo de la catedral, números 22 y 24 de la Reseña Cronológica de Clementino Sanz, pág. 7, véase, y lo que decimos al respecto en Bermejo, Historia de Texeda, que por ahora zanja la cuestión. A propósito, parece oportuno traer a colación algunos ilustres eclesiásticos que han desempeñado el cargo, como D. Fernando Niño, Arzobispo de Sevilla e Inquisidor General en 1579; D. Juan de Mendoza, consejero de la Inquisición en tiempo de Felipe II; D. Diego de Acuña, Obispo de Oviedo en 1529, a quien tenemos de componedor en el cap. VI de la interesantísima "Crónica Burlesca del Emperador Carlos V"; Cristobal de Ibarra y Méndez, consejero de la Suprema, primera mitad del s.XVII; D. Juan de Herrera, Obispo de Sigüenza en 1723; Álvaro de Carvajal y Láncaster, menino de Mariana de Neoburgo, sumiller de cortina de Felipe V y Fernando VI, Obispo de Cuenca en 1730, etc., etc., sin olvidar al eximio José de Villaviciosa, que era Arcediano de Moya en 1648, bien estudiado por A. González Palencia, véase "José de Villaviciosa y la Mosquea", en B.R.A.E., XIII (1926) y XIV (1927). Para la lectura de su importante "La Moschea poética inventiva, en octava rima...", remitimos a la primera edición, Cuenca, 1615, o bien a la de Madrid, 1777, con prólogo y notas a cargo de Cerdá y Rico, sin olvidar la de Cuenca, 1983, a cargo de José Mª Balcells, El Toro de Barro 100, a propuesta de Carlos de la Rica, que dice haber dado con la calavera del autor, y puesto a salto de conversaciones con su misma cabeza. Le creemos: su última voluntad, "Cuando hubiese oportunidad, mis huesos sean trasladados a mi Capilla Mayor de la villa de Reillo...", su villa de señorío, Testamento y Codicilio, A.H.P. de Cuenca, notario Jerónimo de la Hoz, año de 1658, aunque no hemos dado con el documento en cuestión. Para el asunto de los arcedianos de Moya, véase Mateo López, tomo I de sus Memorias, y Muñoz y Soliva, Obispos.
No hay que negar a Palacios el mérito de intentar estructurar una historia en base a los datos consignados en la cronología de Salvador de Moya, Historia Genealógica, fasc. III, pág. 228 y ss., aunque resulta pobre y excesivamente esquematizada, obteniendo una reproducción topográfica de aquella, a escala algo mayor. Tiene, de todos modos, más entidad que las otras que le siguen: las de Sáez y Peinado, la primera de las cuales es en buena parte un resumen de aquella de Palacios.
52. PASTOR DE TAGNERI, Reyna, y otros.- "Poblamiento, frontera y estructura agraria en Castilla la Nueva (1085-1230)" en C.Hª.E., XLVII-XLVIII, 1968; págs. 171 a 255, y 2 desplegs.
Analiza la etapa central de reconquista, entre la toma de Toledo (1085), y 1230, en que se afianza el poderío cristiano en la zona, que es tierra frontera, y permite la gran ofensiva andaluza de Fernando III y Alfonso X. En este intervalo, tienen lugar las invasiones almorávide (1086), y almohade (1147), que frenan decisivamente el proceso reconquistador y hacen muy difícil el sistema repoblador de presuras propio del período anterior. Esta situación indecisa, agravada con la minoridad de Alfonso VIII, y crítica a raíz de la derrota de Alarcos, queda superada en Las Navas de Tolosa (1212). Todo ello refuerza nuestra hipótesis, que considera a Moya "tierra de nadie", y virtualmente inexistente hasta la repoblación de circa 1210, básicamente por iniciativa real, y quizá con la intervención de elementos del norte, como había sucedido en Toledo. Al respecto, queremos señalar la existencia de una calle de Los Francos en el casco de la villa, "Moya", Gerardo González García, pág. 81, que aún no hemos podido identificar. Hay que decir que el sistema de poblamiento, caracterizado por la creación de núcleos urbanos fronterizos con fuero o carta puebla (se otorgan 32 en toda la zona, pag. 186) contribuyó de modo decisivo al fortalecimiento concejil, y concretamente en el caso de Moya, a la formación de una aristocracia urbana de origen guerrero que explica bastante bien su evolución posterior, incluso hasta tiempos muy recientes. Véase Yasmina Alvarez.
53. PÉREZ FEBRERO, T.C.- "Los caminos del Imperio Romano en Cuenca", en OFENSIVA, nº 5993 (31/5/67).
54. RICA, Carlos de la.- "Tierras fragosas de Moya", en CUENCA, nº 31-32, 1988; págs. 159/165. Prosa poética, repetitiva de los mitos de siempre.
55. ROKISKI LAZARO, Mª Luz.- "Artistas del siglo XVI en Cuenca", en CUENCA, nº 33, 1989; págs. 33/47. Datos dispersos de Valdemoro, y la Iglesia de San Miguel de Moya.
56. RUIPÉREZ PÉREZ, A.- "Garaballa y la coronación de Nuestra Señora de Tejeda", en OFENSIVA, nº 4745 (25/5/63).
57. SÁEZ FERNÁNDEZ, Teodoro.- "Moya, las fiestas del XLVI septenario de Nuestra Señora de Tejeda y un nuevo recuerdo histórico del Marquesado", en OFENSIVA, nº 1589 (15/9/55), o bien, "Moya celebra el XLVIII septenario de la subida de Santa María de Tejeda. Un recuerdo histórico del Marquesado", en 0FENSIVA, nº 4529 (14/9/62), que es exactamente el mismo artículo con el título cambiado, por si acaso, con siete años de intervalo.
58. SÁIZ, Fernando.- "El maquis, entre la historia y la tragedia", en OLCADES, vol. II, fasc. 12, 1982; págs. 253/268.
Repaso a la gran actividad guerrillera en toda la provincia. El AGLA y Valentín Galarza, "Andrés", exterminado en la emboscada de Santa Cruz de Moya el 7/11/1949; el "Manco de la Pesquera" y otros, como "Fortuna" y "Paisano". Marcelino "El Purillo", maqui de Los Huertos, lugarteniente de "Manco".
59. SÁNCHEZ BENITO, José Mª.- "Algunos aspectos del comercio exterior bajomedieval en Cuenca: La intervención de la monarquía sobre los tráficos", en CUENCA, 34, 1989; págs. 13/22.
El importante asunto de la estructura de represión fiscal, y las tensiones con los concejos, en especial aquellos de la frontera; los puertos secos, y el papel de los guardas y alcaldes mayores de sacas en el control de sacas vedadas. Se ejercía el control por medio de ciertas tramitaciones fronterizas: inscripción de ganados, registro de mercancías, obligación de paso por los puertos, etc., sometiendo a vigilancia los agentes reales una franja fronteriza de 12 leguas al interior a partir de los mojones. Las periódicas relajaciones de control iban acompañadas de intentos de restauración de la legalidad, con la imposición de penas pecuniarias a los concejos. En 1482, el de Cuenca pide apoyo a la marquesa de Moya, entre otras acciones tendentes a evitar el pago de medio millón de maravedís. Véase también Modesto Ulloa.
60. SÁNCHEZ BENITO, José Mª.- "Crisis de abastecimientos y administración concejil. Cuenca, 1499-1509", en ELEM, 14, 1991; págs. 275-306. Los circuitos de abastecimiento en la zona, a través de Moya (el cereal).
61. SÁNCHEZ BENITO, José Mª.- "La sociedad urbana ante la guerra a fines de la Edad Media. El caso de Cuenca en los conflictos militares de los Reyes Católicos (1475-1492)", en Revista de Historia Militar, nº 71, 1991; págs. 173-197.
Pone de manifiesto las dificultades coyunturales de Cuenca en los conflictos militares de los primeros tiempos del reinado de los Reyes Católicos, y las aportaciones, tanto en hombres, bestias y pertrechos, como monetarias, de las ciudades de la zona, indecisas ante la proximidad del marquesado de Villena, de clara opción por Juana y el rey de Portugal. A continuación, la guerra de Granada y la contribución de Cuenca y su tierra. Moya aporta cantidades comparativamente modestas: 25 bestias, 5 peones y 450 Mrs. Queda ello en cierto modo compensado por el préstamo que hace a la reina doña Beatriz de Bobadilla, especialmente motivado por las necesidades de la guerra de Granada, véase Rábade Obradó, pág. 818 y nota 245, y complétese con "Castilla y la conquista del reino de Granada", Granada, 1987, de M.A. Ladero Quesada.
62. SÁNCHEZ BENITO, José Mª.- "La financiación de la Hermandad de los Reyes Católicos en la provincia de Cuenca", en CUENCA, 1987/II, págs. 73-83. Trabajo en base a cinco libros de cuentas del Archivo Municipal de Cuenca, años 1493 a 1498, leg. 1477, exps. 1, 2 y 3, y leg. 1478, exps. 1 y 2. Moya cotiza 54.000 Mrs/año, por delante de San Clemente, Requena, Villanueva de la Jara y Utiel, los que más, aunque no paga en todo el período "por estar suspendida".
63. SÁNCHEZ SANCHEZ, Fernando.- "Moya. ¿Una identidad perdida?", en DIARIO DE CUENCA, 10/5/1983. Uno de los mejores moyanos de la diáspora, al que todos recordamos.
64. SANZ SERRANO, Anselmo.- "Los gancheros conquenses y su organización laboral", en Estudios Geográficos, nº 34. Madrid, Febrero de 1949; págs. 707-714 y 3 láms., con un mapa de cuencas fluviales en la zona. Recomendamos ampliar la visión de este apasionante aspecto de la vida rural conquense con el capítulo del transporte fluvial, en Torres Mena, “Noticias Conquenses”, págs. 421/429.
65. STUART FALCO, Fitz James, Duque de Alba.- "La Copa de oro de los Marqueses de Moya (tradición segoviana)". En Estudios Segovianos, Tomo I, 1949; págs. 183-188.
Rememoración del nacimiento y curiosidades del Privilegio de la Copa, concedido a los marqueses de Moya por los Reyes Católicos, entre otras muchas mercedes. Ver Noticias históricas y genealógicas, del mismo autor, doc. XCVI, pág. 189, y Pinel y Monroy, pág. 292. Asegura el Duque de Alba haber reclamado al rey Alfonso XIII el cumplimiento de esta ceremonia, que se celebró por última vez el día de Santa Lucía de 1630, recayendo el honor en la persona de D. Diego Roque López Pacheco, IX marqués de Villena y Moya, véase Fernández de Bethencourt, “Historia Genealógica”, tomo II, pág. 258. No sabemos si ha vuelto a celebrarse.
66. VAL VALDIVIESO, Mª Isabel del.- "Resistencia al dominio señorial durante los últimos años del reinado de Enrique IV", en HISPANIA, 126, 1974; págs. 53-104.
Examina los casos de Trujillo, San Felices, Sepúlveda, Ágreda, Aranda y Moya. Expone las pretensiones del Villena y Cabrera a la posesión de la Villa, que se resiste a ser cedida y reclama su calidad de realengo. Enajenada en 1473 a D. Andrés Cabrera, y Beatriz de Bobadilla, opta Moya por el bando de la princesa Isabel y acepta la entrega a Juan Fernández de Heredia, señor de Mora, que entra en la plaza con 200 jinetes y 500 peones. Ver el apéndice documental, con el protocolo de entrega, una hermosa ceremonia a las puertas de la villa, R.A.H., 9-30-7-6483, ff 581-598, que nosotros hemos transcrito del documento original en Moya I, págs. 418/430, y la carta subsiguiente de Isabel, prometiendo a Moya guardar sus fueros y privilegios, R.A.H., mismo manuscrito, fº 601. El primero narra con detalle los intentos del Villena de apoderarse de la villa y lugares, y la noticia de su entrega por parte de Enrique IV a Andrés de Cabrera, razón última que motiva su adhesión a los Reyes de Sicilia. La existencia de la citada carta pudo haber pesado en la conciencia de Isabel, como demuestra su testamento, véase Gómez de Mercado y de Miguel, "Isabel I. Reina de España y madre de América". Véase también Ballesteros, “Historia de Utiel”, págs. 169/171.
67. VAL VALDIVIESO, Mª Isabel.- "Los bandos nobiliarios durante el reinado de Enrique IV", en HISPANIA, 130, 1975; págs. 249-293.
68. VAL VALDIVIESO, Mª Isabel.- "Un motivo de descontento popular: el problema monetario en Castilla durante el reinado de Enrique IV", en H.I.D., nº 8, Sevilla, 1981; págs. 151-170.
La concesión de mercedes y privilegios a la nobleza castellana en torno a las cecas y la acuñación de moneda. Andrés Cabrera, tesorero de la ceca de Cuenca en 1465. La anarquía monetaria, producida por la proliferación de cecas y la falsificación contumaz, que favorece la libertad de liga entre plata y cobre, C. Mª del Rivero, "Segovia numismática", pág. 19.
69. VALDEÓN BARUQUE, Julio.- "Un cuaderno de cuentas de Enrique II", en HISPANIA, 101, 1966; págs. 99-134.
Se trata de un Cuaderno de Finca, deudas a la Hacienda Real, transcripción del leg. 407, A.G.S., Mercedes y Privilegios, escrito en 1379, a la muerte de Enrique II. Se indican ciertos maravedís librados a los caballeros de Moya y Requena por los servicios prestados en la guerra frontera con Aragón. Véase Zurita, tomo IV, libro X.
70. YAQUE LAUREL, J. Antonio.- "La expedición carlista del General Gómez en el año 1836", en Rev. de Historia Militar,nº 2, 1958; págs. 117/140, 1 mapa.
Simple reseña del paso por el marquesado: Salvacañete, Alcalá de la Vega, Landete y Utiel, antes de reunirse con las fuerzas de Quílez y Cabrera para dirigirse a La Mancha. Ello sucede a principios de Septiembre del año 1836. Días antes ha tenido lugar el ataque a Landete, y el incendio de la torre de la iglesia narrado por Madoz.
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ÍNDICE Abraham Senior: I, 58-68-72. III, 19; Academia de Matemáticas de Felipe II: IV, 11; Acuña, Diego de: IV, 52; aduana de Moya, puerto seco: III, 84. IV, 59-60; agricultura: IV, 22; Aguilar, Fr. Alonso de: I, 51; Alarcón (Cuenca): I, 39-44-48-54-91. IV, 15-31-33; Alarcos, batalla de: IV, 52; Alba, Duque de: I, 54. IV, 65; Albarracín (Teruel): I, 20. III, 2; Albornoz, Cardenal Don Gil: I, 7. IV, 19; Albornoz, Juan de: I, 7. IV, 19; Albornoz, Micer Gómez de: I, 7. IV, 19; Albornoz, Alvaro de: I, 77-82; Albornoz, Dª María Alvarez de: I, 77; Albornoz, lugar de: I, 77; Albornoz, los: I, 7-13-34-55-72-78-91. III, 25-54. IV, 5-19; Alcalá de Henares: I, 21-85; Alcalá de la Vega (Moya): I, 43. III, 23-49. IV, 3-70; Alcaraz (Albacete): III, 16; Alfonso, Infante don: I, 72. III, 51; Alfonso II, El Casto: I, 77; Alfonso V de Portugal: III, 57; Alfonso VIII: I, 25-39-44-52-59-77-82. IV, 32-52; Alfonso X: I, 20. IV, 53; Alfonso XI: I, 20-45-91. III, 16; Algarra: II, 1-40; Algeciras, cerco de: I, 20. III, 16; Alguerri o Alguerbi, Abraham (moro de los Gomeres): I, 25-54-66-74-91. III, 19; Alhambra de Granada: III, 57; Alharilla (Guadalajara): I, 76; Aliaguilla: II, 1; Almarcha, La (Cuenca): IV, 7; Almonacid, los: III, 25; Al-Qala: Alcalá de la Vega; Álvarez de Toledo, Fernando: III, 69; Aller, Diego de: III, 31; Amaya (Burgos): I, 59; amor cortés: I, 37; Andrés, los: III, 25; Angos, Marcos: I, 31; antigüedad de Moya: I, 10-39-42-44-52-54-59-63-67-72-77-80. III, 13-15-32-35-55-58-59-64. IV, 2-3-29-46-52; antropología: I, 37. III, 65; Añón, (carlista): III, 23; apellidos: I, 31. III, 25; Árabes, los: I, 37-38-39-40-41-42-43. III, 32-37. IV, 2-3-29-52; Aragón, Juan Alonso de (conde de Ribagorza): I, 51; Araque, los: III, 25; arcedianato: I, 10-39. IV, 51; Archivo de Moya: I, 31-72-91. III, 26-66-77-78. IV, 45; Arévalo, José (carlista): III, 23; Argudo, los: III, 25; Arias Dávila, los: III, 69; Armengol de Urgel, conde: I, 77; arquelogía medieval: II, 1-11-12-28; arquitectura: II, 1-20-28; arte: II, 1-23-24-31-38. III, 1-34-36-38-72. IV, 13-45-55; Atlante: I, 72; Austria, Juan José de: IV, 6; Avengamar (Moya): I, 3-78; Averroes: I, 20-59. IV, 2; Azagra, los: I, 77. III, 2-25; Baños de la Encina (Jaén): IV, 28; Batallón Cuenca: III, 23; Beatriz, hija de los primeros marqueses de Moya: III, 57. IV, 43; Beatriz de Silva, Santa: I, 51; Belmonte, castillo de: IV, 15; Beteta (Cuenca): III, 23. IV, 49; Biblioteca Bartolomé March, IV, 6; Biblioteca de El Escorial: I, 58; Biblioteca Heredia-Spínola: III, 87. IV, 11; Biblioteca del marqués de Montealegre: I, 72; Biblioteca del marqués de Moya: III, 87. IV, 11; Biblioteca del marqués de Villena: IV, 6-11; Bobadilla, Beatriz de: I, 11-14-17-21-25-51-54-56-66-68-69-72-79-84-91. III, 2-5-11-19-24-29-40-41-42-55-57-58-60-69-76-79-80-81-85-88. IV, 26-43-61-65-66; Bobadilla, Beatriz de (señora de Las Canarias): III, 19-76; Bobadilla, Pedro de: I, 74-91. III, 3; Bobadilla, los: I, 70-81. III, 12-25-57; Bocanegra, Mathias de: I, 35-36; bombardeo de Moya: I, 15. III, 23; Boniches: II, 1-2-19-26-27-33; Borbón, Mª Cristina de: I, 51; Borgia, Rodrigo (Papa Alejandro VI): I, 66-74. III, 88; Boyer, Benito: IV, 11; Brihuega, batalla de: IV, 6; Bronce Final: II, 2-3-4-5-19-27-29-30-31-37; Bronce Inicial: II, 2-5-19-30-35; Bronce Medio: II, 4-5-9-10-14-21-32-33-40; Burgos: IV, 8-37; Bury al-Hamma (Baños de la Encina): IV, 28; Bury Caballa (Garaballa): IV, 3; Caballón, los: I, 19. III, 25. IV, 5; Caballón de la Carrera, Baltasar: I, 19-45-72; caballos, cria de: I, 72; Cabeza Moya (Enguídanos): II, 14-31; Cabrera, Alonso de: I, 58. III, 83. IV, 43; Cabrera, Andrés: I, 4-8-14-17-21-23-25-30-51-54-56-58-66-67-68-72-74-75-78-79-85-91. III, 3-5-10-19-21-24-29-40-42-44-55-57-60-69-75-79-80-81-83-85-88. IV, 1-5-9-26-35-40-43-65-66-67-68; Cabrera, Bernaldo de: I, 91; Cabrera, los: I, 34-49-51-58. III, 12-18-25. IV, 43; Cabrera, Isabel y Ana (condesa de Módica): IV, 43; Cabrera, Fernando de: I, 58; Cabrera, Juan Pérez de (II marqués de Moya): I, 14-81. III, 31. IV, 11-43; Cabrera, Luisa de (condesa de Ribagorza): I, 51; Cabrera, Mª Alonso de: I, 58; Cabrera, Pedro de: I, 85. III, 10-18-69-83. IV, 43; Cabrera, Ramón (carlista): I, 15-29. III, 23. IV, 70; Cabrera y Bobadilla, Diego: I, 51. III, 31. IV, 43; Cabrera y Bobadilla, Fernando de: I, 14. IV, 43; Cabrera y Bobadilla, Francisco de (obispo): I, 9-30. IV, 8; Cabrera y Bobadilla, Francisco Pérez de (V marqués de Moya): I, 51. III, 78-87. IV, 6-11; Cabrera y Bobadilla, Isabel de: I, 49-58. IV, 43; Cabrera y Bobadilla, Juana de: III, 57. IV, 43; Cabrera y Bobadilla, Luisa Bernarda (III marquesa de Moya): I, 2. III, 18-51. IV, 6; Cabrera y Bobadilla, Luisa Bernarda (VII marquesa de Moya): I, 35-51-72-81; Cabrera y Bobadilla, María de: I, 50. III, 57. IV, 43; Cabrera y Bobadilla, Mencía de: I, 51; Cabrera y Bobadilla, Pedro de: IV, 43; Cáceres, los: I, 72; Café Maenza (Landete): III, 70; Calaat-Rabah (Calatrava): I, 42; Calcolítico: II, 21-23; caminos, vías de comunicación: I, 4-15-32-34. IV, 23-42-60; Campillos Paravientos (Moya): III, 34-45; Campillos Sierra (Moya): II, 1. III, 23-70; Camporrobles (Cuenca): I, 48; campos de urnas: II, 3-4-5-21-32-33-42; Cano, los: III, 25; Cano, Alonso (obispo de Segorbe): I, 10. IV, 7; Cano, Melchor: IV, 8; Cañete (Cuenca): I, 1-20-54-91. III, 23. IV, 15-27-49-51; Cañete, marqueses de: I, 50-58. IV, 43; Carboneras de Guadazaón (Moya): I, 15-32-72. II, 1-13-28-30-31-32-39. III, 23-31-34-56-70-71. IV, 10-13-32-37-46-47; Cárcel, Luis de (comunero): III, 31; cárcel de Moya: III, 37; Cárdenas, Gutierre de: III, 44; Cárdenas, Rodrigo de: III, 31. IV, 44; Cardenete (Moya): I, 20. II, 1-32-34-40. III, 12-23-31. IV, 32-37; carlistas, guerras: I, 15-29-51-65-83-85-88. III, 6-23-73-74. IV, 17-70; Carlos I y V: I, 2-14. IV, 8; Carrera, los: III, 25; Carvajal y Láncaster, Álvaro: IV, 51; casa de los marqueses de Moya (Segovia): I, 72. III, 29. IV, 14; casas de moneda: I, 7-72. III, 69-78. IV, 9-43-68; Cassola, Manuel: III, 23; Castellón de los Machos (Villar del Humo): II, 7; Castielfabib (Valencia): I, 48; Castiglione, Baltasar: III, 19; Castil de Cabras, El (Pajaroncillo): II, 21; Castilblanque, los: I, 31-82; III, 25; IV, 5; Castilblanque, Jaime: I, 46. IV, 5; Castilla la Mancha: III, 4-63-68; Castillo, El (Pajaroncillo): II, 3-19; Castillo de Garcimuñoz (Cuenca): IV, 15; Castro, Guiomar de: III, 57; Caudete (Cuenca): I, 48; cautivos: I, 48-73. III, 37-69; Cazalla, Fr. Juan de: I, 2; celtas: II, 4-5-16-26-39; cementerios: I, 31; censos, demografía: I, 12-22-27-31-57-60-61. III, 17-36-65. IV, 12-20-23-45; Cerda, infantes de la: I, 20-54-91; Cerradilla, La (El Cubillo): II, 19; Cerrito de la Arena (Carboneras): IV, 10; Cerro alto de la ermita de la Virgen del Remedio (Alcalá de la Vega): II, 19; Cerro de San Antonio (Aliaguilla): II, 19; Cerro del molino de abajo (Salvacañete): II, 19; Cisneros, cardenal: I, 35; Ciudad Real, Alvar Gómez de: I, 72. III, 19; Colección Andrés: I, 88. III, 26-64-66-70-77-78; cólera, epidemia de: I, 51; Colmenar, El -o Pata de la Yegua- (Landete): II, 4-5-9-10-12-19-27-33-35; Colón, Cristóbal: I, 72. III, 19-76; Comunidades de Castilla: I, 14-30. III, 3-29-31. IV, 26; concepcionistas, monjas: I, 51; Concilio de Trento: I, 58. IV, 8-38; Constanza, princesa (hija de Pedro I): III, 16; contrabando: IV, 34; convento de la Encarnación, de Escalona: I, 51; convento de la Inmaculada Concepción, de Moya: I, 51. III, 72; convento de monjas, Santo Domingo de Moya: I, 51; convento de San Francisco de la vega de Moya: I, 19-51; convento de la Santa Cruz, de Carboneras: I, 51-72. III, 69. IV, 37-46-47; conversos: I, 58-74. III, 69. IV, 40-43; copa, privilegio de la: I, 66-81. IV, 65; Coronel, los: I, 72. IV, 43; Coronilla, La (Campillos Paravientos): II, 19; Coronilla, La (Landete): II, 3-4-29; Cortes de Castilla: I, 13. III, 10-16; Cortina, conde de la (?): III, 23; Cribel, Enrique: III, 16; Cristo de la Caída, El: IV, 7; Cruz, Isabel de la: I, 2; Cruz del Arrabal, ermita de la: I, 31; cruzadas, las: I, 37; Cubillo, El (Moya): III, 23; Cucala, Pascual (carlista): IV, 17; Cuenca: I, 20-39-44-48-54-55-62-83-91. III, 23-43-58-59-67-68-74-83. IV, 2-16-17-28-31-33-49-50; Cuenca, los: III, 25; Cueva, Beltrán de la (duque de Alburquerque): I, 14-21-54-74. III, 69. IV, 35; Cueva, Teresa de: IV, 43; Cueva de Arampolo (Pajaroncillo): II, 19. IV, 10; Cueva de la Berezosa (Villar del Humo): II, 19; Cueva del Bullón (Villar del Humo): II, 14; Cueva de los Tornajos (Talayuelas): II, 19; cultos populares: I, 10-37-73; Chapultepec, palacio de: I, 35; Charco del Navazo (Fuentelespino de Moya): II, 35; Chelva (Valencia): I, 20-77-91; Chinchón, condado de: I, 14-25-34-50-55-66-72-75-91. III, 3-29-31. IV, 26-43; danzas: I, 10-37; Dañador, fuerte de (o Añador): I, 77; desamortización: I, 32-51. III, 43; diezmos: IV, 33-50; diosas madre: I, 37; división eclesiástica: I, 10. III, 38; Duque de Berry (Carlos de Francia): III, 57; Éboli, princesa de: III, 57; Ecolampadio, Juan: IV, 8; economía: I, 45-46. III, 22; Edad del Bronce: II, 15-21-32-36-38; Edad del Hierro: II, 4-5-14-15-21-32-33-40; emperejilados: III, 16; Enrique II: I, 20-91. III, 16. IV, 69; El Escorial: I, 58; Enguídanos (Cuenca): II, 12-29-32; Enrique III: III, 16. IV, 43; Enrique IV: I, 14-17-21-25-56-68-72-74-81-85-91. III, 21-51-57-69-79-80-81-83-88. IV, 35-43-66-67-68; Enrique de Portugal: I, 14-56; Enríquez, Alonso (almirante de Castilla): I, 54. IV, 43; Enríquez, Fadrique y Bernardino: IV, 43; Enríquez, Teresa: I, 51-84; Escalona: I, 2; Escribanía Mayor de los Privilegios y Confirmaciones: III, 44-83; Escuela de Gramática de Moya: I, 51. III, 77-78; estirpes nobiliarias: I, 51. IV, 43-44; excusabaraja: III, 9; Felipe I el Hermoso, y Juana: I, 14-54. IV, 43; Felipe II: I, 58. III, 75-84. IV, 8; Felipe IV: IV, 6; Fernández, Pedro (señor de Castril Vela): I, 48-78; Fernández, Pelay: I, 77; Fernández de Bobadilla, Pedro: I, 5-51. III, 57. IV, 43; Fernández de Heredia, Juan (señor de Mora): I, 68-91. IV, 66; Fernández Pacheco, Andrés Luis: IV, 6; Fernández Pacheco, Juan Manuel: I, 35-72. IV, 6; Fernández Pacheco, Mercurio Antonio: IV, 6; Fernando III: I, 3-48-77. III, 12. IV, 16-28-52; Fernando IV: I, 20-25. III, 28; Ferrer Pertusa, Bartolomé: I, 86. IV, 6; Fita, Futa, Hita (Toledo): I, 42; Floranes, Rafael: I, 72; Fonseca, Álvaro de (Arz. de Sevilla): I, 68; Fonseca, Antonio de: I, 54; Forcadell, Domingo (carlista): III, 23; franciscanos: I, 2; Frías, Duques de: IV, 6; Fuencaliente (Mira): I, 60; Fuente, Rodrigo de la: IV, 9; Fuentelespino de Moya: II, 1-15-19-21-35. III, 23. IV, 45; fueros: I. 1-88. III, 16. IV, 52; Galarza, Valentín ("Andrés"): IV, 58; galeotes: I, 1; Galindo, Beatriz ("La Latina"): I, 51-84; Galindo, Juan Fernández: I, 72; ganadería: IV, 22; gancheros: I, 45-86; IV, 64; Gante, Juan de (duque de Lancaster): III, 16; Garaballa (Moya): I, 10-32-41. II, 1. III, 43. IV, 39; García, José (carlista): III, 23; García, Martín: III, 72; García, Pascual (carlista): III, 23; García de la Torre, Pedro (notario): I, 72; III, 29; Granada, guerra de: I, 74; genealogías: I, 50-55-58. III, 54-77-78; geografía: I, 27-28-60-86. III, 4-17-30. IV, 21-22-42-45-60-64; geología: I, 16. III, 4; Gil, Heliodoro: III, 23; Girón, los: I, 50; Girón, Pedro: I, 25-54; Gómez, Miguel (general carlista): III, 23; González de Sevilla, Francisco: I, 14; Gracia, María: I, 10-73; Gracián, Baltasar: I, 35; Guadalajara: III, 43-68; Granada, guerra de: IV, 43-61; Guillermo Escoto, San: I, 10-89; Guisando, Tratado de: I, 66-72-74. III, 51-69; Gutiérrez de la Concha, Manuel: III, 23; Guzmán, Pedro de: I, 8; Haro, los: I, 20. III, 12; Henarejos (Moya): II, 1; Hermandades de Castilla: III, 73. IV, 61; Herrera, Juan de: I, 51; Hispanic Society: IV, 11; Hormaza (Burgos): IV, 43; Hospital y Casa de la Merced: I, 3-10-48. III, 36-72. IV, 24-31; Hoya del Castillo, La (Pajaroncillo): II, 3; Huélamo (Cuenca): I, 20-77; Huérguina, La (Cuenca): III, 70; Huerta del Marquesado, La (Moya): III, 23-70; Huete (Cuenca): I, 20-41. IV, 2-15; Humboldt, Alexander von: III, 78; Huntington, Archer M.: IV, 11; Hurtado de Mendoza, los (señores de Cañete): I, 20; Huygens, Christian: IV, 11; Iberismo: II, 4-5-6-15-27-40; Ibn Mardanís: I, 77; iglesia de San Juan (Moya): I, 31; iglesia de San Miguel (Moya): III, 34; iglesia de San Román (Segovia): III, 3; iglesia de Santa María (Moya): I, 31. III, 78; Ignacio de Loyola: IV, 8; Independencia, guerra de la: I, 62. III, 6-26-77. IV, 32; Iniesta (Cuenca): I, 31; Inquisición: I, 71-72-73. IV, 20; Iriarte, Juan de: I, 72. IV, 6; Isabel, infanta (hija de los Reyes Católicos): I, 54-74; Isabel de Valois: I, 58. IV, 8; Isabel de Portugal: I, 51-91; Jaime I el Conquistador: I, 20-91. III, 61; Jaime II de Aragón: I, 26-54; jesuitas: I, 35. IV, 8; Jiménez, José (carlista): III, 23; Jiménez de Rada, Arz. Don Rodrigo: I, 39-48; Juan I de Castilla: I, 72. III, 16; Juan II de Castilla: III, 16; Juan IV (duque de Braganza): I, 35; Juan Manuel, Infante Don: I, 20-25-45. III, 12-16; Juana la Beltraneja: I, 14-21-56-85-91. III, 21-57. IV, 35; Juana, reina (mujer de Enrique IV): I, 85. IV, 35; jueces de Cuenca, catálogo de los: I, 39-88; Julián, San: I, 89; Laguna, Dr. Andrés: IV, 8; Laguna del Marquesado, La (Moya): II, 1; Láncaster, Catalina de (reina): III, 16; Landete (Moya): I, 19. II, 1-32-33-34-40-43. III, 23-31-34-49-66. IV, 32-70; Landete, centro de documentación: III, 66-70. IV, 36; Landit (Landete): I, 40. IV, 3; Lara, los: I, 20-78-91. III, 2-12-25-28. IV, 44; Laso de Oropesa, Martín: I, 58. IV, 8; Lazcano, Domingo: I, 10; Lemos, Mencía de: III, 57; Lesmes, San: I, 89; Liria, Nofre de (comunero): III, 31; locus amoenus: I, 37; López de Madrid, Lope: I, 51; López de Madrid, Pero: I, 58; López Pacheco, Diego (II marqués de Villena): I, 2-51. III, 31; López Pacheco, Diego (III marqués de Villena y Moya): I, 2-51. III, 18. IV, 6; López Pacheco, Diego Roque (IX marqués de Villena y Moya): I, 35-36-81. IV, 5-6-45; López Pacheco, Felipe (XIII marqués de Moya): III, 18; López de Velasco, Juan: I, 72; Luna, Álvaro de: IV, 48; Luna, Juana de: I, 56; Machuca de la Plata, Pedro: IV, 14; maderas: I, 20-45; Madrid, alcázar de: I, 21-25-54-56-66-74-85. III, 69-83. IV, 35-43; Madrid, Fernando de: IV, 9; Madrid, Gonzalo de: IV, 9; Madrid, Jerónimo de: I, 51; Madrigal de las Altas Torres: III, 57; Málaga, toma de: I, 74; Malavia, capitán: III, 67; Maldonado, Alonso: I, 14-17-25-66-67-74-91. III, 3-88; Manco de la Pesquera: IV, 58; Manchuela, La: IV, 21; Manrique, Pedro (conde de Ossorno): III, 57. IV, 43; Manrique, Garci Fernández: IV, 43; Manuel, Inés Fernández: III, 16; Manuel, Infante: I, 77; Manuel, Juan (privado y canciller): I, 14-72; Manuel, Don Juan: I, 20; Manuel, Juana (reina): III, 16; Maquis, el: III, 73. IV, 58; Marcelino "El Purillo" (maqui): IV, 19; Marco Pérez, Luis: III, 8. IV, 7; Marín, los: III, 25; Mariño, Alvaro: I, 77. IV, 51; Mariño, Arias Peyre: I, 77; Mariño, los: I, 7-77; mariolatría: I, 10-37-73; Mármalo (Villar del Humo): II, 7; Martín, Antón: IV, 5; Matienzo, Pedro: I, 51; mayos y mayas: III, 49; Medina del Campo: IV, 11; Méndez de Sotomayor, Luis: III, 16; Mendoza, los: I, 34; Mendoza, Ana de: IV, 43; Mendoza, Honorato de: III, 83; Mendoza, Pedro González de (cardenal): I, 17-21-25-68-72-74-85. III, 57; Mendoza y Bobadilla, Francisco de (cardenal): I, 9-58. III, 75. IV, 38; Mercator (Gerardo Kremer): I, 72; Mesta, La: IV, 22; Meya, por Moya: I, 42; Millán, José (arcipreste): I, 51. III, 23; Mira (Moya): I, 48-56-60-91. III, 23-31; Miranda del Castañar, condes de: III, 18; Molina, Juan de: I, 19. IV, 5; Molina (María, Isabel, Blanca): I, 20; molinos: I, 10. III, 43. IV, 31-39; monasterio de El Parral (Segovia): III, 69; Monasterio de Texeda: I,10-32-41-73.III,43.IV,39; Moncada, Hugo de: III, 31; Moncey, B. Adrien: III, 67; Monroy, los: I, 72; Mons-Ya (Moya): I, 72; Montalvo, licenciado: III, 31; Monte, Diego: III, 3; Monteagudo de las Salinas (Cuenca): III, 16; Montesinos, Fray Ambrosio de: III, 57; Montijo, condes de: III, 18; moriscos: IV, 12-20; Motilla del Palancar (Cuenca): III, 31; Moya, fortaleza de (plaza fuerte): I, 20-25-60-91. III, 12-16-23-31. IV, 15-17-27-66; Moya, tierra de: III, 55-61. IV, 31-33-34-45-60-70; Moya, los: I, 55. IV, 51; Moya (Galicia): I, 77; Moya, Jácome Capistrano de: III, 55; Moya, Fr. Juan Bautista de: III, 55; Moya, marqueses de (genealogía): I, 50-55-58. III, 12-18-55; Moya, Matheo de: III, 55; Moya de Contreras, Pedro: III, 55; Muñoz, los: III, 25. IV, 5; Muñoz de Finojosa, Martín: I, 82; Mya, por Moya: I, 42; Narboneta (Moya): I, 91. II, 1. III, 34; naumaquias: I, 35; Navalcarnero (Madrid): III, 3. IV, 26; Navarro, Fr. Antonio: I, 10-19-89; Navarro Castellanos, Gonzalo: IV, 6; Navarro Zamorano, Ruperto: I, 86-87. IV, 5; Navas de Tolosa, Las: IV, 52; Navia de Suarna (Lugo): I, 77; Neolítico: II, 2-5-7-13-14-19-30-31. IV, 10; Niebla, Condado de: III, 83; Niño, Fernando: IV, 51; Novatores, Los: IV, 6; Nueva España: I, 35-36. III, 78; Núñez de Haro, los: IV, 32; Obispado de Cuenca: I, 10; Obregón, Diego de: I, 72. III, 8-41; Ocaña, Fr. Francisco: I, 2; Olivares, conde-duque de (Gaspar de Guzmán y Pimentel): I, 35; Olmillos, Fr. Juan de: I, 2; Orden franciscana: I, 51; Orden de Santo Domingo: I, 51; Orden trinitaria: I, 10-73-89; órdenes militares: I, 3-48-58-76-77-82. III, 4-37. IV, 28-31-50; Oropesa, Andrés: III, 72; Ortíz, Fr. Francisco: I, 2; Ossorno, condes de: I, 50. IV, 43; Osuna, Francisco de: I, 2; Pacheco, los: I, 51; Pacheco, Diego (justicia): III, 72; Pacheco, Juan (marqués de Villena): I, 14-21-25-50-51-54-56-66-68-72-74-85-91. III, 12-18-57-69. IV, 43; Pacheco, J. Francisco (obispo): IV, 6; Pacheco, José Isidoro: I, 35-36; Pacheco, Mencía: I, 51; Pacheco de Cabrera, Juana: III, 18; Pacheco Cabrera y Bobadilla, Diego Gabriel: I, 51; paganidad: I, 37; Pajarón (Moya): II, 1-4-16. III, 23-31. IV, 10; Pajaroncillo (Moya): I, 32. II, 1-3-4-12-13-16-19-30-311. III, 23. IV, 10; Palafox, Juan (obispo): I, 35-36; Paleolítico: II, 7-19-29-30; papel: III, 43. IV, 39; Pardo, los: I, 77; Parra, Juan de la: III, 69; Pastor, Juan: I, 10-73-89; Pedro I, el Cruel: I, 20-82-91. III, 16; Pedro IV, el Ceremonioso: I, 26-91; Pedro Izquierdo, Casas de (Moya): I, 60. III, 23; Peinado, los: III, 25; Peinado y Valenzuela, Nicolás: III, 78; Peña del Castellar (Villar del Humo): II, 3-4-6; Peña del Escrito (Villar del Humo): II, 7-14-23; Peña de los Ramos (Boniches): II, 19; Peralta, licenciado: I, 72. III, 3; Pertusa, los: I, 31; Pía Memoria, La: III, 66-77; Pimentel, Alonso (conde de Benavente): I, 17-54-56-68-71; pinturas rupestres: II, 2-6-7-8-14-19-23-29-30-31; Ponce, Pedro (notario): I, 48; Pontedura: IV, 43; Portugal: I, 35; Presa, La (Pajaroncillo): II, 21; Puente del Molinillo, El (Pajaroncillo): II, 19; puerta de San Juan (Segovia): IV, 14; Puerto Rico: I, 35; Quevedo y Villegas, Francisco de: I, 81; Quílez, Joaquín (carlista): IV, 70; Quintanilla, Alonso de: I, 68-91. IV, 44; Quiñones, Francisco de: I, 2; Rama, Athanasio: I, 19; Rambla del Anear (Villar del Humo): II, 16; Rayón, Sancho: IV, 11; Real Academia Española: I, 72. IV, 6; Regajo, El (o Peñón de los Navazos, Carboneras): II, 39; Reillo (Moya): III, 23-39. IV, 10-32-51; religiosidad popular: I, 10-37-73; reloj de Moya: III, 78. IV, 11; rentas (Moya): III, 83-84. IV, 31-33-62-69; rentas (marqueses de Moya): I, 84. III, 3-52-69-83. IV, 26-43-65; Rento del Manzano, El (Landete): II, 15-34; repoblación: I, 39-52-59. III, 4-13-27-53-73. IV, 4-16-25-52; Requena (Valencia): I, 1-20-48-54-56. III, 31. IV, 69; Reyes Católicos, Los: I, 11-14-20-21-25-30-51-54-56-66-72-74-78-84-85-91. III, 4-11-20-24-29-40-41-42-44-50-57-60-69-79-80-81-85-88. IV, 34-43-61-62-66; Rincón, Leonardo del: I, 88; Rioja, Licenciado (Pedro de los Rios, inquisidor): I, 72-77. IV, 45; Rodi, Andrea: III, 72; romanización: II, 5-6-15-17-25-29-30-31-32-34-40; Romero, los: IV, 5; Romeu y Tallada, Antonio (carlista): III, 23; Rosas, o Rojas (carlista): III, 23; Roxas, San Simón de: I, 10-73-89-90; ruinas: III, 47. IV, 44; Ruiz, Antonio ("Perejil"): III, 23; Ruíz de Alarcón, los (señores de Valverde): I, 47-82; Ruiz de Alcaraz, Pedro: I, 2; Salamanca: I, 9-30; Salinas del Manzano (Moya): II, 1-37. III, 23-70; Salvacañete (Moya): I, 46. II, 1-17-19-22-30-31-32. III, 12-23. IV, 30-70; San Martín de Boniches (Moya): III, 23-34; San Martín de Valdeiglesias: I, 91; San Roque, ermita de: I, 31; Sancho IV: I, 20-91; sangre, limpieza de: III, 75; Santa Cruz de Moya: II, 1-16-25. III, 23. IV, 58; Santa Hijuela: IV, 37; Santa Teresa: I, 81; Santaver, Santavería: I, 40. IV, 3; Santerón: I, 19. IV, 7; Santés, José (carlista): III, 23. IV, 17; Santiago, Apóstol: I, 81; Santo Domingo de Moya (Moya, El Arrabal, Los Huertos): III, 23; Sargal, El (Santa Cruz de Moya): II, 25; Sarriá, Juan de: IV, 11; Segovia: I, 14-17-21-25-54-66-68-69-72-74-79-85-91. III, 3-21-24-29-31-51-57-69-80-81-83-88. IV, 9-14-26-43; Segovia, Fr. José de: I, 73; Selva Pascuala (Villar del Humo): II, 7-14-23. IV, 10; señores de Moya: I, 78; sepulturas: I, 31. III, 65; Sepúlveda: III, 83; Sevilla la Nueva: IV, 26; Sigüenza: III, 43; Sima del Cerro Cabeza de la Fuente (Boniches): II, 4-19-26-27-33; Sinarcas (Valencia): II, 15; Sixto V: I, 58; Soria: I, 72; Stanhope, James: IV, 6; Sucesión, Guerra de: IV, 6; Talavera, Fr Hernando de: III, 69; Talayuelas (Moya): I, 91. III, 23-34-70. IV, 32; tapices: III, 81; Tarik: I, 20-59-67; Tejadillos (Moya): II, 1; tejo: I, 73; telas, vestuario: I, 84. III, 81; Teresa, Santa: I, 35-81; Teresa Antonia Josefa, "La Marquesina": I, 35-36-81; Teruel, obispado de: I, 91; Tesoros, Los (Pajaroncillo): II, 3; tesoros del alcázar de Segovia: I, 85. III, 21-24-69. IV, 43; testamento de Andrés Cabrera: I, 72. III, 69; testamento de Isabel I: I, 72-79-84-87. III, 42. IV, 66; Tetuán: I, 73; Texeda (Garaballa): I, 10-31-73-89-90. II, 41. III, 1-7-48-55. IV, 7-32-43-45-56-57; Toledo: I, 48. III, 43-83; Tolosa, Fr. Juan de: I, 51; Tolosa, Pedro de: I, 51. III, 72; toponimia: I, 72. IV, 18-45; Tordesillas, Rodrigo de: III, 69-83; Toril, El (Fuentelespino de Moya): II, 15-19; Toro: I, 72-74; toros: I, 35-81; Toros de Guisando, Tratado de los: III, 57; Torre, Mencía de la: I, 68-91. III, 57; Torrefuerte de las Veguillas (Moya): III, 12; Tovar, Inés de: III, 57; Trastamara, los: III, 12; Uclés: I, 76-91. IV, 15; Urbano VIII: I, 51; Utiel: I, 1-48-91. III, 6-29. IV, 70; Valdemorillo (Moya): III, 31; Valdemoro de la Sierra (Moya): II, 1. III, 23-31-55; Valdés, Alfonso de: I, 72. IV, 8; Valdés, Fernando de: I, 72; Valdés, Juan: I, 2-72; Valencia: I, 62; Valenzuela, los: IV, 5; Valera de Abajo (Cuenca): IV, 10; Valiente, José (carlista): III, 23; Vallés, brigadier: III, 23; Vargas Machuca, los: I, 77; Vega, Fr. Bartolomé de la: I, 73; Vega, La (Fuentelespino de Moya): II, 35; Vélez de Guevara, Luis: I, 72; Venegas, Alejo: IV, 8; Verlanga Huerta, Fermín: IV, 5; Vespucio, Americo: I, 72; vías romanas: III, 62. IV, 53; Vidas, Pedro: I, 3-48-78; Villacampa, Pedro (general): IV, 32; Villalón, Cristobal de: I, 30; Villar del Humo (Moya): III, 23. IV, 10; Villaviciosa, José de: IV, 51; Villamayor de Santiago (Cuenca): I, 77; Villar del Humo (Moya): II, 1-2-3-4-6-7-14-19-23-30-31-32. IV, 10; Villodre, Garci Fernández de: I, 82-91. III, 16;Vindel, Pedro: IV, 6-11; Virgen del Pilar, de Altarejos: I, 37; Viterbo, Annio de, o Giovani Nanni: I, 59; Vives, Luis: IV, 8; Waldessemüller, Martin: I, 72; Xérica, Pedro de: I, 20-91; Xibaja, los: I, 58-75; Ya (hija de Atlante): I, 72; Yañez, Fernando: I, 77; Zafrilla (Moya): II, 1. III, 23; Zaragoza: I, 48; Zeyt Abuzeyt: I, 3-18. IV, 28; Zorita, Sorita (Guadalajara): I, 42; Zúñiga, Antonio de: III, 31; Zúñiga, Diego de: I, 51; Zúñiga, Francesillo de: I, 51; Zúñiga y Mendoza, Ana de: I, 35; Zurita, Gerónimo de: I, 58-72. Algunas siglas: · Actas I C/M.- Actas del I Congreso de Historia de Castilla La Mancha. Ciudad Real, 1985. · A. 1º S.I.H.C.- Actas del 1º Simposio Internacional de Historia de Cuenca, septiembre de 1977. A.E.M., 12, 1982. · A.E.M.- Anuario de Estudios Medievales, Barcelona. · A.G.S.- Archivo General de Simancas. · A.H.N.- Archivo Histórico Nacional, Madrid. · AIA.- Archivo Iberoamericano, Madrid. · B.A.C.- Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid. · BHN.- Bibliotheca Hispana Nova, de Nicolás Antonio, ed. de Pérez Bayer, 1783/88. · B.A.E.- Biblioteca de Autores Españoles, Madrid. · B.R.A.E.- Boletín de la Real Academia Española. · B.R.A.H.- Boletín de la Real Academia de la Historia. · CSIC.- Consejo Superior de Investigaciones Científicas. · C.Hª.E.- Cuadernos de Historia de España, Buenos Aires. · ELEM.- En la España Medieval. Univ. Complutense, Madrid. · E y E.- "Erasmo y España", de Marcel Bataillon, ed. del FCE, México-Madrid-Buenos Aires, 1991. · H.I.D.- Historia, Instituciones y Documentos. Univ. De Sevilla. · M.H.E.- Memorial Histórico Español. · N.B.A.E.- Nueva Biblioteca de Autores Españoles, Madrid. · R.A.B.M.- Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Madrid. · R.E.T.- Revista Española de Teología, Madrid. · R.F.E.- Revista de Filología Española, Madrid.
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